Ejercicio Físico en Individuos Epilepticos


Los pacientes con epilepsia son en gran porcentaje sedentarios y realizan poca
actividad física, si se los compara con individuos de la misma edad y género
que no sufren de epilepsia y poseen un menor estado de forma física (Bjorholt y
Nakken 1990; Nakken 1999; Nakken 2000; Dubow y Kelly 2003). No solo a nivel
físico-deportivo sino también a nivel psicosocial, los pacientes con epilepsia
llevan una vida menos activa social y culturalmente, con poco contacto social,
en parte debido al temor de sufrir una crisis epiléptica en la vía pública y a
ser mal atendido por los testigos y curiosos que, aunque bien intencionados,
puedan causarle una lesión mayor al intentar controlar una crisis. Por esto,
presentan niveles inferiores en su capacidad de trabajo, aptitud física y
fitness cardiorrespiratorio en comparación con individuos de la misma edad sin
epilepsia.

Sin embargo, la actividad física regular parece poder ayudar en el
tratamiento y no entorpecer el progreso de la epilepsia. Cuando un grupo de pacientes
con epilepsia sigue un programa de ejercicios regularmente, 45 minutos cada
sesión, 3 veces al día y 6 días a la semana, a una intensidad no menor al 60%
del consumo máximo de oxígeno mejora considerablemente el rendimiento aeróbico
o de resistencia (Nakken y Bjorholt 1990). Por otro lado, la frecuencia de
aparición de las crisis no se modificó durante el programa de ejercicios en
comparación con la frecuencia previa y posterior al mismo, lo cual mostró que
el ejercicio no sería un factor protector ni tampoco estimulante para el inicio
de una crisis, además, la incidencia de crisis epilépticas durante la
realización de ejercicios físicos fue baja, cuando sí ocurrió una crisis
durante el ejercicio, la misma no se relacionó con la clase de crisis epiléptica,
el tipo de ejercicio ni la frecuencia cardiaca (Nakken y Bjorholt 1990). El
mismo estudio muestra que el ejercicio no alteró la concentración sérica de las
drogas antiepilépticas. Si el paciente ha estado sin crisis los últimos dos
años, las probabilidades de que el ejercicio se pueda practicar sin provocar
una crisis aumenta considerablemente.

Los estudios muestran que solo entre el 5 y el 10% de los pacientes con epilepsia sufren una
crisis durante o en relación con el ejercicio físico, según Nakken, en su
estudio sobre 204 pacientes, el 63% no experimentó ninguna crisis relacionada
con el ejercicio (durante o inmediatamente después del mismo), mientras que el
10% de ellos refirió haber sufrido crisis debidas a la práctica de actividad
física (Nakken 1999). Quienes presentaron crisis a causa del ejercicio y los
que parecen ser más propensos a las mismas cuando realizan ejercicio físico
parecen ser aquellos con crisis focales o con una lesión cerebral de base. De
los 77 pacientes que refirieron una relación entre el ejercicio y sus crisis
epilépticas, el 36% afirmó que la influencia del ejercicio fue positiva, 36
pacientes sufrieron lesiones asociadas con la actividad física pero en solo el
10% estas se relacionaron con convulsiones, ninguna de las lesiones fue de
seriedad (Nakken 1999). La actividad física no produjo efectos adversos en este
estudio e incluso pudo mejorar el control de las convulsiones en un porcentaje
considerable aunque en un 10% de los individuos precipitó la aparición de las
mismas (Nakken 1999). Otro estudio también coincide en señalar que el ejercicio
ofrece un moderado efecto preventivo en un 30 a 40% de los pacientes (Nakken 2000). El
ejercicio físico podría elevar el umbral convulsivo y en los estudios se ha
mostrado que el ejercicio reduce las anormalidades del EEG, lo cual explicaría
la menor frecuencia de crisis. No se conoce mediante que mecanismo el ejercicio
puede disminuir las descargas epileptiformes, aunque el aumento de la atención
y vigilancia, la concentración en una actividad puntual y el descenso de la
tensión emocional son factores que influyen beneficiosamente, además de reducir
la concentración de CO2 en sangre.

Cuando la epilepsia se presenta como farmacologicamente intratable, al menos en las
mujeres, un programa de entrenamiento de 15 semanas, incluyendo danzas,
entrenamiento de fuerza y estiramientos durante 60 minutos 2 veces por semana
pudo reducir la frecuencia de aparición de los ataques epilépticos. Pudo además
lograr otros beneficios generales tales como incrementar el consumo de oxígeno,
reducir el colesterol, disminuir los dolores musculares, mejorar la calidad del
sueño y evitar la fatiga (Eriksen, Ellerstsen y cols 1994). Los pacientes
suelen hallar que la falta de sueño, el estrés emocional y el cansancio son
algunos factores que precipitan la aparición de una crisis epiléptica (Nakken
2005; Frunch y Quigg 2000), por lo tanto, el ejercicio físico de moderada
intensidad podría ayudar a combatir estos factores, si se lo realiza de manera
cuidadosa y con el seguimiento adecuado en cuanto a intensidad, volumen,
frecuencia y contenido del programa de ejercicios.

La prescripción del programa de ejercicios debe ser siempre individualizada para
cada paciente, considerando, entre otras variables, la edad, el nivel de
fitness del paciente, que clase de crisis epilépticas presenta y con que
frecuencia las presenta.

