Consideraciones del Ejercicio Físico en la Osteoporosis

Consideraciones del Ejercicio Físico en la Osteoporosis
Según la literatura, el nivel de pérdida ósea en una mujer posmenopáusica aumenta con la edad, respectivamente, con una pérdida del 0,6%, 1,1% y 2,1% por año para los grupos de 60-69, 70-79 y > 80 años. Concretamente, la pérdida es de 1.5% por año para la columna vertebral y de 1.1% - 1.4% para el cuello femoral en los primeros 4-5 años. Aunque el ejercicio es ampliamente recomendado como una de las principales estrategias preventivas para reducir el riesgo de osteoporosis, sus efectos en el tejido óseo son controvertidos. De hecho, no todos los tipos de ejercicio tienen el mismo efecto positivo sobre la densidad mineral ósea (DMO). Si bien existe evidencia de que el ejercicio induce un aumento en la masa ósea en sujetos más jóvenes, este efecto en adultos y personas mayores sigue siendo cuestionable. En las personas mayores, los resultados de los estudios indican que el ejercicio puede aumentar el grosor y la resistencia del hueso cortical en aquellas regiones sometidas a carga. Sin embargo, parece que la mejora en la resistencia ósea inducida por el ejercicio en adultos mayores probablemente se deba a una menor pérdida de hueso endocortical y/o un aumento en la densidad del tejido, en lugar de un aumento en el tamaño del hueso (aposición perióstica), típico de sujetos jóvenes. Suponiendo que la arquitectura del hueso trabecular puede adaptarse a una mayor carga, los efectos de la actividad física sobre el grosor, el número, la separación y la orientación de los elementos trabeculares en los huesos humanos no se conocen debido a la resolución limitada de la mayoría de las técnicas de imagen utilizadas comúnmente en la actualidad.

Por lo tanto, existe un interés considerable en definir la dosis adecuada de ejercicio físico, es decir, qué características deben poseer los estímulos diseñados para mejorar la "fortaleza ósea" en la osteoporosis, a fin de desarrollar pautas adecuadas, dado que los costos económicos y sociales parecen estar en un crecimiento progresivo y constante en relación con el envejecimiento de la población.

En los últimos años, muchos estudios han informado resultados muy consistentes sobre los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la DMO de la columna lumbar y el fémur en mujeres menopáusicas y, en general, en la vejez. Las intervenciones óptimas son aquellas que favorecen un estímulo mecánico en el hueso, sin embargo, todavía no está claro qué tipo y dosis de ejercicio es el más adecuado y cuánto tiempo sería el necesario para obtener un resultado apropiado. Por ejemplo, las pautas SIOMMS recomiendan realizar un mínimo de actividad física, como caminar, durante 30 minutos todos los días, a pesar de la falta de evidencia disponible. Mientras tanto, el documento de posición en el Colegio Americano de Medicina Deportiva sugiere, durante la edad adulta, realizar diferentes ejercicios cardiorrespiratorios (es decir, tenis, subir escaleras, trotar, y que implican saltar por ejemplo voleibol y baloncesto) y ejercicio de fuerza con intensidad moderada o alta, de 3 a 5 veces por semana durante 30 a 60 minutos, posiblemente en sesiones combinadas.

En la práctica clínica, la prescripción de ejercicio en pacientes ancianos y osteoporóticos siempre debe ir precedida de una evaluación cuidadosa: de hecho, es esencial definir el tipo, la intensidad y la duración de un programa propuesto. La decisión se basa en la fuerza muscular, el rango de movimiento, la marcha, la función cardiopulmonar, las comorbilidades, la densidad ósea y el historial de fracturas previas del sujeto, así como el riesgo de caídas. De hecho, los ejercicios más intensos, como las actividades de alto impacto, que son eficaces para aumentar la masa ósea en sujetos jóvenes pueden no estar indicados para algunos sujetos osteoporóticos de edad avanzada. La progresión del ejercicio siempre debe respetarse y, en pacientes con osteoporosis grave, deben evitarse las actividades que impliquen la flexión o rotación del tronco. Con respecto al ejercicio acuático, una revisión sistemática reciente respalda la evidencia de una tendencia que muestra su efectividad para mantener o incluso mejorar la DMO.

En resumen:

-Caminar, como una intervención aislada, no puede modificar la pérdida de DMO. Sin embargo, en el contexto de un programa de "mantenimiento" de la salud en general, es aconsejable caminar durante al menos 30 minutos al día.
-El entrenamiento cardiorrespiratorio y, en particular, caminar a alta velocidad (exige cuantificarlo), entremezclado con trotar, subir escaleras, es capaz de limitar la reducción de la DMO.
-El entrenamiento de fuerza determina un aumento en la densidad ósea del sitio específico, en particular en el cuello del fémur y en la columna lumbar, que se mantiene a corto y medio plazo. Se recomiendan al menos 3 sesiones a la semana durante un año.
-El entrenamiento de fuerza para los miembros inferiores es el tipo más efectivo de intervención en la DMO para el cuello del fémur.
-Se recomienda realizar ejercicios combinados y ejercicios grupales que incluyan actividades que impliquen el peso corporal, entrenamiento de equilibrio, trote, bajo impacto, fuerza muscular etc... para determinar el aumento de la DMO o, al menos, para preservarla. Sin embargo, la combinación de ejercicio debe adaptarse a las características clínicas del paciente. No existe acuerdo sobre el mejor protocolo en términos de duración, frecuencia y el tipo de ejercicios que han de combinarse. El efecto más relevante fue detectado en la columna vertebral.
-Se ha informado que el entrenamiento con plataformas vibratorias tiene un efecto sobre la mejora de la fuerza muscular, la mejora del equilibrio y la reducción del riesgo de caída en pacientes con osteoporosis, mientras que se informaron hallazgos controvertidos sobre la mejoría de la DMO en diferentes localizaciones.


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