Lesiones del Entrenador Deportivo

Lesiones del Entrenador Deportivo

La lesión del Entrenador no tiene precisamente que ver con una luxación de hombro, o una fractura de tibia y peroné. No obstante, los conductores también pueden sufrir la imposibilidad de realizar su trabajo en plenitud por ciertas “inhabilitaciones” parciales o totales, transitorias o permanentes.

La lesión forma parte de la vida deportiva. Miles de deportistas han pasado por la experiencia de la lesión, por la imposibilidad de jugar, de practicar aquello que los apasiona y que muchas veces además es su medio de vida.

Rodillas, hombros, muñecas, tobillos, huesos, músculos, tendones, meniscos… todo se puede lesionar. Algunos cuadros son pasajeros y leves, otros duraderos y severos.

¿Y los entrenadores? ¿Se lesionan?

Nuestra Ciencia Aplicada, es decir, la Psicología del Deporte, nos muestra que no solamente el cuerpo puede lesionarse, sino la mente también. Y cuando se hace referencia a “lo mental”, no estamos hablando de un tumor cerebral o un accidente cerebrovascular.

Estamos haciendo referencia a modos de pensar y de sentir del entrenador, que indudablemente determinan su modo de actuar, de hacer.

Describamos la definición de lesión para enumerar algunas situaciones puntuales a continuación: daño parcial o total, transitorio o permanente, que impide el normal desenvolvimiento de una tarea.

  • ¿Acaso un entrenador agotado no está lesionado entonces?
  • ¿Y uno que se siente abandonado?
  • ¿O el que es culpado todo el tiempo?
  • ¿Qué decir por lo tanto de los entrenadores que se perciben derrotados e ignorados?

Subrayamos estos estados ya que un entrenador lesionado puede convertirse perfectamente en un entrenador que lesiona. ¿De qué manera? Entendiendo que el agotamiento, abandono, culpa, derrota, o indiferencia puede favorecer:

  • La despreocupación en el desarrollo del rol de entrenador.
  • El castigo innecesario con sus dirigidos.
  • La sobre-exigencia desmedida en cargas de entrenamiento y demandas en situaciones de competencia.
  • La ausencia de imparcialidad y equidad en el trato con todos.
  • El fanatismo en el ejercicio de su función.

Conclusión: la flexibilidad cognitiva para pensar y la regulación emocional para sentir pueden convertirse en potentes medidas preventivas para actuaciones como líderes de conjunto sólidas y sanas.

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