La obesidad de peso normal. O cuando lo normal es sinónimo potencial de enfermedad

La obesidad de peso normal.  O cuando lo normal es sinónimo potencial de enfermedad

Durante mucho tiempo se ha sostenido que el problema de varias enfermedades tenía su origen en el exceso del peso corporal (PC), toda una manifestación tan contundente desde diferentes territorios de las ciencias vinculadas a la salud que prácticamente se instaló como una verdad que no dejó espacios para otra maniobra que no fuera la de atacar al excedente del peso mostrado por una báscula. Desde aquí, siempre el camino apuntó a la ecuación calórica intentando desequilibrarla negativamente de manera de que lo que entre energéticamente sea inferior a la pérdida como la estrategia correcta para alterar hacia abajo el número en la balanza. Lamentablemente para complicar más la situación, el tan famoso índice de masa corporal (IMC), definido por la ecuación que divide el PC por la altura al cuadrado (PC/H2) y ese valor cotejarlo con los que definen desde el bajo peso hasta la obesidad, trajo un problema agregado al dato ya que el mismo no distingue grasa de músculo, por lo que no puede inferirse que refleje salud o riesgo de perderla de cara a alguna patología. Y ello porque puede tenerse poco músculo y mucha grasa o al revés, y sin embargo estar expresando desde salud hasta enfermedad en dos personas con igual PC pero diferente composición corporal. El problema de la consideración del índice se agrava especialmente cuando el PC se aprecia relativamente “normal”, pero hay exceso de grasa y déficit de tejido muscular. Y aquí está puesto justamente el acento en cuanto a las investigaciones recientes, como veremos. Relativamente a esto último expresado, desde hace algún tiempo ha aparecido un nuevo concepto en el entorno de la salud asociado al peso corporal y es el de obesidad de peso normal (OPN). Como es sabido, un exceso de tejido adiposo se ha asociado con numerosas comorbilidades y procesos fisiopatológicos, entre lo que se destaca la resistencia a la insulina, la dislipemia y la disfunción endotelial, para citar algunas (American Heart Association Scientific Statement on Obesity and Heart Disease from the Obesity Committee of the Council on Nutrition, Physical Activity, and Metabolism. Circulation. 2006). Al respecto, hay líneas de investigación trabajando últimamente en la hipótesis de que las personas con OPN tienen asociado a esa condición la prevalencia del sindrome metabólico así como un mayor riesgo de desregulación cardiometabólica y, con ello, una mayor probabilidad demortalidad en comparación con los sujetos de peso normal con contenido graso normal a bajo. Respecto a esto último se ha expresado Romero-Corral y colegas documentando un incremento de la mortalidad en mujeres que reunían un IMC normal pero un porcentual de grasa corporal superior a 30% (Romero-Corral A, et al. Normal weight obesity, a risk factor for cardiometabolic dysregulation and cardiovascular mortality. Eur Heart J. 2010).

Recientemente interesantes trabajos de investigación han puesto el ojo en el músculo esquelético por ser un verdadero órgano de secreción interna del cual y producto de la contracción, se liberan varias proteínas definidas como mioquinas. Una de ellas, denominada Irisina, la que también se libera desde los adipocitos, ha sido especialmente estudiada por su vínculo en la señalización de la proteína PGC-1α, la que está plenamente reconocida en el proceso de activación de la biogénesis mitocondrial y el metabolismo en ella. Dado que la mitocondria tiene un rol protagónico en la degradación de los ácidos grasos, se esperaba que la Irisina favoreciera la beta-oxidación y de esta manera ayudara al control del excedente de ese tejido. En línea con estas investigaciones, recientemente se ha mostrado que los niveles de Irisina se asociaron significativa e inversamente correlacionada con la aparición de diabetes tipo 2 (hoi Y-K, et al. Serum irisin levels in new-onset type 2 diabetes. Diabetes Res Clin Pract. 2013). Y también se documentó un vínculo con la inflamación y el estrés oxidativo, algo que se ha propuesto que participan en la resistencia a la insulina, como lo expresan Gratas-Delamarche y colegas (Gratas-Delamarche A, et al. Physical inactivity, insulin resistance, and the oxidative-inflammatory loop. Free Radic Res. 2014).

Es para resaltar que los hallazgos actuales están mostrando un nivel de circulación mayor de Irisina en los sujetos que presentan OPN cuando estos son comparados con los controles que presentaban PC normal y grasa menor al 30%. Así y en este En este contexto, interesantemente también Saleh y su equipo de investigación encontraron un aumento significativo del nivel de Irisina en mujeres obesas y con sobrepeso en comparación con las de peso normal (Saleh O, Majeed M, Oreaby G. Descriptive consideration of serum irisin levels various factors, obesity, type 2 diabetes mellitus, pre-diabetic status, gender, and athletics. J Diabetes Metab. 2014). En concordancia con lo anterior también Mehrabian y su equipo se manifiestan documentando que en los sujetos que tenían un rango normal de IMC y un mayor porcentaje de grasa, o sea los OPN, el nivel sérico de Irisina se mostró significativamente mayor que los controles (Mehrabian et al. Journal of Diabetes & Metabolic Disorders 2016).

Dado que la Irisina se observa alta en los sujetos con obesidad, pero también en patologías como la resistencia a la insulina y la diabetes tipo dos, se piensa en un potencial mecanismo de resistencia a la Irisina en razón de que la reducción del tejido graso muestra una disminución de los niveles séricos de esta mioquina/adipoquina. Y este parece ser un punto central en la cuestión, porque al ser producida por los adipocitos también, cualquier alteración positiva del tejido graso podría ser un camino para mostrar a la Irisina más elevada aunque la persona muestre un PC normal.

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