Rendimiento en el Adulto Mayor: Fuerza Máxima y RFD.

Rendimiento en el Adulto Mayor: Fuerza Máxima y RFD.
El envejecimiento se asocia con la disminución de la fuerza muscular, que se explica por factores como son cambios neuronales (Manini y Clark, 2012) procesos sarcopénicos (Häkkinen et al ., 1998; Reeves et al., 2004) y dinapénicos. El entrenamiento de la fuerza se ha incluido con frecuencia en los programas de ejercicio con el objetivo de mejorar la función muscular y mantener la independencia en la vida posterior. De hecho, algunas revisiones sistemáticas y meta-análisis han demostrado que el entrenamiento de fuerza puede aumentar la fuerza muscular, incluso en individuos muy mayores (Silva et al., 2014; Borde et al., 2015; Straight et al., 2016). Sin embargo, el aumento de la fuerza muscular en personas mayores parece ejercer solo un efecto de pequeño a moderado sobre el rendimiento durante las actividades diarias, como subir escaleras, levantarse de una silla y caminar (Latham et al., 2004; Liu y Latham, 2009). Por lo tanto, se deben investigar otros parámetros neuromusculares relacionados con la función muscular, así como definir y controlar las variables de la dosis con el objetivo de elaborar programas de entrenamiento más eficientes para esta población.

La denominada en el argot del entrenamiento como “fuerza explosiva”, debe entenderse y tratarse como la tasa de la producción de fuerza en la unidad de tiempo contra cualquier resistencia (RFD: representada mediante la curva fuerza-tiempo), considerada un parámetro neuromuscular importante en acciones musculares como por ejemplo, saltar y correr (Maffiuletti et al., 2016).

Además de la contribución para el desempeño deportivo, la RFD también se ha considerado un componente importante de la aptitud física en los adultos mayores, ya que la capacidad de aplicar más fuerza en la unidad de tiempo (y por tanto alcanzar mayor velocidad ante la misma resistencia), puede ayudar durante las actividades de la vida diaria (Aagaard et al. 2010), para el control del equilibrio (Hess et al., 2006), y para reducir la incidencia de caídas (Rubenstein, 2006). Aunque algunos factores que modulan las respuestas de la fuerza al entrenamiento son bien conocidos en adultos mayores sanos (Silva et al., 2014), se sabe mucho menos sobre cómo las intervenciones de ejercicio específicas mejoran la RFD en esta población.

Usando una meta-regresión, se verificó que la duración del entrenamiento no influye en las ganancias de fuerza máxima después de períodos cortos a medios (es decir, de 4 a 16 semanas) de entrenamiento de fuerza. Se han encontrado diferentes resultados en revisiones sistemáticas previas que analizan estudios con períodos de entrenamiento más largos (52-53 semanas) (Silva et al., 2014; Borde et al., 2015). Estos estudios verificaron que las duraciones de entrenamiento más largas tuvieron un mayor efecto sobre las ganancias de fuerza en comparación con los protocolos de menor duración. Clásicamente, las ganancias de fuerza se han explicado por las adaptaciones neurológicas y morfológicas (Folland y Williams, 2007). En personas de edad avanzada, Arnold y Bautmans (2014) demostraron una mejora global de 8.8% en la activación voluntaria, después de 6-12 semanas de entrenamiento de fuerza. Por otra parte, Simoneau et al. (2006) y Scaglioni et al. (2002) encontraron una correlación significativa entre los cambios en la activación voluntaria y la fuerza muscular en personas de edad avanzada. Estos estudios han evidenciado que los cambios neuronales contribuyen al aumento de la fuerza máxima después del entrenamiento de fuerza realizado por personas mayores. Durante períodos más cortos de entrenamiento (es decir, hasta 6 semanas), la activación voluntaria aumentada se ha asociado con la mayor tasa de disparo de las unidades motoras (Gabriel et al., 2006), especialmente durante la fase temprana de la contracción muscular (Van Cutsem et al. al., 1998).

Los meta-análisis previos han producido datos mixtos en relación con el efecto de la intensidad del entrenamiento de la fuerza sobre la mejora de la fuerza muscular. Es importante, en primer lugar, una mejor comprensión del correcto control de la velocidad de ejecución, referencia en el entrenamiento de fuerza para definir, controlar y evaluar adecuadamente la intensidad del esfuerzo, así como las demás variables del entrenamiento (frecuencia, volumen, densidad etc…), importante para la mejora de la fuerza máxima y RFD. Diversos datos procedentes de estudios recogidos sugieren que, en personas de edad avanzada, no son necesarias altas cargas para inducir mayores ganancias de fuerza muscular. Por otro lado, la velocidad de ejecución (junto con la pérdida de velocidad en la serie), será un factor importante involucrado en las ganancias de fuerza, que determinará las adaptaciones producidas por los efectos del entrenamiento.

Sin embargo, reconocemos que los criterios de inclusión utilizados en el presente meta-análisis, determinaron un número relativamente bajo de ensayos controlados aleatorios, que no permitieron un análisis más detallado sobre la relación dosis-respuesta para el desarrollo de la fuerza máxima. Finalmente, aunque hay una importante pérdida de fuerza muscular relacionada con el envejecimiento, la ganancia de fuerza fue similar entre los sujetos en el rango de edad analizado. De hecho, Cadore et al. (2014) han demostrado que los nonagenarios pueden mejorar la fuerza máxima con el entrenamiento (20%).
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