CLASES MEMORABLES

Por Mariano Giraldes.

En un artículo anterior me había referido a ellas, sin profundizar. Lo haré ahora, dado que ese tema permite hablar de nuevas categorías en el análisis didáctico de nuestras intervenciones.

Por clases memorables me refiero a aquellas que todos los maestros querríamos dar. Aquellas clases que, por su excelencia, son significativas para los alumnos. Clases de esas que a nadie se le ocurriría perdérselas porque, de una u otra forma, sienten que perderían un momento de sus vidas.

¿Por qué no aspirar a que no olviden una clase en la que la acción con el cuerpo es indudable, por todo lo que disfrutaron y aprendieron?

¿Por qué no considerar que si los alumnos recuerden a su maestro del cuerpo, sean o no profesores de Educación Física, como uno de los mejores que tuvo, la educación del cuerpo se jerarquiza de verdad como parte decisiva de la declamada educación integral?

¿Cómo se hace para dar clases memorables?

Lo memorable de una clase va a depender, frecuentemente, del talento y la formación de los maestros. Pero siempre va a ser definitivo que ellos no se hayan curado de la enfermedad de enseñar. Que quieran enseñar saberes del cuerpo a todo el que se le ponga por delante. Sobre todo si es un niño o cualquiera que haya decidido aprender.

En principio entonces, habría que tener convicción del valor de aquello que va a enseñarse y pasión por hacerlo. (Quedará para investigar, si la pasión por enseñar es del orden de lo emocional o de lo racional).

En cambio, no hace nada de falta un repetidor de recetas y discursos ajenos, un autoritario sin autoría, incapaz de vislumbrar en las preguntas e intervenciones de sus alumnos, los interrogantes de una cultura de lo corporal que pugna por asomar y él debe ayudar a construir.

Propongo ahora al lector una serie de aspectos sobre los cuales me parece que vale la pena reflexionar. Algunos son poco habituales; otros no. Y dado que en toda recapitulación lo que resalta son las ausencias, cada lector agregará a la lista aquello que su práctica le recomiende:

·Eligiendo lo medular: Un buen ejercicio que sirve para comprobar si una clase es memorable consiste en preguntarse: “Si por alguna razón tengo la oportunidad de dar una sola clase. Solo una clase para mostrar de que trata esto de la Educación Física… ¿Qué y cómo les enseñaría a mis alumnos?

También puede servir preguntarse cuáles son las cinco cosas que debería transmitirles como absolutamente indispensables en cada nuevo aprendizaje corporal que ellos estén abordando.

·Imitar a los buenos maestros: Frecuentemente los maestros inexpertos tratan en sus clases de repetir experiencias vividas como alumnos y que fueron gratificantes. Imitar a los buenos maestros puede significar todo un aprendizaje. Pero requiere distinguir los contextos en los cuales las experiencias fueron buenas, para volver a pensar si en las nuevas realidades esas creaciones podrían significar buenas enseñanzas, tal como lo fueron en el pasado. Se debe entonces contextualizar, descontextualizar y re contextualizar para confirmar el valor de una nueva experiencia.

·No olvidar los contextos sociales, culturales y políticos: Lo que sucede en la escuela y en la misma clase de Educación Física, no tiene que ver solamente con “lo corporal”. El profesor ha de ser capaz de encarar la enseñanza trascendiendo lo estrictamente disciplinar. Cuando uno mira su disciplina con anteojeras se convierte en una especialista, capaz de ver solamente lo que pasa en el patio de su escuela, alguien que sabe cada vez más… de menos cosas.

Si hablamos de gimnasia, por ejemplo, y miramos un poco lo que está sucediendo con su enseñanza, es evidente la influencia de un mercado ansioso por convertir a los ciudadanos en consumidores, tratando de convencerlos que el consumir es una genuina expresión de la libertad de elegir. En esa estrategia de impulsar el consumo de cualquiera de las prácticas corporales que han surgido, el mercado desarrolla una estrategia muy inteligente: tiene siempre novedades para ofrecer, bajo la forma de nuevos métodos y técnicas que se caracterizan por disponer de promesas post ejercicio deslumbrantes.

Precisamente por la inteligencia de esa estrategia, el maestro ha de ser capaz de echar una mirada crítica sobre lo que sucede “afuera” de su ámbito más cercano, en la sociedad y la cultura toda. Lo que le permitirá una intervención más razonada e inteligente.

Sin embargo, en las clases memorables las estrategias que se siguen, rara vez se encuentran aisladas o disociadas del riguroso tratamiento del contenido del caso.

Si se va a enseñar gimnasia, se enseña de verdad gimnasia y no se la usa como entrada en calor o castigo. Se está atento a lo que propone el mercado y sus novedades y se lo pone en tensión con todas aquellas técnicas que él considera adecuadas para sus alumnos. Teniendo siempre presente que ha de ser capaz de encarar la enseñanza trascendiendo lo estrictamente disciplinar, sencillamente porque el contenido, además, expresa cultura.

