La Carga de Entrenamiento durante la Pre-Temporada en el Fútbol. Parte II

La Carga de Entrenamiento durante la Pre-Temporada en el Fútbol. Parte II


Continuando con la Parte I de este blog; es pertinente mencionar que tradicionalmente el entrenamiento en el fútbol durante el período precompetitivo ha sido utilizado para realizar una gran cantidad de trabajo físico. Debido a que no hay competencias oficiales y se juegan menos partidos, la cantidad de trabajo físico realizado en esta etapa es la más elevada de todos los períodos de entrenamiento (Heisterberg M et al 2013, Coutts A et al 2009). Los jugadores están expuestos a una mayor cantidad de trabajo, con más sesiones de entrenamiento y, por tanto, con un menor período de recuperación entre sesiones. A esto se suma que la monotonía en la carga implementada tiende a ser la más elevada de todos los períodos de entrenamiento (Coutts A et al 2009), con las complicaciones que esta variable acarrea en cuanto al incremento en los niveles de fatiga (Foster, 1998).


Las condiciones mencionadas se encuentran acompañadas, paradójicamente, con el más alto nivel de desentrenamiento que el futbolista tiene en todo el año, ya que el jugador viene de un período de tiempo en el que no ha entrenado (o lo ha hecho con baja carga). Como si estas condiciones no fueran suficientes, hay estudios que muestran que sobre fines del período competitivo son varios los futbolistas que presentan significativas pérdidas de rendimiento (Morh et al 2002, Krustrup et al 2003), fatiga (Reylli y Ekblom 2005) y signos de overreaching no funcional (Heisterberg M et al 2013, Ekstrand J et al 2004). En este escenario, es probable que el jugador comience el perído pre-competitivo arrastrando una pérdida de capacidad funcional desde la última etapa del torneo anterior (Morh et al 2002, Krustrup et al 2003, Reylli y Ekblom 2005, Heisterberg M et al 2013, Ekstrand J et al 2004) sumado el desentrenamiento causado por el perído de transición. Se genera así un cuadro complejo, claro, “en la medida que el pensamiento del staff técnico dicte que los jugadores están bien - por que vienen de descansar-”.


En la situación descripta coinciden una baja capacidad de rendimiento funcional y el comienzo de un período de entrenamiento en el que las “costumbres dictan” que la carga de trabajo físico debe ser elevada. Por tanto, me gustaría marcar aquí dos cuestiones simples, que en base a mi experiencia, no son frecuentemente consideradas a la hora de programar la carga de trabajo en este período.


La primera: todos sabemos que una baja o moderada carga externa de trabajo (medida por volumen, intensidad, frecuencia, series, repeticiones, densidad, duración, etc.) en sujetos que se encuentran en el estado desentrenado promueve un mayor estrés fisiológico y una mayor respuesta adaptativa que la promovida por la misma carga externa cuando el sujeto ya ha entrenado y por tanto ha elevado su rendimiento físico. La segunda: es claro que los procesos de reparación tisular post-carga de trabajo son más lentos cuando los sujetos, en este caso los jugadores, se encuentran en el estado desentrenado (Shortreed K et al, 2008).


Por tanto, es lógico pensar que con una carga de entrenamiento no “tan” elevada se pueden lograr buenas respuestas adaptativas. Además el jugador puede recuperarse para seguir entrenando de modo óptimo y el rendimiento, en la medida que la fatiga aguda disminuya, debería incrementarse. La disminución en los niveles de fatiga y el incremento en el rendimiento son las dos bases más sólidas para el posterior progreso en la carga de trabajo, no lo duden.


Sin embargo estos hechos, que son muy simples y que todos comprendemos, contrastan con la realidad a la hora de la ejecución de cargas de entrenamiento durante las primeras semanas de pretemporada. En qué me baso para plantear esto?, muy simple. Comparen el tiempo de entrenamiento, el número de sesiones, la carga externa de trabajo y la carga fisiológica interna de la primer quincena del período precompetitivo, por ejemplo, con las obtenidas a la mitad del torneo, momento en el que el futbolista posee su mayor nivel de rendimiento físico (Krustrup et al 2003, Aziz et al 2006), y ni hablar si comparamos variables hematoquímicas. Lo que econtrarán, seguramente, es que con el jugador en su más bajo nivel de adaptación funcional se coloca la mayor carga, y con el jugador en el estado de forma competitiva la carga recibida es notablemente inferior. Por tanto, existe aquí una falta de correlato, entre el nivel de adaptación fisiológica con la magnitud de carga recibida.


