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De la “movilidad” a la “estabilidad” pasando por la “in-estabilidad”: un amplio margen para la especulación.

Juan Ramón Heredia Elvar

De la “movilidad” a la “estabilidad” pasando por la “in-estabilidad”: un amplio margen para la especulación.

Juan Ramón Heredia

Guillermo Peña

IICEFS

Instituto Internacional Ciencias Ejercicio Físico y Salud


En la actualidad en relación al entrenamiento, especialmente del core, son utilizados ciertos términos y conceptos como el de “equilibrio”, “estabilidad” que deben ser adecuadamente definidos y relacionados con un conocimiento profundo de las implicaciones de los mismos en relación a otros como el de “inestabilidad” y “movilidad”. Es común encontrar cierta confusión respecto a la utilización de la terminología y su relación con determinadas propuestas, por lo que se hace necesario indicar (López Elvira, 2005):

  • El equilibrio es un concepto que implica un estado absoluto, por lo que una estructura o un sistema está en equilibrio o no lo está.
  • La estabilidad, sin embargo es un concepto relativo, que puede ser modificado en un amplio rango que va desde lo muy inestable hasta muy estable .
  • El concepto de estabilidad debe ser considerado desde un punto de vista estático y dinámico.

Por todo ello, por ejemplo cuando se utiliza el término estabilidad raquídea o del core se está haciendo referencia a la estabilidad del raquis lumbar (complejo lumbo-pélvico) en su conjunto, ya que no se puede hablar sobre la mejora de la “estabilidad” de un músculo, sino sobre su capacidad de activación o contracción para otorgar estabilidad al sistema. Sin embargo, cuando se utiliza el término fuerza central o del core, se está haciendo referencia a la capacidad de un músculo o grupo de músculos para estabilizar el raquis a través de la fuerza contráctil y la presión intra-abdominal (Faries & Greeenwood, 2007).

La fuerza del core es pues sólo un componente integrador y necesario de la estabilidad raquídea o del core, y por tanto relacionado con esta. De este modo, podemos sugerir que la fuerza central, comandada por el sistema activo y modulada por el sistema neural, es un requisito y una necesidad para la estabilidad del core, y que la estabilidad raquídea o del core es la capacidad de respuesta que presenta el sistema raquídeo de resistir en su zona de seguridad o neutra ante las demandas de movimiento segmentario y ante cualquier perturbación externa (prevista o inesperada) del centro de gravedad de nuestro cuerpo.

A la luz de todo esto parece evidente que la definición del concepto de estabilidad del core estará condicionada por el ámbito donde ha sido desarrollada (biomecánico, clínico, deportivo), lo que exigirá un mayor nivel de consenso. En este sentido en nuestro país, el grupo dirigido por el Dr. Francisco JoséVera-García está desarrollando un amplia y profusa labor de investigación para poder proporcionar ciertos criterios de consenso no solo en este aspecto, sino también en lo concerniente a uno de los mayores problemas relacionados con el entrenamiento del core: “la valoración”.

Es común encontrar propuestas asociadas a los conceptos de “estabilidad” que, con mayor o menor acierto inciden en un enfoque predominante sobre dicha capacidad.

El entrenamiento basado en el denominado “anti-movimento” podría constituir un ejemplo. Entrenar para la “anti-flexión”o “anti-extensión”, etc., supone una interesante pero simplificada propuesta entorno a la necesidad de mejorar la capacidad de estabilización estática y dinámica, asícomo el control postural, pero algo que exigiría a todas luces un planteamiento que parta de una perspectiva más amplia.

De esta forma se debería atender al concepto de estabilidad estática para referirse a la capacidad de mantener una posición frente a una fuerza perturbadora (que genere un momento flexor, por ejemplo) o bien a la estabilidad dinámica relacionada con la capacidad de mantener una trayectoria del tronco, alejándose lo mínimo posible o recuperando rápidamente la misma ante una fuerza perturbadora. Todo ello ser hará con un mayor o menor nivel de incertidumbre, lo que supondrádiseñar programas de entrenamiento e intervenciones que tengan unas características que progresen desde lo lineal a lo no lineal (Heredia et al., 2014).

Además en torno a todo ello surgiráel problema de la “dosis”, dado que muchas de estas propuestas proponen progresar en torno a número de repeticiones o incremento del tiempo total de ejercicio que, si bien puede ser una opción interesante debe ser adecuadamente valorada respecto a su aplicación y relacionado con el resto de variables (máxime cuando las limitaciones en cuanto a la valoración de la estabilidad limitan mucho un mejor conocimiento del estímulo de entrenamiento y su relación con el efecto).

