Síndrome Metabólico, tejido adiposo disfuncional, e inflamación de bajo grado

Síndrome Metabólico, tejido adiposo disfuncional, e inflamación de bajo grado
En 1988, Reaven describió una constelación de variables relacionadas que tienden a ocurrir concurrentemente en un individuo. Se anticipó que era relevante para el desarrollo de la enfermedad arterial coronaria. Se refirió a esta constelación como "Síndrome X". Los componentes clave del Síndrome X se identificaron como: resistencia a la absorción de glucosa estimulada por la insulina, que se refleja por ejemplo, en la intolerancia a la glucosa y la hiperinsulinemia; dislipidemia que se caracteriza por aumentos de triglicéridos lipoproteicos de muy baja densidad y disminuciones del colesterol de lipoproteína de alta densidad (HDL); hipertensión. Reaven postuló que la resistencia a la insulina era la característica común clave del Síndrome X, con otras anomalías metabólicas observadas derivadas de esta causa subyacente general.

La relevancia del Síndrome X para comprender la salud cardiometabólica se ha mantenido desde su primera descripción, aunque hoy en día el “síndrome X” se conoce principalmente como "síndrome metabólico". El concepto y la definición del síndrome metabólico han evolucionado con el tiempo, y la definición actual más ampliamente aceptada del síndrome metabólico es tres hallazgos anormales de los siguientes componentes: presión arterial elevada, dislipidemia (triglicéridos elevados y/o colesterol HDL reducido), aumento de glucosa en ayunas y obesidad central. Por tanto, en contraste con la descripción original del Síndrome X, el objetivo del síndrome metabólico es aplicar un conjunto de medidas fáciles de obtener para identificar a las personas que tienen un riesgo relativamente alto de desarrollar enfermedad cardiovascular (ECV) y diabetes mellitus tipo 2 (DM2T ) En particular, las personas que tienen síndrome metabólico serán más resistentes a la insulina, lo cual está en línea con el concepto original propuesto por Reaven.

Las personas que tienen el síndrome metabólico también tienen más probabilidades de estar en un estado de inflamación generalizada de bajo grado en curso. Una visión emergente de los trastornos metabólicos que subyacen al síndrome metabólico es que el tejido adiposo disfuncional conduce al desarrollo de inflamación de bajo grado y resistencia a la insulina. Un posible concepto alternativo es que el tejido adiposo disfuncional puede inducir los trastornos metabólicos asociados con el síndrome metabólico a través de otras vías. Por ejemplo, una mayor liberación de ácidos grasos puede inducir resistencia a la insulina y niveles elevados de triglicéridos / HDL bajo, así como una respuesta inflamatoria. Una de las alteraciones más tempranas que se puede observar en el síndrome metabólico es la disfunción microvascular, inducida por la obesidad (funcional, por ejemplo, alteración de la función endotelial de diferentes lechos microvasculares y/o disminución del reclutamiento capilar; así como la estructural, por ejemplo, disminución de la densidad capilar y/o remodelación estructural) también puede ser una causa relevante de resistencia a la insulina y diabetes en individuos con síndrome metabólico.

En ese sentido, el síndrome metabólico es un concepto muy útil tanto para los profesionales de la salud, y aunque su aplicabilidad como herramienta para la predicción del riesgo puede ser limitada, puede usarse como una herramienta adicional para guiar el tratamiento. Una ventaja importante del síndrome metabólico es que comprende un concepto muy útil para evaluar y comprender la biología que subyace a las enfermedades cardiometabólicas y, como tal, para identificar nuevas dianas terapeúticas, sin embargo, no deja de ser una herramienta bastante tosca exigiendo una mayor estudio y profundización del mismo.

El síndrome metabólico se puede manejar a través de varias estrategias, destacando la importancia de adoptar un estilo de vida saludable. Inicialmente, tales intervenciones de estilo de vida estaban dirigidas principalmente a la mejora de la composición corporal. Prácticamente todas las intervenciones de estilo de vida que abordan con éxito la obesidad en una población con síndrome metabólico mejorarán simultáneamente las características metabólicas. Sin embargo, una y otra vez se ha demostrado que tales cambios importantes en el estilo de vida son difíciles de mantener en el tiempo. Además, independientemente de las opciones emergentes de tratamiento farmacológico, las intervenciones en el estilo de vida deberían seguir siendo la intervención primaria para las personas con síndrome metabólico.
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