La Carga de Entrenamiento durante la Pretemporada en el Fútbol. Parte III

La Carga de Entrenamiento durante la Pretemporada en el Fútbol. Parte III

Continuando con la parte I y parte II de este blog, se analizarán en esta sección algunas de las probables causas del exceso de acumulación de carga de entrenamiento que suele caractarizar al período precompetitivo, y se brindarán lineamientos que ayuden a optimizar la programación de cargas de trabajo durante este período de entrenamiento.


Causa 1. Rendimiento físico como resultado de la sumatoria de la prestación física de todas las capacidades condicionales.

En mi visión, cuatro podrían ser las probables causas de la excesiva acumulación de carga que se programan y ejecutan durante el período precompetitivo. Una de ellas es la tendencia a entrenar cada capacidad física de manera aislada en sus diversas áreas o zonas de entrenamiento y con métodos genéricos derivados del atletismo. Subyace aquí la idea de que el rendimiento físico en el fútbol es el resultado de la suma de diversos componentes fisiológicos aislados y sin interacción entre sí, que sumados construyen un rendimiento físico superior en el campo de juego. Si se programa y ejecuta la carga de entrenamiento bajo esta perspectiva se requiere de más tiempo de trabajo y, por ende, de una mayor aplicación de carga, ya que se entrena cada capacidad de modo individual. Lógicamente esta situación demanda más tiempo de recuperación post-entrenamiento -del cual no se dispone- por la mayor cantidad y frecuencia de estímulos, se acumula más fatiga al mismo tiempo que las adaptaciones fisiológicas promovidas por estos métodos carecen de la especificidad fisiológica que demanda la competencia en el fútbol. El resultado?, pérdida de tiempo en el mejor de los casos; aumento de los niveles de fatiga, disminución de rendimiento, adaptaciones inespecíficas, e incremento en los riesgos de lesión como posibilidades más complicadas.


Causa 2. Progresividad de los métodos de entrenamiento para prolongar la duración de las adaptaciones.

Otro punto es la idea de que la progresión entre diversos métodos de entrenamiento es útil para generar adaptaciones fisiológicas que sean más duraderas. Entonces, cada método de trabajo se basa en las adaptaciones generadas por el método anterior, más genérico y menos específico, de mayor volumen y menor intensidad, y esta supuesta base fisiológica que promueve la implementación del método anterior “garantizará” el éxito de las futuras adaptaciones que tienden a ser más específicas para la demanda física que exige el fútbol. Esta idea metodológicamente cauta y tal vez prolija en un punto, no es respaldada por la biología molecular del ejercicio, y promueve graves complicaciones en el trabajo ya que incrementa los tiempos de preparación de los planteles. De este modo, en mi visión, se genera una acumulación de volumen que tiende a ser innecesario y que no responde a la especificidad del juego.


Causa 3. Acumulación elevada de carga de entrenamiento como sustento biológico de permanencia de adaptaciones a largo plazo.

El tercer punto que puede ser responsable del exceso de acumulación de carga en el período precompetitivo es la idea de que en este período se realiza una especie de base física, principalmente “aeróbica o de fuerza” que les permitirá a los jugadores tener un mejor rendimiento durante el resto del campeonato. Claro, si pensamos que el rendimiento físico es el resultado de la suma de capacidades fisiológicas aisladas que se entrenan con métodos genéricos y de modo separado, en el período competitivo no habrá tiempo para entrenar el consumo máximo de oxígeno, la fuerza, la potencia glucolítica, el MSSL, la potencia, la explosividad, la velocidad en sus diversas fases, la pliometría, los trabajos técnicos, tácticos, la RSA, ya que hay partidos importantes, viajes, etc. Por tanto, como no hay tiempo para entrenar todas estas capacidades individuales durante competencia, la solución sería colocar esta carga en pretemporada, por que supuestamente no hay partidos importantes. Si el jugador se cansa, pues que aguante para eso es la pretemporada, y se acumula una gran cantidad de trabajo físico que será la base de todo el año. Grave error!

