No siempre mayores niveles de arousal se traducen en mejoras en el rendimiento deportivo

No siempre mayores niveles de arousal se traducen en mejoras en el rendimiento deportivo

Se suele observar en los ambientes deportivos, que antes de un partido o en la competencia que fuera, se viven climas en donde los niveles de euforia son notablemente elevados, con lo cual nos preguntamos si esto es beneficioso para todos los deportes y todos los deportistas.

Para poder fundamentar la afirmación utilizada a modo de título, primero debemos definir el término arousal. Comenzaremos diciendo que es una palabra en inglés y que su traducción más exacta, sería activación. No obstante, proponemos no traducirlo, ya que "activación" en nuestra sociedad puede suponer varias cosas.

Tomaremos para esta entrada de blog, la definición de Sage (1984), quien lo define de forma muy simple y entendible, el mismo, afirma que es una función energizante responsable del aprovechamiento de los recursos del cuerpo ante actividades vigorosas e intensas. Además, agrega que es un estado que puede variar desde el sueño profundo, hasta el mayor grado de excitación de una persona. Cuando los niveles de arousal se elevan de forma desmedida, se pueden experimentar reacciones emocionales desagradables que naturalmente perjudicaran el desarrollo de la actividad deportiva. También, el mismo autor, postula que los excesos de arousal, se traducen en estados de ansiedad.

Para entender en profundidad este concepto vamos a utilizar una analogía, entre el motor de un auto y el motor humano. El motor del auto puede andar muy rápido o muy despacio y su velocidad puede medirse en el número de revoluciones por minuto, mientras que la intensidad del motor humano, se mide por el nivel de arousal en cada momento. El motor humano comprende tanto la actividad cerebral como la inervación de todos los sistemas fisiológicos, este al igual que el del automóvil pueden funcionar con una velocidad rápida o lenta, según lo requiera la ocasión. Pero, la diferencia con el motor del automóvil, el motor humano nunca puede estar parado mientras vivimos. Incluso al dormir nuestro cerebro debe generar actividad eléctrica y, aunque en menor cuantía, la sigue enviando a los músculos y a todos los demás sistemas fisiológicos (González,1998).

Estructuras encargadas de la regulación del arousal

El arousal se encuentra regulado y controlado por estructuras dentro del cerebro, mas específicamente el cortéx, la formación reticular, el hipotálamo y el sistema límbico (Goleman,1995). Estos centros se conectan e interactúan con la médula adrenal y los sistemas somático y autónomo para regular el arousal total del organismo.

Generación del arousal y su relación con la ansiedad

Para explicar la generación del arousal veamos el siguiente ejemplo.

Un jugador interno del equipo titular (pensar en cualquier deporte de equipo, aunque podría aplicarse a deportistas individuales) se sienta en el vestuario momentos antes de salir a la cancha. Se siente angustiado y nervioso, no confía sobre su habilidad para realizar las mismas acciones que en el entrenamiento, es un partido muy importante, ya que vienen de una seguidilla de encuentros perdidos. Estos sentimientos lo llevan a pensamientos negativos sobre su ejecución, y su arousal comienza a elevarse de tal forma que llega a un estado alto de ansiedad. Se activa el córtex enviando señales al hipotálamo, este libera hormonas que activan la glándula pituitaria, a su vez esta, produce la hormona adenocorticotrofina, cuyo fin es estimular las glándulas adrenales, que vierten adrenalina y noradrenalina en la corriente sanguínea. Ahora gracias a estas hormonas, mas el agregado del incremento de actividad del sistema autónomo, se prepara su cuerpo y mente para una situación de emergencia, produciendo un aumento en la frecuencia cardíaca, en la presión sanguínea y en la tasa respiratoria y, en general, todos sus músculos empiezan a agarrotarse. Los vasos sanguíneos de las manos y pies se cierran destinando su aporte de sangre a los músculos más largos y fuertes. Este jugador ahora esta con su arousal demasiado elevado, es decir, en un estado de ansiedad.

Entonces el arousal se genera por una observación de la deportista, que produce una reacción en cadena que perjudicará su ejecución deportiva.






















Williams (1991). Relación entre arousal y rendimiento deportivo.

Esto tiene relación con lo que postula Goleman (1995), quien plantea que anteriormente se sostenía un ideal de razón liberado de la tensión emocional y actualmente se afirma que se debe armonizar "la cabeza y el corazón", es decir, utilizar la emoción de manera inteligente.

Finalizando

Con lo anterior expuesto podemos finalizar afirmando que no todas las actividades requieren el mismo nivel de arousal, ya que las actividades que requieren fuerza, velocidad y resistencia necesitan de altos niveles, mientras las que requieren de coordinación y finura necesitan bajos, (Williams, 1991). Ademas de recalcar que excesos de arousal se traducen en estados de ansiedad, con las complicaciones que este constructo trae asociadas.


Nivel de arousalTarea deportiva
5 Extremadamente excitadoBloqueando en rugby, correr 100, 200, 400 m
4 MentalizadoCarreras cortas, salto en longitud
3 MedioBaloncesto, boxeo, judo
2 Medio bajoAlgunas acciones de béisbol, esgrima tenis, etc.
1 LigeroTiro con arco, golf, etc.

Tabla. Niveles óptimos de arousal, complejidad y condiciones de marcas para una variedad de tareas específicas de deportes.

Esta afirmación también se sustenta mediante la Hipótesis de la U invertida. Esta teoría plantea que el rendimiento de una persona, en una primera etapa aumenta linealmente con el nivel de arousal hasta alcanzar un punto máximo, a partir del cual, un aumento del arousal ya no sería beneficioso, si no, que traería consigo un deterioro en la ejecución, (Yerkes y Dodson, 1908).

REFERENCIAS

Goleman, D. (1995). La inteligencia emocional. (6° edición). Buenos Aires: Printing Books.

González, J. L. (1998). Psicología del deporte. (4° edición). Madrid: Biblioteca Nueva.

Williams, J. M. (1991). Psicología aplicada al deporte. (3° edición). Madrid: Biblioteca Nueva.

Sage, G. (1984). Motor Learning and control. Dubuque, Iowa: Wm. C. Brown.

Yerkes R. M., y Dodson J. D. (1908). The relation of strength of stimulus to rapidity of habit formation. Journal of Comparative Neurology of Psychology, 18, 459-482.

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