Entrenamiento de Fuerza y Salud Cardiometabólica

Entrenamiento de Fuerza y Salud Cardiometabólica
La enfermedad cardiovascular es una carga humana y económica sustancial, responsable de 17,7 millones de muertes en 2015. El impacto positivo del ejercicio regular de resistencia de intensidad moderada a vigorosa sobre la salud cardiometabólica, incluidas mejoras en la función cardiopulmonar, la presión arterial, el control glucémico, la hipercolesterolemia y la función endotelial vascular, están bien documentadas y reconocidas, sin embargo, los beneficios para la salud del entrenamiento de fuerza en relación con el tamaño y la fuerza del músculo esquelético, aun estando también reconocidas en las recomendaciones actuales de actividad física, está menos definido.

Existen pruebas preliminares de que el entrenamiento de fuerza puede alterar positivamente el perfil de lípidos en la sangre, la composición corporal, la presión arterial sistólica, los marcadores inflamatorios circulantes y la capacidad cardiopulmonar de ejercicio. El entrenamiento de fuerza también puede generar mejoras de mayor duración en la grasa corporal, insulina en ayunas, perfil lipídico y presión arterial sistólica en comparación con el ejercicio de resistencia. Finalmente, el entrenamiento de fuerza puede tener un papel importante en la atenuación de los cambios fisiológicos relacionados con la edad, como aumentos de la presión arterial sistólica, la rigidez arterial, y la reducción de la masa muscular esquelética (con cambios asociados en la fisiología sistémica) .

El entrenamiento de fuerza tiene un impacto positivo en la salud cardiometabólica, a través de mejoras en la presión sanguínea en reposo, VO2 máx, y biomarcadores sanguíneos de riesgo cardiometabólico. Estas mejoras son más convincentes para las intervenciones a medio plazo (7-23 semanas), lo que probablemente refleje el mayor volumen de estudios publicados en comparación con las duraciones de intervención a corto plazo (<6 semanas) y largo plazo (≥24 semanas). Relativamente pocos estudios han investigado principalmente los beneficios cardiometabólicos para la salud del entrenamiento de fuerza en poblaciones clínicas, particularmente en aquellos con riesgo elevado de eventos cardiovasculares. Existe evidencia limitada de eventos adversos asociados con el entrenamiento de fuerza con solo el 12% de los estudios incluidos en la revisión que informan lesiones musculoesqueléticas. Por lo tanto, sugerimos que el entrenamiento de fuerza sea una opción de ejercicio segura para poblaciones sanas y con patologías.

Existe un efecto positivo del entrenamiento de fuerza en la presión arterial sistólica y diastólica. Las reducciones observadas son de una magnitud similar a las de las intervenciones de ejercicio de resistencia, y podrían sugerir una relación dosis-respuesta para intervenciones de duración variable. Además, dado que la hipertensión es una causa global de mortalidad, los efectos pronunciados del entrenamiento de fuerza sobre los resultados de la presión arterial en las poblaciones de mayor edad observadas en este análisis de subgrupos sugieren que el entrenamiento de fuerza podría ser una estrategia no farmacológica eficaz para la prevención y/o control de la hipertensión en adultos mayores con riesgo cardiometabólico elevado.

La baja aptitud cardiopulmonar tiene un efecto indirecto sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular y está parcialmente (40% -60%) mediado por factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, hipercolesterolemia, obesidad y glucosa en ayuna. Por lo tanto, los efectos beneficiosos del entrenamiento de fuerza en el VO2 máx. es importante. Además, la disfunción endotelial se asocia con la enfermedad cardiovascular y el proceso de envejecimiento. La disfunción endotelial está relacionada con una disminución en la disponibilidad de óxido nítrico, que puede mejorarse mediante el ejercicio. Se observan mejoras en la función endotelial con programas de entrenamiento de fuerza que duraran de 7 a 23 semanas. Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza puede ser un estímulo eficaz para mejorar la dilatación mediada por flujo, reduciendo potencialmente el riesgo de enfermedad cardiometabólica.

Se encuentran también mayores reducciones en colesterol de lipoproteínas de baja densidad, triglicéridos y glucosa en ayunas en adultos mayores. También hay reducciones significativas en la proteína C reactiva después del entrenamiento de fuerza a corto y medio plazo en adultos mayores con riesgo cardiometabólico elevado. Las reducciones en proteína C reactiva, glucosa e insulina en ayunas y HOMA-IR (índice de resistencia a la insulina) podrían haber sido mediadas por el efecto del entrenamiento de fuerza en la composición corporal, incluyendo un aumento en la masa muscular esquelética y reducción en la masa grasa, y el impacto resultante en la secreción de adipoquinas, sensibilidad a la insulina, y transporte de glucosa. Estas mejoras en el funcionamiento metabólico después del entrenamiento de fuerza pueden tener tener importantes implicaciones clínicas para la prevención y el tratamiento del síndrome metabólico, la diabetes mellitus tipo 2 y la enfermedad cardiovascular.

La importancia relativa y el potencial para maximizar las adaptaciones centrales, sistémicas y periféricas al manipular las características del entrenamiento de fuerza requiere de más investigación. Además, también se requiere una investigación adicional de alta calidad para formular el diseño óptimo de un programa de entrenamiento de fuerza para promover la salud cardiovascular y el manejo de los factores de riesgo en poblaciones de mediana edad y con patologías.

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