Biológicamente es imposible realizar una base de adaptación fisiológica, o en la jerga una “base física” durante la pretemporada para que el jugador pueda, supercompensación mediante, incrementar el rendimiento y mantenerlo elevado durante todo el torneo, que podrán ser 20 o más semanas. Porque los procesos de adaptación celular frente a la variabilidad de carga de entrenamiento son mucho más rápidos de lo que a priori parecen. Si tomamos el ejemplo de la capacidad oxidativa muscular, se ha determinado que la tasa de recambio de proteínas mitocondriales inducida por modificaciones en la actividad contráctil, como lo puede ser un incremento o una disminución en la carga de entrenamiento, posee una vida media de una semana (Hood D, Irrcher I, 2006). Esto implica que si la carga de trabajo no es mantenida a un nivel relativamente constante y disminuye, luego de una semana ya habrá una pérdida del contenido mitocondrial y de la capacidad oxidativa muscular (Hood D, 2001 ). Por tanto, acumular una gran carga de trabajo durante 4 o 6 semanas para inducir incrementos de la capacidad oxidativa mitocondrial que se sostengan durante 20 semanas es biológicamente imposible, ya que el músculo esquelético se adaptará muy rápidamente a la nueva y más baja demanda contráctil del período competitivo disminuyendo su potencial oxidativo. Claro, también habría que revisar el concepto de que un exceso de carga de trabajo realmente pueda incrementar proporcionalmente, para el caso de este ejemplo, la biogénesis mitocondrial. Es importante tener en cuenta que los procesos de expresión genética y de síntesis proteica ocurren durante el descanso y se necesita redireccionar una buena cantidad de energía desde los procesos catabólicos ocasionados por el ejercicio hacia los anabólicos relacionados con la adaptación fenotípica para promover un aumento en la biogénesis mitocondrial (Hood D, Irrcher I, 2006). Esto implica que si hay un disbalance entre ambos procesos causados por un exceso de carga se retrasará la adaptación fenotípica.

Para cerrar con este punto entonces, un exceso de carga no genera un incremento proporcional en la adaptación fenotípica sino más fatiga. Además, aún si esto fuera posible no podría sostenerse durante muchas semanas ya que los procesos de adaptación a la variabilidad de carga de ejercicio son muy rápidos.


Causa 4. Ineficacia de las tareas con balón para promover mejoras del rendimiento.

El cuarto punto se relaciona con el pensamiento de que los trabajos con balón no producen una adpatación fisiológica suficientemente elevada como para garantizar la elevación del rendimiento físico. Como si las células podrían elegir no adaptarse al estrés fisiológico que causa el ejercicio cuando el jugador tiene botines y golpea un balón, no? Y esto a quien se le puede ocurrir! Es como si los procesos de adaptación celular relacionados con los cambios en el cociente ATP/ADP o el incremento en la concentración citoplasmática del Ca2+ (entre otros), que disparan importantes vías de señalización molecular para incrementar, por ejemplo, la biogénesis mitocondrial no funcionaran en trabajos con balón. Por tanto, esto lleva a que terminan las tareas con balón y vienen las pasadas, o trabaja el técnico y luego el preparador físico. Porqué?, por que el trabajo con pelota no causó adaptación fisiológica alguna, y ahora viene el “profe” a asegurar la adaptación, corriendo en una “supuesta área fisiológica de esfuerzo” que todo lo soluciona, cuando realidad complica las cosas. De este modo generalmente se termina por colocar una excesiva carga de trabajo que genera fatiga y retrasa a la adaptación fenotípica deseada.


Probables consecuencias de un trabajo mal realizado durante el período pre-competitivo.

Es frecuente escuchar que los equipos aparecen en la quinta o sexta fecha del torneo, por que en las primeras fechas vienen “duros” saliendo de la pretemporada. En lenguaje científico se diría que vienen saliendo de un overreaching no funcional , y en el lenguaje de mi barrio se diría que se invirtieron 4 - 6 semanas de entrenamiento para regalar los primeros 6 partidos! Bueno, si esto sucedió espero que los rivales de ese equipo hayan hecho lo mismo, de lo contrario se compite en desventaja fisiológica por errores en la programación de la carga de trabajo. Si en el fútbol profesional los resultados de las primeras fechas no son todo lo bueno que espera la dirigencia o la afición, muchas veces el proceso de trabajo de un staff técnico termina antes de tiempo (no digo que esté bien). De este modo se dice que el cuerpo técnico nuevo se beneficia ahora de la adaptación fisiológica que con tanto esfuerzo se desarrolló en la etapa anterior. Cuando en realidad lo único que sucedió fue que la disminución “obligada” de carga que produce el inicio de la competencia unida al paso del tiempo permiten salir del overreaching. Como dice un buen amigo, en determinadas ocasiones el paso del tiempo soluciona muchas cosas en biología.


Lineamientos para la programación de la carga de trabajo.

