Entrenamiento “funcional” y “core”: revisión de tópicos, mitos, evidencias y nuevas propuestas.

Entrenamiento “funcional” y “core”: revisión de tópicos, mitos, evidencias y nuevas propuestas.

Artículo de próxima aparición

Heredia, J.R.¹ ³ , Peña, G.¹ ³ , Mata, F.¹ ³, Isidro, F.¹, Martín, F.¹⁴, Segarra, V.¹, Martín, M.¹, Edir Da Silva Grigoletto, M. ¹² ³

¹ Instituto Internacional Ciencias Ejercicio Físico y Salud

² Centro de Ciências Biológicas e da Saúde, Universidade Federal de Sergipe (Brasil)

³ Scientific Sport

⁴ Universidad Valencia


Resumen

En la actualidad el sector del fitness se ve influido por una serie de tendencias y propuestas que muestran el enorme interés de usuarios y profesionales por el denominado “entrenamiento funcional” y también por el entrenamiento del denominado “core”.

A este respecto dicho interés predispone a que instauren y arraiguen con fuerza entre dichos usuarios y también entre los profesionales del ámbito del ejercicio físico, la salud y el fitness gran cantidad de tópicos y mitos que obligan a cierto análisis y reflexión.

En el presente artículo serán revisados algunos de estos tópicos y mitos, se mostrarán algunas publicaciones y evidencias al respecto y se mostrarán algunas propuestas que se han ido planteando o bien están en proceso de desarrollo, que buscan establecer criterios muchos más sólidos y rigurosos que permitan superar todas estas limitaciones existentes entorno a estas cuestiones.

Palabras clave: Tendencias, estabilidad, transferencia, programa.

Introducción

La industria del Fitness es un sector en continua metamorfosis y desarrollo. La oferta de programas de actividad física de carácter individual o colectivo es inmensamente variada, y los objetivos pretendidos y públicos que los consumen son aún más heterogéneos. Como en cualquier otro sector cada producto o servicio tiene una vida útil (en términos de rentabilidad económica) determinada, hasta que un nuevo producto más “evolucionado” acaba por eclipsar o fagocitar al anterior. En la última década la industria del Fitness ha desarrollado más productos, equipamientos, servicios y programas que en toda su historia. No obstante, este vertiginoso desarrollo y expansión (que genera tanta riqueza y puestos de trabajo afortunadamente) no viene acompañado siempre del indispensable respaldo y beneplácito científico ni tampoco del reciclaje continuo de los técnicos que desarrollan su labor en este ámbito.

En la actualidad en el sector de fitness existen multitud de “tendencias” en cuanto a propuestas de entrenamiento se refiere. Muchas de estas “tendencias” (Thompson, 2014) en muchas ocasiones atienden más a un determinado “producto” generado para cubrir unas determinadas demandas, fruto de una búsqueda por una oferta más amplia y variada que permita dar un acceso

La cuestión radica, respecto a estas “tendencias” en si las mismas poseen no solo una fundamentación, sino unas bases científicas y evidencias respecto al desarrollo y aplicación de estas propuestas.

A este respecto, dos de las demandas que más interés ha suscitado en los últimos años giran y desarrollan entorno a conceptos que, creemos, necesitan cierta reflexión y revisión debido a la gran cantidad de tópicos y mitos que se han instaurado y se difunden con enorme intensidad entre los usuarios de este tipo de programas y, lo que podría ser más preocupante, entre los propios profesionales. En este artículo abordaremos estás cuestiones, intentaremos plantear algunas reflexiones en base a la información y evidencias existentes actualmente y dejaremos constancias de algunas propuestas sobre las que se lleva tiempo trabajando respecto a estas temáticas.

* Mito, en su acepción cuarta (RAE, 2014) se define como persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.

** Tópico, definido como perteneciente o relativo a la expresión trivial o muy empleada (RAE, 2014)


De esta manera revisaremos el concepto y algunos de los tópicos asociados al denominado “entrenamiento funcional” y “entrenamiento del core”, abordando, principalmente las siguientes cuestiones:

-Entrenamiento y ejercicios “funcionales: ¿realidad o incoherencia?

