Atletas: Efectos del estrés sobre el sistema gastrointestinal y la microbiota.

Atletas: Efectos del estrés sobre el sistema gastrointestinal y la microbiota.

Laura L. Sánchez

El estrés es una situación natural a la que todo ser vivo está sometido por el simple hecho de vivir y que se puede producir por estímulos endógenos o exógenos debidos al ambiente. Su función principal es la de generar una respuesta ante las circunstancias que se generan y, de esta forma, regular y garantizar la homeostasis necesaria para el correcto funcionamiento del organismo. Tanto el estrés psicológico como el físico conllevan cambios de diferente naturaleza, como son bioquímicos, fisiológicos, afectivos y de comportamiento, entre otros.

Los atletas están sometidos a un gran componente estresor como es el ejercicio físico excesivo, los periodos de entrenamiento intenso y de competición, por lo que sufren estrés psicológico y físico mantenido durante un tiempo prolongado. Esta situación adquiere mayor importancia en prácticas deportivas de resistencia, larga distancia o triatlón, entre otros. Algunos indicadores de que el atleta está sometido a esta situación es la aparición de fatiga con descenso en el rendimiento, variaciones en el apetito, insomnio, cambios en la capacidad de concentrarse, etc. Dos aspectos muy importantes a tener en cuenta y que son derivados de esta circunstancia es que hay un mayor riesgo de inflamación e inmunosupresión, con el aumento subsecuente de la vulnerabilidad del atleta a sufrir infecciones.

El organismo es un complejo sistema donde cada elemento tiene unas funciones determinadas y puede actuar de forma autónoma, pero siempre con una conexión que permite la actuación conjunta en momentos puntuales. De esta forma, el Sistema Nervioso Entérico, situado en el sistema gastrointestinal, funciona de forma autónoma, pero coordinada con el Sistema Nervioso Autónomo a través del nervio vago. Además, las hormonas generadas en el intestino o las moléculas producidas por la microbiota participan también en esta comunicación bidireccional, por lo que se establece el denominado Eje Intestino-Cerebro.

El epitelio gastrointestinal tiene como función principal ejercer de barrera selectiva, muy relacionada con el sistema inmune y que, en condiciones normales, trata de garantizar la correcta absorción de nutrientes, la tolerancia de algunos componentes beneficiosos de la microbiota y sus metabolitos, así como la defensa frente a patógenos u otras moléculas que pueden causar daño al organismo. Pero, en muchas ocasiones, este epitelio se ve agredido por diferentes elementos, tanto internos como externos, que generan una mayor vulnerabilidad a la entrada de elementos nocivos. Las tight junctions (TJ) son las uniones existentes entre las células de este epitelio, estando constituidas por diversas proteínas transmembrana que interaccionan con las proteínas de la zónula occludens y que mantienen la funcionalidad de esta barrera. En algunas condiciones de estrés, como puede ocurrir ante la aparición de inflamación, las propiedades de las TJ se ven comprometidas, generándose lo que se conoce como intestino permeable, por lo que existe la posibilidad de que algunos componentes nocivos, como los lipopolisacáridos (LPS) de las bacterias, atraviesen el epitelio gastrointestinal activando el sistema inmune entérico y generando una respuesta inflamatoria que agrava el proceso. Esta situación parece ser muy común entre la población de atletas sometidos a ejercicio intenso y periodos de competición, debido a todos los elementos estresantes tanto físicos como psicológicos característicos de la práctica deportiva y donde suelen ser frecuentes la presencia de problemas gastrointestinales y vómitos. También se ha visto que la hipertermia y la isquemia por hipoperfusión que puede generarse en algunos momentos del ejercicio intenso y la generación de especies reactivas de oxígeno (ROS) afectan negativamente a la integridad de las células intestinales, viéndose que pueden activar vías de señalización pro-inflamatorias que perpetúan la disfunción de esta barrera intestinal. Toda esta situación, unida a la generación de ciertas hormonas, como los glucocorticoides, contribuye a un estado de inmunosupresión.

