Los jugadores están motivados

Los jugadores están motivados

Todos los entrenadores quieren que sus deportistas tengan un alto nivel de motivación no solamente para competir, sino para entrenar todos los días. Sin embargo, es muy frecuente escuchar cómo los planteles en general y algunos jugadores en particular oscilan varias veces durante la temporada en relación a esta faceta mental. ¿Qué condiciona la motivación? ¿Cansancio, participación en los juegos, nivel de rendimiento, resultados deportivos? Y en el extremo opuesto del planteo, ¿qué potencia a la motivación? ¿la instancia del campeonato? ¿la camiseta que se viste? ¿la retribución económica que se percibe a cambio?

Todos estos factores, tanto los que se describen en el primer grupo como en el segundo, pueden afectar el nivel de motivación en un sentido o en otro. Pero ninguno de ellos es condición sine qua non para que aquella se modifique sí o sí.

Por este motivo, es pertinente en primer término, ofrecer una definición: "motivación es la direccción e intensidad del esfuerzo". Esfuerzo entendido como la conducta del individuo, o de un colectivo humano.

A partir de esta noción, podemos describir dos ejes fundamentales para entender la motivación de un deportista (y de un equipo): la edad de los atletas, y la orientación motivacional.

El primer eje tiene que ver con comprender para qué juega una persona desde que nace, y hasta que se convierte en un jóven. Así, podríamos enumerar tres estadíos diferentes:

- Desde el nacimiento y aproximadamente hasta los 6 años, el sujeto juega para experimentar la sensación lúdica asociada a la actividad. Juega para divertirse predominantemente.

- A partir de los 6 años y aproximadamente hasta los 13 años, juega para compararse socialmente con su par, ver quién lo hace mejor. Juega para ganar predominantemente.

- Desde los 14 años aproximadamente en adelante, juega para incorporar habilidades y perfeccionar las ya adquiridas. Juega para aprender y crecer predominantemente.

El segundo eje se estructura alrededor de la orientación de la motivación, pudiendo ser:

- Interna: el factor motivacional gira en torno a la ejecución de la actividad, a la percepción de sentirse competente.

- Externa: el factor motivacional gira en torno al reconocimiento ajeno en relación al logro.

El sentido de especificar estos puntos se asocian al concepto planteado inicialmente como definición. Para motivar a una persona, a un equipo, o auto-motivarse, debemos tener en claro, ante todo, para qué está haciendo esto, es decir, cuáles son los objetivos de realizar esta actividad; en segundo lugar, cuál es el nivel de energía disponible, y finalmente, determinar si está más atento al crecimiento en relación a la tarea o al premio externo por el resultado de la tarea.

Debemos subrayar especialmente la idea de objetivos. ¿Quién puede estar motivado si no sabe a dónde se dirige su esfuerzo? Por eso, recapitulando la distinción entre rendimiento y resultado de blogs anteriores, mencionamos que en el caso de equipos deportivos, los componentes motivacionales que no deberían faltar son los siguientes:

- Objetivos individuales de rendimiento.

- Objetivos individuales de resultado.

- Objetivos colectivos de rendimiento.

- Objetivos colectivos de resultado.

Una vez más arribamos a la certeza de que la variable mental psico-deportiva, en este caso la motivación, se entrena. Los encargados de hacerlo, somos quienes acompañamos la experiencia deportiva del atleta a lo largo del tiempo.


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