Criterios para la selección y ejecución de ejercicios MMSS: tracción en el plano frontal. “Jalón polea tras nuca” ¿seguro y eficaz?

Criterios para la selección y ejecución de ejercicios MMSS: tracción en el plano frontal. “Jalón polea tras nuca” ¿seguro y eficaz?

Seguimos en esta sección (ver anteriores entradas: entrada 1 entrada 2 ) abordando algunos de los “ejercicios” y los criterios para su selección en las salas de entrenamiento polivalente (SEP).

En cualquiera de los programas desarrollados en gimnasios o centros de fitness aquel ejercicio denominado “jalón dorsal” es de común selección para el fortalecimiento de la musculatura, principalmente, del “dorsal ancho” (en esa extraña tendencia y necesidad de relacionar una acción motriz con un nombre y el mismo con la clasificación de un determinado grupo muscular sin considerar otros aspectos).

Inicialmente este sería un planteamiento sobre el que deseamos seguir insistiendo (aunque ya lo hacemos hasta la saciedad en otras entradas). Un movimiento, movimientos, acción o acciones articulares no son un “ejercicio”, puesto que tal como lleva implícito su propia definición, debe poseer una serie de características que le otorguen tal categoría, entre ellos la definición de la propia dosis respecto a tal acción motriz. De esta forma animamos a pensar más en acciones motrices o articulares en lugar de nombres (“jalón polea”, “remo horizontal”, “pull over”, “pajaros”, o los mil y un nombres –a cual más llamativo- con los cual se “bautiza” un conjunto de acciones articulares, se les proporciona una serie de teóricas bondades o se les otorga una serie de puntos negativos) y a considerar estas acciones como ejercicios cuando ya posean todas las características que le otorgan esa condición. La selección de un ejercicio implica previamente la definición de todas estas variables y el proceso ni sería demasiado lógico que fuese a la inversa, ni la simple descripción de la tarea supondrá definirla como ejercicio [1]

En realidad el referirse a esta acción, de la que hay diferentes variantes que trataremos a continuación, implica la realización de una acción de tracción con miembros superiores que acercan una resistencia al cuerpo en este caso de dirección vertical. Dicha movimiento implica, fundamentalmente, las acciones de aducción gleno-humeral y rotación interna escapular, siendo asumida de forma agonista, principalmente por las funciones básicas del dorsal ancho, además del redondo mayor, romboides, trapecio, unidas a las acciones propias de los flexores del codo que le proporcionan las características de ejercicio global (siendo necesario un análisis más detenido de las distintas acciones, variantes etc., como ya veremos, para poder establecer la diferente actividad de estos grupos musculares, que no es objeto de la presente entrada). En relación a esta función sinérgica de los flexores del codo, la misma debe ser considerada a la hora de la prescripción en relación al volumen de ejercicios y orden de los mismos [1,2]

A la hora de seleccionar ejercicios se debe hacer desde la perspectiva de considerar tres variables fundamentales: seguridad, eficacia y funcionalidad. Muchas veces los criterios para seleccionar ejercicio atienden únicamente a un componente meramente de implicación muscular, en algunos casos cuestionable al estar sujeto a una potente influencia de un cierto error “histórico” basada en la mera descripción de ejercicios utilizados en la experiencia con ciertas poblaciones y sin atender a la información entorno al posible análisis de estas acciones por parte de la investigación que puedan ayudar a definir con mayor concreción el posible ratio riesgo/beneficio y proporcionar así un mayor criterio para su inclusión en un programa de acondicionamiento físico saludable.

Ratio riesgo/beneficio: ¿obtenemos tanto “beneficio” en la selección de este ejercicio?¿cuál es el grado de “eficacia”?

Tradicionalmente se ha escogido este tipo de acciones por estimular principalmente la musculatura de la región “dorsal”, en concreto y de manera relevante el músculo dorsal ancho. A este respecto, y en base a una mera descripción anatómica se pueden observar que las fibras de esta musculatura poseen una disposición fundamentalmente oblicua, aunque en su porción más superior dicha dirección posea una tendencia hacia la horizontalidad y más hacia la verticalidad en su porción inferior, algo que posiblemente deba ser considerado a la hora de estimular a dicha musculatura en su globalidad y funcionalidad mediante desafíos con diferentes líneas de resistencia [13]. De igual manera, también se han utilizado algunas variantes de este ejercicio (fundamentalmente basadas en el tipo de agarre y la amplitud del mismo) a las que se presuponen distinto niveles de implicación muscular, algo sobre lo que se ha investigado (y muchas veces obviado) y ha sido analizado desde la perspectiva del nivel de eficacia mediante diferentes estudios con electromiografía [10,11,15,16, 17].

La variación de los agarres, inicialmente tendrían repercusiones sobre el plano de acción, los agarres más estrechos conllevan una acción con mayor componente en el plano sagital y a medida que se amplía dicho agarre el movimiento se realiza más en un plano frontal. Como regla general podría ser aconsejable, separar las manos más allá de la separación de los codos en una posición de 90º de abducción. Estas variaciones, respecto a la activación de dicha musculatura, muestran que la variante que mayor activación muscular genera sobre el gran dorsal es el agarre ancho frontal (c), frente a agarres cerrados (a), supinados (b) y agarre posterior (d), por lo tanto el argumento de una mayor “participación” del dorsal ancho en acciones por detrás de la cabeza (y por tanto mayor efectividad) no parecen sostenerse con la información de la que se dispone actualmente [10,11, 16, 17].

¿Cuál es el potencial riesgo en estas acciones?

Si parece que no existen razones para seguir pesando en lograr mayores niveles de efectividad realizando una tracción en el plano frontal (por detrás de la cabeza), seguiremos analizando lo concerniente a la seguridad para lograr consolidar los criterios para una selección más adecuada a los objetivos del programa de acondicionamiento físico para la salud.