-Conceptos asociados al “entrenamiento funcional”: “Transferencia”, “movimientos naturales”, “actividades vida diaria”

-¿Core? Análisis y comprensión entorno a la confusión

-Tendencias actuales respecto al entrenamiento del core y propuestas de futuro

Entrenamiento y ejercicios “funcionales”: ¿realidad o incoherencia?

Es curioso con en la actualidad se sigue observando como el pseudo-concepto “entrenamiento funcional” continúa progresando (a pesar de que ya existen publicaciones que invitan a la reflexión entorno a dicho concepto) mientras la información emergente no solo de la propia investigación, sino del adecuado uso del término y concepto permanece relegado a un segundo plano sucumbiendo ante la potente industria del marketing y el interés comercial (Isidro, Heredia, Ramón, Pinsach, 2007; Heredia, Peña, Moral, 2011).

De esta forma, actualmente se puede constatar el hecho de la existencia de una metodología de entrenamiento basada en una hipotética funcionalidad en la que primordialmente se incluyen ejercicios y movimientos considerados funcionales (Colado, Chulvi, Heredia, 2008; Heredia et al, 2011).

Estas propuestas, que han emergido con enorme fuerza en la actualidad, son entendidas en base al desarrollo de movimientos integrados y multiplanares que implican aceleración conjunta, estabilización (incrementando en ocasiones las demandas mediante el empleo de elementos desestabilizadores) y desaceleración, con la intención de mejorar la habilidad del movimiento, de la fuerza de la zona media y la eficiencia neuromuscular. Este desarrollo es justificado en su posible mayor aplicación y “transferencia” para las actividades “cotidianas o diarias” y “actividades naturales” (Isidro et al., 2007; Heredia et al, 2011).

“Transferencia”, “actividades de la vida diaria o cotidiana” y “actividades naturales” son términos que aparecen en la mayoría de los textos (más divulgativos que científicos, dicho sea de paso) consultados. Sin embargo, como veremos en el siguiente apartado, ni son utilizados atendiendo a la propia etimología de la palabra, ni utilizadas en el contexto de un detenido análisis tanto del concepto, como de la propia lógica interna de cuanto implican.

De esta manera etimológicamente, debemos comprender el término “funcional” (RAE, 2014) como lo perteneciente o relativo a las funciones. También cuando es dicho de una obra o de una técnica: eficazmente adecuada a sus fines y encontramos igualmente su utilización cuando se utiliza como perteneciente o relativo a las funciones biológicas o psíquicas (se encuentra, por ejemplo, su empleo en el concepto de “recuperación funcional”).

Es decir, inicialmente, la utilización adecuada del término “funcional” debe suponer el respetar o relacionarse con las funciones para los que está diseñado el sistema psico-biológico humano, de manera eficaz y respetando dichas funciones (es decir intentando no crear situaciones que puedan “atentar contra ellas”). Lo contrario (y aquí podríamos escribir mucho y con gran evidencia en la literatura actual) no podría considerarse funcional (Heredia et al, 2011)].

La primera pregunta pues sería ¿tiene sentido hablar de un entrenamiento “funcional” y otro que “no lo es”? Si estuviésemos haciendo algún entrenamiento que no atendiese a la funcionalidad no podría considerarse entrenamiento para la salud, ni tendría sentido. Todos los entrenamientos, sin excepción, deberían respetar la variable de funcionalidad.

Por tanto, sería una incoherencia diferenciar entre un tipo de entrenamiento o ejercicios funcionales y otros que no lo son (puesto que entonces se perdería el propio sentido del proceso de entrenamiento).Y para que conste (en absoluto dicha variable depende ni de material o implemento alguno, ni de determinado método o tipos de ejercicios (a los que parece que se les otorga tal etiqueta por el mero hecho de poseer determinadas características), simplemente todo “gira” entorno al estado psico-biológico del individuo, a la adecuada valoración y análisis de dicho estado y de las necesidades de dicho sujeto ( respecto a las actividades de la vida diaria y vida diaria laboral), a una adecuada “dosis” de ejercicio en relación a las posibilidades de respuesta a la misma y a garantizar óptimas adaptaciones en relación a criterios de eficacia y funcionalidad.

