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El Juego y la Socialización del Niño en Portugal en la Transición del Siglo XIX al Siglo XX

Play and The Socialization of Children in Portugal in The Transition From The 19th Century t The 20th Century

Asistente de la Facultad de Motricidad Humana. UTL (Departamento de Ciencias de la Motricidad).

Artículo publicado en el journal Revista de Educación Física, Volumen 28, Número 3 del año .

Resumen

El estudio de un conjunto de juegos infantiles propuestos, en la transición del s. XIX al s. XX, para los niños y jóvenes de ambos sexos, permite subrayar la importancia del juego en cuanto a factor de socialización. En un período decisivo de la vida nacional, el juego revela ser un medio privilegiado de transmisión y de integración de saberes fundamentales de la realidad portuguesa, constituye un instrumento esencial de formación de la infancia y la adolescencia, representa una vía excepcional de aprehensión y de construcción del mundo. Los juegos revelan ser, otra vez, un valioso documento de la sociedad en portugal. En él se cristalizan las redes de relaciones establecidas entre estados sociales diferentes, entre sexos, entre formas de vida urbana y de vida rural. Cada juego está impregnado de una organización del mundo particular, que apenas el registro minucioso efectuado permite preservar. Una realidad humana y social que el acto de jugar permite integrar de modo inconsciente, y favorece la posibilidad de simbolización. Se destaca, asimismo, la reciente distribución de los papeles sociales, los gestos, los objetos, los hábitos y los símbolos que condensan una visión del mundo, en cuanto que desvelan formas propias de ser, de estar y de actuar. Las posiciones sociales distintas, las recientes jerarquías y disposiciones de roles, la confrontación entre la ciudad y el campo, la relación entre el progreso técnico y la salud, son problemas que sobrepasan por lo que informan, al investigador social, en lo que se re­fiere a las condiciones de vida y de sensibilidad en el tiempo considerado. El registro y la transmisión de los juegos, realza la valorización del niño, la atención dedicada a su educación, un modo singular de pensar el tiempo y el espacio, nuevos ritmos y reglas que regulan conductas, modelos y valores relativos a una sociedad en cambio. Permite subrayar, por un lado, la función social del juego, su importancia y su necesidad en el marco de la educación y de la formación social de los más jóvenes.

Palabras clave: juego, historia, socialización, siglo xix, siglo xx

Abstract

A set of games proposed in the transition from the 19th century to the 20th century for children and adolescents of both sexes underlines the importance of playing as a socialisation factor. In a decisive period of national life, playing proved to be a privileged means of transmitting and integrating a basic knowledge of portuguese reality, it was an essential instrument in child and adolescent education, and it represented an exceptional way of understanding and constructing the world. Games once again prove to be a valuable document of portuguese society. In the document networks of relationships established between different social classes, between sexes, between forms of urban and rural life take shape. Each game is imbued with an organisation of the private world which a meticulous record barely preserves – a human and social reality that the act of playing unwittingly integrates and is conducive to the possibility of symbolisation. Also highlighted is the recent distribution of social roles, the gestures, the objects, the habits and the symbols that condense a vision of the world insofar as they unveil individual forms of being, behaving and acting. The different social statuses, the recent hierarchies and the assignments of roles, the confrontation between city and country, the relationship between technical progress and health are problems that are beyond the social researcher due to what they inform in respect of the conditions of life and sensitivity in the time period considered. the record and the transmission of games enhances the appreciation of the child, the attention dedicated to his education, a singular way of thinking time and space, new rhythms and rules that regulate behaviours, models and values with respect to a changing society. It underlines the social function of play, its importance and the need for play within the framework of education and the social development of the youngest generation.

Keywords: play, history, socialization, 19th century, 20th century.