Un interesante análisis en torno a esta cuestión lo realiza el Dr. S. Gracovetsky (a todos sus niveles, sus exposiciones sobre las estructuras viscoelásticas humanas es absolutamente brillante), donde muestra que la columna lumbar en general posee una gran “movilidad”, de hecho posee una cierta inestabilidad “controlada”que supone una ventaja desde un punto de vista evolutivo y que precisamente en este hecho (intentar garantizar un óptimo control por encima de intentar estabilizar una estructura a cualquier coste) donde radica gran parte del objetivo del entrenamiento.


Y seguimos…de la movilidad-estabilidad al concepto de “zona neutra”

Es bien conocido que la resistencia a la compresión axial es mayor cuando se mantienen las curvas fisiológicas raquídeas (Kapandji, 1996). Tal como veremos esta podría ser una condición interesante respecto a garantizar un adecuado índice de seguridad en los distintos ejercicios, mantener dicha neutralidad raquídea.

Asípues, en la región lumbar el concepto de estabilidad raquídea está íntimamente relacionado con el de Zona Neutra (ZN), establecido por el profesor Panjabi (1992). La ZN es la parte del rango de movimiento dentro del cual hay mínima resistencia interna a la movilidad articular (Panjabi, 2003). Dicha ZN es una zona de movilidad en la que las estructuras osteoligamentosas ofrecen resistencia mínima (Panjabi 1992a, Panjabi 1992b). La ZN podría considerarse una zona fisiológica ideal de movimiento y control del raquis lumbar, donde existe mínimo estrés sobre las estructuras pasivas, con una óptima participación del subsistema activo y control neural.

No hay que entender esta “zona”como una única posición o punto concreto de la excursión articular donde ubicar la columna, sino como un arco o margen óptimo de movimiento seguro en relación al rango de movimiento total (pueden consultarse más información en: enlace 1enlace 2 , enlace 3 ). Perder el control de la ZN por una reducción de cualquier subsistema de control de estabilidad (activo, pasivo o neural) incrementa el riesgo de lesión en la columna lumbar (Maduri, Pearson, & Wilson, 2008; Panjabi, 1992).

Profundizar en el análisis y el estudio de estos aspectos permitirála comprensión de aspectos claves para el entrenamiento, como la dificultad de las estructuras para soportar y responder adecuadamente a determinados tipos de estrés que se sitúen en determinadas zonas del rango de movimiento (ROM) y de que el entrenamiento en dichas zonas solo se justificarían por la necesidad de incrementar la capacidad intra e intersarcomérica para generar y/o soportar tensión asumiendo un desequilibrio en la ratio riesgo-beneficio a favor del riesgo y por tanto solo justificable en situaciones específicas que podrían estar relacionadas con el alto rendimiento deportivo. Por contra la necesidad de intervenir en la capacidad de estabilización y control en torno a dicha ZN será un objetivo prioritario por encima de incrementos amplitud de movimientos de forma general (salvo que lo requiera una situación específica) en núcleos articulares como la columna lumbar o cervical, por ejemplo.

¿Entrenamiento “in-estable”?

Durante su formación como residente el Dr. Augustus White, se realizó la siguiente pregunta, que dio lugar al inicio de una interesante línea de investigación que continúa en nuestros días y da lugar a las evidencias actuales disponibles sobre esta temática:

“¿Cómo determinar que la columna es inestable?”

Esta cuestión, surgida en base a observar en su labor como cirujano una constante tendencia a valorar la movilidad de las articulaciones intervertebrales lumbares y actuar en función de si dicha movilidad era “excesiva” realizando una fusión vertebral, lo que le llevó a plantear la necesidad de establecer unos criterios más válidos y precisos para valorar este problema, dado que la respuesta a este problema podría ser clave y afectar de forma significativa el diagnóstico y tratamiento de un paciente.

En la revisión de la literatura, podemos encontrar la definición de la inestabilidad desde dos perspectivas que deben ser diferenciadas: la biomecánica (Kirkaldy & Farfan, 1982) y la clínica (White y Panjabi, 1990).

De esta forma el término inestabilidad podría aplicarse desde una perspectiva relacionada no solo con la existencia de una falta de capacidad para mantener una posición o trayectoria, sino con la aparición de movimientos anormales, incluso asociadas a dolor o déficit neurológico.

Pero también es utilizado el término “inestable” o “inestabilidad” al aludir a algún tipo de situaciones donde se rete la capacidad de estabilización raquídea. Muchas de estas situaciones suelen asociarse a la utilización de ciertos materiales que también han venido a denominarse como “materiales o superficies inestables” (Heredia, Chulvi, Isidro, Marín, Ramón, 2008; Peña et al., 2012).

