Fuerza Muscular y Riesgo de Mortalidad por Cáncer

Fuerza Muscular  y Riesgo de Mortalidad por Cáncer
La valoración de la fuerza muscular ha sido sugerida como un indicador útil de la aptitud funcional y el estado de salud, dada su asociación con la morbilidad y la mortalidad. Sabemos que la fuerza muscular disminuye con el envejecimiento y se acompaña de una pérdida de tejido muscular y un aumento del tejido graso. Dos estudios han informado una asociación entre la debilidad muscular y la mortalidad relacionada con el cáncer; sin embargo, otros no encontraron tal asociación. Los mecanismos subyacentes que vinculan la preservación de la fuerza con mejores resultados de salud son poco conocidos. Sin embargo, la asociación persiste después del ajuste para el tamaño corporal y no parece explicarse por el estado nutricional, la presencia de enfermedad crónica o el nivel de participación en la actividad física.

Si bien el foco principal de las investigaciones epidemiológicas sobre la mortalidad por cáncer ha sido la participación en la actividad física o la capacidad cardiorrespiratoria, se sabe menos sobre el papel de la preservación de la fuerza muscular. Las adaptaciones inducidas por el ejercicio y la preservación funcional durante los tratamientos contra el cáncer pueden atenuar algunos de sus efectos secundarios negativos y también mejorar la calidad de vida de los sobrevivientes de cáncer y, como consecuencia, aumentar la supervivencia a largo plazo.

Este meta-análisis muestra que la baja fuerza muscular apenas se asocia con el riesgo de mortalidad por cáncer. Es necesario tener en cuenta que el diseño prospectivo del estudio no permite saber si la fuerza muscular mejorada previene el desarrollo del cáncer o mejora la supervivencia con cáncer.

Hasta la fecha, pocos estudios han examinado la asociación entre la fuerza muscular y la mortalidad por cáncer y los hallazgos han sido inconsistentes. En ese sentido, este meta-análisis incluyó once estudios de cohorte prospectivos y la mayoría no informó asociación significativa entre la fuerza muscular y la mortalidad por cáncer, a excepción de tres estudios (Gale et al., 2007; Ruiz et al., 2009; Dankel et al., 2017). En una cohorte nacional de personas igual o mayores a 65 años del Reino Unido, Gale et al. (2007) mostraron que valores bajos de fuerza de prensión manual predijo una mayor mortalidad por cáncer en los hombres, pero no en las mujeres. En ese estudio, los autores plantearon la hipótesis de que la influencia de la fuerza muscular sobre la supervivencia puede estar más relacionada con la aptitud neuromuscular en los hombres que con el tamaño muscular.

Sin embargo, los datos combinados incluidos en dicho meta-análisis que utilizó la fuerza de prensión manual para evaluar la función muscular mostraron una asociación apenas significativa con la mortalidad por cáncer. El hecho de que estos estudios solo evalúen la fuerza muscular en pequeños grupos musculares puede haber enmascarado la asociación entre la fuerza muscular y la mortalidad. Aunque la valoración de la fuerza de prensión manual tiene una correlación moderada a alta con la fuerza muscular total, particularmente en jóvenes y adultos jóvenes (Wind et al., 2010), la correlación con la fuerza muscular en grandes grupos musculares es menos robusta en adultos mayores. También es posible que la obesidad haya confundido con los resultados, ya que una mayor masa corporal está altamente asociada con la fuerza de prensión manual. De hecho, estudios previos han demostrado el papel de la mayor fuerza de agarre manual ajustada por la masa corporal como un factor predictivo para reducir las enfermedades cardiometabólicas y la discapacidad (Peterson et al., 2017), así como la mortalidad temprana (Peterson et al., 2016).

Los hallazgos de dos estudios (Ruiz et al., 2009; Dankel et al., 2017), indican que las mediciones de la fuerza muscular deben representar los grupos musculares implicados en las actividades de la vida diaria (acciones como levantarse y sentarse o transportar objetos). Dado que los tipos específicos de cáncer tienen distintas etiologías, las vías biológicas a través de las cuales la baja fuerza muscular influye en el riesgo de un tipo de cáncer pueden diferir de la patogénesis y la progresión de la enfermedad de otros cánceres (Meneses-Echávez et al., 2016). Por lo tanto, se necesitan más estudios para comprender mejor el papel de la preservación de la fuerza muscular y las intervenciones en el entrenamiento de fuerza para el tratamiento de los subtipos de cáncer.

Por tanto, mayores niveles de fuerza muscular apenas se asociaron con un menor riesgo de mortalidad por cáncer. Además, estos resultados deben interpretarse con cautela debido a que algunas preocupaciones potenciales relacionadas con la heterogeneidad limitan su generalización. Se necesitan más estudios para identificar un vínculo biológico plausible entre la preservación de la fuerza y el riesgo de muerte por cáncer, así como para determinar hasta qué punto el entrenamiento de fuerza puede beneficiar a subtipos específicos de cáncer.
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