AYER JUGUÉ BÁRBARO, HOY JUGUÉ HORRIBLE

Muchos deportistas transitan sus carreras sin lograr tener la certidumbre minutos antes de competir acerca de cómo será su rendimiento. A esta incertidumbre
pre-competitiva suele sumarse una auto-evaluación post-competitiva que lejos de
ser mesurada y objetiva, se transforma en absoluta y subjetiva.


En básquetbol, la señal que indica el inminente comienzo del juego es el silbato del árbitro señalando con su mano derecha tres dedos levantados. Esto quiere decir que en apenas tres minutos se produce el salto inicial. Trabajando con numerosos deportistas en esta
disciplina, profesionales y amateurs, muchos de ellos han manifestado que nunca lograron tener la seguridad acerca de cómo iban a jugar, a solo tres minutos de iniciarse el partido. Aseveraban esta idea manifestando que no sabían “si iban a jugar bárbaro, u horrible”. El ejemplo del baloncesto es válido para el resto de los deportes.

Y es precisamente esta polarización del pensamiento lo que complota contra el rendimiento del atleta. Pensar en términos de “todo bien – todo mal”, “hoy hice todo perfecto – hoy no serví para nada”, etc., etc., lo único que facilita es imposibilitar una variable psico-deportiva de suma importancia, tanto para deportistas (y su entorno cercano) como para entrenadores: LA EVALUACIÓN OBJETIVA.

Evaluarse o evaluar la actuación de ajenos tiene que ver con tomar otros parámetros además del resultado de la competencia o los números de las estadísticas individuales. Tiene que ver, en primer lugar, con tener como postes conceptuales los dos temas que tratábamos en blogs anteriores:

-Entender el RENDIMIENTO como el eje principal de la actuación deportiva, es decir,
observar la aparición de intentos concretos en función de situaciones concretas (no las consecuencias de estos intentos).

-Comprender al ERROR como la principal herramienta de aprendizaje deportivo, lo cual
implica no castigos o auto-castigos ante la equivocación.

De este modo sí es factible vivenciar la experiencia deportiva como un proceso de evolución progresivo en donde la meta principal sea la adquisición de recursos para su posterior utilización.

Por consiguiente, toda EVALUACIÓN OBJETIVA debe poseer las siguientes características:

1.Basarse en DATOS y no en OPINIONES: toda evaluación debe nutrirse de una enumeración objetiva de situaciones reales de juego por las que atravesó el atleta durante el entrenamiento o competencia.

2.Diferenciar las DECISIONES tomadas de las NO DECISIONES tomadas: este debiera ser el principal filtro a la hora de evaluar.

3.Cotejar la CANTIDAD de DECISIONES tomadas en función de las situaciones de juego, y fundamentalmente, la CALIDAD de DECISIONES tomadas en relación a estas
situaciones: es muy importante diferenciar CALIDAD de RESULTADO. Una buena
decisión puede traer aparejado un resultado no deseado, y no por eso dejar de
ser la decisión que había que tomar en esa situación.

4.Analizar los RESULTADOS de las DECISIONES tomadas.

5.Finalmente, enumerar los aspectos a REPETIR, los aspectos a CORREGIR, y primordialmente, los MODOS de CORRECCIÓN de estos aspectos.

Hasta el próximo blog.




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