¿PLANIFICACIÓN INVERSA O PLANIFICACIÓN CONVERGENTE?. DEPENDE DE LA ESPECIALIDAD.

¿PLANIFICACIÓN INVERSA O PLANIFICACIÓN CONVERGENTE?. DEPENDE DE LA ESPECIALIDAD.

La planificación para especialidades de resistencia y los modelos.

A lo largo de la Historia, las planificaciones deportivas han venido evolucionando de acuerdo a las necesidades de cada momento.

Desde las propuestas de Matveyev (1977) con su modelo de periodización tradicional hasta los modelos actuales, las metodologías se han venido adaptando en función de las necesidades de mejoras del rendimiento como por la proliferación de competiciones a lo largo de una temporada.

Básicamente estos modelos están basados en las características de las cargas a aplicar, lo que permite establecer una clasificación especialmente basándonos en su dinámica y concentración.

Planteamientos en función de las características de las cargas.

Las cargas a aplicar a lo largo de un periodo pueden clasificarse de acuerdo a sus características principales distinguiendo dos métodos de aplicación: paralelo-complejo y sucesivo-contiguo (Navarro y Gª-Verdugo, 2015). (figura 1).

Figura. 1.- Diferenciase entre el método paralelo complejo y sucesivo continuo en la aplicación de cargas a lo largo de una periodización.

En el método paralelo-complejo, pese a un aumento sucesivo de la magnitud (potencia, volumen o densidad) (1), el efecto adaptativo puede resultar un tanto deficiente, incluso, en deportistas muy entrenados, podrían llegar a perderse algunas adaptaciones, debido una serie de razones (monotonía, escaso aumento puntual de la magnitud, dispersión, etc.).

Por otra parte, el empleo de las cargas resulta prolongada en el tiempo y, aunque con mayor énfasis en algunos momentos, el estímulo puede no resultar suficiente para desestabilizar algunos de los sistemas, que no se verían obligados a reaccionar y provocar las reacciones adaptativas deseadas cuando se trata de alto rendimiento.

El método sucesivo-contiguo, al dirigir más las cargas hacia un contenido determinado y en periodos de tiempo más cortos, permite mayor concentración y énfasis. Esto provoca mayores desestabilizaciones y, consecuentemente, mayores supercompensaciones.

En función de estas características metodológicas se vienen clasificando los en dos grandes apartados:

  • §Modelos tradicionales. Basados en la aplicación del método paralelo-complejo. Uno de los modelos más extendidos, si nos referimos ya a los años 70, es el modelo tradicional de Matveyew.
  • Existen variantes como tales como el modelo de alta intensificación de Tshiene, caracterizado por la oscilación continua a un nivel muy alto de la variante de potencia y del volumen, permitiendo que el deportista mantenga un alto estado de forma durante periodos prolongados aunque sin llegar a estados máximos puntuales.
  • §Modelos contemporáneos. Merced a la aplicación del método sucesivo-contiguo, han aparecido los modelos contemporáneos entre los que se pueden citar los modelos con cargas acentuadas de Reiβ o los modelos con cargas concentradas, entre los que aparecen el modelo ATR de Issurin.

Todos los modelos anteriores, sea cual sea el aplicado e independientemente del tipo de cargas empleadas, siempre tienen fases en la periodización. Cada uno dispone de su propia terminología, lo que, en ocasiones puede inducir a la confusión.

Con la idea de aclarar conceptos y aún a riesgo de caer en el reduccionismo, sería preferible proponer una terminología que indique mejor los objetivos de preparación en cada una de esas etapas. Así pues, sea cual sea el modelo, entendemos que en cada macrociclo completo existen cuatro etapas o fases que podríamos asociar a los mesociclos que pueden clasificarse en función de su objetivo de preparación. Así pues, un macrociclo está compuesto un mesociclo de preparación básica, un mesociclo de preparación específica, un mesociclo de competición y un mesociclo de transición o regeneración. Cada uno de éstos, sea cual sea el modelo reúne las siguientes características (figura 2).

