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Como Tratar el Sedentarismo (Factor de Riesgo Coronario Mayor) en la Prevención Primaria y Secundaria de la Enfermedad Cardiovascular, Revisión del Consenso Nacional de Prevención del Comité de Cardiología del Ejercicio y Rehabilitación Cardíaca de la Federación Argentina de Cardiología

Alejandro Gómez Monroy.
En este artículo el Dr. Gómez Monroy (co autor de las Guías del tratamiento del Sedentarismo y RHCV de la Federación Argentina de Cardiología, revisa todos los aspectos que hacen a las clasificaciones y estrategias de manejo del ejercicio en la prevención primaria y secundaria de las enfermedades cardiovasculares. En las últimas décadas numerosos trabajos científicos fueron llevados a cabo con el objetivo de determinar la relación entre el sedentarismo, la actividad física y la salud cardiovascular. Dichos trabajos científicos han demostrado que las personas más activas así como aquellas con entrenamiento físico desarrollan menos enfermedad coronaria que los individuos sedentarios, y además, cuando esta se presenta, en las personas entrenadas ocurre más tardíamente y tiende a ser menos severa.
 
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Comparación de la Intervención sobre el Estilo de Vida e Intervenciones Estructuradas para Aumentar la Actividad Física y la Capacidad Cardiorrespiratoria. Un Estudio Randomizado

A L Dunn, B H Marcus, J B Kampert, M E Garcia, H W Kohl III and S N Blair.
Contexto: A pesar de estar bien documentada la fuerte relación que existe entre actividad física y salud, el 60% de la población no es lo suficientemente activa o es completamente inactiva. Los métodos tradicionales de prescripción de ejercicios no han demostrado ser efectivos para aumentar y mantener un programa de ejercicios físicos regulares. Objetivo: Comparar los efectos de una intervención de 24 meses de un programa de actividad física con intervención en el estilo de vida con un programa de ejercicio estructurado tradicional sobre la mejoría en la actividad física, la capacidad cardiorrespiratoria, y los factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares. Diseño: Estudio clínico randomizado llevado a cabo desde el 1º de agosto de 1993 hasta el 31 de julio de 1997.Participantes: Hombres (n=116) y mujeres (n=119) sedentarios con actividad física auto-reportada menor a 36 y 34 kcal.kg -1 .día -1 , respectivamente. Intervenciones: Seis meses de intervención intensiva y 18 meses de mantenimiento en un programa, ya sea de actividad física sobre el estilo de vida, o un programa tradicional de ejercicios estructurados. Mediciones Principales: Las principales mediciones fueron la actividad física evaluada a través de una encuesta de 7 días de duración sobre la actividad, y el máximo consumo de oxígeno (VO 2 máx.) a través de un test de máximo esfuerzo en cinta ergométrica. Las mediciones secundarias fueron las concentraciones plasmáticas de lípidos y lipoproteínas, la presión arterial, y la composición corporal. Todas las evaluaciones fueron realizadas al comienzo del estudio, a los 6 y a los 24 meses. Resultados: Ambos grupos de actividad (estilo de vida y ejercicio estructurado) mostraron mejorías significativas y comparables con respecto a la actividad física y a la capacidad cardiorrespiratoria desde el comienzo hasta los 24 meses. Los cambios medios ajustados (intervalos de confianza de 95% [IC] fueron de 0.84 (IC 95%, 0.42 – 1.25 kcal/kg por día; p<0.001) y 0.69 (IC 95%, 0.25 – 1.12 kcal/kg por día; p=0.002), para la actividad, y de 0.77 (IC 95%, 0.18 – 1.36 ml.kg -1 .min -1 ; p=0.01) y 1.34 (IC 95%, 0.72 - 1.96 ml.kg -1 .min -1 ; p<0.001) para el consumo de oxígeno, para los grupos sobre el estilo de vida y ejercicio estructurado, respectivamente. Hubo reducciones significativas y comparables en la presión sistólica (-3.63 [IC 95%, - 5.54 a -1.72 mmHg; p<0.001] y -3.26 [IC 95%, - 5.26 a -1.25 mmHg; p= 0.002]), y en la presión diastólica (-5.38 [IC 95%, -6.90 a -3.86 mmHg; p<0.001] y -5.14 [IC 95%, -6.73 a -3.54 mmHg; p<0.001]) para los grupos de actividad sobre el estilo de vida y ejercicio estructurado, respectivamente. Ningún grupo cambio significativamente su peso (-0.05 [IC 95%, -1.05 a 0.96 kg; p= 0.93] y 0.69 [IC 95%, -0.37 a 1.74 kg; p= 0.20]), pero cada grupo redujo significativamente el porcentaje de grasa corporal (-2.39% [IC 95%, -2.92% a -1.85%; p<0.001] y -1.85% [IC 95%, -2.41% a -1.28%; p<0.001]) (estilo de vida y ejercicio estructurado, respectivamente). Conclusiones: En adultos sanos previamente sedentarios, una intervención de actividad física sobre los estilos de vida es tan efectiva como un programa de ejercicios estructurados para mejorar la actividad física, la capacidad cardiorrespiratoria, y la presión sanguínea.