Muchas de las funciones de la microbiota intestinal (MI) han sido descritas en otras ocasiones y no se enumerarán de nuevo, pero sí se va a destacar la existencia de cierta modulación por parte de la misma sobre algunos neurotransmisores, como el GABA, la dopamina o la serotonina u otras sustancias que actúan de forma análoga en respuesta a determinados estímulos. Esto hace necesario integrar a la MI como parte del sistema orgánico, debido a su gran influencia sobre el mismo, ya no solo en la población deportista, sino a nivel general.

En situaciones de estrés, y conociendo la relación bidireccional del Eje Intestino-Cerebro y los cambios en la funcionalidad de la barrera intestinal, es lógico pensar que haya ciertos cambios en la composición de la MI. Además, como se ha visto en otras entradas, la dieta es un modulador de la misma, por lo que es necesario profundizar e introducir esta variable en la programación nutricional de los deportistas.

Cambios en los porcentajes de los nutrientes son muy frecuentes en esta población, utilizándose determinadas estrategias para la mejora del rendimiento o la composición corporal del atleta, entre otros objetivos. En ocasiones, la elección de alimentos o suplementos para conseguir alcanzar un objetivo nutricional concreto, genera ciertos perjuicios a nivel gastrointestinal o modifica la composición de la MI con una tendencia a la aparición de cepas oportunistas o, incluso, patógenas. Esta posible variación no siempre se tiene en cuenta, siendo muy importante en relación a la salud de la persona. Además, en esta población puede existir cierta tendencia a la suplementación con antioxidantes o vitaminas, buscando minimizar los efectos de los ROS entre otros, sin embargo, hacerlo de forma general y sin un control previo que indique la necesidad de utilizar estos aportes extras pueden ser, incluso, contraproducentes.

Uno de los elementos interesantes es la influencia que tiene una ingesta alta en proteínas sobre la MI. Se trata de un tema de especial relevancia en la población deportista dado que requieren dietas con aportes proteicos más elevados, respecto a la población general. Se ha podido ver que una ingesta alta de proteínas conlleva ciertos cambios en la MI, así como esa fermentación más alta de aminoácidos genera metabolitos que pueden elevar el pH del microambiente intestinal y aumentar el contenido de urea, viéndose niveles altos en sangre en algunos deportistas sometidos a ejercicio de gran intensidad.

Pero, es necesario especificar que puede haber diferencias en el metabolismo de las proteínas, por parte de la MI, según la procedencia de la misma (vegetal o animal), debido a los otros componentes asociados, donde algunos estudios muestran que la adición de almidón resistente en las dietas altas en proteínas puede contrarrestar los posibles efectos negativos de los subproductos generados.

De forma general, la alimentación de los atletas debe ajustarse de forma que permita conseguir los objetivos marcados para una mejora del rendimiento y la composición corporal adecuada, ajustada a las necesidades del deporte en cuestión. El nutricionista especializado en diseñar y programar la dieta debe tener en cuenta las necesidades fisiológicas y energéticas específicas de la práctica deportiva, así como ajustar las ingestas a las diferentes fases a las que se enfrenta el atleta durante el año, tanto en los entrenamientos como en la competición. Sin embargo, en muchas ocasiones se pasa por alto la gran importancia y relevancia que tiene la variable gastrointestinal en la salud del deportista, dado que puede afectar de forma directa al rendimiento, sobre todo tras conocer cómo afecta el estrés al que se ven sometidos sobre el sistema digestivo. Es por ello recomendable que se tenga en cuenta el mantenimiento, dentro de las posibilidades, de un sistema intestinal lo más funcional posible, entendiendo que también la MI forma parte del mismo, más allá de cubrir las necesidades energéticas del deportista.

No es una tarea sencilla, por supuesto, pero sí necesaria si se pretende optimizar al máximo el binomio rendimiento-salud del deportista, que al final, será lo que le permita exprimir al máximo sus cualidades.



El artículo de revisión sobre el que se basa este artículo es muy interesante y se recomienda su lectura para ampliar los conceptos:

Referencia:
Clark A, Mach N. Exercise-induced stress behavior, gut-microbiota-brain axis and diet: a systematic review for athletes. J Int Soc Sports Nutr [Internet]. 24 de noviembre de 2016 [citado 8 de marzo de 2019];13. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5121944/

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