Criterios para el diagnóstico del Sobrepeso y Obesidad / Criterios

Criterios para el diagnóstico del Sobrepeso y Obesidad / Criterios

Luego de nuestra primera entrada, la cual buscó hacer una introducción a las complicadas y siempre presentes condiciones de sobrepeso y obesidad, en esta ocasión realizaremos un abordaje de algunos criterios para el diagnóstico de estas patologías.

El tejido adiposo es un órgano metabólico y endocrino complejo, esencial y altamente activo, el cual es ampliamente reconocido por cumplir una gran variedad de funciones. Entre estas encontramos la protección mecánica y aislamiento térmico, almacenamiento y liberación de energía, la respuesta inmune y termogénesis sin temblor. El tejido adiposo, como componente del tejido conectivo, se presenta como depósito bajo la piel (depósitos subcutáneos) o en la cavidad visceral, donde rodean los órganos digestivos internos y, por lo tanto, se consideran un órgano de depósito múltiple. Existen clasificaciones de este tejido, aunque la más común comprende al tejido conformado por los adipocitos blancos y marrones, los cuales regulan y responden a los procesos endocrinos, que luego determinan la tasa metabólica y las funciones del tejido adiposo como tal. (Valencak & Schulzc, 2017). En esta entrada no se hablará de la dinámica de cada uno de estos tipos de tejido adiposo, ni las diferencias específicas del sexo, el metabolismo energético ni tampoco las funciones endocrinas, debido a que serán tema de futuras publicaciones.

El exceso de tejido adiposo blanco (WAT, por sus siglas en inglés White Adipose Tissue) en pacientes con Sobrepeso u Obesidad generalmente se considera como factor de riesgo, sobre todo en pacientes obesos con adiposidad visceral (Valencak & Schulzc, 2017). Durante esta ganancia excesiva de ocurren una serie de procesos celulares que generan cambios metabólicos que producen un círculo vicioso que promueve la ganancia de grasa, la cual obviamente está orquestada por factores genéticos y ambientales. La multitud de factores que influyen en este proceso hacen muy compleja la búsqueda de una propuesta exitosa de intervención. Conocer su peculiaridad fisiológica y realizar una correcta y adecuada valoración de la misma es crucial (Suárez & Sánchez, 2017).

Hemos de entender la obesidad como una enfermedad crónica, multifactorial y multicausal que se corresponde con una alteración de la correcta función del tejido adiposo, tanto de forma cuantitativa como cualitativa, en su capacidad para almacenar grasa que conlleva una situación de inflamación del mismo (lipoinflamación), la cual está íntimamente vinculada con desórdenes metabólicos asociados al Síndrome Metabólico (Virtue & VIdal-Puing, 2008, Grundy, 2016). Así, se pueden desencadenar una constelación de factores de riesgo metabólico que incluyen; dislipidemia aterogénica (triacilglicéridos séricos elevados, reducción de lipoproteínas de alta densidad (HDL)), presión arterial elevada, disglucemia (resistencia a la insulina y glucosa sérica elevada), un estado proinflamatorio y un estado protrombótico (Grundy, 2016). A la alteración en la composición corporal se le suman los efectos de la alimentación, que pueden constituir un riesgo independiente para la enfermedad cardiovascular (Pasca & Móntero, 2015)

Es importante tener en cuenta la composición corporal a la hora de determinar si estas desarrollando Sobrepeso u Obesidad

Aunque la masa corporal (peso total) es generalmente el parámetro más conocido y divulgado cuando se trata del Sobrepeso y Obesidad, el análisis de la composición aporta una estimación más precisa de los riesgos de salud asociados al exceso de peso (Gentil, 2015). Hay varios métodos para evaluar la composición corporal, uno de ellos es el cálculo del índice de masa corporal (IMC; peso en kilogramos dividido por la altura en metros al cuadrado - kg/m2) (Gentil, 2015). El IMC es una medida bastante práctica y rápida que tiene una buena correlación con la cantidad de grasa corporal, pero cuando se realiza en atletas o personas que tienen una buena cantidad de masa magra, el resultado presenta un valor falsamente elevado. Este índice se emplea a menudo para evaluar el riesgo de enfermedades asociadas con un exceso de grasa corporal; sin embargo, en realidad, es una medida del exceso de masa y no del exceso de grasa corporal. Lo anterior, teniendo en cuenta que el IMC no distingue el exceso de masa corporal en términos de grasa en cualquiera de sus componentes, agua, hueso, músculo, ni tampoco predice el riesgo cardiometabólico y otros factores relevantes para la salud (Pasca & Móntero, 2015). La edad, el sexo, la etnia y la masa muscular afectan a la relación entre IMC y grasa corporal. Por tanto, el IMC puede clasificar por exceso a los atletas y otras personas de constitución magra y medir a la baja la grasa corporal de personas mayores u otras que hayan perdido masa muscular (G. Gregory Haff & Triplett, 2016).

