​Adulto mayor y la limitación del consumo proteico. Una razón fundada en la ausencia de conocimientos actualizados

​Adulto mayor y la limitación del consumo proteico.  Una razón fundada en la ausencia de conocimientos actualizados

La responsabilidad del músculo en la independencia de la persona, así como de la salud y calidad de vida, es un punto que al presente no merece discusión. En estos aspectos, el protagonismo muscular es central por cuanto todas ellas dependen del referido tejido, de la fuerza que el mismo pueda generar y, no menos importante, de la función que tiene en territorios como el metabólico, entre otros.

Mantener la masa muscular al menos reclama lograr el debido equilibrio entre la síntesis y catabolismo de proteínas, para lo cual diariamente se encienden procesos de degradación y reconstrucción de ellas, lo que es definido como renovación proteica o turnover. Aquí, justamente, el envejecimiento se asocia a fallas de este fenómeno, al punto que el catabolismo puede dominar sobre el anabolismo proteico llevando a un deterioro progresivo del tejido muscular, evidenciado como una pérdida más o menos grave del mismo. Muchas veces ni siquiera comer más proteínas logra revertir el proceso, porque pueden estar dominando las reacciones de degradación proteica por patologías que aceleran la pérdida de ellas y frenan la resíntesis, todo lo cual merece tener un especial cuidado en esta condición y dirigir debidamente la estrategia que permita controlar la disminución del músculo. En todo esto sin dudas que la alimentación diaria es de enorme trascendencia ya que el aporte de los macronutrientes, con especial atención al de proteínas, es decisivo para mantener la masa muscular tanto en cantidad como en calidad (Wolfe R.R. The role of dietary protein in optimizing muscle mass, function and health outcomes in older individuals. Br. J. Nutr. 2012).

Diferentes trabajos han dado evidencia de que ingerir proteínas por encima de las cantidades recomendadas favorece la salud muscular, hecho que además se asocia a la prevención del desgaste muscular, la función cardiovascular y no menos importante, el control del tejido graso manteniéndolo dentro de parámetros saludables (Morais J.A., et al. Protein turnover and requirements in the healthy and frail elderly. J. Nutr. Health Aging. 2006). A pesar de lo anterior, el sostenido mensaje de que un consumo proteico por sobre lo recomendado puede estar asociado a patología renal y eventualmente hepática, sigue dominando entre muchos profesionales de la Medicina y la Nutrición. En cuanto a las cantidades, Wolfe sostiene que consumir una mayor ingesta de proteínas favorece la función muscular así como que puede prevenir la aparición de enfermedades crónicas, aumentando incluso la calidad de vida de las personas de edad avanzada (Wolfe R.R. The role of dietary protein in optimizing muscle mass, function and health outcomes in older individuals. Br. J. Nutr. 2012). Evidentemente y en función a lo anterior, todo parece indicar que la falta de actualización es grande entre no pocos profesionales, los que ya no solo cuidan de manera innecesaria a los riñones de sus pacientes sino que además favorecen la pérdida de salud entre quienes pretenden mantenerlos sanos. Contradicciones si las hay.

En la actualidad aun en varios impera la idea de que la dosis proteica diaria aconsejada es de 0.8 g / kg / día, cantidad esta reconocida como que está muy por debajo de lo adecuado (Pasiakos S.M., et al. III Sources and amounts of animal, dairy, and plant protein intake of US adults in 2007 2010. Nutrients. 2015). Considerando lo anterior, al presente se estima que muchas personas consumen proteínas en la dieta por debajo de la dosis diaria recomendada. Así por caso, comparando adultos mayores con adultos más jóvenes, los primeros responden menos a las dosis bajas de ingesta de aminoácidos, tal como lo documentan Katsanos y colegas al referirse especialmente a la dosis de leucina. Los autores refieren que esta falta de capacidad de respuesta en los sujetos de edad avanzada puede superarse con niveles más altos de consumo de aminoácidos esenciales (Katsanos C.S., et al. A high proportion of leucine is required for optimal stimulation of the rate of muscle protein synthesis by essential amino acids in the elderly. Am. J. Physiol. Endocrinol. Metab. 2006). También se resalta que la síntesis proteica es dosis dependiente de los aminoácidos que se aporten, y además de la calidad de la proteína que se consuma así como del perfil de sus aminoácidos, los que son factores determinantes en la salud muscular.

En cuanto al origen de la proteína a consumirse, estudios como el Health, Aging and Body Composition muestran que la proteína animal se asocia mejor al mantenimiento de la masa muscular en los adultos mayores, pero no así la proteína de origen vegetal (Houston D.K., et al. Dietary protein intake is associated with lean mass change in older, community-dwelling adults: The Health, Aging, and Body Composition (Health ABC) Study. Am. J. Clin. Nutr. 2008). Por ejemplo, diferentes trabajos de investigación demuestran que la ingesta de proteínas de la leche, comparada con la proteína de soja, estimula más la síntesis de proteínas musculares después del ejercicio de fuerza, lo que se atribuye a la mayor cantidad de aminoácidos esenciales que la misma tiene (Mitchell C.J., et al. Soy protein ingestion results in less prolonged p70S6 kinase phosphorylation compared to whey protein after resistance exercise in older men. J. Int. Soc. Sports Nutr. 2015). Al respecto, se aprecia como de interés reparar en que hay cada vez más cantidad de evidencia que advierte sobre la necesidad de alcanzar un umbral mínimo de aminoácidos esenciales para provocar una respuesta muscular anabólica, algo que en las personas mayores se ha demostrado que esta a un nivel superior de concentración de aminoácidos al compararse con las personas más jóvenes.

Y acá también se han aportado información por demás interesante al estado actual de las propuestas habituales en lo que al consumo proteico se refiere. Al respecto, Moore y colegas dieron evidencia de que la cantidad óptima de proteínas para adultos mayores es aproximadamente un 70% superior que la necesaria para adultos jóvenes, lo que tiene su razón en la resistencia anabólica asociada a la edad (Moore D.R., et al. Protein ingestion to stimulate myofibrillar protein synthesis requires greater relative protein intakes in healthy older versus younger men. J. Gerontol. A. 2015). De lo anterior se infiere de que requerirán una mayor ingesta de proteínas para lograr una respuesta anabólica máxima por comida.

Un espacio especial acá merece la proteína quinasa mTOR, responsable central de la vía de señalización que desencadenará el anabolismo proteico. Se ha documentado que la misma es menos sensible a la leucina en las edades avanzadas de la vida, así como también a los aminoácidos esenciales en general. Sin embargo esto pudo ser parcialmente corregido al aumentar la dosis de los mismos (Cuthbertson D., et al. Anabolic signaling deficits underlie amino acid resistance of wasting, aging muscle. FASEB J. 2005). Finalmente y tal como refieren Wolfe y colegas, una dosis mayor de proteína genera respuestas en adultos mayores similar a las observadas en adultos más jóvenes, todo lo cual proporciona apoyo para lograr un efecto beneficioso en las poblaciones ancianas (Wolfe R.R., Miller S.L., Miller K.B. Optimal protein intake in the elderly. Clin. Nutr. 2008).

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