MAR INTERNO (MEDITERRANEO)

“Cuando hablo de juegos, me acuerdo siempre de Grecia. Vuelvo a las raíces, a mi Mediterráneo, ante el cual, por el cual, navego recuerdos del futuro.” José M. Noronha Feio

1. En el pasado, en el decurso de los viajes y de las descripciones de los lugares, la referencia a las características del clima nunca dejó de estar asociada a las condiciones de vida. Ésta constituye, desde siempre, un aspecto fundamental de todos los relatos efectuados. La atmósfera benigna tornábase una indicación regular y estereotipada a partir de los inicios del S. XVI, un atributo que el elogio de las principales ciudades no podía omitir, indiferente, muchas veces, a la realidad adversa experimentada en esa materia. En los finales del S. XIX e inicios del S. XX, las condiciones climatéricas de las regiones pasarían a constituir un dato científico y una cualidad particularmente valorada. De hecho, en el momento en que la amenaza de degeneración subsistía a los esfuerzos delineados teniendo a la vista su combate, la salud era entendida por todos los responsables como un valor esencial a la vida de los hombres, un bien indispensable para el desarrollo y para el progreso de las sociedades. En este período, en especial, la benignidad conocida de las diferentes estaciones del año en Portugal, volvíase una verdadera riqueza nacional. Y descubría implicaciones profundas en las maneras de pensar los problemas que se extendían a todos los sectores de la existencia: atraía a turistas, fomentaba la definición de rutas de salud, levantaba estaciones de cura y de reposo, estaciones de invierno y de recreo, y sugería formas propias de abordamiento de los problemas específicos de las gentes de la tierra.

En el marco de la educación y de la formación de los niños, el clima portugués poseía ventaja en relación a los países del norte de Europa y no dejaba de sugerir la adopción de soluciones genuinas. En efecto, en 1908, Dª Virginia de Castro y Almeida, escritora reconocida y autora de una obra dedicada a las madres, publicada en Lisboa bajo el título “Cómo debemos criar y educar a nuestros hijos”, no dejaría de subrayar las posibilidades inagotables de una educación realizada al aire libre y en contacto directo con la naturaleza, en cuanto que destacaba, al mismo tiempo, el carácter inadecuado e innecesario de ciertas técnicas de educación creadas y perfeccionadas en los países fríos, de largos y rigurosos inviernos.

En esta línea, afirmaba: “... en nuestro clima, con nuestros inviernos suaves, nuestras largas mañanas inundadas de sol, las tardes claras y serenas, nuestros campos y nuestros jardines verdes, donde algunas horas de sol hacen que se evapore la humedad excesiva, ¿para qué tenemos que adaptarnos a los juegos violentos, a los ejercicios acrobáticos, a la gimnasia sueca?”.

En presencia de estas condiciones excepcionales, que favorecen el encuentro diario del niño con el aire libre, la luz, el movimiento y la libertad, encuentro vivido en el jardín del colegio, en un jardín público o en el campo, sería la forma más indicada de actuar de manera que se garantice el fortalecimiento de su cuerpo y de su carácter. La experiencia de la libertad en el contacto con los elementos de la naturaleza y, también, “el campo, las plantas, las flores, los frutos, los animales, los insectos, la tierra, en fin, que él adora”, sugería, entre tanto, la presencia serena y atenta del adulto. Éste debería mantenerse separado, sin interferir y sin participar en los juegos y en los entretenimientos infantiles, de modo que no favoreciese excesos perjudiciales para la salud del niño.

La presencia del adulto, sin embargo, se volvía indispensable, pues aseguraba la vigilancia, permitía la orientación de los juegos, posibilitaba la sugerencia de entreteni-mientos. Con todo, no debería anular o inhibir la iniciativa del niño, ni el uso pleno de su propia voluntad.

Este tipo de preocupación —asegurar la manifestación de la iniciativa y promover el ejercicio de la voluntad propia— pretendía preservar la definición y la afirmación de la autonomía, procurar favorecerla, consolidarla desde el primer momento. De hecho, ante una organización reciente del mundo, la iniciativa individual, la voluntad y el respeto por el otro, representaban rasgos fundamentales de la personalidad, eran principios valiosos en la vida social.

2. La publicación el 15 de Junio de 1898 del “Diario de los Niños”, del que era director H. Silveira, se inscribía en la misma línea de preocupaciones. La edición en causa, propondría llenar un espacio vacío en el campo de las publicaciones dirigidas a la formación del niño. La elección de los temas tratados, el aspecto atrayente del formato, la seducción de las ilustraciones, los colores impresos que animaban dibujos perfectos, realzados por los tonos fuertes y cálidos, indicaban que el diario se destinaba a ser leído, apreciado y manoseado por los pequeños.