Antes de comenzar un programa de ejercicios físicos, la evaluación del estado clínico
del paciente y de sus antecedentes es indispensable, además, un EEG durante la
actividad física puede aportar evidencias acerca de alguna forma de anormalidad
en las ondas cerebrales o en la frecuencia de descarga de las células
cerebrales. La realización de una prueba de ejercicio mientras se realiza un
EEG puede ser una herramienta diagnóstica de importancia para identificar a
aquellos individuos con riesgo de desarrollar una crisis epiléptica inducida
por el ejercicio (Nakken y cols 1997; Abayomi y Ogunyemi 1988). Otros factores
a tener en cuenta antes de comenzar con el programa de actividad física y que
deben conversarse con el equipo de salud tratante son: que clase de epilepsia
presenta en individuo, evolución de la misma, la medicación epiléptica que
recibe y que efectos secundarios presenta, que disciplinas pueden llegar a
estar desaconsejadas. Además, es siempre recomendable que el individuo ya tenga
su tratamiento farmacológico bien establecido, esto permite conocer bien que
efectos secundarios provoca y además saber que tan bien controladas se tienen
las crisis. Si por alguna razón, el paciente requiere cambiar el tratamiento
farmacológico, se debe consultar con el neurólogo y el equipo tratante si se
continúa con la actividad o si se debe esperar a que el nuevo tratamiento haga
efecto y a como reacciona el individuo.

La mayoría de los deportes o variantes de actividad física para un programa de ejercicios
se ha mostrado como seguro y de bajo riesgo para los pacientes epilépticos si
se cumple con el tratamiento farmacológico y las actividades se realizan con un
monitoreo adecuado por parte de los profesores, incluso los deportes acuáticos
y la natación pueden ser seguros si existe una supervisión constante y el
paciente está farmacológicamente controlado. De todas maneras, algunas
actividades específicas se desaconsejan, tales como la equitación, escalada, montañismo,
canotaje, el buceo, nado de aguas abiertas, deportes con moto, la gimnasia
deportiva en paralelas, patinaje sobre hielo o deportes aéreos (Howard y cols
2004; Fountain y May 2003).

La forma de afrontar las actividades también puede tener una influencia significativa, el
nerviosismo antes de una competición puede ser un factor predisponente de
crisis, debido al estrés, el estrés físico o mental puede actuar como
desencadenante. El sueño reparador es fundamental para evitar crisis, así como
también una correcta dosificación de esfuerzo y descanso dentro del programa de
ejercicios.

Otra función importante del ejercicio es la de mantener la masa ósea. La incidencia de
osteoporosis y fracturas óseas aumenta entre 2 y 6 veces en los pacientes
epilépticos (Svalheim y cols 2011, Nakken y Tauboll 2010, Meier y Kraenzlin
2011), esto se debe a:

·Lesiones producidas durante la crisis tónico-clónica

·Disminución de la masa ósea debida al sedentarismo

·Los fármacos antiepilépticos producen disminución de la masa ósea (en particular, la
carbamazepina, el fenobarbital, fenitoína y valproato)

De no haber una indicación que no lo permita, podría ser una buena medida de prevención el
realizar ejercicios al aire libre, para aprovechar el beneficio del sol en el
metabolismo de la vitamina D y del calcio (cuidando los horarios de exposición
al sol). Debido a que algunas de las drogas antiepilépticas antes mencionadas
actúan a nivel del citocromo P450, no permitiéndole metabolizar adecuadamente
la vitamina D y convirtiéndola en metabolitos inactivos y reduciendo, por lo
tanto, la absorción de calcio (Meier y Kraenzlin 2011).

Algunos factores a considerar respecto a la interacción entre el ejercicio físico y la
medicación antiepiléptica son:

·Algunos medicamentos pueden causar aumentos de peso (valproato y lamotrigina,
carbamazepina)
·Algunos medicamentos pueden causar fatiga y sedación (carbamazepina, fenobarbital,
clonazepam, vigabatrin, gabapentina, toripamato)

·Si bien el comenzar un programa de actividad física no ha mostrado alterar las concentraciones séricas de las drogas antiepilépticas, es recomendable realizar un seguimiento por el equipo de salud tratante para saber si hay alguna modificación en el metabolismo de las drogas
cuando se comienza un plan de ejercicios

·Si el programa de actividad física modifica el peso y la composición corporal del
individuo, se debe consultar con el equipo tratante para establecer si es
necesario un ajuste en la dosis de la medicación

·Se recomienda ingerir el medicamento al menos unas horas antes de comenzar a
realizar ejercicio, ya que el ejercicio produce una redistribución de la sangre que
puede disminuir el flujo hepático y por ende, disminuir el metabolismo de las
drogas y aumentar su concentración en sangre

Debe haber ciertas medidas a considerar para hacer la práctica deportiva más segura en el
individuo con epilepsia:

·Evitar la fatiga o cansancio extremo y el sobreentrenamiento

·Dormir adecuadamente y estar bien descansando antes de cada sesión

·No estar con fiebre si se va a realizar un entrenamiento

·Estar bien hidratado

·Evitar los ambientes y los horarios muy calurosos para prevenir la hipertermia

·Evitar la hipoglucemia alimentándose adecuadamente antes de la actividad


En los pacientes con epilepsia, la hipoglucemia podría disminuir el umbral para el
desarrollo de crisis tónico-clónicas y provocar anormalidades en el EEG, por lo
tanto, nunca realizar ejercicios estando en ayunas. Se recomienda realizar una
ingesta 2 horas antes de la actividad, evitando los azúcares simples que
generan rápida y sostenida elevación de la insulina en sangre (entre 60 y 90
minutos) y que conducirían a la hipoglucemia si se comienza a realizar
esfuerzos físicos luego de consumirlos. Evitar preferentemente las bebidas con
hidratos de carbono o glucosa y los alimentos con harinas simples. Realizar otra
ingesta luego de finalizada la actividad.


Bibliografía

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Bjorholt PG, Nakken KO
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Sebastian Scoles

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