Obesidad, Síndrome Metabólico y Enfermedades del Sistema Musculoesquelético: Vías Inflamatorias Comunes

Obesidad, Síndrome Metabólico y Enfermedades del Sistema Musculoesquelético: Vías Inflamatorias Comunes
La inflamación puede surgir en respuesta a una variedad de estímulos, incluidos agentes infecciosos, lesión tisular, enfermedades autoinmunes y obesidad. Algunas de estas respuestas son agudas y se resuelven, mientras que otras se vuelven crónicas y tienen un impacto sostenido en el individuo, sistémicamente o localmente. La obesidad se reconoce como un estado inflamatorio sistémico crónico de bajo grado que predispone a otras afecciones crónicas, incluido el síndrome metabólico (SMet). Aunque la obesidad ha recibido considerable atención con respecto a su vínculo fisiopatológico con afecciones cardiovasculares crónicas y diabetes tipo 2, las complicaciones musculoesqueléticas (MSK) (es decir, músculos, huesos, tendones y articulaciones) que resultan de trastornos metabólicos asociados con la obesidad se cuestionan con menos frecuencia. Como las enfermedades musculoesqueléticas pueden conducir al empeoramiento del MetS, esto subraya la necesidad inminente de comprender las relaciones de causa y efecto entre los dos, y la convergencia entre las vías inflamatorias que contribuyen al daño de MSK. La masa muscular es un predictor clave de la longevidad en adultos mayores, y la sarcopenia inducida por la obesidad es un factor de riesgo significativo para los resultados de salud adversos. El músculo es altamente plástico, se somete a una remodelación regular y es responsable de la mayoría de la utilización total de glucosa en el sistema, que cuando se deteriora produce resistencia a la insulina. Además, la alteración de la integridad muscular, definida como la pérdida muscular persistente, la acumulación de lípidos intramusculares o la deposición del tejido conectivo, es un sello distintivo de la disfunción metabólica. De hecho, muchas vías inflamatorias comunes han sido implicadas en la patogénesis de los tejidos interrelacionados del sistema musculoesquelético (por ejemplo, tendinopatía, osteoporosis y osteoartritis). A pesar de estas similitudes, estas enfermedades rara vez se evalúan de manera exhaustiva.

En ese sentido, con el aumento en la prevalencia de MetS, también hay un aumento global en la prevalencia de enfermedades y trastornos musculoesqueléticos (MSK) (Wearing et al., 2006). La evidencia reciente demuestra que las complicaciones metabólicas también aumentan el riesgo de las enfermedades del sistema musculoesquelético más prominentes, como la obesidad sarcopénica, osteoporosis, tendinopatía y osteoartritis, condiciones que contribuyen significativamente a la discapacidad y el tiempo perdido en el trabajo. El daño y el dolor resultantes asociados con estas afecciones probablemente se desarrolle a través de inflamación sistémica de bajo nivel (Hoy et al., 2014; Smith et al., 2014), además del estrés mecánico debido a la obesidad (Felson et al., 1988) y una capacidad reducida para resistir la carga debido a la sarcopenia.

La enfermedad del sistema musculoesquelético es particularmente preocupante, por ejemplo, debido a que la discapacidad para caminar relacionada con la osteoartritis aumenta significativamente el riesgo de mortalidad por todas las causas y eventos cardiovasculares (Hawker et al., 2014). Esto sugiere que la discapacidad derivada de las MSK asociada con MetS puede contribuir al empeoramiento del MetS a través del comportamiento sedentario. A pesar de que la obesidad ha recibido considerable atención con respecto a las afecciones y enfermedades cardiovasculares crónicas, así como a la diabetes, las complicaciones de MSK que resultan de la obesidad asociada al SMet se discuten con menos frecuencia y rara vez se evalúan exhaustivamente.

La masa muscular es un predictor clave de la longevidad en adultos mayores (Srikanthan y Karlamangla, 2014), y dado que el músculo es altamente plástico y se remodela regularmente, es un tejido vulnerable en un entorno inflamatorio crónico de bajo nivel, como el que se observa con la alteración en el metabolismo (Tidball, 2005; Fink et al., 2014; D'Souza et al., 2015; Collins et al., 2016a). Por ejemplo, los depósitos de lípidos intramusculares aumentan con la obesidad y también se correlacionan positivamente con la resistencia a la insulina (Akhmedov y Berdeaux, 2013; Addison et al., 2014; Fellner et al., 2014), relacionando alteraciones estructurales con capacidad alterada para la homeostasis de la glucosa. Funcionalmente, la integridad muscular deteriorada, la atrofia persistente y la acumulación de lípidos en el músculo son factores de riesgo para la tendinopatía (Meyer y Ward, 2016), la osteoporosis (Ormsbee et al., 2014), la osteoartritis (Lee et al., 2012) y la integridad de un segmento de movimiento, como es el miembro inferior.

Aunque las disminuciones dependientes de la edad en la estructura muscular y la fuerza están bien documentadas, el mecanismo por el cual MetS resulta en la obesidad sarcopénica aún no se ha aclarado (Kob et al., 2014). Como la obesidad sarcopénica produce discapacidad, pérdida de actividad, carga mecánica alterada y función biológica alterada en el músculo debido a la deposición de lípidos y sus consecuencias (Ormsbee et al., 2014), es probable que la obesidad sarcopénica sea fundamental para el desarrollo de otras patologías musculoesqueléticas asociadas.

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