Los que responden bien al entrenamiento de la fuerza hipertrófica también tienden a perder más masa muscular y fuerza durante el desentrenamiento que los que responden poco.

Los que responden bien al entrenamiento de la fuerza hipertrófica también tienden a perder más masa muscular y fuerza durante el desentrenamiento que los que responden poco.
 

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El entrenamiento de la fuerza induce adaptaciones en el sistema neuromuscular. Sin embargo, la magnitud de las adaptaciones específicas entre individuos varía notablemente. La diferente capacidad de respuesta de los seres humanos se observó por primera vez (Sheldon 1954) en 1954, cuando se descubrió que las personas con diferentes físicos tenían diferentes habilidades para obtener adaptaciones morfológicas en respuesta al entrenamiento. Estas respuestas pueden verse afectadas por el sexo, la edad, el historial de entrenamiento, el nivel de actividad física y el estado endocrino (Deschenes 2002). Sin embargo, los datos del estudio HERITAGE presentan que la edad, el género y la raza tienen sólo un impacto menor sobre las diferencias interindividuales en las respuestas al entrenamiento. Por otro lado, el historial de entrenamiento, el entorno y los factores genéticos pueden tener una mayor influencia sobre la magnitud de las adaptaciones (Bickel 2011).

Se ha demostrado que el entrenamiento de la fuerza induce adaptaciones de varias escalas (Ahtiainen 2016, Hubal 2005). En el estudio más grande hasta la fecha con un número total de 585 sujetos, 232 sujetos mostraron aumentos en el corte transversal (CSA) de los músculos flexores del codo entrenados entre el 15 y el 25%, 10 sujetos ganaron más del 40% y 36 sujetos ganaron menos del 5% (Hubal 2005). También hubo altos rangos en las ganancias de fuerza. Se puede concluir que existe una gran variación en la capacidad de respuesta a un determinado estímulo. Además, Ahtiainen y cols. (2016) encontraron una variación interindividual considerable (n = 287) tanto en el tamaño de los músculos como en las adaptaciones de la fuerza. Algunas personas respondieron favorablemente ganando tamaño muscular pero no fuerza, mientras que otras respondieron en fuerza pero no en tamaño. También señalaron que el 30% de los sujetos respondían poco a la hipertrofia de la parte inferior del cuerpo, pero sólo el 7% respondían poco a las adaptaciones de la fuerza. Es más común tener una respuesta baja al tamaño de los músculos que a la fuerza de los músculos (Ahtiainen 2016).

El tejido del músculo esquelético tiene una plasticidad extraordinaria y puede adaptarse a estados variables de actividad neuromuscular. Se puede reajustar al estrés fisiológico reducido durante un uso reducido de los músculos (Mujika 2001). El desentrenamiento es la fase en la que los sujetos no entrenan. Durante el desentrenamiento, la disminución de la fuerza muscular se explica por adaptaciones neuronales y musculares causadas por el período de inactividad (Hakkinen 1983). Hakkinen y cols. (1985) informaron que después de 24 semanas de entrenamiento de la fuerza, un período de desentrenamiento de 12 semanas condujo a una gran disminución de la fuerza máxima, y las disminuciones de la fuerza individual se correlacionaron con las disminuciones individuales en la electromiografía integrada máxima (iEMG) de los músculos extensores de las piernas. Parece que los principiantes pueden mantener su fuerza máxima sin entrenar hasta 2 o 3 semanas y que el desentrenamiento a corto plazo conducirá sólo a cambios menores, mientras que el desentrenamiento prolongado también resultó en atrofia muscular y una mayor disminución de la fuerza (Hakkinen 2000). Además, 4 semanas de desentrenamiento pueden inducir mayores disminuciones en la producción de potencia muscular que en la fuerza máxima después de 16 semanas de entrenamiento de la fuerza (Izquierdo 2007). Después de 60 días de entrenamiento de la fuerza unilateral, 40 días de desentrenamiento condujeron a disminuciones en el CSA muscular, en la iEMG muscular máxima y en la fuerza voluntaria máxima con un curso de tiempo aproximadamente similar en comparación con el período de entrenamiento. Además, la cinética de los cambios en el CSA, la fuerza y el impulso neuronal durante el entrenamiento y el desentrenamiento parecen bastante similares (Narici 1989).