Esa intención es explícita. La atracción que los dibujos de color ejercían sobre los niños, constituía un medio privilegiado para los autores, que de ese modo, procuraban invadir el mundo de la segunda infancia, permitir que los “libros de estampas” fuesen usados directamente por los niños y elaborados de tal modo que fuese posible conceder un intermediario adulto cuya presencia constante permitiese la explicación indispensable, situación para la cual admitía, a finales del siglo XIX: “ni siempre tiene paciencia, ni el tiempo necesario”.

La orientación seguida en los distintos números del diario procuraba instruir y educar a través del juego, de la imaginación y del placer. Se trataba de transformar el acto de aprender en el de descubrir cosas inesperadas, bellas, encantadoras, por las que se avanzaba en las materias fundamentales para el conocimiento y para la vida social, sin esfuerzo y sin aborrecimiento. La curiosidad debería conducir a descubrir, no al peso del deber, ni al de la obligación. Efectivamente, se pretendía formar y desarrollar “el raciocinio en esos pequeños cerebros que se abre, conduciéndolos insensiblemente por el interés y el recreo agradable al camino de su instrucción”, suministrándoles una lógica nueva, la posibilidad de racionalización a partir de las cosas más próximas del niño.

Procedíase, de esta manera, en todos los campos. De este modo era iniciado el aprendizaje de la lectura, aritmética, historia natural, cálculo, historia de Portugal y Universal, a la par de otras historias que se revestían siempre de una lección moral y de varios conocimientos útiles. Este diario, pretendía ser una forma de “distracción y recreo, que lejos de disgustar, les iba comenzando o preparando suavemente al penosísimo trabajo de su instrucción”.

Se introducen materias como zoología, geografía, química y física. Éstas llegaban hasta los niños a través de pequeños textos e imágenes de colores de mariposas, abejas, saltamontes y otros insectos, anduriñas, mirlos y cigüeñas, caballos, destacando el “Alter Real” —una raza fina genuinamente portuguesa, lograda en Alter do Chao, en el Alentejo— y otros equídeos y subgéneros como el “asinus” (asno), o la cebra, el onagro y otras especies africanas. Jirafas, elefantes y macacos, enviados de África, constituían, aún, una importante atracción, en especial, porque eran objeto de curiosidad y de algunas atenciones no siempre buenas, en el Jardín Zoológico de Lisboa. Y sucedíanse los mapas de colores de varios tipos y escalas y de diferentes puntos del globo, experiencias ligadas a situaciones familiares por las cuales se explicaban los principios de los fenómenos naturales, como las nubes, la tempestad, el trueno, las nociones de aritmética asociadas a dibujos que permitían, sin dificultad, la comprensión de los problemas.

Se proponían diversos pasatiempos. Sugerían un tiempo denso y lento, un ritmo particular, un modo de vida desaparecido que, entretanto, se estructuraba. La cantidad y la diversidad de charadas, enigmas, proverbios y sugestiones para pequeños espectáculos, realzan el universo de la infancia privilegiada, enriquecido por ocupaciones marcadas por la imaginación y la creatividad.

Entre las distracciones propuestas, algunos dibujos de colores o en negro y blanco, servían para recortar y armar, perfeccionando la destreza y la agilidad manual, explora-ban una motricidad fina poco común. De los recortes se hacían nuevos juguetes, que la habilidad y la repetición preparaban para otros inventos. Al armar pequeños teatros y cosmoramas (conjunto de cuadros que representan regiones o hechos varios y son observados mediante aparatos ópticos que los amplían), el niño adquiría mayor dominio, desarrollaba la atención, se esforzaba en acabar las tareas, en el deseo de observar el resultado obtenido, mostrar su obra, jugar con los cuerpos sólidos geométricos o con las fantasías preparadas con pequeñas tiras apropiadas para las exhibiciones de carácter recreativo, imágenes de regimientos alineados, marchas y cortejos, figuras que sugerían el pulular de la imaginación, la interiorización de la realidad impregnada de una combinación singular entre lo urbano y lo rural.