Mesociclo de preparación básica:

  • Tiene por objetivos el crear los fundamentos que permitan asimilar y tolerar las cargas de mesociclos posteriores.
  • Las adaptaciones obtenidas no contribuyen, necesariamente, a las mejoras del rendimiento del deportista.
  • Todas las cualidades (velocidad, fuerza, resistencia y técnica) deben trabajarse en su nivel de desarrollo básico.
  • La ejecución de las tareas puede estar relacionada con el gesto deportivo u otro gesto diferente.
  • Las cargas se aplican en su nivel de desarrollo básico.

Mesociclo de preparación específica:

  • Tiene por objetivos desarrollar las cualidades que determinan el rendimiento en competición.
  • Todas las cualidades deben aplicarse en el orden secuencial que permita mayores adaptaciones, independientemente del orden en el que deberán exigirse en la competición.
  • Todas las tareas deben ser ejecutadas mediante el gesto deportivo (el corredor, corriendo, el nadador nadando, el ciclista pedaleando, etc.).

Mesociclo de competición.

  • El objetivo principal es el de lograr que el deportista alcance el mayor rendimiento.
  • Las tareas deben reproducir las situaciones que se producirán durante la competición (tanto físicas como psicológicas).
  • En este caso se deben aplicar en el orden en el que aparecerán allí, pero no obviando que previamente, han debido ser mejoradas en el mesociclo específico.
  • Las cargas se aplican a través del nivel de desarrollo competitivo.

Mesociclo de transición.

  • El objetivo principal es el de favorecer la recuperación y la regeneración tanto física como psicológica.
  • Por consiguiente la aplicación de las cargas se realiza en su nivel regenerativo. En lo sucesivo se va a omitir este mesociclo ya que no es objetivo de este artículo profundizar en él, sino en los que deben desarrollar las capacidades para mejorar el rendimiento. No obstante no se debe olvidar de introducirlo en las planificaciones y programaciones.

Figura. 2.- Secuenciación de niveles de desarrollo de las capacidades al lo largo de un macrociclo de tres mesociclos.

Planteamientos en función de la orientación y secuenciación de las cargas.

Independientemente del modelo, la tendencia más utilizada a medida que se aproximan las competiciones objetivo, ha venido consistiendo en la aplicación de un paulatino descenso de la cantidad o volumen de entrenamiento, al tiempo que subía la potencia(1).

La planificación inversa. Un planteamiento adecuado para especialidades de larga duración.

Recientemente se viene hablando de la planificación inversa. Éste, llamémoslo modelo o tendencia, consiste en comenzar por potencias más altas con el fin de mejorar primero las prestaciones más exigentes en energía/tiempo, para posteriormente, ir bajando dicha potencia a medida que se va aumentando el volumen.

El concepto, en principio, sin entrar en profundizaciones científicas y bajo nuestra opinión, tiene total coherencia con el sentido común y la lógica (tal vez uno de los métodos de entrenamiento más eficaces). Se trata de mejorar primero las potencias máximas requeridas en la especialidad para luego utilizar porcentajes de aquella y mantenerlos el tiempo necesario que exige la competición.

En la figura 3 se expone una comparación entre ambas metodologías en la aplicación de las variables de potencia y volumen.

Figura. 3.- Diferencia en la aplicación de la dinámica de las variables de volumen y potencia entre los modelos tradicionales y la planificación inversa.

Cabe añadir que la aplicación de la planificación inversa, tal y como se entiende, puede ser perfectamente aplicable para especialidades en las que el nivel máximo de potencia a mejorar sería en base a prestaciones de la potencia aeróbica máxima, tal cual pudieran ser las especialidades de más larga duración (maratón, trail, ultra fondo, Ironman, etc.) ya que el rendimiento proviene del mantenimiento de porcentajes del VO2max o de la potencia aeróbica máxima (PAM) que vienen coincidiendo. Estas especialidades requieren de grandes volúmenes en periodo competitivo, por lo que la trayectoria de más potencia hacia más volumen se podría considerarse como idónea.

La planificación convergente. Un planteamiento adecuado para especialidades de corta y media duración.