Un estudio publicado en 2002, realizado en el hospital universitario de Salvador, evaluó 316 obesos de clase III durante ocho años. El IMC promedio de los sujetos estudiados era de 47 ± 6 kg/m2 y la mayoría presentaba obesidad desde su infancia (36%) o la pubertad (14%), y el 82% tenía antecedentes familiares. Los casos de hipertensión arterial tuvieron una media de 66%, diabetes 13,9%, intolerancia a la glucosa 16,8%, aumento de los niveles de colesterol total y triacilglicéridos (> 200 mg / dl) en el 33,5% y 8% respectivamente, HDL colesterol bajo (< 40 mg / dl) 39,9%, LDL-colesterol alto (> 100 mg / dl) 66.7% (Port et al., 2002; Gentil, 2015). Para un IMC entre 30 y 35 kg/m2, la supervivencia media se redujo entre 2 y 4 años, y para valores entre 40 y 45, se redujo entre 8 y 10 años (Pasca & Móntero, 2015). En este sentido, si bien el IMC es una herramienta interesante en el trabajo epidemiológico es bastante pobre en su correlación con respecto a la composición corporal (Suárez & Sánchez, 2017)

Ahora bien, en un documento del año 2007, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) subclasificó (Tabla 1) los criterios marcados por la OMS (Salas et al, 2007; Suárez & Sánchez, 2017).

Tabla 1. Criterios de la SEEDO para clasificar obesidad según IMC. Tomado de (Suárez & Sánchez, 2017)


Entonces el IMC no pasa de ser un mero orientador que en ningún caso sustituye a otros elementos de estimación de la composición corporal como pueden ser el pesaje hidrostático, el cual es considerado uno de los mejores métodos indirectos. Las técnicas actuales de imagen como la tomografía computarizada, la resonancia magnética, la ecografía y la absorciometría con Rayos X de doble energía (DXA) también son reconocidos como métodos de confianza; sin embargo, el alto costo y baja accesibilidad hace inviable este tipo de evaluación en gran escala (Gentil, 2015). Dentro de los métodos que presentan un costo más asequible y una precisión satisfactoria que son más utilizados por los profesionales de la salud, la fuerza y el acondicionamiento, se encuentra la bioimpedancia (e.g. Tanita), la cual estima la cantidad de tejido adiposo y masa libre de grasa, mediante la evaluación de la resistencia a una corriente eléctrica de baja frecuencia. No obstante, una de las metodologías más prácticas, sencillas y de bajo costo es la antropometría o medición de los pliegues cutáneos (Gentil, 2015). Por medio de una valoración antropométrica, la cual como ya mencionamos es una excelente herramienta para los profesionales de la fuerza y el acondicionamiento, podemos mediante el uso de un práctico equipo antropométrico (cinta antropométrica, calibre de huesos cortos y plicómetro) seguir una técnica estandarizada (ISAK) para así obtener información valiosa de nuestro cliente (e.g. perfil antropométrico). Las mediciones tomadas otorgan una buena descripción del cuerpo en su totalidad y son tomadas habitualmente para una gran variedad de propósitos que incluyen desde el monitoreo de los atletas, su seguimiento, el desarrollo, la edad y la performance motriz, y conectando la actividad física y las intervenciones nutricionales a los cambios en el tamaño, forma y composición del cuerpo. También se incluyen aquellas mediciones que predicen un estatus de la Salud, que es la que más nos interesaría en el criterio para el diagnóstico del Sobrepeso y la Obesidad en la población general. Una vez que estas mediciones son completadas, se puede utilizar un número de herramientas que utilizan diversos cómputos para el análisis de la información. Estos incluyen somatotipo, fraccionamiento de la masa corporal en masa ósea, muscular, adiposa (grasa) y los componentes de la masa residual, estimación de la proporcionalidad, predicción de la densidad del cuerpo (y subsecuentemente el porcentaje de la grasa corporal) utilizando un número de ecuaciones de regresión y transformación de la información considerando la edad y género. La Obesidad total y los rankings de la masa proporcional, así como otros índices tales como el índice cintura–cadera, sumatoria de pliegues cutáneos y los perímetros corregidos por los pliegues cutáneos pueden presentar relaciones útiles en salud (Marfell-Jones, Olds, Stewart, & Carter, 2008).