Los hombres entrenados en fuerza pueden retener la fuerza y la masa muscular durante un período de desentrenamiento de 2 semanas (Hwang 2017). El desentrenamiento a corto plazo puede afectar específicamente la fuerza excéntrica y el tamaño de las fibras musculares tipo II, dejando sin influencia otros aspectos del rendimiento neuromuscular (Hortobagyi 1993). El CSA de la fibra muscular disminuye rápidamente en atletas de fuerza y de velocidad (Mujika 2001). En general, el rendimiento de la fuerza se puede retener durante hasta 3-4 semanas de inactividad, pero la fuerza excéntrica y la potencia específica del deporte de los atletas altamente entrenados pueden sufrir disminuciones significativas (Mujika 2001). Es posible que diferentes respondedores reaccionen de manera diferente a una fase de desentrenamiento.

Se podría concluir que los seres humanos pueden responder de manera bastante individual al entrenamiento de la fuerza. Sin embargo, se sabe menos sobre las adaptaciones de los respondedores a la siguiente fase de desentrenamiento.

Recientemente, Aapo Rantil de la University of Jyvaskyla (Finlandia), llevó a cabo un estudio al respecto, cuyo propósito fue investigar si se podían observar subgrupos de diferentes respondedores individuales sobre la hipertrofia muscular y la fuerza durante 10 semanas de entrenamiento progresivo de la fuerza hipertrófica y cómo se comportarían esos diferentes respondedores durante la fase de desentrenamiento después del período de entrenamiento.

Diez semanas de entrenamiento de la fuerza fueron seguidas por 6 semanas de desentrenamiento en hombres (n = 24). Una máxima repetición (1MR) del press de piernas bilateral (LP) y electromiografía máxima (EMG) del vasto lateral (VL) y vasto interno (VM), activación voluntaria máxima (VA), estimulación magnética transcraneal para excitabilidad corticoespinal (CE), corte transversal del VL (VLCSA), las concentraciones de hormonas séricas seleccionadas, se midieron antes y repetidamente durante el entrenamiento y el desentrenamiento.

En el grupo total, el VLCSA aumentó en un 10.7% (p = 0.025) y el LP 1MR en un 16.3% (p <0.0001) después del entrenamiento. Los sujetos se dividieron en 3 grupos de acuerdo con los aumentos en el VLCSA: respondedores altos (HR) 15% (n = 10), respondedores medios (MR) 15-4.5% (n = 7) y respondedores bajos (LR), 4.5% (n = 7). El CSA del VL en HR y MR aumentó estadísticamente de manera significativa desde antes hasta después del entrenamiento, pero no en LR. Sólo el grupo HR aumentó el LP 1MR de forma estadísticamente significativa desde antes hasta después. La actividad EMG máxima aumentó un 21.3±22.9% desde el pre-entrenamiento hasta el post-entrenamiento para el grupo total (p = 0.009) y para el grupo MR (p <0.001). No se produjeron cambios significativos en la VA y en la CE ni en las concentraciones séricas de hormonas. Durante el desentrenamiento, el grupo HR mostró una disminución del -10.5% en el VLCSA, mientras que los grupos MR y LR no lo hicieron. Ninguno de los subgrupos disminuyó la fuerza máxima durante las primeras 3 semanas de desentrenamiento, mientras que el grupo HR mostró un ligero repunte (en un 2.5%) en la fuerza.


Los presentes resultados sugieren que las ganancias de fuerza y las adaptaciones de la activación muscular pueden tener lugar más rápido en el grupo de HR y disminuir también más rápido en comparación con los otros subgrupos durante el desentrenamiento.

Aplicaciones prácticas

Se observaron diferentes respondedores y en 3 subgrupos de respondedores al programa de entrenamiento de la fuerza aplicado. Algunos sujetos respondieron bien a la intervención, mientras que otros no. Además, se encontraron diferencias en el mantenimiento del CSA muscular y de la fuerza máxima durante el desentrenamiento. Puede alcanzarse un pico en la fuerza dinámica máxima, no inmediatamente después del período de entrenamiento de fuerza extenuante, sino después de 2-3 semanas de desentrenamiento o con entrenamiento de volumen reducido. Es importante crear programas de fuerza o hipertrofia individualizados para maximizar la efectividad de cada período de entrenamiento de la fuerza. Además, el tiempo para la puesta a punto, el desentrenamiento y la temporada baja también podría individualizarse para que el desarrollo a largo plazo sea óptimo para cada individuo. Se requieren investigaciones futuras para determinar con mayor precisión la intensidad del entrenamiento, el volumen, la selección de ejercicios y la programación óptima para los grupos de diferentes respondedores.



 

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