¿A qué nos referimos cuando hablamos de “Talento Deportivo”?

¿A qué nos referimos cuando hablamos de “Talento Deportivo”?


Cuando uno se enfrenta al mundo de la detección del talento o del desarrollo del talento, no es capaz de imaginar la cantidad de conceptos relacionados entre si existentes, ni la multitud de perspectivas con las que se puede afrontar su problemática. Dicha situación, de inicio, causa una gran complejidad y dificultad para entender el proceso correctamente, al mismo tiempo que genera en muchas ocasiones, ideas o conceptos que no se corresponden con la realidad. De hecho, es normal pensar en la detección de talentos como en la posibilidad de encontrar una herramienta, en forma de pócima mágica llamada batería de tests, que permita descubrir a ese deportista que va a alcanzar resultados deportivos inimaginables o que nos va a facilitar predecir con éxito el rendimiento de un deportista. Ya desde el principio, surgen numerosos problemas para identificar y definir correctamente el concepto de talento (Gagné, 2004; Lorenzo, 2001; Tranckle&Cushion, 2006), lo que provoca que en muchas ocasiones utilizando el mismo significante, “talento”, hablemos de significados diferentes.

En esta problemática además, siempre subyace el eterno debate entre la perspectiva genetista y la visión ambientalista, entre el paradigma cuantitativo y cualitativo. Así por ejemplo, desde la perspectiva de las ciencias de la salud y la metodología cuantitativa, han sido numerosos los estudios que han tratado de encontrar aquellas variables, características y factores que diferencian a los deportistas del máximo nivel competitivo de aquellos deportistas que no lo alcanzan, que son genéticamente dependientes y que no se ven influenciadas por el entrenamiento. Para los defensores de esta perspectiva, la personalidad del sujeto, sus fortalezas y debilidades, e incluso, su potencial de rendimiento viene condicionado por el genotipo. De esta manera, los factores genéticos determinan aspectos como: a) las características de personalidad asociadas con la capacidad competitiva de la persona o el control emocional; b) las características antropométricas del deportista; c) las habilidades motoras como la velocidad, la potencia, la agilidad o la flexibilidad; d) la salud y la ausencia de trastornos crónicos que imposibiliten la práctica deportiva. De acuerdo a esta perspectiva, y siguiendo a Howe, Davidson, y Slovoda (1998), las propiedades asociadas a este concepto del talento son las siguientes: a) se origina en estructuras transmitidas genéticamente, y así es al menos parcialmente innato b) sus efectos no son evidentes en una temprana edad, aunque existen ciertos indicadores previos, que permiten a gente entrenada identificar la presencia del talento antes de alcanzar elevados rendimientos c) estas primeras indicaciones del talento constituyen una base para predecir la posibilidad de obtener rendimiento d) sólo una minoría de sujetos son talentos y e) los talentos no son exclusivamente en un dominio específico.

Pero también, desde la perspectiva de las ciencias sociales se han realizado los mismos intentos buscando dichas variables y encontrando también otros factores que discriminan a los deportistas de alto rendimiento, que explican por qué dichos deportistas alcanzan resultados. Estos estudios fundamentalmente se han desarrollado bajo el paradigma experto-novato, y bajo el auspicio de la metodología cualitativa. Dichos investigadores consideran a la persona como una pizarra en blanco al que cualquier cosa que ocurre después de su nacimiento es consecuencia de su experiencia y aprendizaje. Bajo esta perspectiva, se han identificado varios factores que contribuyen al desarrollo de los deportistas expertos como pueden ser: a) el hecho de haber desarrollado durante muchos años un entrenamiento correctamente planificado y estructurado (Ericsson, Krampe, &Tesch-Römer, 1993) o de haberlo realizado en unas condiciones adecuadas b) la posibilidad de contar con los entrenadores adecuados a cada momento del desarrollo del deportista (Bloom, 1985; Côté et al., 1995); c) el apoyo ofrecido por los padres y familiares (Côté, 1999; Bloom, 1985) d) la capacidad de disfrutar y divertirse realizando la actividad deportiva (e.g.; Bloom, 1985; Csikszentmihalyi, Rathunde, &Whalen, 1993) e) la edad (Krampe& Ericsson, 1996) y el conocido “efecto relativo de la edad” (una revisión de dicho efecto se puede ver en Cobley, Baker, Wattie, &McKenna, 2009) f) habilidades y atributos de tipo psicológico (e.g.; Gould, Guinan, Greenleaf, Medbery, & Peterson, 1999; Gould, 2002) g) el lugar de nacimiento (e.g.; Côté, MacDonald, Baker, &Abernethy, 2006) h) el hecho de no haber padecido ningún tipo de lesión que le haya impedido rendir en los momentos decisivos o que haya obligado al deportista a retirarse i) al hecho de haber tenido la oportunidad para demostrar ese capacidad de rendir o haber tenido la suerte de haber sido observado por algún entrenador competente (Gagné, 2004). Simonton (1999) señala que “es muy probable que los factores ambientales, incluida la práctica deliberada, provoquen más variación en el rendimiento que las capacidades innatas del sujeto talentoso en cualquier dominio”. Para conocer con más profundidad este debate, se recomienda leer Baker y Davids.