En la realización de una acción como la de tracción en el plano frontal (como la que puede requerir el desplazar la barra por detrás de la cabeza) se pueden observar dos acciones cuya combinación incrementan de manera importante el ratio riesgo/beneficio a favor del riesgo a nivel glenohumeral, como son la abducción y rotación externa de amplitud máxima donde el espacio subacromial se reduce de forma considerable afectando a las estructuras adyacentes [15]. Entre los posibles problemas, la generación de inestabilidad relacionada con hiperlaxitud glenohumeral anterior, donde se máxima el estrés a nivel capsular y ligamentoso. También se indica la posibilidad de generar ciertas alteraciones neurales como la neuropatía supraescapular [3,4,5,6,7,8,9,12]

A este respecto y considerando la importancia de proporcionar ciertos criterios técnicos que permitan garantizar una adecuada mecánica escapulo-humeral y con ello la eficacia [14] y seguridad en las acciones de tracción vertical, podría ser adecuado el seleccionar estas acciones en un plano ligeramente por delante del frontal (unos 30º) donde puede existir un menor compromiso para la integridad articular [1,2,3,7] y aconsejarse, de forma general, no separar las manos más allá de la separación de los codos en una posición de 90º de abducción. No entramos en este blog a considerar las posibles repercusiones en cada una de las acciones descritas entorno a esta acción de tracción en relación al raquis, ya que ello supondría ampliar con mucho la extensión y quedará pendiente para sucesivas entradas respecto a esta temática.

En realidad la posible discusión no debería ser determinar un clasificación entre ejercicios (¿?) "buenos" o "malos" (ni para ampararse en el "todo vale" o el "según clientes", puesto que la individualización debe partir de criterios generales de consenso al respecto de la salud), sino más en la estimación del ratio riesgo-beneficio y de unos sólidos criterios para la selección de los ejercicios, cosiderando las posibles acciones articulares o rangos de movimiento que pueden potencialmente elevar el riesgo para la salud e integridad articular (algo a considerar cuando de programas de salud se trate, otra cuestión será el rendimiento deportivo y las demandas que puedan existir para lograr el mismo).

¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

Bertrand Russell


Juan Ramón Heredia /Guillermo Peña/Victor Segarra


Referencias Bibliográficas

1. Heredia, JR; Isidro, F; Chulvi, I; Mata, F: Guía de ejercicios de fitness muscular. Editorial Wanceulen. 2011

2. Colado JC, Chulvi I. Criterios para la planificación y el desarrollo de programas de acondicionamiento muscular en el ámbito de la salud. en Rodríguez PL ed Ejercicio Físico en Salas de Acondicionamiento Muscular. Bases científico-médicas para una práctica segura y saludable: Madrid: Panamericana; 2008.

3. Durall CHJ, Mansk RC, Davies GJ. Avoiding Shoulder Injury fron Resistane Training. NSCA J. 2001, 23 () 10-18

4. Crate T. Analysis of the Lat Pulldown NSCA J. 1997. 26-29

5. Fees m; Decker T, Snyder-Macler L, Axer MJ. Upper Extremity Weight-Training Modifications for the Injured Athlete. A Clinical Perspective. Am J Sports Med 1998, 26. 732-742

6. Kneeves RK, Laskowski ER, Smith L. Letters to the Editor about upper Extremity Weigth-Training Modifications for the Injured Athlete: A Clinical Perspectia. Am J Sports Med. 1999. 27 (4) 545-546

7. Ronai P. Exercise modifications and strategies to enhance shoulder function. Strength and Conditioning Journal. 2005, 27 (4) 36-45

8. Lohia KR, Brahma B, McGillicuddy JE. Peripheral nerve injuries in weigth training. The Physician and Sportsmedecine. 2005; 33 (7)24

9. Barlow JC, Benjamin BW, Birt PJ, Hughes CJ. Shoulder strength and range-of-motion characteristics in bodyboulders. J Strength Cond Res. 16 (3) 367-372. 2002

10. Signorile JF, Zink AJ, Swed Sp. A comparative electroyographical investigation of muscle utilization pattern using various hand postions during the lat pull-down. J Strength Cond Res 2002. 16 (4) 539-546

11. Sperandei S, Barros MA, Silvera Junior PC, Oliveira CG. Electromyographic analysis of three different types of lat pull-down. J Strength Cond Res. 2009 Oct;23(7):2033-8.

12. Fees, M.; Decker, T.; Snyder-Mackler y Axe, M.J. (1998). Upper extremity weighttraining modifications for the injured athlete. A clinical perspective. The American Journal of Sports Medicine, 26(6), 732-74

13. Paton ME, Brown JM. Functional differentation within latissimus dorsi.Electromyogr Clin Neurophysiol1995; 35: 301-309.

14. Snyder BJ, Leech JR. Voluntary increase in latissimus dorsi muscle activity during the lat pull-down following expert instruction. J Strength Cond Res. 2009 Nov;23(8):2204-9.

15. Gold G, Pappas GP, Blemker SS, Whalen ST, Campbell G, McAdams TA, Beaulieu CF. Abduction and External Rotation in Shoulder Impingement: An Open MR Study on Healthy Volunteers—Initial ExperienceRadiologySeptember2007244:3815-822

16. Lehman GJ, Buchan DD, Lundy A, Myers N, Nalborczyk A: Variations in muscle activation levels during traditional latissimus dorsi weight training exervises: An experimental study. Dynamic Medicine2004,3:4

17. Lusk SJ, Hale BD, Rusell D. Grip width an forearm orientation effects on muscle activity during the lat pull-down J Srength Cond Res. 2010. jul, 24 (7) 1895-900


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