Modelo Biopsicosocial asociado al cáncer de mama: Estrés, ansiedad y depresión y su relación con el ejercicio físico.

Modelo Biopsicosocial asociado al cáncer de mama: Estrés, ansiedad y depresión y su relación con el ejercicio físico.
AUTORA: Carolina González Fernández.

El modelo biopsicosocial es un enfoque que entiende la enfermedad y la salud como un conjunto de factores que incluyen los biológicos, los psicológicos y los sociales. Fue desarrollado por el psiquiatra George Engels (1977) como oposición al modelo médico tradicional, que solía centrarse solo en los aspectos físicos de la patología.

La teoría general de sistemas, propuesto por Von Bertalanfy, nos dice que: “Todos los fenómenos naturales son un conjunto de sistemas interrelacionados que comparten ciertas características fundamentales” (López-Ibor, J.J. 1999); esta teoría nos permite estudiar el comportamiento de diversas enfermedades considerando todo aquello que conforme el sistema y la relación entre todas las unidades.

Una de las características del modelo biopsicosocial es que, es imprescindible considerar los tres aspectos mencionados anteriormente para inspeccionar como la enfermedad es experimentada, como se expresa, y como afecta no solo al paciente sino a su familia.

Conceptualizamos el cáncer de mama como una enfermedad crónica que sigue un curso a nivel de aspectos clínicos tal que es susceptible de verse afectada por múltiples factores comportamentales, psicosociales y biológicos y un estresor crónico que genera en la superviviente que lo padece diversas limitaciones sobre las características psicofísicas, limitaciones que podrían desbordar sus recursos de afrontamiento (Antoni, 2002).

Vivir ante un diagnóstico y tratamiento de cualquier condición médica crónica puede ser fuente de estrés psicosocial. Las mujeres con cáncer de mama se ven expuestas a situaciones que desafían su bienestar, tanto físico como emocional y social, ya que deben lidiar, entre otras cuestiones, con el impacto producido por el diagnóstico, en el que son conscientes del riesgo de mortalidad como posible consecuencia de la enfermedad. Las supervivientes de cáncer de mama se enfrentan a tratamientos farmacológicos agresivos, como lo es la quimioterapia, el cuál tiene unos efectos secundarios que merman la calidad de vida y aumenta las comorbilidades asociadas a la enfermedad, la apariencia física cambia, aumenta la pérdida de peso y masa muscular y se cae el pelo, entre otros, esta alteración física disminuye el autoestima de la paciente y aumentan sus inseguridades en el ámbito social y en su relación con el entorno. De ahí a que el temor a la recurrencia pueda generar un estado de estrés y ansiedad.

Respecto a las consecuencias relacionadas con los aspectos psicosociales, pueden incluir cambios en sus roles y funcionamiento social, familiar y trastornos relacionados con objetivos vitales, actividades de la vida diaria, laboral, de ocio y tiempo libre. Las supervivientes de cáncer de mama experimentan, por tanto, sintomatología física y distrés psicológico que afecta adversamente a su calidad de vida (Perry, Kowalsky, y Chang, 2007). La experiencia con el cáncer de mama puede ser diversa y variar entre pacientes, pero la misma podría incluir las siguientes fases: diagnóstico, tratamiento primario, riesgo genético y el manejo psicológico de éste, aspectos particulares asociados al cáncer de mama no-invasivo, recurrencia, finalización de los tratamientos y reinserción en la vida normal, sobrevida, y cuidados paliativos para las pacientes de cáncer de mama avanzados (Hewitt, Herdman y Holland, 2004).

El problema real surge cuando la superviviente al terminar el tratamiento retoma su vida y sus actividades cotidianas, presuponiendo que ya ha alcanzado la curación, sin embargo, no es así. No se tienen en cuenta los múltiples efectos secundarios que han dejado huella en su vida, tanto física como emocionalmente, y como estos efectos afectan a su vida social y en cómo se relaciona con el entorno. Su imagen ha cambiado y no puede hacer la vida que realizaba antes, verdadera y literalmente es incapaz. El tratamiento de quimioterapia y la intervención quirúrgica dejan múltiples secuelas físicas que necesitan un proceso de asimilación y adaptación y que conllevan una respuesta emocional de inseguridad y frustración, por lo que sería un error tratar de concebir la vida que se tenía antes del diagnóstico.

Los múltiples factores psicosociales suponen un estrés en la superviviente que, en la mayoría de casos, no sabe gestionar y es entonces cuando empieza el estado de ansiedad, pudiendo desembocar en una depresión. Es aquí cuando el papel familiar, social y laboral se vuelve fundamental, pues al pensar que ya está curada ejercerán, sin darse cuenta, una presión social sobre la superviviente agravando dichos síntomas.

Como superviviente de cáncer de mama entiendo la necesidad de un abordaje de la patología desde un prisma biopsicosocial iniciándose en el diagnóstico, para así evitar los sentimientos de miedo y frustración y poder entender qué ocurre realmente en nuestras vidas. De repente todo se vuelve desorganizado y perdemos el control y nuestra voluntad, nos da miedo aparentar debilidad y eso nos genera un mayor estado de ansiedad. Algo que antes era cotidiano ahora es un logro y es fácil caer en la desesperación y, por consiguiente, en estados de estrés, ansiedad y depresión.

En un estudio realizado (Guil, R. et al., 2017) podemos encontrar que las supervivientes de cáncer de mama que realizan ejercicio son más resilientes, menos depresivas, más optimistas, tienen mayor satisfacción con su vida y presentan menores niveles y rasgos de ansiedad. Sin embargo, las que no lo realizan presentan todo lo contrario. En ese sentido, los resultados encontrados en la muestra de pacientes oncológicas mamarias, vienen a confirmar, en cierta medida, la existencia de una relación entre la práctica de ejercicio físico y la calidad de vida (Hwang & Braun, 2015), el bienestar (Bohórquez, Lorenzo & García, 2014), el estado emocional y las relaciones sociales (Cvecka et al., 2015; Savela, Komulainen, Sipila &Strandberg, 2015), en este grupo de mujeres.

Por tanto, sabemos que existe evidencia de cómo el ejercicio físico ayuda a mejorar los niveles de ansiedad a la par que mejora los síntomas derivados del tratamiento de la enfermedad, por tanto, es adecuado por no decir “obligatorio” incluir un programa de ejercicio físico, supervisado siempre por un profesional y atendiendo a la dosis correcta como parte del tratamiento médico en la superviviente de cáncer de mama.


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