Síndrome Metabólico, Sistema Inmunológico y Enfermedades Artríticas.

Síndrome Metabólico, Sistema Inmunológico y Enfermedades Artríticas.
El síndrome metabólico (MetS) se refiere a un conjunto de anomalías metabólicas que incluyen obesidad, resistencia a la insulina (IR), dislipidemia, hiperglucemia e hipertensión. Estos factores aumentan directamente el riesgo de morbilidad y mortalidad cardiovascular, aproximadamente 2 veces más que aquellos que no sufren de este síndrome, así como la diabetes mellitus 2 (DM2), con un riesgo aproximadamente 5 veces mayor. El MetS carece de una definición universalmente aceptada ya que diferentes asociaciones médicas no están de acuerdo con los criterios de diagnóstico.

Se estima que el MetS concierne al 10–40% de la población que varía según los criterios de diagnóstico, género, edad, genotipo, etnia, estilo de vida, dieta y actividad física. Además, la prevalencia de MetS está aumentando rápidamente con modificaciones en el estilo de vida, como el aumento de la ingesta de calorías, la reducción en los niveles de actividad física y la conducta sedentaria, y se ha relacionado con patologías de alta incidencia relacionadas con la obesidad, incluida la enfermedad del hígado graso, el síndrome de ovario poliquístico, la osteoartritis o artritis reumatoide; De esta forma, se convierte en uno de los principales problemas de salud en los países industrializados.

La inflamación crónica asociada con la obesidad se ha establecido como un factor importante que subyace en la fisiopatología de la IR y el MetS. La obesidad, y especialmente la expansión de los depósitos de grasa visceral, conduce a un "estado inflamatorio crónico de bajo grado" caracterizado por una secreción desregulada de factores derivados del tejido adiposo, es decir, las adipocinas. La síntesis y la secreción alteradas de adipocinas están asociadas con cambios celulares en el tejido adiposo, a saber, hipertrofia de adipocitos, fenotipo y localización de células inmunes, vasculares y estructurales.

Curiosamente, la secreción de adipocinas por el tejido adiposo epicárdico se ha asociado con enfermedad coronaria, MetS y DM2. También se ha descrito que las adipocinas afectan la sensibilidad a la insulina en el hígado, los músculos esqueléticos y el propio tejido adiposo, y que participan en la regulación del sistema inmunitario innato y adaptativo. Además, las adipocinas proinflamatorias están involucradas en la disfunción endotelial y la aterosclerosis, destacándose como "jugadores" importantes en la enfermedad cardiovascular (ECV). Por lo tanto, las adipocinas proporcionan una conexión entre el estado inflamatorio del MetS, la IR y la disfunción endotelial.

Hay cada vez más pruebas que demuestran una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares en pacientes con enfermedades artríticas, en particular osteoartritis (OA) y artritis reumatoide (AR). Aunque los avances recientes en el tratamiento de las enfermedades de la artritis, la incidencia de ECV en estos pacientes sigue siendo elevada, y el MetS ha sido señalado como responsable subrayado. Además, como importantes moduladores del metabolismo óseo y del cartílago, así como de las respuestas inmunes, las adipocinas se han descrito como factores clave en la fisiopatología de las enfermedades artríticas.

La osteoartritis, la forma más común de artritis, es una enfermedad degenerativa y multifactorial progresiva de toda la articulación, que afecta al cartílago articular, el menisco, los ligamentos, el hueso y la membrana sinovial. Se caracteriza por alteraciones moleculares, anatómicas y/o fisiológicas, que incluyen metabolismo anormal de los tejidos articulares, degradación del cartílago, remodelación ósea, formación de osteofitos, inflamación y pérdida de la función articular normal. Se ha verificado que la prevalencia de MetS es mayor en sujetos con OA. La inflamación, el estrés oxidativo, los metabolitos comunes y la disfunción endotelial fueron propuestos para vincular la OA etiológicamente metabólica con el MetS.

Además, Zhuo y sus colaboradores propusieron que la OA metabólica debería ser un nuevo aspecto de la definición de MetS, como lo demuestran las fuertes asociaciones y los mecanismos compartidos con los componentes de MetS, como la hipertensión, la dislipemia, la hiperglucemia y la obesidad. Además, la obesidad, el principal factor de riesgo de MetS, también es un factor de riesgo bien conocido para la incidencia, progresión y discapacidad de la OA. Unido al efecto biomecánico patente del sobrepeso en la articulación, hay cada vez más pruebas de que un componente metabólico vincula la obesidad con la OA. En particular, las adipoquinas se han destacado como importantes moduladores de la homeostasis articular implicados en la patogénesis de la OA.

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad articular inflamatoria crónica, autoinmune y de características sistémicas como complicaciones pulmonares, esqueléticas, cardiovasculares y psicológicas. Se verificó que el MetS suele estar presente en los pacientes con AR y que el riesgo de desarrollar una AR moderada a grave fue mayor en los pacientes con Mets que en los que no lo tenían. Además, la actividad de la enfermedad se relacionó con el número de parámetros de MetS presentes, lo que indica que el MetS podría tener un entorno inflamatorio que promueva la aparición de una AR más grave. Estos datos indicaron la presencia de moduladores comunes que entrecruzan MetS y AR. En consecuencia, las adipocinas se han indicado como moduladores de trastornos metabólicos, así como enfermedades reumáticas autoinmunes.