Con el simple análisis de este término podemos empezar a considerar que pretender “enmascarar” el concepto “funcional” tras una filosofía basada en determinados métodos, tipos de ejercicios, etc…peca por defecto en la propia esencia de su definición.

Conceptos asociados al “entrenamiento funcional”: “Transferencia”, “movimientos naturales”, “actividades vida diaria”

Algunos de los argumentos que son utilizados comúnmente para justificar la filosofía del “entrenamiento funcional”, se basan en una pretendidas y teóricas transferencias (T) a la vida diaria (AVD) y/o laboral (AVDL). Adversamente a lo que ocurre con los estudios sobre los programas de entrenamiento de la fuerza con una orientación fisiológica, no parece existir un nivel tan profundo de producción científica que aborde objetivamente los efectos del entrenamiento basado en propuestas “funcionales” para el desarrollo y la mejora de las diferentes características morfológicas, aptitudes neuromusculares y estatus funcional.

Muchos programas y ejercicios son desarrollados actualmente bajo la denominación de “funcionalidad” y esa supuesta transferencia a las AVD y AVDL de los individuos y ni siquiera han sido analizadas tales actividades a nivel general o de manera más específica según el puesto de trabajo. De esta forma asistimos como a partir del 2007 fueron publicados trabajos que, basados en evidencias desde la investigación en ciencias del ejercicio, ergonomía y prevención de riesgos laborales, establecían relaciones y desarrollaban propuestas en base a estos conceptos (Colado et al, 2008; Heredia et al, 2011). Posteriormente se ha podido observar como en la actualidad se ha desvirtuado todo este trabajo y este planteamiento es utilizado, en ocasiones, como argumento para justificar determinadas prácticas carentes, algunas de ellas, de soporte científico alguno.

A este respecto vemos que uno de los términos asociados al concepto de entrenamiento funcional es el de “transferencia” (T). Volviendo a realizar un análisis etimológico de la palabra, supone: (del latín transferens, -entis, part. act. de transferre, transferir). “Acción y efecto de transferir, que es acto de pasar o llevar algo desde un lugar a otro”.

Considerando que todo entrenamiento buscará como objetivo único lograr el mayor efecto positivo sobre rendimiento específico [16], en este caso sobre la salud y calidad de vida. La T se producirá cuando se estimulan uno o varios factores del rendimiento en la actividad receptora de la T (ángulos en que se aplica la fuerza, tipo/s activación muscular, fase del movimiento y velocidad y lo hará durante el propio ejercicio sin otros requerimientos (González Badillo y Rivas, 2002).

Por otra parte, en numerosas ocasiones algunos de los ejercicios o tareas se basan en movimientos en los que puede existir un déficit de aspectos básicos en lo referente a la higiene postural. Ello tiene vital importancia no solo por cuanto no se realiza atendiendo a unos criterios objetivos en base a un análisis de las, tan nombradas pero escasamente analizadas en las ciencias del ejercicio, actividades de la vida diaria (AVD) y vida diaria laboral (AVDL) sino que muchas de estas acciones articulares o su combinación pueden suponer un elevado riesgo (relación seguridad-eficacia) y que además dicho riesgo demostrado (hay un alto nivel de evidencia al respecto, frente a una escasa o nula nivel de la misma en el sentido contrario) podría verse incrementado en lo que puede suponer el adquirir tales hábitos posturales en su aplicación a dichas AVD y AVDL (Colado et al, 2008; Heredia et al, 2011)

Por tanto, podríamos decir que, en muchas ocasiones, estas propuestas carecen de unos criterios de aplicación y de progresión sobre los que fundamentar el entrenamiento. Por otro lado, no abordan la forma de integrar dicha metodología dentro de los tradicionales programas de acondicionamiento físico saludable, situación que ha supuesto que sea aplicada de forma excluyente y como algo muy específico y que ha desembocado en una aplicación excluyente de esta metodología y de sus ejercicios específicos desde una fase inicial del entrenamiento, pudiendo no resultar tan eficaces como se proclama (Colado et al, 2008; Heredia et al, 2011)

Otro aspecto que parece utilizarse con demasiada ligereza es el de “natural”, asociándose al hecho de que determinadas tareas aplicadas al individuo pueden tener un carácter más “natural” frente a otras que parecen no poseer dichas características. Si buscamos la definición del término “natural” (RAE, 2014), encontramos que podría entenderse atendiendo a las acepciones primera (“como perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas”, es decir será más “natural” aquello que atienda a las propiedades innatas del sistema psico-biológico y sería menos natural aquello que fuese o atentase contra esas propiedades), tercera (“hecho con verdad, sin artificio, mezcla ni composición alguna”, es decir sería más natural aquello que se realiza con el propio sistema psico-biológico y sin utilizar ningún dispositivo) y sexta (“que comúnmente sucede”, es decir sería más natural realizar aquello que suceda de forma más común en la vida de un individuo).