·En busca del sentido: Cuando se habla de una didáctica compleja, basada en la clase, no se recomienda dejar de enseñar los temas centrales de nuestro campo, para ponernos a enseñar temas periféricos, siempre que sean divertidos. Me refiero a que es compleja porque es complejo lograr que:

En las situaciones de enseñanza que enfrentamos a diario, el sentido de nuestra tarea esté dirigido a ayudar a crear sentido en torno a unas prácticas corporales que han adquirido una inusitada importancia en tiempos de pantallas, consecuente sedentarismo y falta de contactos cara a cara y cuerpo a cuerpo.

Tal estrategia probablemente aleje del curriculum “oficial”. Pero acercará a un curriculum situacional, concebido como una guía para transmitir saberes del cuerpo.

Como refuerzo a esta idea, conviene recordar las interesantes experiencias realizadas en torno a lo que se llamó transposición didáctica.

En los 80, el matemático francés Ives Chevallard, desarrolló esa noción, sintetizando así el largo proceso de traducción que atraviesa un objeto científico hasta que llega al alumno, luego de pasar por el curriculum, el proyecto institucional, la planificación del maestro y, finalmente, su enseñanza real en el aula. Dicho de otra manera, la escuela, el curriculum escolar, es por definición infiel respecto del conocimiento riguroso de las ciencias. De las duras como las matemáticas o la física. O las sociales, como la historia y la Educación Física. Se llega al extremo de que el científico reconozca poco de lo que sabe en aquello que, finalmente, se enseña en la escuela.

Sugiero asumir esas realidades y evitar que el curriculum se transforme en una trampa a la creatividad, en la que cae presa la enseñanza.

·Diseño y desarrollo curricular: En esa línea, es importante diferenciar entre diseños y desarrollos curriculares. Hay que tenerlo presente, porque los maestros de a pie, los que enfrentan el “cara a cara” cotidiano en patios, campos, pistas y gimnasios, no suelen tener voz ni voto en el diseño. Pero son decisivos en el desarrollo de los mismos.

·La derrota de la demagogia: No es sencillo dar clases atrapantes, mes tras mes, año tras año, sin caer en trampas demagógicas que consisten en proponer SOLO aquello que es interesante para los alumnos. Soslayando la enseñanza de lo medular de la disciplina. Una cosa es desarrollar una propuesta “en el borde”, poco frecuente, que consista en prácticas originales o atrapantes. Una propuesta que le dé permiso al humor, a la búsqueda de cursos de acción novedosos con el objeto de desarrollar un saber y otra cosa es “transar” con aquello que los alumnos siempre quieren, (por ejemplo, jugar al fútbol), porque es la única manera de que se entusiasmen. De esta última forma, lo que queda “al margen” es el saber.

·Diversión y aprendizaje: Los maestros dispuestos a reflexionar sobre sus clases, tienen claro cómo amalgaman en ellas la alegría, la diversión y los momentos más centrados en el aprendizaje reflexivo. Han hallado ya una respuesta al siguiente interrogante:

¿Vale todo a la hora de entretener y entretenerse? Hoy pareciera que es cierto el imperativo de la época de entretenerse hasta morir, aunque morir divirtiéndose parezca un oxímoron.

Es cierto que la Educación Física, por lo general, ha estado enferma de seriedad. Lo que, entre nosotros, suena bastante lógico porque a los argentinos nos cuesta ser serios sin ser solemnes. De ahí a que cada clase se transforme en una estudiantina, hay mucho trecho. Sencillamente porque la clase se desvirtúa. Sobre todo si se considera que pareciera que nos hemos lanzado a la búsqueda de estímulos cada vez más fuertes capaces de proporcionarnos dosis crecientes de adrenalina.

Pareciera que todo vale: deportes extremos, juegos de caída libre, supervivencia, extra maratones, el vértigo, la velocidad, el deslizamiento, el enfrentamiento con la naturaleza, el riesgo cada vez menos controlado y llevado a sus extremos, nuevas formas de intercambio sexuales en los límites, promocionados por libros que se transforman en best sellers mundiales, etc.

En la medida que se dan entre adultos que saben lo que hacen y deciden sobre sus propias vidas, está todo bien. El problema son los chicos para los cuales somos sus modelos de rol.

Chicos que, además, también están sobre estimulados por la influencia solapada de la sociedad de consumo. Que les posibilita que en la misma casa se disponga de algunos o todos los medios tecnológicos que ofrece el mercado. Como televisores e impresoras en 3 D, Play Station cada día más sofisticadas, con programas para todas las edades, iPads, celulares inteligentes y encima, competencias deportivas y clases de todo tipo en el tiempo extra escolar..

Inevitablemente los maestros vamos a preguntarnos cómo vamos a llamar la atención a nuestros alumnos para poder interesarlos en el aprendizaje, cuando están acostumbrados a ser “atrapados” por esos estímulos tan intensos. Ese es el desafío que nos compromete y nos angustia.