Cuando se trata de especialidades que deben cubrir más zonas o áreas funcionales, la planificación inversa podría resultar incompleta ya que si bien se precisan porcentajes de potencias máximas, también se plantea la necesidad de entrenar potencias aeróbicas ya que existirían dos objetivos:

  • Por un lado la necesidad de entrenar un margen que permita aumentar las prestaciones que facilitan esos porcentajes, por lo que sería prioritario mejorar primero ese 100%.
  • Por otro lado, también sería necesario entrenar unas prestaciones aeróbicas que faciliten la asimilación de las cargas anteriores y la posibilidad de entrenar más trabajo específico.

Es por todo ello, volviendo a recurrir al sentido común y a la lógica, que entendemos que la dinámica para espacialidades de corta, media y larga duración I (especialidades que no superen la hora de esfuerzo en competición), debería seguir dos trayectorias a lo largo de un macrociclo completo:

  • Una parte de las cargas vendría desde potencias altas (alácticas y/o lácticas, dependiendo de la especialidad), con volúmenes bajos que irían aumentando a medida que disminuyen la potencia, bajando ésta sucesivamente, al tiempo que va aumentando el volumen.
  • La otra parte vendría desde potencias bajas (aeróbicas), partiendo de volúmenes altos basados en métodos continuos. Éstos irían derivando hacia cargas más fraccionadas y con potencias más altas.

Así pues, para espacialidades en las cuales la duración en competición fuese inferior a 1 hora, proponemos el modelo de planificación convergente con esas dos trayectorias del volumen y la potencia.

En resumen, en la planificación convergente existen dos trayectorias (figura 4):

  • La que viene de potencias más altas y volúmenes bajos, que va derivando hacia potencias menores y hacia volúmenes mayores.
  • La que proviene de potencias medias bajas y volúmenes altos que va derivando hacia potencias más altas y disminución del volumen.

Figura. 4.- Dinámica de variables de potencia y volumen propuestos para la planificación convergente.

Un ejemplo aclaratorio. Caso de un corredor de 800 m.

En una carrera de 800 m, que se corre a ritmo de récord, es sabido que la recta final suele ser la más lenta del programa olímpico de carreras en pista, debido a que las posibilidades de generar energía a través del metabolismo anaeróbico (aláctico y láctico) se han visto saturadas a lo largo de todo el recorrido, al haber tenido que pasar el primer 400, en menos de 50 segundos.

Esto implica que la velocidad máxima no va a ser la prestación que determine quién gana la carrera y que, por consiguiente, no es necesariamente el corredor más veloz el que gana la carrera al final. Se puede terminar, en los últimos 100 m., más cerca de 15 segundos que de 11. Entonces, serán otras cualidades las que determinen la victoria, por ejemplo, la capacidad de seguir generando fuerza en situaciones extremas de fatiga.

Así pues, hacer 10,5 seg. lanzados en 100 m no va a ser lo que determina el rendimiento. Lo que determina el rendimiento sería que fuese capaz de realizar próximo a la competición, por ejemplo, una repetición de 500 m en menos de 1 minuto.

Para disponer de esa capacidad, será necesario que esté en disposición de acercarse, a 46 seg en un 400. Esto significa que debería ser capaz de aproximarse a 34 seg. en 300. Lo que implica, a su vez, que necesitará bajar de 22 seg. lanzado en 200 y esto no es posible si no vale esos 10”5 o menos, saliendo lanzado en 100 m. Por consiguiente, volviendo a recurrir a la lógica, será prioritario que alcance primero esas prestaciones de velocidad máxima para luego ir introduciendo cargas a porcentajes altos de esta velocidad, a lo largo del macrociclo. Esto supone pasar de repeticiones de 100 a 150, 200, 250, 300 y así sucesivamente hasta llegar a esa repetición de 500 en menos de 1 min.

No obstante, por otra parte, tendremos que su rendimiento será mayor si en una sesión de entrenamiento es capaz de realizar dos repeticiones de 500 o 3 repeticiones de 300. Esto implica de deberá disponer de una base de prestaciones de altas potencias aeróbicas que le permitan asimilar y recuperarse de los esfuerzos anteriores. Es por ello que deberá llevar otra trayectoria, comenzando el macrociclo con métodos continuos próximos a su umbral anaeróbico (no mucho más bajos ya que esto implicaría reclamar el metabolismo lipolítico y no le interesaría especializarlo en obtener energía a través de las grasas, en detrimento del glucógeno, ya que es éste el que se reclamará en competición). Así pues, irá fraccionando sucesivamente estas tareas continuas mediante repeticiones de 4.000, 3.000, 2.000 hasta llegar a 1000.