La primera cuestión es que si bien la primera acepción, en su utilización para fundamentar el entrenamiento funcional, podemos considerarla muy adecuada (no será natural o funcional aquello que pudiese no atender a la realidad psico-biológica individual) la segunda posee algunos matices, dado que en algún momento el empleo de implementos o dispositivos pueden suponer (y ello dependerá de unos adecuados criterios para su utilización y no tanto de su mera utilización) una importante y positiva herramienta de ayuda para el logro de objetivos relacionados con la salud (sería como pensar que ante una patología o enfermedad es mucho mejor ser naturales y no recurrir a los avances que nos proporcione la farmacología y nuevamente aquí nos encontramos con la necesidad de poseer criterios adecuados para su utilización) y por último, si nos basamos en la acepción sexta, no parece tener demasiado sentido repetir aquello que es más común en la vida diaria (que podría ser, sencillamente estar sentado) sino que muchas veces puede tener más sentido compensar y preparar para realizar aquello que es más natural en nuestro día a día y, si ello es analizado, muchas veces poco tendrá que ver con la repetición de acciones ya de por si repetidas con alta frecuencia y volumen en nuestro día a día.

Todo esto supone que no existen ejercicios “funcionales” y otros que no los son, de alguna manera todos (cumpliendo con componentes de seguridad y eficacia) lo podrán ser en algún momento de la fase del entrenamiento del sujeto si sirven para generar adaptaciones que redunden en el logro de los objetivos pretendidos (existen “incompresibles” y “acalorados” debate en torno a cuestiones tan sencillas como sensibles respecto a ciertas susceptibilidades con más origen en las creencias que en las evidencias científicas). El problema no es un determinado ejercicio (que, insistimos, no es más que conjunto de acciones articulares organizadas con un objetivo o fin), sino analizar y poseer criterios adecuados para que dicho conjunto de movimientos, organizados en forma de ejercicio cumplan con el objetivo propuesto atendiendo a los criterios de seguridad, eficacia y funcionalidad (en ese momento y para ese individuo determinado).

¿Core? Análisis y comprensión entorno a la confusión

El entrenamiento del denominado “core” ha despertado en la actualidad un gran interés y emergido con fuerza, reclamando el interés por los especialistas en ejercicio físico a fin de encontrar los criterios más precisos y rigurosos para diseñar programas eficaces, seguros y funcionales de entrenamiento del core (Isidro, Heredia, Ramón, Pinsach, 2007; Heredia, Isidro, Chulvi, Mata, 2011)

A este respecto, varias son las cuestiones que reclamarían un análisis más profundo y detallado.

En primer lugar estaría el relacionado con el propio concepto de “core”, su origen y definición, dado que dicho término es ampliamente aceptado y cuyo origen y definición exigiría un meticuloso análisis, pues desde dicha definición surgen los primeros errores en la dimensión y planteamientos entorno al mismo (Borghuis, Hof & Lemmink, 2008; Kibler, Press & Sciascia, 2006; Redd, Ford, Myer & Hewett, 2012)

Tradicionalmente todo lo concerniente al entrenamiento de esta región del tronco y caderas se ha recogido bajo el paraguas del “entrenamiento lumbo-abdominal”, relacionando los objetivos y estímulos con la musculatura relacionada con dicha región. A medida que los años pasaron no solo asistimos a una evolución en las propuestas (posiblemente al tiempo que se iba profundizando en el conocimiento sobre aspectos anatómicos, biomecánicos, neurofisiológicos, etc.) sino también a la necesidad de ampliar el concepto desde el cual se fundamentaban y desarrollaban estas propuestas. No parecía tener mucho sentido relacionar todo cuanto se orientaba a la mejora funcional en la capacidad de estabilizar y movilizar la región lumbopélvica, no solo con unos determinados músculos (que no eran los únicos ni más relevantes) sino mucho menos relacionarlo todo con el componente activo o muscular, ya que los planteamientos y el desarrollo de las propuestas exigían un análisis más profundo y pormenorizado (McGill, 2007; Segarra et al, 2014).

