Eje Intestino-Cerebro y su posible implicación sobre la salud.

Eje Intestino-Cerebro y su posible implicación sobre la salud.
El “eje intestino-cerebro” es un concepto que se está extendiendo en los últimos años, debido a la posible relación bidireccional entre los dos órganos, por lo que cada vez hay un mayor número de estudios encaminados a conocerlo en profundidad.

Desde un punto de vista fisiológico, no es sorprendente que el sistema nervioso (SN) actúe sobre el tracto gastrointestinal debido a que se encarga de modular la motilidad, la secreción de ácidos gástricos, bicarbonato o péptidos antimicrobianos, entre otros, así como ejerce una fuerte influencia sobre los epitelios y la respuesta inmune. Además, a modo de ejemplo, gracias a los receptores celulares el SN puede detectar patógenos y regular las poblaciones microbianas mediante un aumento de la motilidad, por lo que también puede influir en la colonización por parte de la microbiota.

El tracto gastrointestinal es una estructura compleja encargada de proteger y controlar el paso de los numerosos agentes que a él llegan, entre ellos, los alimentos, los tóxicos, os microorganismos, etc. En un estado saludable, donde las diversas capas epiteliares y de mucus están intactas, existe un paso regulado de sustancias, así como una comunicación óptima con la microbiota, mediante los diversos receptores, específicos según el elemento con el que deben contactar. Además, se da un correcto funcionamiento de la barrera epitelial gracias a las tight junctions, estructuras formadas por diversas proteínas que se encargan de unir las membranas celulares de células contiguas.

Aunque no siempre es fácil de reconocer, el estrés al que las personas están sometidas en la actualidad ejerce un potente efecto sobre el organismo, que si es mantenido de forma crónica puede desembocar en una patología. Existen indicios de la relación del estrés sobre la unión celular, debilitando las tight junctions y pudiendo aumentar, finalmente, la permeabilidad intestinal, lo que conlleva la entrada de elementos no deseados como tóxicos, bacterias o sus derivados (LPS). El sistema inmune reacciona ante esta situación, desembocando en inflamación y otras situaciones adversas con una mayor o menor importancia.

Pero además, y lo que puede ser más novedoso, es que, como se decía al inicio, este hecho es bidireccional. Aunque todavía la mayor parte de las intervenciones realizadas se han llevado a cabo en modelos murinos, sí hay indicios de una cierta influencia entre la composición de la microbiota intestinal y la respuesta del SN central.

Algunos resultados muestran que la modulación por parte del microbioma se puede realizar a través de mecanismos neuroinmunes y neuroendocrinos, posiblemente por medio de los ácidos grasos de cadena corta o por los ácidos biliares secundarios, entre otros. Es posible que estos metabolitos actúen sobre determinadas células del tracto gastrointestinal, algunas de ellas con funciones sobre el apetito y la saciedad, por lo que, también, parece ser un factor más a tener en cuenta a la hora de estudiar la obesidad y los hábitos de alimentación.

Una microbiota favorable puede influir positivamente en el desarrollo de una estructura epitelial adecuada, favoreciendo la expresión de proteínas como la Ocludina o la Claudina-5, relacionadas con la unión celular, así como mejorar el ambiente intestinal. Sin embargo, determinados factores, como puede ser la colonización por patógenos u otros elementos pueden desencadenar un desequilibrio que conlleva, también, a aumentar la permeabilidad intestinal.

En conclusión, el sistema gastrointestinal y el sistema nervioso parecen tener una relación muy íntima donde la alteración de una de las partes conlleva la modificación de la otra. Muchos factores intervienen en la colonización del tracto gastrointestinal por parte de unos u otros microorganismos, uno de los más importantes es el ambiente existente y esto es algo que depende directamente de los cambios fisiológicos generados por el SN. Si debido a determinadas circunstancias, como puede ser el estrés, el ambiente gastrointestinal se vuelve inhóspito para determinadas cepas beneficiosas, es posible que haya una colonización por oportunistas o patógenos. Pero, además, el ambiente intestinal se puede modificar debido a ciertos alimentos, tóxicos o a infecciones por microorganismos patógenos, lo que repercute de una manera más o menos directa en la respuesta por parte del SN, modificando posiblemente el estado anímico de una persona.


No hay duda de que que existen influencia mutua entre el organismo y los colonizadores, siendo un tema con gran relevancia y posibilidades futuras , sin embargo, ¿se puede llegar a afirmar que el intestino es “nuestro segundo cerebro”? Quizá es necesaria más investigación.

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