La irisina no quiere caminar. Información para los caminantes (y especialmente para los prescriptores)

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Que el músculo es mucho más que un tejido contráctil ha sido largamente demostrado por la ciencia, y en estas últimas dos décadas especialmente. Numerosos estudios han dado evidencia de su rol como órgano endocrino, con producción y liberación de diferentes moléculas reconocidas como mioquinas. De estas las hay con función autocrina, paracrina, y endocrina, por lo que se la reconoce como hormonas. Muchas de ellas son un especial objeto de investigación por su rol en la salud y también sobre el rendimiento deportivo, entre las cuales se encuentra la irisina (IRI). Esta molécula en verdad es una adipomioquina, porque también la produce el adipocito.

Al analizar la producción y liberación de IRI por el tejido muscular, varios trabajos de investigación destacan su aparición cuando el nivel de ATP muscular disminuye, permaneciendo sin cambios cuando el mismo no se altera en su homeostasis (Huh, J. Y., et al. (2012). FNDC5 and irisin in humans: I. predictors of circulating concentrations in serum and plasma and II. mRNA expression and circulating concentrations in response to weight loss and exercise. Metabolism 61). Se ha dado evidencia, en este punto, que los estímulos agudos son disparadores de la producción de esta mioquina pero no así los suaves, como lo destacan Fox y colegas recientemente en un meta-análisis (Fox, J., et al. (2018). Effect of an acute exercise bout on immediate post-exercise irisin concentration in adults: a meta-analysis. Scand. J. Med. Sci. Sports 28).

Respecto de lo anterior, es de interés considerar que las razones por las que el ATP se reduce frente a ciertos esfuerzos son debido a que la tasa de gasto del mismo es bastante superior al de su resíntesis. Bajo estas circunstancias, se gasta más del que se repone y ello acarrea la acumulación de ADP y AMP, lo que tiene una muy significativa importancia en el contexto en el que nos estamos explayando. Y esto porque tal como lo define Bell y su equipo de trabajo, la disminución de ATP refleja un momento de alta demanda metabólica que bien puede ser la señal inicial que estimula la secreción de IRI en función de su rol en la defensa de la homeostasis de ATP muscular durante el ejercicio (Bell, M. A., et al. (2016). Influence of endurance and sprinting exercise on plasma adiponectin, leptin and irisin concentrations in racing Greyhounds and sled dogs. Aust. Vet. J. 94).

En un trabajo reciente de Tsuchiya y colaboradores, los investigadores documentan que

el entrenamiento de fuerza, al mejorar la masa muscular de forma más eficaz, promueve mejor la secreción de IRI que la ejercitación aeróbica, incluso aun más que un trabajo de tipo concurrente (Tsuchiya, Y., et al. (2015). Resistance exercise induces a greater irisin response than endurance exercise. Metabolism 64).

De destacar que un trabajo anterior de Tsuchiya también da evidencias de que el ejercicio de alta intensidad causa una mayor respuesta de IRI en comparación con el ejercicio de baja intensidad con un consumo de energía similar (Tsuchiya, Y., et al. (2014). High-intensity exercise causes greater irisin response compared with low-intensity exercise under similar energy consumption. Tohoku J. Exp. Med. 233).

En línea con esto, Fatouros documenta en un documento reciente que los ejercicios de intensidad elevada y/o duración adecuadas representan potentes estímulos para la liberación de IRI (Fatouros, I. G. (2018). Is irisin the new player in exercise-induced adaptations or not? A 2017 update. Clin. Chem. Lab. Med. 56).

Un dato de alto interés respecto a esta mioquina y su secreción aumentada, es que el ejercicio crónico parece favorecer su secreción, pero no en todas las personas. Por ejemplo, 6 semanas de ciclismo intenso promovieron la expresión de FNDC5 muscular, responsable ésta proteína de la liberación de IRI por su proteólisis, en un 30% en sujetos de edad avanzada, pero no pasó ello en sujetos jóvenes ( Timmons, J. A., et al. (2012). Is irisin a human exercise gene? Nature 488). Y esto se evidenció también en adultos mayores que la aumentaron con una intensidad moderada de un programa de entrenamiento aeróbico, pero lo mismo no se evidenció en los jóvenes (Gmiat, A et al. (2017). Changes in pro-inflammatory markers and leucine concentrations in response to Nordic Walking training combined with vitamin D supplementation in elderly women. Biogerontology 18). Lo anterior parece dar muestras de que la IRI puede ser selectiva en la población frente al ejercicio crónico. Interesantemente en este punto, pareciera ser que las personas obesas, los ancianos y los pacientes con disfunción metabólica pueden ser más sensibles al ejercicio crónico que los jóvenes (Albrecht, E., et al. (2020). Irisin: still chasing shadows. Mol. Metab. 34).

Para finalizar acá, es necesario insistir que la intensidad del ejercicio es un factor importante que afecta la dinámica metabólica y las concentraciones de IRI circulante, como se dijo. Así, que aumenten las concentraciones de ADP y AMP es esencial por cuando estos señalizan la AMPK, camino esencial en procura de la FNDC5, liberadora de la IRI. Justamente los productos degradativos del ATP mencionados se acumulan a altas tasas de gasto energético sin una concomitante tasa de resíntesis de ellos, como se dijo antes. Y sos esos subproductos de la degradación del ATP los que señalizan la AMPK.

No menos relevante es considerar aquí cuáles son las fibras musculares capaces de activarse a alta demanda energética (de facto será glucolítica ésta) dentro del territorio metabólico oxidativo, especialmente. En función a esto último, analizar qué tasa energética tiene la caminata quizás sirva, al estado actual del conocimiento científico, para ver si esa forma de actividad física es capaz de generar significativa liberación de IRI con algún fin. Y ello porque si no lo tiene, no estará en línea con los conocidos efectos que tiene la IRI sobre la reducción de la grasa corporal, el incremento de la biogénesis mitocondrial y sobre la angiogénesis, en la hipertensión, la enfermedad vascular, la inflamación crónica de bajo grado, la esteatosis hepática, la enfermedad metabólica, y algunas otras más.Para reflexionar…

 

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