Si acudimos a los tratados anatómicos es imposible encontrar el término asociado a una estructura y esto es debido a que dicho término posee una concepción y enfoque más basado en la “funcionalidad. De igual manera y es algo que también reclama cierta dosis de reflexión, no es sencillo encontrar una definición consensuada y plenamente aceptada a nivel de las distintas áreas de conocimiento científico, lo cual podría ser parte del motivo de la posible ambigüedad y falta de unanimidad entorno a este concepto pese a lo difundido y aceptado del mismo, especialmente en el ámbito del ejercicio físico, la salud y el fitness.

Así pues el denominado “core” no es un concepto puramente anatómico, sino que es un concepto más bien funcional que englobaría aquellas estructuras musculares, osteo-ligamentosas y de control neural relacionadas con la región dorso-lumbar, pelvis y caderas, cuya participación conjunta permite un adecuado y óptimo control de la estabilidad y de la función movilizadora en tareas o movimientos de miembros superiores, inferiores, en tareas o acciones simples o de tipo combinado o secuencial (Kibler., Press, & Sciascia, 2006 Reeves, Narendra, Cholewicki, 2007; Heredia, Chulvi, Isidro, Ramón, 2007; Heredia, Isidro, Peña, Chulvi, Mata, 2010; Heredia, Heredia, peña, Mata, Isidro, Da Silva, in press; Segarra et al., 2014)

El concepto de estabilidad del tronco, hace referencia a la capacidad del cuerpo para mantener o recuperar una posición o trayectoria del tronco cuando este es sometido a fuerzas externas o internas (Zazulak et al, 2007). Por todo ello, cuando se utiliza el término estabilidad raquídea o del core se está haciendo referencia a la estabilidad del raquis lumbar ( complejo lumbo-pélvico) en su conjunto, ya que no se puede hablar sobre la mejora de la “estabilidad” de un músculo, sino sobre su capacidad de activación o contracción para otorgar estabilidad al sistema. Sin embargo, cuando se utiliza el término fuerza central o del core, se está haciendo referencia a la capacidad de un músculo o grupo de músculos para estabilizar el raquis a través de la fuerza contráctil y la presión intra-abdominal (Faries & Greenwood, M, 2007). La fuerza del core es pues sólo un componente integrador y necesario de la estabilidad raquídea o del core, y por tanto relacionado con ésta. De este modo, podemos sugerir que la fuerza central, comandada por el sistema activo y modulada por el sistema neural, es un requisito y una necesidad para la estabilidad del core, y que la estabilidad raquídea o del core es la capacidad de respuesta que presenta el sistema raquídeo de resistir en su zona de seguridad o neutra ante las demandas de movimiento segmentario y ante cualquier perturbación externa (prevista o inesperada) del centro de gravedad de nuestro cuerpo.

El objetivo último del entrenamiento de la estabilidad central en el ámbito de la salud y la rehabilitación es ayudar a prevenir lesiones y conseguir que el sujeto con dolor lumbar pueda realizar todas las actividades de la vida cotidiana sin dolor, mientras que en el ámbito deportivo el objetivo es permitir que el deportista mejore una técnica que pueda influir en el rendimiento. En este sentido Willardson (2007) sugiere que la mejora de la estabilidad central o raquídea proporcionará una base más segura, la cual permitirá una mayor producción y transferencia de fuerza hacia las extremidades superiores e inferiores. Incluso, se ha sugerido que un déficit de fuerza y estabilidad central podría generar una técnica ineficiente y predisponer a lesionarse al deportista (Jeffreys, 2002)

Existen diferentes estudios biomecánicos y epidemiológicos que relacionan el déficit de control neuromuscular del tronco en diferentes direcciones con lesiones a nivel lumbar y de los miembros inferiores en distintas poblaciones (Zazulak et al, 2007; Cholewicki, Simons & Radebold, 2000). De igual manera es sugerido que el desarrollo de la estabilidad del core puede ayudar a mejorar el rendimiento deportivo ya que este es el centro de las cadenas cinéticas que participan en numerosas acciones deportivas (Casto et al, 2013; K ibler et al, 2006) , facilitando la transmisión de las fuerzas generadas por los miembros inferiores hacia los miembros superiores y viceversa (aunque sobre este último aspecto debemos considerar la falta de cierto grado de evidencia y limitaciones para relacionar el entrenamiento del core y la mejora en el rendimiento).

