​Envejecimiento muscular, calidad y expectativa de vida. Cuando lo que importa no es la persona sino su enfermedad. Falsas prioridades...

​Envejecimiento muscular, calidad y expectativa de vida. Cuando lo que importa no es la persona sino su enfermedad. Falsas prioridades...

Atravesar el camino hacia la vejez muestra deterioros en el tejido muscular que generan no solo enfermedades, también discapacidades funcionales que afectan la aptitud para realizar las denominadas actividades de la vida diaria (AVD). Así, el autovalerse comienza a ser cada vez más difícil, comprometiendo las posibilidades de movilizarse debidamente, proveerse el propio alimento, higienizarse en forma independiente, levantarse de la cama o de una silla sin ayuda, todo lo cual deteriora psicológica y emocionalmente a la persona mientras envejece. Estas y otras discapacidades propias de la edad, infelizmente, aumentan el riesgo de caídas, lo que incrementa las comorbilidades pero también la muerte prematura. En este contexto, la demanda en la atención médica se incrementa y por ello el consumo de medicamentos, lo que en la enorme mayoría de los casos no revertirá el cuadro, solo lo mantendrá más o menos estable, aunque deteriorándose aspectos centrales como lo es la independencia funcional.

Muchas drogas que se indican por necesidad a lo largo de la vida tienen un efecto deletéreo sobre el tejido muscular, por lo que tienen todo el potencial para conducir a la persona a la tan temida dependencia para la concreción de las AVD. Como es claramente observable, sobre estos efectos secundarios no se habla y por ello tampoco se protege a través de la advertencia y el ejercicio correcto. Se medica y punto, porque el músculo nunca ha sido una preocupación de los vinculados a las ciencias de la salud en general, salvo para prohibirle algún tipo de exigencia a sus pacientes, especialmente las que enmarcan en el territorio de la fuerza. Gravedad de proscripción, sin hacer el mea culpa aun, valga aclararlo.

Admitiendo que hay una serie de factores que contribuyen a las limitaciones motoras con el envejecimiento, sin duda que entre los más destacados está la reducción en el rendimiento de la musculatura esquelética. En este aspecto, es de resaltarse, como lo señala Janssen y colegas, que uno de los cambios característicos en esta fase de la vida está relacionado con la pérdida de músculo esquelético, patología reconocida como sarcopenia (Janssen I, et al.. Low relative skeletal muscle mass (sarcopenia) in older persons is associated with functional impairment and physical disability. J Am Geriatr Soc 2002).

Resulta de interés señalar que la pérdida de masa muscular también se asocia al deterioro del sistema nervioso vinculado al músculo, esto es, la afectación se da en la unidad motora en su totalidad. En este aspecto debe señalarse que los factores anatómicos están comprometidos, anexados ellos a los fisiológicos, los que juntos acaban por mostrar el deterioro en el rendimiento muscular. Aquí el estilo de vida, la biología y cuestiones del foro psicosocial pueden tener incidencia central en lo que acontezca en la persona. Sin dudas que el nivel de compromiso con el ejercicio y la ingesta nutricional son factores importantes del estilo de vida, como lo destaca Fiatarone y su equipo de trabajo ( Fiatarone MA, et al. Exercise training and nutritional supplementation for physical frailty in very elderly people. N Engl J Med 1994), pero también lo son el deterioro hormonal y la inflamación crónica de bajo grado (Degens H. The role of systemic inflammation in age‐related muscle weakness and wasting. Scand J Med Sci Sports 2010) . Más allá del territorio biológico, factores psicosociales como el miedo a caerse son de enorme trascendencia en la problemática del adulto mayor, señala Trombetti (Trombetti A, et al. Age‐associated declines in muscle mass, strength, power, and physical performance: impact on fear of falling and quality of life. Osteoporos Int 2016) y no menos importante, como lo destaca Buchman y colaboradores, la soledad potencia todos estos temores y agudiza los riesgos, siendo determinante directa e indirecta del rendimiento del músculo esquelético en la tercera edad por la autolimitación que genera. (Buchman AS, et al. Loneliness and the rate of motor decline in old age: the Rush Memory and Aging Project, a community‐based cohort study. BMC Geriatr 2010).

