Masa muscular y dietas hipocalóricas

Masa muscular y dietas hipocalóricas

Un conflicto entre la balanza y la imagen corporal que acaba en sarcopenia

Jorge Roig (2015)

La necesidad de perder el exceso de tejido adiposo por cuestiones estrictamente estéticas es una observación que se potencia con el advenimiento de la temporada estival. Esto que es claramente notorio en los tiempos que transcurren, normalmente tiene como criterio de embestida contra “lo sobrante” la selección de alimentos restringidos en calorías. Así, las llamadas dietas hipocalóricas se han instalado con tremenda fuerza desde hace ya más de 40 años e infelizmente forman parte del folclore dietario de nuestra sociedad.
Que la restricción calórica podría generar una pérdida de peso corporal (PC) no merece debatirse, efectivamente puede lograrlo. El tema pasa por saber si este PC que se reduce está solamente asociado a la eliminación de tejido graso o también arrastra consigo al tejido muscular. Aquí, a pesar de muchos conocer la respuesta (se pierden ambos), lo importante para la mayoría es que la balanza muestre que se pesa menos que antes, al menos hasta que se quitan la ropa y se comprueba que efectivamente se ha establecido un conflicto entre la balanza y el espejo.
Perder tejido muscular durante una dieta basada en la restricción calórica (RC) asegura que ello necesariamente disminuye, paradójicamente, la denominada tasa metabólica de reposo (TMR) en razón de que este tejido es el principal determinante de ella. Así, perder peso que “arrastre” músculo es necesariamente generar un descenso de la TMR y con esto reducir la pérdida de grasa corporal. Esto bien puede representar un fenómeno de retroalimentación negativa prolongado y por esta razón desaconsejarse como estrategia.
En un muy interesante trabajo realizado recientemente por Beavers y su equipo, ellos informan que como acontece normalmente, a una dieta hipocalórica donde se presenta una reducción del PC normalmente le sigue una recuperación de este. Pero cuando el mismo se incrementa, lo que crece es el tejido graso en mucho mayor medida que lo que lo hace el tejido muscular perdido. Así, este autor informa que por cada 1kg de grasa eliminada se ha perdido 0,26kg de músculo, pero cuando se termina la dieta y se recupera grasa y músculo, por cada 1kg de masa grasa reconquistada solo se recobra 0,12kg de tejido muscular, es decir, se pierde más del doble de músculo que lo que se recupera luego de la dieta (Beavers KM, et al. Is lost lean mass from intentionalweight loss recovered during weight regain in postmenopausal women? Am J Clin Nutr. 2011). Este mismo autor también refiere, analizando tan solo el PC perdido o recuperado, que encontró que por cada 1 kg de PC eliminado durante la intervención para bajar de peso, se perdió 0,32 kg de tejido magro y por cada 1 kg de PC recuperado durante el año siguiente, sólo 0,08 kg lo fue de tejido magro. Y además advierte Beavers que de sus estudios se desprende que del 100% de lo que se pierde en PC en una dieta hipocalórica, el 69% es masa grasa pero el 31% es masa magra. Así, y como excelentemente define él, estas dietas acaban con el sujeto padeciendo obesidad sarcopénica al completarse el círculo perdida/reganancia de PC.
Se sabe que la pérdida de músculo está directamente vinculada a un catabolismo proteico superior al anabolismo de las proteínas en dicho tejido. Y también se conoce que dicho catabolismo acontece por la estimulación de la vía de un complejo denominado Calpaina-Ubiquitin proteasoma, responsable en eliminar del músculo las proteínas miofibrilares, metabólicas y de la biogénesis mitocondrial. Relativamente a esto, hay evidencia que los estados de RC activan esta vía de señalización conduciendo no solo a la pérdida de las proteínas musculares sino también a la inhibición de la síntesis de ellas (Mclver CM, et al. MTOR signaling and ubiquitin-proteosome gene expression in the preservation of fat free mass following high protein, calorie restricted weight loss Nutr Metab 2012). Vale decir, que toda dieta hipocalórica asegura un turnover proteico muscular a favor del catabolismo y esto al deterioro muscular así como a la disminución de la fuerza.
Una de las maneras que se proponen para controlar el deterioro muscular se basa en incrementar el aporte de proteínas de suero de leche en la dieta en el conocimiento de que de esta manera se estimula la síntesis de las mismas a nivel muscular. Como se sabe, el aporte de este tipo de proteínas se asocia a una entrega muy importante de leucina, la que por una vía dependiente y también independiente de la insulina, activan la proteína quinasa mTOR garantizando el anabolismo proteico (Kimball SR, et al. Control of translation initiation through integration of signals generated by hormones, nutrients, and exercise. J Biol Chem. 2010). Es para recordar que esta vía anabólica que señaliza a la mTOR se inhibe con RC, pero también esta favorece la señalización de la vía antagónica, la de la AMPK, todo lo cual potencia el catabolismo proteico (Blagosklonny MV. Calorie restriction: decelerating mTOR-driven aging from cells to organisms (including humans) Cell Cycle. 2010. Muy interesantemente, la metformina, una droga normoglucemiante normalmente indicada a las personas con resistencia a la insulina o diabetes (muchas de ellas forzadamente sarcopénicas y excedidas en peso graso), produce el mismo efecto que la RC, esto es, fuerte perdida de tejido muscular por inhibición de la vía anabólica y estimulación de la catabólica.
En este estado de conocimiento actual, parece imprescindible que varios de los mediáticos nutricionistas apasionados del conteo energético de los alimentos comiencen a dejar de restar calorías y empiecen a sumar músculos en las personas. El ser humano agradecido!!!

Para reflexionar…

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