Al subrayar la dimensión lúdica privilegiada, el diario divulgaba varios juegos de niños, de cálculo y ejercicios de “gimnasia, tan útil para su desarrollo físico”. En efecto, las diversiones higiénicas y “gimnásticas” acompañaban a cada número publicado. La presentación regular de juegos dedicados a los más pequeños, la divulgación de la gimnasia a través de series de ejercicios simples, la indicación minuciosa de las maneras de aprender a nadar y a montar a caballo, revelan el interés a tribuido al movimiento, a la exploración del espacio exterior, a la vivencia del aire libre, de la luz y del despertar de todos los sentidos.

Al mismo tiempo, es evidente al investigador la necesidad de integrar un conjunto de experiencias y de actividades esenciales al desarrollo integral del niño y, en particular, a la creación de posibilidades de estar con los otros niños de la misma edad, libres de la interferencia y de la autoridad directa del adulto.

La presencia, entre diversos objetivos de juego, de alfileres, botones, plumas, telas, vasos, campanillas, balones, pelotas, bolas, cuerdas, cordeles, piedras, palitos y anillos, sugería una experiencia de las cosas familiares, otras tantas piezas llenas de vida doméstica, propias de una existencia privada. Es ahí, en el ambiente protegido en el que se repiten todas las pequeñas tareas delicadas —formas de llenar las tardes, último recurso para librarse de las amenazas latentes de la neurastenia— destacábase el hábito de la lectura, el bordar, la costura y la jardinería, ocupaciones cotidianas de un mundo donde prevalecían los modos de ser femeninos. En verdad, eran actos ricos de accesorios, los cuales constituían fuentes prestigiosas de la imaginación. Al mismo tiempo, favorecían el entretejer de diversos elementos, entrelazábanse otras estructuras, creaban el juego, la invención de otro mundo.

También la letras, los números y las palabras, en especial, que asumían en ese período, el formalismo y la dramatización exigidos por las estructuras mentales y afectivas de la sociedad, se jugaban entre nombres, vocales, silabas, sustantivos, guarismos, días de la semana y meses del calendario: partíanse, uníanse, sucedíanse, jugábanse. Por medio de consonantes, de familias, de grupos, de asociaciones inesperadas posibles, siempre que la memoria era llenada con vivencias y con símbolos que la sensibilidad conducía y convertía en inteligencia, es decir, en la comprensión y en la aprehensión de la situación vivida, en el conocimiento de su posición en el desarrollo en curso. En la circunstancia, la sucesión de vivencias que favorecían el aprender a vivir, a estar, a comunicarse con los demás.

El valor del juego en la formación de los más pequeños, es subrayado por la insistencia con la que su registro es hecho y su divulgación se efectuaba por las publicaciones dedicadas a la familia, a las madres, a la instrucción y al recreo. Propuestos para ser jugados al aire libre, los juegos se realizaban sobre un pavimento de “lage”, de ladrillo mosaico o embreado, en el recreo, en el jardín, en el campo. Se jugaba con frases, el tapón de un barril, un disco de madera, una pared bien lisa, un muro cualquiera.

A través de los juegos presentados —“el primer juego de la pelota”, “los juegos de los botones”, como “el tic-tac”, o “la pulga”, o “el juego de los ojos”, o ‘”visto a tres pasos”, o “el juego del manotazo”, por ejemplo— se delimitaban tiempos y espacios de tonalidades distintas, integrábanse estructuras sociales, psíquicas y emocionales propios de esa sociedad y de lo que ella pretendía ser, y de los diferentes grupos en los cuales los niños se encontraban metidos.

Se conocían, de esta numera, y asumíanse, papeles y actitudes, patrones de actuación, se desarrollaba la capacidad de acción y de participación; en lo que se refiere a nociones tales como orden, cooperación, cohesión, y oposición adquirían un significado y aprendías e la idea de los ritmos necesarios para la existencia en comunidad, el respeto por el otro, la atención a una disposición particular de las cosas.