Las relaciones entre el MetS y las enfermedades reumáticas son complejas, abarcando una variedad de factores que influyen la obesidad, la función cardiovascular, el estado metabólico y el sistema inmunológico. En consecuencia, el tratamiento de las patologías de la artritis parece influir en el riesgo de desarrollar MetS y viceversa. Aquí, evidenciamos adipocinas como vínculos potenciales entre el MetS, el sistema inmunológico y las enfermedades de la artritis. Por lo tanto, una mejor comprensión de las acciones y mecanismos de las adipocinas es de la mayor importancia para el desarrollo de terapias efectivas que permitan detener la progresión de las enfermedades artríticas, así como del MetS y las ECV, mejorando así la calidad de vida de la población envejecida. Hasta ahora, la prevención del aumento de peso excesivo debe ser el enfoque de primera línea en la prevención de estas enfermedades degenerativas de alta incidencia. Esta estrategia debería ser una prioridad social y requerir cambios socioculturales profundos, así como instrucciones médicas internacionales coordinadas.

Por otro lado, se acepta ampliamente que los niveles elevados de leptina (hiperleptinemia) se correlacionan con el MetS y las ECV, incluida la aterosclerosis, la hipertensión, el accidente cerebrovascular y el infarto de miocardio. En un estudio, el modelo de MetS en roedores inducido por alto contenido de grasa presentó hiperleptinemia, hiperinsulinemia, aumento del peso corporal y consumo de energía, tolerancia a la glucosa alterada, así como complicaciones cardiovasculares, como disfunción endotelial, fibrosis cardíaca e hipertrofia cardíaca. En consecuencia, se observó hiperleptinemia tanto en pacientes masculinos como femeninos con MetS, y las variaciones en las concentraciones de leptina se correlacionaron con la puntuación MetS en adultos taiwaneses. De hecho, los niveles de leptina se señalaron como un predictor del desarrollo de MetS dependiente de la obesidad, que podría estar relacionado con el desarrollo de intolerancia a la glucosa y IR. Además, los niveles de leptina se correlacionaron positivamente con la resistencia a la insulina y la concentración de triglicéridos, y se correlacionaron negativamente con el colesterol HDL, parámetros típicos de los signos tempranos de MetS. En conjunto, estos hallazgos indicaron que la leptina puede ser un arma de doble filo para el sistema cardiovascular y se necesitan más estudios para aclarar los mecanismos de acción de la leptina y el papel de la hiperleptinemia en las ECV bajo obesidad y MetS.

A diferencia de la mayoría de las otras adipocinas, la adiponectina parece tener un papel protector en MetS y DM2. Los niveles de adiponectina circulante disminuyen en pacientes con obesidad, enfermedad coronaria, diabetes e hipertensión, así como en IR y animales diabéticos, y aumentan con la pérdida de peso, el entrenamiento y el uso de fármacos sensibilizantes a la insulina. Esto sugiere que la hipoadiponectinemia relacionada con la obesidad es reversible. Además, la secreción de adiponectina es inhibida por factores proinflamatorios, como IL-6 y TNFα, lo que indica el papel potencial de la inflamación en el desarrollo de hipoadiponectinemia asociada con IR y obesidad. La adiponectina también se correlacionó negativamente con los niveles de triglicéridos, mientras que se asoció positivamente con los niveles de HDL en plasma, incluso en ausencia de otros factores de riesgo de MetS. De hecho, varios estudios indicaron la adiponectina como biomarcador de MetS. Se ha verificado una fuerte correlación negativa entre la puntuación MetS y los niveles séricos de adiponectina. Incluso en un estudio de cohorte prospectivo, la disminución de los niveles de adiponectina se asoció progresivamente con el aumento de la incidencia de MetS. En consecuencia, se considera que las concentraciones de adiponectina normales o incluso elevadas son protectoras contra el MetS y la DM2.

Además, se ha demostrado que la adiponectina está implicada en la patología de la OA. Los niveles séricos y plasmáticos de adiponectina aumentaron en pacientes con OA, en comparación con sujetos sanos. De hecho, la adiponectina se propuso como un biomarcador para la OA. Sin embargo, también se ha informado sobre el papel protector de la adiponectina en la patogénesis de la OA. Esta evidencia contradictoria podría derivarse de la heterogeneidad del paciente, los diferentes protocolos de estudio o la importancia de la adiponectina en función de la fase y la gravedad de la OA. Además, el ejercicio y la carga mecánica se indicaron como moduladores positivos de los niveles de adiponectina, con un efecto potencial en la prevención de la pérdida ósea. En conjunto, los datos actuales indicaron que la adiponectina modulaba el cartílago y el metabolismo óseo, así como las propiedades biomecánicas de la articulación. Sin embargo, se necesitan más estudios para aclarar el papel exacto de esta adipocina en la patogénesis de la OA.
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