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De los “abdominales” a los “hipopresivos”: Análisis y reflexiones para profesionales del ejercicio.

Juan
Ramón Heredia

Guillermo
Peña

Julián
Aguilera

Manuel
Martín

Victor
Segarra

Instituto
Internacional Ciencias Ejercicio Físico y Salud

Introducción

Nuestra institución ha intentado, desde su creación, no solo reunir a los más prestigiosos
profesionales del ejercicio físico a nivel nacional e internacional (enlace a directiva), sino además mantener
una línea coherente y rigurosa, alejada de intereses y discusiones. Pero
también ha sido uno de nuestro principales objetivos acercar el rigor de la
ciencia a los profesionales del ejercicio sirviendo de puente y acceso a la
información más actual.

Es por ello que abordaremos en esta ocasión esta temática tan
de actualidad, dado que es una de las cuestiones que más reclama atención por
parte de alumnos y profesionales del ejercicio y que se relaciona con la
irrupción del Método Hipopresivo® y su aplicación a los programas de ejercicio
físico y salud.

Nos resulta particularmente sorprendente toda esta atención
suscitada, por parte incluso de algunos profesionales del ámbito sanitario como
médicos, fisioterapeutas o por parte de los propios Licenciados/Graduados en
Ciencias de la Actividad Física, al punto que se deba invertir tanto tiempo en
aclarar ciertas confusiones o lagunas en lugar de invertir dicho tiempo en
revisar las importantes investigaciones que se realizan en el ámbito de la
estabilidad raquídea, por ejemplo.

En la actualidad las técnicas hipopresivas se postulan como
casi una “panacea” no solo para la incontinencia urinaria y disfunciones del
suelo pélvico, sino parece que también para (Rial y Pinsach, 2013):

-Reducción perímetro cintura.

-Fortalecimiento abdominal.

-Mejora de la estabilidad raquídea.

-Mejora de la postura.

-Prevención todo tipo de hernias.

-Baronormalización de presiones intratorácica,
abdominal y perineal.

-Aumento del metabolismo con regulación de factores
metabólicos y oxidativos.

-Mejora de la circulación mediante aumento y
regulación de los factores vascularizantes.

-Prevención de lesiones músculo-articulares.

-Aumento del rendimiento.

-Mejora de las prestaciones sexuales.

-Normalización de las tensiones musculares y
tonificación abdominoperineal.

-Reducción tensión muscular postentrenamiento (Rial,
Negreira, Álvarez-Sáez y García-Soidán, 2013)

Ciertamente estamos ante una propuesta que parece
brindar una cantidad de beneficios tremendamente potentes y de relevancia para
la salud, y que nos hace plantear si existe algún tipo de intervención mediante
ejercicio que posea tantas “bondades” juntas. A su vez, también nos exige poner atención y reclamar de los profesionales
del ejercicio un análisis de algunas de estas afirmaciones mediante las adecuadas
evidencias científicas.

Algunos
de los creadores y difusores del método hipopresivo han expuesto su opinión
respecto del supuesto riesgo que pudiera conllevar la práctica de otras
técnicas de “entrenamiento abdominal” diferentes de su propuesta. Esta
estrategia comercial para contraponerse frente a cualquier práctica de
entrenamiento diferente a su postulado debe estar rigurosamente apoyada en
datos objetivos científicos.

Lo expuesto en el presente documento no
intenta más que ser fiel reflejo de la realidad y dejamos constancia que
creemos necesario que los representantes de dicho método puedan, con el tiempo
y esfuerzo en el ámbito de la investigación, proporcionar bases más sólidas y
rigurosas en torno a dicho método y su mayor o menor utilidad en alguno de los
objetivos propuestos. Esperaremos que ello sea así y nos congratularemos enormemente
de algo que resulta beneficio para todo el sector de las ciencias de la
actividad física y el deporte.

¿Que
referencias podemos encontrar respecto a los beneficios del método hipopresivo?

Antes
de empezar este blog y pese a que ya realizamos esta labor en algunas ocasiones
anteriores para otras publicaciones, se realizó una búsqueda en las bases de
datos PubMed, Scopus, SportDiscus, ScienceDirect y Google Académico, utilizando
los términos (en inglés y castellano) “hipopresivo” y su combinación con “ejercicio”, “suelo pélvico”, “estabilidad”, “abdominal”, “salud” y “rendimiento”, sin
encontrar más de seis referencias a artículos donde tan siquiera la mitad habían
sido publicados en revistas indexadas en el JCR, pese a que si se encontraron
una gran cantidad de documentos procedentes de fuentes secundarias y generales
de información (documentos de opinión, artículos divulgativos, libros).

