Resumen
utilización de drogas no nos han librado de las enfermedades, los practicantes
progresistas han puesto un énfasis creciente en la “prevención” y el
“bienestar”, como una estrategia de salud, reconociendo que el mantenimiento de
una buena salud física, mental y emocional es la mejor manera de prevenir
enfermedades. Al mismo tiempo, nuevos descubrimientos en la ciencia de la
psiconeuroinmunología (PNI) han provisto evidencia de que la salud mental es el
principal contribuyente del bienestar, especialmente para los atletas. El
objetivo de este artículo es presentar este conocimiento al lector de una manera
precisa y entendible. Muchos atletas hoy en día se sorprenden cuando se
enferman. Pero los atletas, así como también la población general, deberían
estar conscientes acerca de la importancia de la “totalidad” del cuerpo cuando
se discute acerca de la salud del organismo humano. Este oportuno artículo
presenta este conocimiento a manera de una breve revisión de la literatura
dirigida a aquellos que deseen tomarse unos minutos para leer y entender un
aspecto poco conocido de los atletas y sus desafíos.
INTRODUCCION
Lo que la ciencia occidental está ahora confirmando, que la mente y el cuerpo
no están separados y que el pensamiento y las emociones influencian la salud
física, es historia antigua en los sistemas de salud orientales. Nuestras mentes
poseen el poder de calmar el dolor y de crear placer, escribe Tulky Thondup
Ruspoche, un monje budista en su libro, The Healing Mind (Shambhalu 1996).
Si bien es cierto que numerosas enfermedades parecen haberse eliminado entre
las décadas del 50’ y del 60’, la utilización de insecticidas, fertilizantes,
antibióticos y otras drogas ha resultado en la aparición de clases mutantes de
insectos, virus, bacterias y hongos, y muchas de esas enfermedades están
reapareciendo. El incremento en la movilidad de la población garantiza ahora una
rápida dispersión de los nuevos virus, exponiéndonos a patógenos exóticos de los
cuales ya nos habíamos aislado. A pesar del progreso que se ha hecho, nuestros
sistemas inmunes todavía están sujetos a una amplia variedad de enfermedades
infecciosas, y no es probable que la situación cambie en lo inmediato (Campbell
1996).
Por más de una década, se han creado numerosos planes de ejercicios
preventivos y de dietas para promover el bienestar físico general, los cuales
han probado ser bastante efectivos (Bucci, 1995; MacKinnon, 1994). Al mismo
tiempo, nuevos descubrimientos en la ciencia de la psiconeuroinmunología (PNI)
han provisto de evidencia concluyente acerca de que los estados de salud mental
son los que contribuyen principalmente al bienestar (Ader, Cohen, Felten, 1995)
(Lowe, 1979).
DISCUSION
Como Trabaja la Inmunidad
Para apreciar completamente los giros de la evolución y las modificaciones en
el sistema inmune a lo largo de cientos de millones de años, es necesario
entender como trabaja el sistema inmune. El requerimiento más básico de
cualquier sistema inmune es distinguir entre las células, los tejidos y los
órganos que son parte integral del cuerpo anfitrión y los agentes externos
llamados “extraños” que pudieran estar presentes. El segundo trabajo es eliminar
aquellos invasores extraños, los cuales son con frecuencia virus o bacterias
peligrosas. Además, el sistema inmune puede reconocer, y a menudo eliminar,
células extrañas y “células propias alteradas” o tejidos que han sido cambiados
por lesiones o enfermedades tales como el cáncer o la anemia hemolítica.
Los inmunólogos acuerdan que el sistema inmune de los mamíferos, entre los
cuales se encuentran los humanos, posee los más sofisticados mecanismos tanto
para reconocer como para eliminar a los agentes invasores (Levy 1990).
Considere lo que ocurre cuando un atleta de pista esta corriendo a máxima
velocidad se tropieza y cae, lo cual causa laceraciones en las manos y rodillas.
A los pocos minutos o inmediatamente luego de que la sangre deja de correr, el
sistema inmune comienza a trabajar eliminando los microbios indeseables que se
han introducido en la herida. Ya en la escena (o arribando rápidamente) se
encuentran los glóbulos blancos fagocíticos conocidos como macrófagos. Estas
células no solo destruyen cualquier microbio invasor sino que también liberan
proteínas que activan otras partes del sistema inmune y alertan a otras células
fagocíticas las cuales pueden necesitarse.
Esta rápida respuesta celular a menudo es llamada inmunidad natural o innata
debido a que las células que ejecutan esta respuesta ya están activas. La
inmunidad innata comúnmente es suficiente para destruir a los microbios
invasores. Si no fuese así, los humanos así como también otros vertebrados
dependen de otra respuesta: la inmunidad adquirida. Los soldados de la inmunidad
adquirida son glóbulos blancos especializados llamados linfocitos y normalmente
funcionan en conjunto como si fueran un ejercito. Moviéndose a través de la
sangre y de las glándulas linfoides, los linfocitos normalmente están inactivos
pero se vuelven activos y se multiplican si encuentran moléculas específicas
llamadas antígenos y que están asociados con organismos externos. La inmunidad
adquirida es altamente efectiva, pero su movilización lleva días, debido a que
la respuesta es muy compleja. Un microbio invasor debe entrar en contacto con
los linfocitos T o B correctos; los macrófagos deben ser activados para asistir
en la tarea; los linfocitos activados deben dividirse; todos los glóbulos
blancos involucrados deben sintetizar y liberar proteínas que amplifican la
respuesta; las células B deben fabricar y liberar anticuerpos (Booth 1990).