Luego de haber analizado las probables causas que generan el exceso de carga de trabajo en el período precompetitivo, se presentan a continuación algunos lineamientos que podrían ser importantes para optimizar la carga de entrenamiento en este período:


a) No colocar el carro delante del caballo:

  • No perder de vista que siempre, aún en este período, el entrenamiento técnico y táctico de un equipo es, por lejos y sin dudas, el más importante.
  • Integrar la preparación técnico-táctica a la preparación física todo lo que se pueda.
  • Incorporar trabajos con balón siempre que se pueda, y tener en claro qué tipo de adaptación fisiológica genera cada tarea con balón para no superponer estímulos generéricos (sin balón) con estímulos con balón que generen adaptaciones fisiológicas similares. Si esto ocurre la adaptación no será mayor, todo lo contrario.


b) Determinar qué y cuánto entrenar.

  • Generar un verdadero perfil fisiológico del jugador. Las evaluaciones diagnósticas son muy importantes, claro en la medida que informen sobre un real perfil fisiológico del jugador. Tomar tests, sólo por hacer algo no tiene ningún valor. Ni hablar de tomar tests totalmente inespecíficos para este deporte. Por otro lado hay preparadores físicos que sólo toman tests que permiten fraccionar cargas de trabajo, pero con ello no se genera un perfil fisiológico y, por ende, los criterios para la determinación de cargas de trabajo son muy pobres y ello afecta la calidad de la preparación. Debemos saber qué evaluar, cómo, cuándo y porqué. Un perfil fisiológico bien realizado y el conocimiento de la demanda física que la función táctica le imprimirá al jugador, permite programar la carga de trabajo con especificidad. En otras palabras programar y ejecutar cargas de trabajo realmente necesarias para el jugador. Esto es, ante todo, lo éticamente correcto.
  • Dividir el plantel para realizar trabajos específicos según necesidades fisiológicas claramente establecidas. Esto está limitado por los recursos materiales y humanos disponibles.
  • No está bien repetir, pero me tomaré una licencia, no perder nunca de vista cual será la demanda física que tendrá el jugador en el campo a la hora de programar la carga.


c) Tener una clara concepción del proceso de entrenamiento y beneficiarse de las ciencas aplicadas al entrenamiento en el fútbol

  • Ver el proceso de entrenamiento como un ciclo indivisible de carga-recuperación. En el que la carga de trabajo tiene por función activar las vías específicas de señalización molecular que luego promoverán la respuesta fenotípica que realmente necesita el jugador, y no otra! Y en el que la correcta recuperación es la que permite la adaptación fenotípica, la disminución de la fatiga, y el incremento en el rendimiento físico. Si algo de esto falla el esfuerzo pierde eficacia.
  • Para ganar en eficacia en la preparación se debe integrar un correcto y completo monitoreo fisiológico de carga interna y de carga externa de trabajo acompañado de un monitoreo bioquímico y análisis permanente del rendimiento físico. Lógicamente que una estructura de este tipo no puede ser sostenida sólo por el/los preparadores físicos.
  • Implementar medidas de recuperación “realmente útiles” y basadas en el conocimiento científico.
  • Integrar un programa efectivo de prevención de lesiones al proceso de entrenamiento, cuyo éxito dependerá en gran medida de la calidad de la carga administrada. Los programas preventivos tampoco hacen magia.
  • Pensar en el largo plazo es biológicamente incorrecto. Las adaptaciones a la carga de trabajo no son tan lentas como parecían, ni perduran demasiado en el tiempo. Pensar que en la pretemporada se realiza una base física para todo el año de competencia, es sólo una expresión de deseo que no sólo complica al rendimiento físico, sino que pone en riesgo la salud del jugador.


Quisiera decir que no se trata de entrenar menos, sino de hacerlo correctamente, y hacerlo correctamente siempre está unido a la simpleza. Si no es simple, algo no debe estar tan bien.

Por qué los lineamientos pueden parecer generales? Por que las realidades que nos plantea el campo práctico del entrenamiento en el fútbol varían de modo permanente y, por tanto, también debe variar nuestro programa de trabajo. Esto hace que mayores especificaciones otorgadas fuera de un contexto específico terminen siendo estériles. En otras palabras, las recetas no tienen lugar en la confección de un programa de trabajo exitoso en el fútbol, podrían funcionar alguna vez y debido a la suerte. Si queremos depender de la suerte y no de nuestra capacidad podemos apostar a recetas, hay muchas por ahí... Las recetas sólo limitan la creatividad de cada preparador físico, lo reducen. Si fueran efectivas, cargaríamos algunos datos en un soft y el soft planificaría la carga.


REFERENCIAS

Hood D, Irrcher I. Mitochondrial biogenesis induced by endurance training. In ACSM’s Advanced Exercise Physiology. C. Tipton (Ed). Lippincott Williams & Wilkins. Philadelphia, 2006.

Hood, David A (2001). Invited Review: Contractile activity-induced mitochondrial biogenesis in skeletal muscle. J Appl Physiol 90: 1137–1157.


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