Consecuentemente, este atleta al terminar su periodo de preparación específica debería encontrarse muy próximo a su récord personal en 400 m, como consecuencia de la trayectoria descendente y de 1.000 m, como resultado de la trayectoria ascendente.

Nuestras propuestas.

De acuerdo con todo lo tratado anteriormente, éstas serían:

Aplicación del modelo de planificación convergente para las modalidades siguientes:

  • Resistencia de duración muy corta (RDMC). Aquellas cuyo esfuerzo en competición pueda estar entre 10 y 30 seg.
  • Resistencia de duración corta (RDC). Aquellas cuyo esfuerzo en competición oscile entre los 30 seg. y 1 min. y 30 seg.
  • Resistencia de duración media 1 (RDM I). Aquellas cuyo esfuerzo en competición dure de 1 min. 30 seg y 3 min.
  • Resistencia de duración media 2 (RDM II). Aquellas cuya duración en competición figure entre 3 y 8 min.
  • Resistencia de duración larga 1 (RDL I). Aquellas cuyo esfuerzo en competición oscile entre 8 y 30 min.
  • Resistencia de duración larga 2 (RDL II). Aquellas cuya duración en competición comprenda entre 30 y 60 min.

Aplicación del modelo de planificación inversa para las modalidades siguientes:

  • Resistencia de duración larga 3 (RDL III). Aquellas cuya duración en competición abarque desde 1 h a 2 h 30 min.
  • Resistencia de duración larga 4 (RDL IV). Aquellas que superen las 2 h 30 min.

En las siguientes figuras (5 a 8), se proponen diseños de planificaciones para las modalidades referidas anteriormente.

Para ello y para mejor comprensión se ha utilizado la planilla estándar del modelo DIPER con las 8 zonas o áreas funcionales y los indicadores de esfuerzo estándar (a la izquierda de cada imagen): Frecuencia cardiaca, VO2, escala DIPER(2) y nivel del lactatemia.

Figura. 5.- Dinámica de las cargas, con modelo de planificación convergente e incidencia de zonas o áreas funcionales a lo largo de un macrociclo para modalidades de RDMC y RDC.

Figura. 6.- Dinámica de las cargas, con modelo de planificación convergente e incidencia de zonas o áreas funcionales a lo largo de un macrociclo para modalidades de RDM I y RDM II.

Figura. 7.- Dinámica de las cargas, con modelo de planificación convergente e incidencia de zonas o áreas funcionales a lo largo de un macrociclo para modalidades de RDL I y RDL II.


Figura. 8.- Dinámica de las cargas con modelo de planificación inversa e incidencia de zonas o áreas funcionales a lo largo de un macrociclo para modalidades de RDL III y RDL IV.

Como comentario final no se puede obviar que los modelos de planificación convergente requieren un alto estudio y mucha atención a la hora de estructurar los microciclos, debido a las posibles incompatibilidades o interacciones entre cargas de diferente orientación. Esto requiere importantes conocimientos, así como un riguroso control y atención por parte del entrenador.

BIBLIOGRAFÍA

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Viru, A; Viru, M. (2003).: Análisis y control del rendimiento deportivo. Barcelona. Paidotribo.

(1). Se entiende por potencia, la cantidad de energía solicitada en unidad de tiempo o lo que es lo mismo, la cantidad de ATP requerida en unidad de tiempo. Se entiende por cantidad el volumen de entrenamiento y por densidad la duración del trabajo que está directamente relacionada con las pausas. En general, en una parte importante de la literatura, el concepto que entendemos como potencia suele denominarse intensidad.

(2). Escala proveniente del test DIPER que facilita los límites de las 8 zonas o áreas funcionales, así como la monitorización de los indicadores del esfuerzo.


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