Empleados de Oficina, Descansos Programados y Productividad Laboral

Empleados de Oficina, Descansos Programados y Productividad Laboral
Un problema de salud común experimentado por los empleados de oficina es el dolor lumbar. Aproximadamente entre el 34% y el 51% de los trabajadores de oficina experimentaron dolor lumbar en los últimos 12 meses (Ayanniyi et al., 2010; Janwantanakul et al., 2008) con la tasa de incidencia anual de dolor lumbar de aproximadamente el 14-23% (Juul- Kristensen et al., 2004; Sitthipornvorakul et al., 2015). Además, se ha informado que la prevalencia de 1 año del dolor lumbar crónico varía entre 15% y 45%, con una prevalencia puntual de 30% (Manchikanti et al., 2009). El dolor lumbar causa sufrimiento personal, discapacidad y deterioro de la calidad de vida y del trabajo en general, lo que puede representar una gran carga socioeconómica tanto para los individuos como para la sociedad (Manchikanti et al., 2014).

Por lo general, es obligatorio que los trabajadores de oficina permanezcan durante largas horas trabajando en un ordenador mientras pasan la mayor parte de su tiempo en sedestación. Los grupos ocupacionales expuestos a malas posturas mientras están sentados por más de medio día tienen un riesgo considerablemente mayor de sufrir dolor lumbar (Lis et al., 2007). Los sujetos con dolor lumbar probablemente presenten la misma postura prolongada en el tiempo y tengan movimientos del tronco grandes y poco frecuentes, en lugar de movimientos regulares y sutiles, mientras están sentados (Dankaerts et al., 2006; O'Sullivan et al., 2012). La carga postural prolongada de la columna mientras se está en sedestación puede reducir la lubricación articular, el contenido de fluidos de los discos intervertebrales y aumentar la rigidez, lo que puede ser perjudicial para la salud de la espalda (Beach et al., 2005; Chan et al., 2011). Por tanto, posiciones estáticas mantenidas induce molestias en la columna lumbar (Waongenngarm et al., 2015), que es un fuerte predictor de dolor lumbar (Hamberg-van Reenen et al., 2008).

Se recomiendan las pausas para aliviar los efectos adversos de una sesión prolongada de trabajo. Los descansos programados (activo o pasivo) pueden prevenir la aparición o progresión de trastornos acumulativos mecánicos en el entorno laboral (Balci y Aghazadeh, 2004; Barredo y Mahon, 2007; Sheahan et al., 2016). Un descanso generalmente se define como el cese de las tareas de trabajo de oficina y puede ser pasivo o activo. Para una pausa pasiva, los trabjadores abandonan sus tareas para sentarse y relajarse durante este período, mientras que durante los descansos activos, los deben realizar ejercicios específicos (Nakphet et al., 2014). Sin embargo, debido a las impracticabilidades y el posible impacto en la productividad laboral de las pausas, es difícil implementar las pausas en un entorno laboral sin que se continúe trabajando. Por lo tanto, también las interrupciones de pie durante el trabajo se han introducido recientemente como una opción para reducir la incomodidad y el dolor en la columna lumbar mientras se mantiene la productividad del trabajador (Thorp et al., 2014).

La revisión actual mostró que los descansos parecen ser efectivos en la prevención del malestar. Se encontraron pruebas contradictorias sobre el efecto de las pausas en la reducción del dolor lumbar. Sin embargo, cuando se estratifica por tipo de pausa, se descubrió que las pausas activas son efectivas para reducir el dolor lumbar y la incomodidad, sin embargo, las pausas pasivas no son efectivas para reducir el dolor de espalda. Los hallazgos son consistentes con investigaciones previas que muestran que los descansos activos son mejores que los descansos pasivos (Asmussen y Mazin, 1978). Se necesitan más estudios de alta calidad antes de que se puedan dar recomendaciones. La literatura con respecto al efecto de los programas de descanso en el dolor, la incomodidad y la productividad laboral en los oficinistas es heterogénea.




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