En realidad, veremos que muchos de estos materiales no son inestables en sí mismos, ni siquiera buscan entrenar la inestabilidad (en todo caso sería lo contrario), sino que adecuadamente utilizados podrían ser un estímulo apropiado en cuanto al desafío para mantener la estabilidad en diferentes tareas o ejercicios. Es por ello que consideramos mucho más adecuado el uso del término “material o dispositivo desestabilizador” o “lábil” (McGill, Cannon & Andersen, 2014) y, desde luego recomendar la reflexión en torno a la utilización del término “inestabilidad” asociada al entrenamiento, del tipo “entrenamiento de la inestabilidad” o similares, que implica en si misma unos objetivos faltos de cierta coherencia respecto al significado de los conceptos expuestos.

Referencias bibliográficas

  • Faries, Mark D.; Greenwood, Mike. (2007). Core training: stabilizing the confunsion., Vol. 29 Issue 2, p10.
  • Heredia, J.R.; Chulvi, I.; Isidro, F; Marín, M.; Ramón, M. (2008). Entrenamiento funcional y la inestabilidad en el fitness. http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 12 - N° 117
  • Heredia, J.R., Chulvi, I., Ramón, M. (2006) Core: entrenamiento de la zona media. EFdeportes, Año 11 - N° 97, Recuperado de http://www.efdeportes.com/efd97/core.htm
  • Heredia, J.R., Isidro, F., Chulvi, I., Mata, F. (2011). Guía de ejercicios de fitness muscular. Sevilla, España: Wanceulen.
  • Heredia, J.R., Peña, G., Isidro, F., Mata, F., Moral S., Martín F., Da Silva Grigoletto, M.E.(2011). Bases para la utilización de la inestabilidad en los programas de acondicionamiento físico saludable (Fitness). EFDeportes.com, Año 16, Nº 162 Recuperado de http://www.efdeportes.com/efd162/la-inestabilidad-en-los-programas-de-fitness.htm
  • Heredia, J.R., Peña, G., Moral, S. (2011). Entrenamiento funcional. En Sañudo, B. y García, J. (Eds.), Nuevas orientaciones para una actividad física saludable en centros de fitness. Sevilla, España: Wanceulen.
  • Heredia J.R., Isidro F., Peña G., Mata F., Moral S., Martín M., Segarra V., Edir Da Silva M. (2012). Criterios básicos para el diseño de programas de acondicionamiento neuromuscular saludable en centros de fitness. Ef. Deportes, Año 17-Nº 170 Recuperado de http://www.efdeportes.com/efd170/diseno-de-programas-de-acondicionamiento-neuromuscular.htm
  • Heredia J.R., Peña G., Mata F., Isidro F., Martín C., López I., Reguillo C., Da Silva Grigoletto M.E. (2014). Propuesta de definición y control del volumen de entrenamiento de fuerza (neuromuscular) en programas de fitness. EFDeportes.com, Año 18, Nº 188. Recuperado de http://www.efdeportes.com/efd188/control-del-volumen-de-entrenamiento.htm
  • Heredia, J.R., Peña, G., Mata, F., Isidro, F., Martín, C., López, I., Reguillo, C., Da Silva Grigoletto M.E. (2014). Nuevo Paradigma para la Selección de los Ejercicios de Fuerza en Programas de Acondicionamiento Físico para la Salud. Revista PubliCE Standard. Recuperado de http://iicefs.org/es/articulos/nuevo-paradigma-para-la-seleccion-de-los-ejercicios-de-fuerza-en-programas-de-acondicionamiento-fisico-para-la-salud-1676

  • Kirkaldy-Willis, W.H. & Farfan, H.F. (1982). Inestability of the lumbar spine. Clin Orthoped, 165:110-23
  • Maduri, A., Pearson, B. L., & Wilson, S. E. (2008). Lumbar-pelvic range and coordination during lifting tasks. Journal of Electromyography and Kinesiology: Official Journal of the International Society of Electrophysiological Kinesiology, 18(5), 807–814. doi:10.1016/j.jelekin.2007.02.012
  • McGill, S.M.; Cannon, J.; Andersen, J.T (2014) Muscle activity and spine load during pulling exercises: Influence of stable and labile contact surfaces and technique coaching. Journal of Electromyography and Kinesiology 24. pp: 652–665
  • López Elvira, J.L. (2008). Control y análisis del equilibrio y la estabilidad en la actividad física y el deporte. En Izquierdo (Ed.), Biomecánica y bases neuromusculares de la actividad física y el deporte. Madrid, España: Editorial Médica Paranamericana.
  • Panjabi, M. M. (1992a). The stabilizing system of the spine. Part I. Function, dysfunction, adaptation, and enhancement. Journal of Spinal Disorders, 5(4), 383–389; discussion 397.
  • Panjabi, M.M (1992b). The stabilizing system of the spine. Part II. Neutral zone and instability hypothesis, Journal Spinal Disorders, 5, 390–397
  • Panjabi. (2003). Clinical spinal instability and low back pain. Journal of Electromyography and Kinesiology: Official Journal of the International Society of Electrophysiological Kinesiology, 13(4), 371–379



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