Estrategias basadas en ejercicio físico y nutrición: enfoque integrador en la Prehabilitación

Estrategias basadas en ejercicio físico y nutrición: enfoque integrador en la Prehabilitación
Según estimaciones recientes, cada año se realizan más de 300 millones de cirugías en todo el mundo, de modo que el número de pacientes sometidos a cirugía es cada vez mayor, muchos de los cuales presentan comorbilidades múltiples. La mortalidad secundaria a cirugía mayor es de alrededor del 4%, y la morbilidad, más frecuente que la mortalidad, afecta hasta al 18% de los pacientes en el período postoperatorio.

El desarrollo de incluso una sola complicación postoperatoria no es benigno y puede tener consecuencias a corto y largo plazo, lo que resulta en una reducción de la calidad de vida y en una disminución de la capacidad funcional de hasta el 40%. El deterioro postoperatorio persistente es más evidente en el estado frágil y es probablemente uno de los principales mecanismos que vinculan la relación observada entre la morbilidad a corto plazo y los resultados adversos para la salud a largo plazo. Por lo tanto, es de vital importancia abordar e intentar modificar el riesgo de deterioro postoperatorio en la función durante el período preoperatorio para hacer frente al estrés de la cirugía. Así, el trauma quirúrgico está asociado con una variedad de factores estresantes. La capacidad de un individuo para soportar estos factores estresantes de manera adaptativa depende de una multitud de factores que interactúan, entre los que se encuentran la condición física y el estado nutricional. Estos factores están fuertemente influenciados por la edad fisiológica del paciente, el estado de salud crónico y los trastornos fisiológicos agudos derivados de cualquier enfermedad presente. Además, muchos factores de comportamiento a largo plazo, incluidos el tabaquismo, la dieta, el consumo de alcohol y la actividad física realizada, influyen considerablemente.

La aptitud para la cirugía es un concepto compuesto por el cual una gran cantidad de influencias interactúan en un individuo dado para modificar el estado del paciente ante los factores estresantes perioperatorios. Se está generando un creciente interés en mejorar la capacidad funcional de los pacientes a través del ejercicio y la nutrición, siendo ésta la base de la prehabilitación preoperatoria. Por tanto, la población mundial está envejeciendo, y esto se refleja en una población quirúrgica cada vez más anciana. El envejecimiento normal implica muchos cambios biológicos complejos que afectan a la mayoría de órganos y sistemas, y reducen la capacidad de los pacientes para soportar el estrés fisiológico, con una variedad de factores, que incluyen capacidad reducida de ejercicio, la fragilidad, la desnutrición y una alta carga de comorbilidad crónica.

Con el envejecimiento del paciente, las reservas fisiológicas se reducen, con la consiguiente disminución de este límite y la capacidad reducida para adaptarse a cualquier cambio dado. Un factor estresante, fácilmente tolerado por un órgano joven, puede, por lo tanto, exceder el límite fisiológico en un paciente mayor, lo que puede resultar en una lesión. La reducción de la capacidad de ejercicio en los ancianos es un buen ejemplo de este concepto. Con la edad, el pico de frecuencia cardiaca, el consumo máximo de oxígeno (VO2 pico) y el gasto cardíaco se reducen, lo que limita la capacidad de responder al estrés por esfuerzo. Esta limitación está asociada con una limitación correspondiente en la capacidad para responder al estrés quirúrgico, predisponiendo el corazón y otros sistemas a lesiones, pudiendo contribuir a la predisposición de los ancianos a la fragilidad.

Así, la evaluación de la capacidad funcional es fundamental para la práctica y constituye el núcleo de muchas guías perioperatorias. La aptitud física afecta a todos los aspectos de la salud. Como regla general, los pacientes más en "forma" tienen mejores resultados. Los niveles inadecuados de actividad física, asociados con la mala salud y la muerte prematura, son endémicos y un problema de salud pública cada vez más importante. Se han demostrado resultados mejorados para pacientes más activos en múltiples contextos, que incluyen enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, hipertensión, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer, y accidente cerebrovascular.

En el contexto perioperatorio, la reducción de la capacidad de ejercicio es un factor de riesgo establecido para los resultados adversos. Las valoraciones sobre condición física, como las puntuaciones en actividades autoinformadas, o evaluaciones más objetivas, como la prueba de caminata de 6 minutos, se utilizan de forma rutinaria en la predicción del riesgo perioperatorio. Sin embargo, estas pruebas a veces carecen de precisión y no pueden proporcionar resultados consistentes en la limitación de las variables fisiológicas definidas.

Para agravar los efectos de los bajos niveles de actividad endémica entre la población quirúrgica, se modifica aún más la actividad física relacionada con las afecciones médicas que acompañan a la presentación para la cirugía. La osteoartritis, el malestar causado por la quimioterapia o la reducción del apetito, entre otros, afectan significativamente la condición física del paciente. Dada la rapidez con la que el reposo en cama y la inactividad física reducen la condición física, corresponde a la unión de un equipo multidisciplinar para promover la actividad física continua durante el período perioperatorio.

En ese sentido, los profesionales del ejercicio que prescriben programas supervisados en este período deben garantizar que no solo sean rentables y eficaces para mejorar la aptitud cardiorrespiratoria y neuromuscular, sino también que sean seguros, eficientes en el tiempo y aceptables para los pacientes.

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