Pero la inmunidad adquirida también tiene una característica que marca su
calidad, la memoria inmunológica, que proviene de los mecanismos basados en el
ADN y que le permiten a los linfocitos del cuerpo reconocer una gran diversidad
de antígenos incluso cuando cada linfocito reconozca un solo tipo de antígeno.
La próxima vez que estas células se encuentren con el mismo invasor, utilizarán
la copia de manera tal que la respuesta sea más rápida y potente que la primera
vez (Moye’ et al 1995). El atleta, que se cayó cuando estaba corriendo, con el
tiempo olvidará las laceraciones que tuvo en las manos y rodillas, pero su
sistema inmune nunca lo hará.
La Mente y el Sistema Inmune
El impacto de la mente sobre el sistema inmune puede no ser tan obvio cuando
uno está tranquilo y en reposo (durmiendo) pero es igualmente importante. En
estudios recientes (Bauer, 1994) (Everson et al, 1996) se tomaron muestras de
células asesinas que combaten el cáncer y los virus de sujetos con depresión y
de sujetos sin depresión. Cuando estas células “asesinas” se colocaron en
contacto con las células cancerígenas, aquellas de los sujetos que no tenían
depresión rodearon y destruyeron a las células cancerígenas, mientras que las
células de los sujetos con depresión no hicieron nada. La conclusión es que, la
función inmune puede ser apagada o encendida por las emociones del paciente (Bauer
1994). En un estudio realizado por Medalie y Goldbourt (1976) hallaron que el
amor y el respaldo de la esposa era un factor de equilibrio, el cual
aparentemente reducía el riesgo de angina pectoral incluso en presencia de altos
factores de riesgo. Las implicancias de estos hallazgos para la fisiopatología y
la prevención de la angina son acentuados. En un estudio realizado por Everson
(1996) se halló que aquellos individuos que no tenían cónyuges tenían una
actividad 10 veces menor de las células T (células inmunes asistentes) en
comparación con los individuos que tenían cónyuges. En otro estudio llevado a
cabo por Ballieux (1994) se halló que la actividad de las células natural
killers estaba significativamente reducida en estudiantes universitarios
estresados. Estos primeros estudios prepararon el terreno para la realización
del reciente estudio acerca de “la mente que sana” realizado por Bill Moyers
(1994).
Aunque se han identificado numerosas hormonas y neurotransmisores como parte
del proceso de modulación del sistema inmune, estas, en gran parte, están
subordinados a las emociones y creencias del individuo, Harrington (1995).
¿Responderá el sistema inmune de manera adversa si la percepción del atleta
acerca de su habilidad para reaccionar a una determinada situación se ve
amenazada?. Es cerebro y el sistema inmune continuamente están mandándose
señales, a menudo por las mismas vías, lo cual puede explicar como el “estado
mental” influencia la salud (Mariano & Workman, 1991).
CONCLUSION
De acuerdo con el estudio que fue publicado unos años atrás en el Journal of
the American Medical Association (Eisenberg DM et al., 1998) los americanos ese
año visitaron con mayor frecuencia a médicos que practican la medicina
alternativa que a los médicos convencionales. Bien, adivine que, el público no
ha cambiado su visión. Están listos para las teorías y explicaciones de la
psiconeuroinmunología.
Así como empezamos el milenio, debemos desafiar a la ciencia, a los maestros,
a los entrenadores y especialistas de la medicina deportiva para que se pongan
al día con las necesidades y demandas de los consumidores. Los atletas de todo
el mundo no deberían continuar sufriendo debido a la falta de información
fundamental, confiable y ya disponible acerca de la psiconeuroinmunología.
Necesitamos ampliar la base de datos en esta importante área, de manera que cada
uno pueda aprender que tratamientos son útiles y que tratamientos no los son y
porque.
La elección de los consumidores ha sido clara en la última década: la
psiconeuroinmunología está aquí para quedarse. Ahora es nuestra responsabilidad
asegurar que cada atleta tenga acceso a la última información sobre esta
prometedora metodología.
REFERENCIAS
1. Ader, R., Cohen, N., & Felten, D (1995). Psychoneuroimmunology: Interactions between the nervous system and the immune system. The Lancet, 345, 99-100
2. Baker, B (1997). The mind-body connection. AARP Bulletin (38), 7-8
3. Ballieux, R.E (1994). The mind and the immune system. Theoretical Medicine, 15, 387-395
4. Bauer, S.M (1994). Psychoneuroimmunology and cancer: an integrated review. Journal of Advanced Nursing, 19, 1114-1120
5. Bergsma, J (1994). Illness, the mind, and the body: cancer and Immunology: an introduction. Theoretical Medicine, 15, 337-347
6. Booth, R. J (1990). The psychoneuroimmune network: expanding our understanding of immunity and disease. New Zealand Medical Journal, 314-316
7. Bucci, L (1995). Pain Free. Fort Worth, TX: The Summit Group, pp 3-5 Campbell, D. (1996, October). Energy, mood, stress and the healthy immune system. Total Health,18, (5), 24-26
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10. Harrington, A (1995). Probing the secrets of palcebos. Alternative & Complementary Therapies, 299-304
11. LaPerriere, A., Ironson, G., Antoni, M.H., Schneiderman, N., Klimas, N. & Fletcher, M.A (1994). Exercise and psychoneuroimmunology. Medicine and Science in Sports and Exercise, 26, (2), 182-190