De esta manera, todos los juegos registrados revelan las prácticas lúdicas que se destinaban a difundir aquello que correspondía a una visión determinada del mundo, en esa línea, traducían aquello que era considerado como lo que se debía aprender. En el centro de las preocupaciones vividas en el período en estudio, sobresale la necesidad de formar al niño de acuerdo con la idea que existía acerca de lo que el niño debía ser. De hecho, ante “los niños precoces”, los pequeños prodigios de inteligencia y de memoria, los niños que revelaban una sensibilidad exagerada, unas y otras con tendencia a la melancolía y a la exaltación, y ante los “niños nerviosos”, que se asustaban al menor ruido, sufrían de sobresaltos y de terrores nocturnos, la recomendación fundamental se orientaba a la experiencia del movimiento, de la luz y del aire libre.

Con todo, los documentos donde los juegos infantiles se encuentran registrados, siendo evaluados sin ninguna confrontación, pueden distorsionar la realidad.

En verdad, la socialización del niño, en la transición del siglo XIX al siglo XX en Portugal, no puede dejar de analizar el modo como se procesaba la relación entre el juego y la socialización entre los niños protegidos, de cierto, mas también, entre los niños holgazanes, delincuentes, huérfanos y deficientes. Un trabajo a estudiar mejor en el futuro, sin duda.

En cuanto a los niños holgazanes y delincuentes, que pasaban desapercibidos y se volvían invisibles en determinado tipo de fuentes, el juego consiste, en general, en el placer del riesgo. En la mayoría de los casos, hijos de obreros, dejados de la mano desde la más tierna infancia, la calle era su jardín. Las callejuelas a través de las cuales recorrían la ciudad, su campo, muy pronto se conducían con la gente zafia. La sobrevivencia adquiría la designación de crimen contra la propiedad, o por lo menos, de robo. Aprendían todas las nociones y técnicas fundamentales de la vida, formaban bandas, establecían códigos, adquirían sobrenombres, creaban nuevos términos con los que designaban todo cuanto conocían. No tardaban en dominar las artes de la navaja, la destreza y la ligereza necesarias para robar. La imitación había sido desde muy pronto, absorbida por modelos invertidos, aprendían, de hecho, el mundo del “marica”.

final del siglo XX, cuando apenas los juegos de la guerra parecen ser los modelos dominantes de la existencia, las imágenes de destrucción, la amalgama de cuerpos despedazados, y la utilización del color rojo, dominan los dibujos de la infancia sujeta a una mayor permeabilidad al bien y al mal y a las pesadillas nocturnas, el comporta-miento errante y alterado de la personalidad atañe a jóvenes adolescentes, es tiempo de introducir una profunda reflexión en el sentido de recuperar el derecho a la auténtica humanidad de los hombres, y de restablecer la posibilidad de la ilusión en todos los mares mediterráneos, o sea, en todos los “interna maría” (mares internos) espacio de viajes sin fin.

...Donde la infancia pueda forjar nuevos hombres de carácter, otros modos de estar, maneras de ser regladas por una sensibilidad penetrada por “scentelhas” de vida, tejidas en el fondo de otras corrientes, de mares siempre en renovación.

Referencias

1. NORONHA FEIO, José María (1990). Da necessidade de “urbanizar” os jogos para um desenvolvimento harmonioso dos cidadãos. in “Actas das Jornadas de Reflexão. Os Jogos Tradicionais em Portugal”. Guarda. p.78.

2. ALMEIDA, D. Virginia de Castro e (1908). Como devemos crear e educar os nossos filhos. Lisboa. Livraria Classica Editora. p.127.

3. O JORNAL DAS CRIANÇAS (1898). Lisboa. nº1

4. ENCYCLOPEDIA DAS FAMILIAS (1917). Revista Illustrada de Instrução e Recreio. Lisboa. Manuel Lucas Torres - Editor. 1907 (21º anno) - 1917 (31º anno).

5. OLIVEIRA, P. Antonio de (1918). Criminalidade e Educação. Paris. Lisboa.

Cita en Rev Edu Fís

(2011). El Juego y la Socialización del Niño en Portugal en la Transición del Siglo XIX al Siglo XX. Rev Edu Fís. 28 (3).
https://g-se.com/el-juego-y-la-socializacion-del-nino-en-portugal-en-la-transicion-del-siglo-xix-al-siglo-xx-1648-sa-k57cfb2723db9e

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