Intensidad de la caminata y riesgos de mortalidad

Intensidad de la caminata y riesgos de mortalidad

Intensidad de la caminata y riesgos de mortalidad

Cuando la duración sin intensidad enferma o mata

Jorge Roig (diciembre 2017).

Hay suficiente evidencia que hacer ejercicio físico tiene grandes beneficios sobre la salud. Sin embargo lo que no está claro en muchos prescriptores es que el mismo reclama considerar al menos dos variables que definen su impacto sobre la fisiología humana, la intensidad y la duración.
En verdad, la duración pareciera que ha tenido mejor acogida entre los que indican hacer ejercicio, tal como lo demuestran las tradicionales indicaciones de “camine 30 cuadras por día”, “camine 1 hora todos los días”. Interesantemente, estas dos propuestas no muestran el mismo desafío, porque a pesar de ambas tener implícito el factor tiempo en la primera y explícito en la segunda, la velocidad con que la persona se desplace definirá lo que se demorará en recorrer las 30 cuadras o la distancia hecha en 1 hora. Y esto sí puede ser definitorio de un impacto beneficioso como objetivo de salud a conquistar o, lejos de ello, potenciar alguna enfermedad que se padezca, como veremos.
En un muy importante estudio realizado en la primera década del corriente siglo denominado National Walkers’ Health Study, se buscó las posibles relaciones entre el caminar y la salud en distintos niveles de exigencia, controlados por dosis-respuesta. El mismo dio datos muy clarificadores cuando se asoció la velocidad de la caminata y diferentes enfermedades. Dada la importancia de la información, seguidamente coloco algunos resultados emergentes del seguimiento realizado durante 9,4 años en 38981 personas. Como dato general muy significativo, los mismos mostraron que por cada minuto adicional tardado por milla caminada (o sea, con menor velocidad de desplazamiento, lo que representa al factor intensidad), se incrementaron los riesgos de:

1) mortalidad por todas las causas: 1,8%
2) enfermedades cardiovasculares: 2,4 %
3) cardiopatía isquémica: 2,8%
4) hipertensión cardíaca: 6,2 %
5) diabetes: 6,3 %
6) insuficiencia cardíaca: 6,5%

A lo anterior debe agregársele aun un dato más revelador y preocupante, como es el que dio evidencia que caminar a un ritmo más lento de 24 minutos los 1600 metros (lo que representa recorrer los 100 metros en 1 minuto y medio), tenía un riesgo mayor de 1) mortalidad por todas las causas del 44,3%, 2) padecer enfermedades cardiovasculares un 43,9% y, entre otras más, 3) un 53% mayor de padecer muertes por disrritmias.
Como frutilla del postre para esta última información, las velocidades de desplazamiento en estos casos fue la que incluso al presente se indican y que se expresan en equivalentes metabólicos o MET (3,5ml/kg/min de consumo de oxígeno), la que es de ≥7,5 MET (26,25ml de VO2max/min).
Varios trabajos han documentado la importancia de dosificar por intensidad en virtud a los resultados mostrados a favor de la mejora del estado de salud. Uno de ellos realizado por Williams recientemente, mostró que la mayor intensidad de la marcha, cuando se la ajusta a la distancia, se asocia con una menor prevalencia de diabetes tipo 2, hipertensión e hipercolesterolemia (Williams PT Reduced diabetic, hypertensive, and cholesterol medication use with walking. Med Sci Sports Exerc 40, 2008). En la vereda opuesta, Rasekaba y su equipo mostraron que un ritmo de marcha lento exhibe un peor pronóstico en pacientes con 1) insuficiencia cardíaca, 2) hipertensión pulmonar, 3) enfermedad renal en etapa terminal y 4) después de bypass coronario (Rasekaba T et alThe six-minute walk test: a useful metric for the cardiopulmonary patient. Intern Med J 39, 2009).
Coincidente con lo anterior, Lord y colegas también habían analizado la velocidad de la caminata en las personas de edad avanzada, mostrando que quienes hacen menos de 400 metros durante una prueba de caminata de seis minutos (o sea menos de 1600 metros en 24 minutos) se consideran dentro de poblaciones en mayor riesgo (Lord SR, Menz HB Physiologic, psychologic and health predictors of 6-min walk performance in older people. Arch Phys Med Rehabilitation 2002)
Muy interesantemente, en lo que tanto énfasis se pone respecto de caminar como ejercicio para los portadores de diabetes, el mencionado Estudio Nacional de Salud de Caminantes mostró que el riesgo de muerte por diabetes aumentó significativamente por cada minuto más lento caminado por milla recorrida para todos los pacientes (Physical Activity Guidelines Advisory Committee. Physical Activity Guidelines Advisory Committee Report, 2008. Washington, DC: U.S. Department of Health and Human Services, 2008).
En un trabajo publicado por el reconocido cardiólogo William Haskell y colegas (el inventor de la fórmula de la Frecuencia cardíaca máxima teórica: 220-edad), los autores concluyen, literalmente que “1) para la prevención, la caminata más intensa (o sea, más rápida en la unidad de tiempo) puede reducir el riesgo de enfermedad más allá de la distancia caminada”, y “2) la marcha lenta puede identificar sujetos con riesgo de enfermedad sustancialmente elevado, incluso si hacen ejercicio a los niveles recomendados (Haskell WL, Lee IM, Pate RR, Powell KE, Blair SN et al. (2007) Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Med Sci Sports Exerc 39)
También merece mencionarse acá un trabajo reciente de Williams y Thompson en el cual los autores advierten textualmente: “nuestros resultados sugieren que los beneficios de caminar para la salud pueden ser mayores a un ritmo rápido en comparación con un ritmo más lento. Y agregan que “particularmente importante es que un ritmo más rápido de caminar estuvo asociado con un menor riesgo estadística y clínicamente significativo de mortalidad prematura total. De destacar es que esta mortalidad prematura o temprana es la que se define como antes de los 65 años, demostrando los investigadores que el riesgo aumentó 4,14% por cada minuto más lento en la milla caminada por arriba de los 24 minutos (Williams P, Thompson P. The Relationship of Walking Intensity to Total and Cause-Specific Mortality. Results from the National Walkers’ Health Study, Plos One 2013).
A esta altura cabría preguntar y preguntarse, es la mejor opción la caminata? Será la propuesta de “al menos camine” lo que merece indicarse? Insistir con la caminata en los obesos (necesariamente lentos) y en los viejos (obligadamente enlentecidos), es la propuesta para mejorar la salud y calidad de vida? Y en los portadores de patologías cardiocoronarias o en las metabólicas como la diabetes, seguimos apostando a la caminata según lo visto? Y si aceptáramos que ella puede ser buena, la seguimos indicando por distancia o por tiempo sin vínculo entre las dos variables (o sea distancia-tiempo a velocidad reconocida como aceptable?) Porque en este caso es como prescribir una droga con un objetivo terapéutico pero no se indica la dosis de ella.
En el caso del ejercicio, debe tenerse en claro que la diferencia la marca más la intensidad que la duración y admitamos, que hoy la duración aparece como la regla de oro de las propuestas, el que por cierto está demasiado lejos de ser el de 18 quilates.

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