Para
empezar por alguna y quizás por ser la de menor calado, lo haremos por aquella
que nos toca más de cerca. Es sorprendente que se encuentre expresado, de forma
literal del libro “El método hipopresivo” (Rial y Pinsach, 2013):

“…con lo cual, se podría concluir coincidiendo
con Moral et al. (2011) que la gimnasia hipopresiva puede ser una técnica a
contemplar en la reeducación de los músculos del suelo pélvico” (p. 75).

Dicha
referencia corresponde a un artículo publicado por nuestro grupo en la Revista
PubliceStandard de la Plataforma Internacional de Ciencias del Ejercicio G-SE y
en la que en ningún momento del mismo consideramos tal afirmación, por lo que
entendemos ha podido ser una error en la interpretación del texto, dado que no
nos sentimos capaces de exponer de una forma tan tajante afirmaciones en dicho
sentido.

Igualmente
en el mismo libro de referencia (Pinsach y Rial, 2013), se puede leer
textualmente, respecto a las técnicas hipopresivas enfocadas a objetivos
preventivos y reguladores:

“
Reducir el perímetro abdominal: Logrando una faja abdominal eficaz y tonificada
que proporciona una funcional estabilización lumbo-pélvica”. (p. 63)

Entendemos
inicialmente que se está definiendo un objetivo, lo que podría suponer que la
realización de un adecuado programa de entrenamiento mediante estas técnicas
implican el logro de los mismos algo que, cuanto menos es cuestionable.

Por otro
lado no parecen existir a nuestro
conocimiento estudios, como ha sido anteriormente expuesto, que puedan
sostener tal afirmación en el sentido de establecer estar relaciones (tampoco
se aportan en el texto original) puesto que en ningún caso se ha conseguido
mostrar tal mejora a nivel experimental, como tampoco parece acertada la
afirmación desde un punto de vista de planteamiento de una teoría o hipótesis,
dado que el logro de “una faja abdominal eficaz y tonificada”, no garantiza una óptima ni funcional
estabilización (Hibbs., Thompson, French, Wrigley & Spears, 2008;
Vera-Garcia, Brown, Gray & McGill, 2006)

A
este respecto se pueden encontrar algunas referencias en torno a esta “reducción del perímetro abdominal”,
como la reiterada mención al estudio de Esparza (2007) donde se refleja una
reducción del perímetro de la cintura del 6% (p=0,003), dicho artículo es
referenciado en otra serie de publicaciones (Rial y Villanueva, 2011) pero sin
que aparezcan los datos de dicha variable (reducción del perímetro de cintura).

Por
otro lado hemos tenido algunas dificultades para acceder a este trabajo
original, debido a que es una presentación o comunicación en un congreso. Sería
importante poder revisar todo este trabajo debido a que, de encontrarse una
reducción del perímetro de cintura podría atribuirse a distintas causas y
relacionarse con un inadecuado control de algunas de las variables del mismo,
que en cualquier caso supondría no atribuir esta teórica reducción a respuestas
fisiológica alguna.

De
igual manera se reporta en una publicación divulgativa de Pinsach et al (2012) (depositada
en el web del Colegio Oficial de Licenciados en Educación Física de Cataluña: http://www.coplefc.cat/files/mes%20arxius/Hipopresivos_un_cambio_de_paradigma%20(2).pdf) una referencia a un estudio de Caufriez (1996)
donde se indican el logro de disminución del 8% de media en el perímetro
abdominal. Sin embargo acudiendo al apartado de referencias bibligráficas en
dicha publicación no encontramos el estudio al que se hace mención y referencia
en el texto.

Por
todo ello el valor relativo de dichas referencias debe ser tenido en
consideración a la hora de establecer determinados dogmas y debemos permanecer
atentos a otras referencias o estudios que se hayan realizado o vayan a
realizar en dicho sentido.

Algunos
de los creadores y desarrolladores del método justifican la necesidad de un
cambio del paradigma en la aplicación de metodología para el entrenamiento de
la musculatura abdominal, puesto que la realización de algunos de estos
ejercicios pueden ser ineficaces y peligrosos para la musculatura del suelo
pélvico.

Aunque
habría que poner muy bien en contexto cada una de estas afirmaciones, se hace
necesario de nuevo reflexionar en torno a lo alarmista de ciertas
afirmaciones.

En
un trabajo de Caufriez, Fernández, Devrous, Esparza y Shulmann (2007) se
intenta analizar la incidencia de “abdominales clásicos” sobre el tono de base
del tejido músculo-conjuntivo del suelo pélvico en un grupo de primíparas en el
post-parto, mostrando una disminución del índice de rigidez y aumento de la
capacidad de distensión de dicho tejido (Rial y Pinsach, 2013).

