El Entrenador y su Preparación Mental

El Entrenador y su Preparación Mental

La técnica, la táctica, y la estrategia, sin duda forman parte del quehacer cotidiano del entrenador deportivo. Pero ¿cómo aprovechar estos apartados si herramientas como el liderazgo, la comunicación, y la unión de equipo no están debidamente desarrolladas?

Dicen que ser entrenador deportivo, más que un oficio, muchas veces “es una forma de vida”. Quienes subrayan esta idea la suelen manifestar en que en varias ocasiones “el entrenador es entrenador las 24 horas del día, y toma gran parte de las decisiones (aún con la enorme labor de los asistentes) en soledad”.

Sin temor a equivocarnos, podemos aseverar que estas características (entre otras muy particulares que atraviesan la cotidianeidad del entrenador como estar expuesto al resultado obtenido por su equipo o su atleta semana a semana, escuchar opiniones de su trabajo de todo tipo hechas por personas vinculadas o no a la vida deportiva, etc., etc.) promueven la aparición de estados de ánimo bastante disímiles entre sí.

Ni que hablar si agregamos el hecho de la diferencia que hay entre la activación emocional que muchos tienen entre entrenamiento y competencia. Moraleja: la mente juega un partido permanente en el desarrollo del oficio del entrenador. Entonces, ¿con qué herramientas mentales cuenta el “coach” para enfrentar este desafío?

Si tuviésemos que sintetizar requerimientos concretos en la praxis de un entrenador (de nivel inicial o alto rendimiento, deporte de conjunto o individual, varones o mujeres), lo podríamos hacer de la siguiente manera:

  • qué, cómo y cuándo tomar ciertas decisiones.
  • cómo hacer para que el mensaje llegue claro y preciso a los jugadores (también a dirigentes y padres en muchas oportunidades).
  • qué hacer para que el equipo esté unido.

Cada uno de estos ítems tiene directa relación con conceptos provistos por la Psicología Aplicada al Deporte que definen herramientas específicas:

  • liderazgo
  • comunicación
  • cohesión

Este “triángulo” tiene mucho que ver con el corazón de la función de todo entrenador. ¿Por qué?

Porque liderar es influir, es convencer, es mostrar el camino con ideas y acciones concretas que afirmen la marcha de los jugadores hacia objetivos comunes. La influencia determinante, y no la imposición de órdenes rígidas es lo que posibilita sacar lo mejor de cada pieza sostenidamente a lo largo del tiempo.

Porque comunicar es compartir y debatir ideas, es conocer a quien tengo en frente, es saber que la riqueza del mensaje no radica en lo que envío sino en lo que efectivamente llega.

Finalmente, porque la cohesión es fuerza colectiva al servicio de, es tener en claro los motivos por los cuales se forma parte de un conjunto, es saber que el respeto y el afecto corren por canales que no necesariamente van juntos todo el tiempo pero que tienen que ver con el deseo real de aportar a una meta común.

Bienvenido el conocimiento de la técnica, la táctica, y la estrategia puesto al servicio del entrenamiento de comportamientos deportivos, porque eso es lo que los atletas hacen en la cancha todo el tiempo. Una patada, un saque, un lanzamiento o una recepción dejan de ser meramente gestos cuando entendemos que en ese movimiento siempre hay una carga anímica que está presente. Y precisamente ese hecho nos recuerda la materia de trabajo de todo entrenador: seres humanos.

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