Tal vez, algún lector se esté preguntando si es que el estado de forma deportiva logrado en la mitad del torneo no es el resultado de la elevada carga de trabajo ejecutada durante la pretemporada, previa supercomensación (claro está) y, que la carga del período competitivo es más baja por que con ella sólo debe mantenerse la forma deportiva lograda como resultado del trabajo de pretemporada. Pero como veremos en la Parte III de este blog, los procesos de adaptación biológica frente a los cambios en la carga de entrenamiento (sean de incremento o de disminución) son muchísimo más veloces de lo que esta justificación sostiene.


En la literatura está documentado como la falta de concordancia entre la capacidad de absorber carga por parte del jugador con la carga recibida termina promoviendo un overreaching no funcional e incrementando los riesgos de daño tisular y lesiones (Ekstrand J et al 2004, Reinke S et al 2009). Kraemer y asociados en 2004 reportaron que los futbolistas que ingresaban al período competitivo con síntomas de overreaching experimentaban una disminución del rendimiento en la capacidad de sprint, salto vertical y fuerza de los miembros inferiores en la etapa competitiva. Además Sampietro (2012) en un excelente trabajo de revisión, ha reportado claramente como en el período precompetitivo existe una mayor cantidad de lesiones por sobreuso respecto al período competitivo, lo cual se asocia claramente al incremento en la carga de trabajo y, que la cantidad más alta de lesiones traumáticas producidas en partidos se genera a inicios del torneo. Esto sugiere no sólo problemas de tapering, sino que los jugadores llegan con elevados niveles de fatiga al inicio del torneo causado por la carga de trabajo de la etapa anterior que tiende a ser excesiva, y al mismo tiempo, inespecífica ya que la falta del control motor que habitualmente causa este tipo de lesiones no sólo se deben a la fatiga acumulada sino también a una insuficiente ejecución de tareas de entrenamiento relacionadas con el juego durante la etapa pre-competitiva.


En la parte tercera y última parte de este Blog, se describirán cuáles pueden ser las posibles causas de la elevada carga que se coloca en el período precompetitivo, se analizarán sus justificaciones, y también serán brindadas algunas estrategias que pueden utilizarse en la pretemporada para evitar un exceso de carga de trabajo, disminuir la fatiga, y lograr un acondicionamiento fisiológico más específico en función de la demanda física que exige la competencia en el fútbol actual.


REFERENCIAS


Aziz A, Tan F, Teh K. Variation in selected fitness attributes of professional soccer players during a league season. In Science and Football V. Edited by Thomas Reilly, Jan Cabri and Duarte Araújo. The proceedings of the Fifth World Congress on Science and Football. Routledge, New York, 2006.

Coutts A, Sirotic A, Catterick C, Knowles H. Monitoring training loads in proffesional rugby league. In Thomas Reilly and Feza Kokusuz (Ed). Science and Football VI. The proceedings of the sixth world congress on science and football. Routledge, New York, 2009.

Ekstrand J, Waldén M, Hagglund M (2004). A congested football calendar and the wellbeing of players: correlation between match exposure of European footballers before the World Cup 2002 and their injuries and performance duirng that World Cup. Br J Sports Med 38: 493-497.

Foster C (1998). Monitoring training in athletes with reference to overtraining syndrome. Med Sci Sports Exerc; 30(7):1164-1168.

Heisterberg M, Fahrenkrug J, Krustrup P, Storskov A, Kjaer M, Andersen L (2013). Extensive monitoring through multiple blood samples in professional soccer players. J Strength & Cond Res, Ahead of Print

Kraemer WJ, Frencj D, Paxton N, Hakkinen K, Volek J, Sebastianelli W, Putukian M, Newton R, Rubin M, Gómez A, Vescovi J, Ratamess N, Fleck, Lynch J and Knuttgen H (2004). Changes in exercise performance and hormonal concentrations over a big ten soccer season in starters and nonstarters. J Strength & Cond Res, 18, 121-128.

Krustrup P, Mohr m, Amstrup T, Rysgaard T, Johansen J, Steensberg A, Pdederse PK, Bangsbo J (2003). The yo-yo intermittent recovery test: physiological response, reliability, and validity. Med Sci Sports Exerc; 35(4):697-705.

Mohr M., Krustrup P, J. Bangsbo (2002). Seasonal changes in physiological parameters of elite soccer players. Med. Sci. Sports Exerc. 36:24.

Reinke S, Karhausen T, Doehner W, Taylor W, Hottenrott K, Duda G, Reinke P, Volk H, and Anker S (2009). The influence of recovery and training phases on body composition, peripheral vascular function and immune system of professional soccer players. PLoS ONE 4(3).

Sampietro M (2012). Epidemiología y entrenamiento de prevención de lesiones en el fútbol. Material principal G-SE. Curso de Posgrado de Entrenamiento en Fútbol.

Shortreed K, Johnston A, Hawke T. Satellite cells and muscle repair. In Peter M. Tiidus (Ed). Skeletal muscle damage and repair. Human Kinetics, Champaign, 2008.

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