·Una educación corporal centrada en valores: Las clases memorables deberían contribuir al bienestar ético y social de cada una de las personas que integran la comunidad educativa. En un mundo que cambió radicalmente y que, en muchos sentidos, se quedó sin respuestas, la filosofía tiene que “sacar pecho“y hablar de valores. No en el sentido de imponer algunos en particular; pero sí en el de concebirlos como jalones en el camino que sirven de referencia para tomar decisiones. Se hace necesario discutirlos y trasmitirlos porque cuando todo cambia, cambia lo que está atrás de todo. Lo que está atrás de todo son los valores. De manera que es probable que, por un lado, haya que pensar algunos nuevos. Y por otro, haga falta acordar para los mismos una escala, dado que sin ella no hay valores. Hace años, Rissieri Frondizi, un filósofo argentino, decía “si cada uno tiene el metro más adecuado para la valoración ética ¿cómo decidiremos los conflictos axiológicos? Si cada uno hace lo que quiere o los que los otros quieren, los valores no valen porque no hay escalas.

Hoy, sobre todo en el marco escolar, sugiero valores de nuevo cuño, en base a los cuales enmarcar las clases:

* Valor del esfuerzo para conseguir todo lo que vale la pena.

* Disciplina personal, muy en relación con el cuidado de sí mismo.

*Austeridad.

* Ética del trabajo.

*Moderación.

*Necesidad de límites sin los cuales no hay vida con sentido (no es posible vivir eligiendo lo que más nos conviene, sin consideración de los otros y de valores superiores que se privilegian. “Hago lo que me gusta”, suele decir como muestra de independencia el sujeto sujetado, sin darse cuenta de la sujeción).

*Búsqueda del progreso y el desarrollo personal.

*Sensibilidad ante los problemas ambientales y de equilibrio ecológico.

*Consumo racional en torno a necesidades y no a deseos siempre insatisfechos.

*Disposición para trabajar con otros en proyectos colectivos.

·El clima de la clase: También hace falta un maestro atento al clima de la clase. Me refiero a que, especialmente en las clases de Educación Física, son frecuentes las injusticias y crueldades, entre los mismos chicos.

¿Cuántas veces damos lugar a que ellas se traten de forma pública?

Si las tratamos en forma privada, en secreto, no hay oportunidad de que todos participen del conflicto y de su resolución. Una resolución a la que habrá de llegarse con la participación plena del maestro y que no ha de consistir en dividir entre réprobos e inocentes. Unos que resulten “consolados” y otros “reprendidos”. La enseñanza consiste en que no se distinga, inclusive en el tono de voz, cuando el maestro se dirige a unos u otros. Ni sanción ni oprobio; sino consideración y comprensión.

·Tribunales democráticos: Debe abordar los inevitables conflictos entre pares. Para ello deberá romper con la vieja recomendación de intimidad para resolver los problemas. Eso de la “ropa sucia se lava en casa”, no corre para la comunidad educativa. El conflicto se discute con todo el grado o con todo el grupo. Y sin miedos ni demagogias, se expone el caso, se escucha y se da la opinión de adulto y maestro. Dejando clara la asimetría entre unos y otros. Tener la decisión final sobre el caso, no significa “tener la última palabra”. Significa cumplir con la responsabilidad de adulto y maestro, precisamente. Los chicos tienen derecho a ser educados por personas que no renuncien a esa responsabilidad.

·Opiniones, reglas y leyes: Es necesario crear reglas y códigos, con la participación de sus alumnos. En otra parte he analizado la diferencia entre reglas y leyes. Recordemos solamente que las leyes son permanentes y las reglas inmanentes. Los maestros seguimos reconociéndonos en la ley; los alumnos, con frecuencia parecen solo creer en el valor de la opinión. En todas las instituciones existen ambas. Constituyen documentos destinados a fijar pautas de convivencia. Lo que se puede hacer y lo que no. Pero son tantas las situaciones catastróficas que tienen que enfrentar los maestros, que sugiero que sin esperar instancias institucionales (pero adhiriendo a ellas cuando surjan), los grupos de Educación Física, con la plena participación de los estudiantes, “elaboren reglas” que van a respetarse en el transcurrir de las clases. Deben consensuarse los así no se puede”, dejando bien en claro que de todas estas otras maneras “sí se puede”. Esa, inclusive, es una de las esencias educativas del juego: aprender a respetar la regla sin la cual no se puede jugar.

·La creatividad es la inteligencia divirtiéndose: El maestro que va a recordarse es el que se anime a romper los moldes y desarrolle ideas nuevas. Por ejemplo, organizar “la hora de la convivencia”. Un espacio a constituirse únicamente en las clases que lo justifiquen, por una situación producida en el mismo grupo. En ese espacio se plantean los problemas que hayan surgido al jugar o ejercitarse. Los temas que suelen aparecer son temas, como el de la violencia, que preocupan a docentes y alumnos con frecuencia. Espacio que puede permitir llegar a acuerdos, entender posiciones enfrentadas, compartir problemas y ayudar a resolverlos en un clima de libertad.

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