Sin embargo, tras todas estas perspectivas e intentos, se observa que la investigación en el campo del desarrollo de la pericia, de la detección o del desarrollo del talento ha tendido normalmente a ser monodisciplinar, adoptando normalmente una visión genetista o ambientalista (Phillips, Davids, Renshaw, &Portus, 2010). Para avanzar en el conocimiento del desarrollo de la pericia y del talento, es preciso adoptar una perspectiva multidisciplinar e integradora, donde las diferentes perspectivas y ciencias aporten sus metodologías y resultados. Esta forma de comprender sugiere que lejos de entender el proceso de detección de talentos como la posibilidad de identificar a un futuro deportista a partir de la aplicación de tests y lejos de interpretarlo como el desarrollo de una herramienta perfecta para valorar el rendimiento de las personas, es preciso valorar más el camino individual seguido por cada deportista y valorar más los momentos precisos para desarrollar el proceso de entrenamiento adecuado.

Por ello, antes de avanzar es preciso que se entienda que el talento es algo más que una característica muy por encima de la media. El talento aparece por la combinación de diversos componentes innatos (Simonton, 1999; Abbott & Collins, 2004). Es decir, el talento no es un concepto unidimensional, sino que debe ser entendido y explicado a partir de modelos multifactoriales, es un concepto multidimensional y multiplicativo (Burguess&Naugthon, 2010; Simonton, 2001), y nunca sumativo (es decir, no es el resultado de la suma de todos los factores, sino que es multiplicativo, en el sentido de que la ausencia de ciertas características fundamentales hace que el talento sea nulo). También debe ser entendido como un concepto dinámico, que evoluciona a lo largo del tiempo, a medida que se produce la interacción entre las características del deportista y su contexto (e.g.; Gilar&Castejón, 2003; Simonton, 1999, 2001). Esto exige entender que las características del deportista van evolucionando a lo largo del tiempo, lo que supone diseñar diferentes herramientas de detección en función de la edad. Es decir, los atributos varían en función del tiempo y el espacio.Finalmente, hay que asumir también que es un constructo social y no natural. Esto se debe, en primer lugar, a que son otros los que deben reconocer que alguien tiene talento. Además culturalmente debe ser reconocido, debe existir una estructura sobre el campo en cuestión.

Alberto Lorenzo para Stefano Benítez Capacitaciones G-SE 2013.


Te invitamos a que participes en nuestra próxima capacitación en donde analizaremos esta y otras cuestiones relacionadas con este proceso complejo.

http://g-se.com/es/entrenamiento-en-basquetbol/capacitacion/webinar-de-la-deteccion-y-el-desarrollo-del-talento-en-el-baloncesto


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Bloom, B. S. (1985).Developing talent for young people. New York: Ballantine.

Côté, J. (1999). The influence of the family in the development of talent in sport.The sport psychologist, 13, 395-417.

Davids, K., & Baker, J. (2007). Genes, environment and sport performance. Why the nature-nurture dualism is no longer relevant.Sports Medicine, 37(11), 961-980.

Ericsson, K. A., Krampe, R., &Tesch-Römer, C. (1993). The role of deliberate practice in the acquisition of expert performance.Phychological review, 100 (39,363-406.

Gagné, F. (2004). Transforming gifts into talents: The DMGT as a developmental theory. High Ability Studies, 15 (2), 119-147.

Howe, M.J.A., Davidson, J. W., &Sloboda, J.A. (1998). Innate talents: Reality or Myth?.Behavioral and Brain Sciences, 21, 399-407.

Lorenzo, A. (2001). Hacia un nuevo concepto del talento deportivo. Revista de Entrenamiento Deportivo, X (2), 27-33.

Lorenzo, A., & Calleja, J. (2010). Factores condicionantes del desarrollo deportivo. Bilbao: Diputación Foral de Vizcaya.

Simonton, D. K. (2001).Talent development as a multidimensional, multiplicative, and dynamic process.Current Directions in Psychological Science, 10, 39-43.

Tranckle, T. & Cushion, C. J. (2006). Rethinking giftedness and talent in sport. Quest, 8, 65-282.

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