Luego de tener la cantidad de tejido adiposo, ya sea mediante la bioimpedancia o por medio de la valoración antropométrica, con más o menor precisión se determina la misma y según ese porcentaje de masa grasa obtenido podemos clasificar al sujeto con sobrepeso si se encuentra entre un porcentaje de masa grasa entre 20,1-24,9 si es hombre o 30,1-34,9 si es mujer, considerándose Obeso a partir de un valor mayor o igual a 25 en hombres o 35 en mujeres. Dentro de la medición de los perímetros corporales (índice cintura-altura, índice cintura-cadera, diámetro abdominal sagital o circunferencia de cuello) destacamos el perímetro abdominal el cual ha demostrado buena correlación con el riesgo de evento cardiovascular, con la grasa visceral y con el tamaño medio de los adipocitos subcutáneos (Suárez & Sánchez, 2017).

La localización de la grasa cuando es central o troncal trae consigo un incremento del riesgo cardiometabólico, mientras que si es glúteo-femoral, involucra una disminución de éste. La fuerza de la localización es tal que, cuando el IMC <32, un ascenso de la grasa central es mejor indicador de riesgo que el IMC, lo que destaca la heterogeneidad funcional adiposa en relación con su localización. Sobre la base de estos datos, el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) y la Federación Internacional de Diabetes (IDF) han establecido el riesgo cardiometabólico en función de la cantidad de grasa central, indirectamente ponderada según el perímetro de la cintura. El NIH considera que la cintura está situada al nivel de la espina ilíaca anterosuperior derecha, y debe medirse con la musculatura abdominal relajada, al final de una espiración normal (Pasca & Móntero, 2015).

Tabla 2. Riesgo asociado con el perímetro de la cintura según el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH). Tomado de (Pasca & Móntero, 2015)


Realizar una correcta evaluación y valoración de las personas con Sobrepeso u Obesidad va a permitir planificar e intervenir de una forma mejor en pro de la salud de la persona en cuestión (Suárez & Sánchez, 2017).

Para finalizar, la recomendación es poder obtener la mayor información tanto del diagnóstico clínico y la composición corporal. La valoración antropométrica al usar la sumatoria de pliegues cutáneos es la forma más práctica que puede otorgar un seguimiento de la composición corporal usando valores absolutos. Si no cuenta con la posibilidad de contratar un Antropometrista calificado (certificado ISAK) el cual pueda hacer la respectiva evaluación, la siguiente opción sería mediante la bioimpedancia. Por último, siendo una persona que no sea deportista usar el IMC y el perímetro de la cintura ya que solo se necesita de una báscula, cinta antropométrica o metro, una calculadora o página en internet donde nos calcule el IMC. Con estos datos a los profesionales de la fuerza y el acondicionamiento o el entrenador personal junto con un grupo multidisciplinario se les hará más fácil planificar e intervenir de una manera individualizada a aquellas personas con Sobrepeso y Obesidad.

Autor: Diego Campos Vallejo, PT.

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Referencias

1. G. Gregory Haff, N., & Triplett, T. (2016). Essentials of strength training and conditioning / National Strength and Conditioning Association . United States: Human Kinetics.

2. Gentil, P. (2015). Adelgazamiento: Rompiendo Mitos y Cambiando Paradigmas, 3.ª edición .

3. Grundy, S. M. (2016). Overnutrition, ectopic lipid and the metabolic syndrome. Retrieved from BMJ Journals: http://jim.bmj.com/content/64/6/1082

4. Marfell-Jones, M., Olds, T., Stewart, A., & Carter, L. (2008). Antropométrica, Estándares Internacionales para la Evaluación ISAK.

5. NHLBI. (1998). Clinical Guidelines on the Identification, Evaluation, and Treatment of Overweight and Obesity in Adults. Retrieved from NCBI: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK2003/?report...

6. Pasca, A. J., & Móntero, J. C. (2015). El Corazón del obeso. Buenos Aires: Inter-médica.

7. Suárez, W. C., & Sánchez, A. J. (2017). Valoración de la condición física en la obesidad. Retrieved from ResearChgate: https://www.researchgate.net/publication/319165094...

8. Valencak, T. G., & Schulzc, T. J. (2017). Sex matters: The effects of biological sex on adipose tissue biology and energy metabolism. Retrieved from ScienceDirect: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/...

9. Virtue, S., & VIdal-Puing, A. (2008). It's Not How Fat You Are, It's What You Do with It That Counts. Retrieved from NCBI: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC25538...

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