Tendencias actuales respecto al entrenamiento del core y propuestas de futuro

En la actualidad los programas de entrenamiento de core son desarrolladas, principalmente, desde un planteamiento basado en un programa de ejercicios con mayor o menor evidencia respecto a su eficacia para la mejora del acondicionamiento muscular y sobre aspectos relacionados con la estabilidad y control raquídeo. Sin embargo existen algunas limitaciones importantes fruto de las dificultades para medir o valorar dicho control y estabilidad (especialmente con herramientas accesibles a nivel de test de campo), valorar la carga o estímulo de entrenamiento individual y determinar las mejoras a este respecto. Por tanto no solo el control de la dosis entraña algunas dificultades, sino que también el establecer una adecuada programación del entrenamiento.

Desde el 2009 y siguiendo la estela de grupos relevantes a nivel internacional que se desempeñan con gran esfuerzo y dedicación en el ámbito de la investigación en esta área (como la unidad de investigación del Dr. Vera en la UMH), nuestro grupo lleva trabajando entorno a esta problemática de la falta de criterios para la programación del entrenamiento del core, de manera integrada en el programa global de entrenamiento para la mejora de la salud. De esta forma, en el 2010, tras una intensa revisión de la literatura existente (Hodges, 2003; Liebenson, 2004; O´Sullivan, 2006; McGill, 2007) presentamos una propuesta, que se vio modificada en sucesivos años siendo presentadas en la Feria Internacional del Fitness en Madrid (2011 y 2012) y por último en el Simposio Internacional de Fuerza del INEF de Madrid en el 2012. Dicha propuesta consistía en establecer unas fases de entrenamiento atendiendo al objetivo y la metodología utilizada y que se basaba, como hemos dicho, en los principales planteamientos desarrollados por los investigadores más reputados.

Inicialmente esta propuesta de programación:

-Una fase denominada “cognitiva”

-Una fase “asociativa”

-Una fase “integradora”

A partir de ese momento distintos especialistas, métodos y pseudo-métodos o sistemas han venido utilizando, con mayor o menor acierto, esta propuesta en la mayoría de los casos no solo descontextualizándola, sino asumiendo su autoría y desarrollo. En cualquier caso, nuestro grupo está actualmente en disposición de exponer algunas observaciones obtenidas tras un análisis más profundo y el inicio de cierta labor investigadora (la cual verá la luz en próximas publicaciones y que ha sido motivo de no precipitar las conclusiones, más allá de su exposición en determinados foros como los expuestos), a partir de la cual es difícilmente justificable la utilización de fase alguna de entrenamiento del core en el contexto de un programa de entrenamiento global. Posiblemente esto solo sea posible en el marco de un programa de rehabilitación y readaptación en sujetos con problemas raquídeos.

En la actualidad la propuesta está siendo completada y manejará, desde un punto de vista operativo la aplicación de los denominados “bloques específicos de entrenamiento de core” atendiendo a la programación global del entrenamiento, nivel del sujeto y una serie de objetivos que concreten la orientación de dichos bloques específicos, lo que determinará los criterios más adecuados para la selección y progresión de los ejercicios de entrenamiento.

Como hemos indicado esta propuesta, fruto de más de seis años de trabajo, verá la luz en próximas publicaciones (Heredia, Peña, Isidro, Mata, Da Silva, in press) y es un ejemplo de la necesidad de manejar ciertos tiempos para poder llegar a concretar algún tipo de planteamiento o propuesta y de, al mismo tiempo, la enorme precipitación existente en el sector de fitness y, seguramente, influidos por la propia industria y cierta presión económica y de mercado.

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