Si
analizamos el artículo, podemos encontrar como la población de estudio realizan
dos sesiones de “gimnasia abdominal clásica” (solo este concepto ya merecería
una más profunda explicación) de 45 minutos durante 6 semanas. El tipo de
ejercicios que realizaban se basaban en ejercicios dinámicos con gran brazo de
palanca en base a movimientos de flexión de cadera (tal como puede observase en
las fotografías extraídas de dicho artículo original).

En
primer lugar resulta llamativo el hecho de considerar “ejercicios abdominales”
(clásicos o no) a aquellos que fundamentalmente estimulan a los flexores
coxo-femorales y que además generan un alto estrés compresivo a nivel raquídeo (Polga et al.,
2004; Wilke et al. 1999; Keller et al., 2005; Axler & McGill,1997). Seguramente
este tipo de estímulos pueden no ser adecuados no solo para el tejido conjuntivo
del suelo pélvico, sino mucho menos para la salud e integridad del raquis.
Además en dicho estudio original se puede leer, como los autores plantean el
hecho de que el objetivo de ejercicios donde se flexionan las caderas
movilizando los miembros inferiores son un estímulo orientado a la potenciación
de la “musculatura abdominal inferior”, algo a todas luces cuestionable con la
información científica disponible en la actualidad.

Pero
aún reclama más atención el hecho de que el estímulo haya sido controlado y
definido como “ejercicios abdominales clásicos durante 45 minutos”. Encontramos
una clara deficiencia en cuanto a dicha variable y su definición y control. Al
menos no quedó reflejada en el estudio y resulta fundamental para poder
establecer adecuadamente los efectos en función del mismo.

De
esta manera y sin entrar a cuestionar más cuestiones, seguimos observando como
las referencias aportadas tanto en valor científico como en contenido, al menos
nos conduce a la necesidad un cierta contención y prudencia frente a
afirmaciones rotundas en este sentido.

En relación a un trabajo referenciado dentro del
método hipopresivo (Galindo y Espinoza, 2009) que parece según lo afirmado (Rial y Pinsach,
2013) puede marcar una interesante línea de estudio
futura, llama la atención no solo en cuanto a las tremendas limitaciones del
estudio, donde incluso se les proporciona un “programa de higiene de columna” a
todos los participantes de dicho estudio, sino que se encuentran cosas como:

“Grupo de gimnasia abdominal hipopresiva (n = 10)
recibió ejercicios de respiración, relajación y fortalecimiento en
diferentes posiciones, basándose en el principio de la estabilización lumbar”
(p.13).

Además de la necesidad de conocer cuáles son esos
principios de “estabilización lumbar” aplicados en relación a este grupo, así
como algo más de detalle de las diferentes posiciones desarrolladas, no parece
que ello haya sido obstáculo para dar valor a este estudio respecto a los
resultados obtenidos.

De igual manera, en dicho artículo, en el apartado de
discusión se puede leer:

“El protocolo que diseñamos para este grupo de
tratamiento constó de ejercicios de ritmo lento, respiración libre y
mantenimiento de posturas basados en el cierre del arco costal” (p.17).

Resultan llamativas estas descripciones de la técnicas
utilizadas en este estudio y que no hayan sido criticadas y si se haya dado
validez a los resultados del mismo, máxime cuando no se ciñen a los principios
técnicos establecidos por los creadores y desarrolladores del método (Rial y
Pinsach, 2013).

Sin embargo esto mismo si ha sido realizado en
algunas publicaciones de los creadores y desarrolladores del método (Rial y
Pinsach, 2013) con otros estudios como los de Stüpp et al. (2011) a los cuales se les ha criticado la no utilización de las técnicas
correctas.

En cualquier caso dejamos para la reflexión dicho
hecho relacionado con que el estudio de Galindo y Espinosa (2009) si se
encontraran diferencias significativas y en el resto de publicaciones no fuese
así, como el reseñar dicho hecho haciendo mención a una crítica hacia dichos
trabajos por los “errores e incorrectas interpretaciones” de los mismos para
justificar tales falta de resultados (Rial y Pinsach, 2013).

También los hipopresivos se postulan como un
método útil y adecuado para la mejora de la estabilidad raquídea, la prevención o tratamiento de las alteraciones
del raquis y la mejora postural.