Tal como lo destacan Reid y colegas, las alteraciones fisiológicas (pérdida de unidades motoras, cambios en el tipo de fibra, atrofia) hasta la activación neuromuscular disminuida, afectarán obligadamente la velocidad de desplazamiento y de ejecución, pero especialmente a la fuerza, todo lo cual conduce a la persona a un rendimiento funcional reducido (Reid KF, Fielding RA. Skeletal muscle power: a critical determinant of physical functioning in older adults. Exerc Sport Sci Rev 2012).

De tener presente es que los músculos representan en media el 40% de la masa corporal total en el adulto joven, por lo que es el tejido más grande que poseemos. Debe recordarse aquí que ellos tienen un rol protagónico en el metabolismo de los macronutrientes, estimulando la degradación o síntesis, según las necesidades fisiológicas, de la glucosa, los ácidos grasos y las proteínas. Así, son el sitio principal para la absorción de glucosa, sea esta estimulada por la insulina o por la contracción rítmica de los músculos, sosteniendo de esta manera la glucemia en estado satisfactorio (Otto Buczkowska E, Dworzecki T. The role of skeletal muscle in the regulation of glucose homeostasis. Endokrynol Diabetol Chor Przemiany Materii Wieku Rozw 2003). Pero también tienen control sobre los lípidos circulantes y los almacenados, por lo que cualquier alteración metabólica en el tejido muscular podría provocar patologías como la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico y la obesidad, tal como lo señala Stump y colaboradores (Stump CS,et al. The metabolic syndrome: role of skeletal muscle metabolism. Ann Med 2006). Sumado a lo anterior, debe recordarse la función endocrina del músculo, liberador de las denominadas mioquinas, con importantísima función metabólica en diferentes tejidos, entre otros el páncreas, el hígado, huesos, y el tejido adiposo (Schnyder S, Handschin C. Skeletal muscle as an endocrine organ: PGC‐1alpha, myokines and exercise. Bone 2015).

Viendo la evolución del músculo con el paso de los años, distintos estudios han documentado una manifiesta reducción en el tamaño y número de las fibras musculares, la quellega a un 10-40% a las denominadas tipo II en los ancianos en comparación con la cantidad presente en los adultos jóvenes, afectación que alcanza también negativamente a las células satélite. En contraste, la fibra muscular tipo I se observa prácticamente igual con el envejecimiento (Verdijk LB, Koopman R, Schaart G, Meijer K, Savelberg HH, van Loon LJ. Satellite cell content is specifically reduced in type II skeletal muscle fibers in the elderly. Am J Physiol Endocrinol Metab2007). De acuerdo a lo anterior, debe tenerse presente que la reducción de las fibras tipo II puede provocar una disminución de la fuerza muscular en las personas ancianas y con ello la reducción de la capacidad para la realización de las AVD. Caminar, vestirse, higienizarse, valerse por si mismo, en definitiva, tiene una dependencia directa justamente de las fibras musculares que se pierden y no de las que quedan, las lentas o tipo I.

Reflexionar sobre esto debiera ser un imperativo en muchos profesionales ajenos al ejercicio, de manera de evitar indicar aquellas actividades que suman medicamentos y restan salud, las que agregan incapacidades funcionales y quitan independencia, las que potencian el envejecimiento y consecuente deterioro y reducen la expectativa de vida. Y esto, porque las fibras tipo II o rápidas responden al entrenamiento de la fuerza, la que se mejora incluso con ejercicios que representan la utilización del propio peso corporal. Valga recordar al respecto, que para una persona de edad avanzada el levantarse de la silla puede significar hasta un 80% de su fuerza máxima.

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