Así se hace referencia
en Rial y Pinsach (2013) a una “hipótesis complementaria del método hipopresivo
sobre la reequilibración tónica de los grandes grupos musculares esqueléticos”
a un estudio de Caufriez (1999) donde se analizó los efectos de los
hipopresivos sobre la estática global de la columna y la fuerza isométrica de
los extensores del tronco mediante el test de Biering-Sorensen, mostrando
evidencias significativas de mejora en el grupo experimental para el test de
flexión de columna y en el test de Biering-Sorensen.

A este respecto sería interesante constatar
de nuevo las dificultades para acceder a este trabajo. En el libro mencionado
la referencia aportada no aparece en la bibliografía. De igual manera se
encuentra que por un lado no se puede inferir una mejora de la fuerza de los
extensores del tronco medidas mediante esa prueba puesto que su mejora indica
un mejor rendimiento en la misma, dependiente de la resistencia de dicha
musculatura además de otra como la de los extensores de la cadera y que se verá
afectada de manera importante por otras variables como la antropometría.

En este
mismo sentido, en una reciente comunicación a un Congreso (NSCA) se presentaron
algunos trabajos destacando el realizado por Humanes, Rial y Chulvi (2014), denominado “Does hypopresssive technique and
pilates increases the activity of the stabilizing core muscles?”
, en los que se valoró mediante electromiografía
(Emg) la actividad de algunos músculos de la pared antero-lateral del abdomen,
en concreto el recto abdominal y el oblicuo interno, donde cabe seguir con el
análisis anterior:

-La estabilidad
no se debería inferir a partir de este tipo de evaluaciones, como tampoco se
puede limitar la capacidad estabilizadora a una mayor o menor actividad de
dicha musculatura, siendo además la misma dependiente del contexto, sin
mencionar que en algún momento de la presentación se cuestionó la incorrecta
colocación de los electrodos en dicho estudio.

-La maniobra de
“abdominal hollowing” es utilizada de forma indistinta en Pilates o en otros
medios o formas de entrenamiento y con distintos objetivos. De hecho en la
actualidad, la utilización de tal maniobra es cuestionada en la aplicación de
muchos de los ejercicios de pilates y también como la forma más adecuada de
garantizar una optima estabilidad (Grenier & McGill, 2007; Vera, Elvira, Brown, McGill, 2007; McGill, 2007).

-Igualmente se
expone en el trabajo que tal maniobra como las técnicas hipopresivas son
utilizadas para activar la musculatura abdominal profunda (transverso y oblicuo
interno), cuando podemos leer literalmente en Rial y Pinsach (2013):

“Un ejercicio hipopresivo provoca una
contracción refleja de la faja abdominal y del suelo pélvico. No se logrará una
contracción refleja si se inicia con una contracción voluntaria del transverso
como describe textualmente (Selene et al.,2009)”

Es,
cuanto menos algo confuso, el encontrar este tipo de contradicciones, que se
repiten en otros documentos y de nuevo, no es posible encontrar la referencia
en el apartado de bibliografía para poder profundizar en ella.

También
desde el método hipopresivo (Rial y Pinsach, 2013) se indica una relación entre
incontinencia urinaria de esfuerzo y
ejercicio físico
, estableciendo una causalidad en base a un aumento de la
presión abdominal. Como bien exponen Cabanas
y Chapinal (2014) se debe considerar que una correlación no implica causalidad
y que deberán contemplarse otras variables a este respecto, lo cual implicaría
ser algo más cauteloso y especialmente menos alarmista con respecto a ciertas
afirmaciones en este sentido.

De
igual manera, cabría también cuestionar el hecho de utilizar una maniobra
teóricamente “hipopresiva” como forma de mejora ante una situación ineludible
como es el hecho de la existencia de cambios en la presión intra-abdominal
durante cualquier actividad diaria lo cual, dicho sea de paso no resta
potencial valor a esta técnica, pero si plantea las enormes limitaciones
respecto a algunos de los beneficios que parecen atribuírsele.

En distintas publicaciones (Rial y Pinsach,
2012) pueden encontrarse afirmaciones
como:

“La
relajación tónica del diafragma (Hodges, Heijnen y Gandevia, 2001) consigue la
disminución de la presión torácica y abdominal (Caufriez, Fernández, Guignel,
Heimann, 2007)”

Tras revisar la
referencia expuesta en primer lugar (los trabajos de Hodges son brillantes en
toda esta temática) nos cuesta encontrar un nexo adecuado para su utilización
en este contexto. El estudio mencionado planteaba como hipótesis el valorar si
la activación postural del
diafragma cambia cuando aumenta la
demanda respiratoria con hipercapnia y la perturbación postural producida por
el movimiento de las extremidades sigue siendo el mismo, así como determinar si
el transverso abdominal (TVA) respondió de la misma manera a la hipercapnia, y
si existe un efecto sobre la presión intra-abdominal. En cualquier caso la
detallada lectura de la investigación no posee ni en sus orígenes, ni en su
desarrollo aspectos que puedan sostener una afirmación relacionada con un
teórico efecto fisiológico relacionado con una situación de apnea espiradora
sostenida sobre determinadas pautas posturales como es el caso de estas
técnicas y contextualizadas en relación a determinados objetivos como los indicados.

En un artículo de Rial et al. (2011) se expone además
de la estimulación propioceptiva debido a la situación postural global que
ejerce la TH también realiza una importante acción respiratoria pues estimula
los centros espiratorios del tronco cerebral (centro pneumotáxico y centro
respiratorio bulbar ventral) e inhibe los inspiratorios (centro apnéustico y
centro respiratorio bulbar dorsal). Esta respuesta pneumotáxica es debida al
mantenimiento de la apnea espiratoria durante la ejecución de los ejercicios
que provoca un estado cercano a la hipercapnia (presión de dióxido de carbono, PC02 >40 mmHg), (Hodges,
Forster, Papanek, Dwinell y Hogan, 2002).

La referencia
bibliográfica utilizada para sostener tal afirmación, tal como bien exponen Cabanas
y Chapinal (2014) hace mención a un trabajo realizado en ratas respecto a la
influencia del genoma en la respiración y por tanto de nuevo encontramos
dificultades para sostener dicha hipótesis con la referencia utilizada respecto
a la misma.

De esta forma y según
Caufriez et al. (2010) los ejercicios hipopresivos, debido al mantenimiento de
la apnea espiratoria duante los ejercicios, parecen estimular los centros espiratorios
del tronco cerebral (centro neumotáxico y centro respiratorio bulbar ventral) e
inhibir los inspiratorios (centro apnéustico
y centro respiratorio bulbar dorsal) y provocando un estado cercano a la
hipercapnia y la hipoxia. Dicho estado parece, según los autores y
desarrolladores del método, que estimularía el centro neumotáxico, así como el
centro bulbar ventral inhibiendo la contracción del diafragma y facilitando la
relajación postura y activación de la musculatura de la pared abdominal y suelo
pélvico.

Como también acertadamente analizan Cabanas y Chapinal
(2014) es posible que este tipo de estímulos provoquen dicha situación de
hipoxia e hipercapnia, pero esto lo que provocaría sería una
activación de los centros inspiratorios para restaurar la respiración normal y
por tanto un aumento del trabajo respiratorio del diafragma.

De igual manera, sin
ningún interés en la polémica pero como forma de profundizar en una reflexión
final, dejamos constancia de una llamativa situación que no debe pasar
desapercibida para el profesional del ejercicio. Por un lado, de la
controversia y discusión con el presidente de la Federación Española de
Medicina del Deporte y su comunicado oficial, con la oportuna respuesta por
parte de los creadores y desarrolladores del método, y por otro que entre estos
últimos haya surgido un enfrentamiento donde se llega a exponer, por parte del
“creador” del método, algo tan llamativo como:

“Lamentablemente, desde
hace unos meses, personas del mundo del fitness han visto en el método
hipopresivo una manera de hacer negocio y lo presentan a través de un marketing
agresivo, anunciando beneficios que no existen. Es más, según he podido saber
a través de imágenes de internet y de
comentarios realizados por los propios alumnos, utilizan de manera incorrecta
algunos de los ejercicios del método, sin tener en cuenta sus esenciales
detalles, y los dirigen a un público que no tiene la formación adecuada para
recibirlos, lo cual puede incluso llegar a ser perjudicial para quien lo
practica. Desgraciadamente, todo ello provoca un desprestigio del método
hipopresivo y demuestra una absoluta falta de respeto hacia su creador, así
como hacia las investigaciones médicas realizadas durante décadas” (extraido de web oficial –pinchar enlace -).

A la luz de todas estas
y algunas otras afirmaciones, sería necesario analizar si la posición y
situación de estas técnicas entre los profesionales del ejercicio físico y la
salud es el adecuado, planteándose la necesidad de que se procure un mayor análisis
de las afirmaciones y planteamientos que son secundados no solo por
profesionales, sino por entidades que representan a los mismo, al tiempo que
queda esperar a que la labor investigadora en torno a dicho método hipopresivo
siga su curso y pueda arrojar mayor claridad y concreción respecto a las
mismas, lo que insistimos será recogido con enorme interés y positividad.

Referencias bibliográficas

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