Alejandro Lucía: Niños muy pequeños (4-6 años) con Cáncer pueden y deben hacer Ejercicio de Fuerza

Alejandro Lucía: Niños muy pequeños (4-6 años) con Cáncer pueden y deben hacer Ejercicio de Fuerza

El año pasado, durante el congreso del “American College of Sports Medicine” en San Francisco, lo pude “conocer” en persona. La situación fue un poco rocambolesca: yo bajaba en la escalera mecánica y, de lejos, creo que lo reconozco subiendo en la escalera, también mecánica, de al lado. En nuestra defensa diré que sólo había escaleras mecánicas y ascensores en el “San Francisco Convention Center”. Como no estaba seguro de si era realmente él, hago un esfuerzo con la vista y me fijo en su acreditación: efectivamente, es Alejandro Lucía. Lo saludo justo cuando pasa al lado y le digo que nos vemos luego... Desafortunadamente ese momento no se pudo dar ya que la sesión en la que Alejandro participaba como ponente, y a la que tenía pensado ir para poder charlar con él después, coincidió justo con la presentación oral de uno de mis trabajos. Los que ya estuvieron en ese congreso saben que es muy difícil poder asistir a todas las cosas interesantes que ocurren allí por la magnitud del evento. En cualquier caso, mantuvimos el contacto por internet en aquel mismo año ya que, muy amablemente, accedió a ayudarme con unos buenos consejos para escribir un estudio de caso que acabó siendo publicado en el “Medicine and Science in Sports and Exercise”. Ya más recientemente hemos mantenido el contacto por otros motivos y, en breve, espero tener el privilegio de iniciar una colaboración con él de la que llevamos un tiempo hablando.

Aclararé, para los que todavía no lo conocen, que Alejandro Lucía es Catedrático de Fisiología y ejerce como tal en la Universidad Europea de Madrid. Ha dirigido importantes proyectos de investigación en fisiología del ejercicio que han generado algunos de los trabajos más relevantes de los últimos años a nivel internacional. Se inició principalmente en el ámbito del rendimiento, específicamente en el ciclismo de élite, para después publicar en otras áreas tan dispares como la genética del deporte, ejercicio en enfermos y supervivientes de cáncer, la enfermedad de McArdle, rendimiento en corredores de fondo, y un largo etcétera. Es también editor de PloS One, una de las revistas científicas de acceso abierto de referencia en la actualidad. En su labor divulgadora, aparte de numerosas presentaciones y ponencias por todo el mundo, ha escrito numerosos artículos divulgativos para el periódico “El País”. Bajo su tutela se han formado jóvenes doctores tan brillantes como Alfredo Santalla, Elena Santana Sosa, o Jonathan Esteve Lanao; mientras sigue formando a otros doctorandos que vienen pisando fuerte como Carmen Fiuza Luces. En mi opinión, al ritmo y con la calidad que está publicando actualmente, podría considerársele el científico español de las ciencias del ejercicio más importante en la actualidad. Y todo este currículum excepcional lo acompaña de una modestia y una accesibilidad que llaman la atención.

¿Cómo fue tu primer contacto con el deporte?

Cuando era estudiante de medicina hacía maratones populares y desde entonces me fascinó el mundo de las adaptaciones del cuerpo al ejercicio. Admiraba mucho a los maratonianos de élite.

¿Cómo acabaste dedicándote a la investigación en el ámbito deportivo? ¿Qué o quién te motivó?

Pues la verdad nada o nadie en concreto, quizás mi amor por el deporte, y eso que siempre he sido el peor alumno en las clases de educación física, el de menos talento.

¿Quién o quiénes han sido tus mentores o referencias en las ciencias del ejercicio?

De muy joven, Steven J. Fleck y Loren Cordain (USA). En España siempre me fijé en José López Calbet. Luego, de mayor, he tenido bastante afinidad humana por Carl Foster (USA), sobre todo por ser una persona modesta y accesible, cualidades que para mí son esenciales en un científico y que no abundan demasiado.

¿Qué recuerdos guardas de tus primeras investigaciones en el ciclismo? ¿Alguna anécdota interesante?

Pues recuerdo la cara que puso José Calbet una vez que vino al laboratorio de visita y vio el pulso tan bajo (apenas 120 ppm) de un buen ciclista pedaleando a 300 W…

¿Cómo se te ocurrió/surgió el método de cuantificación de la carga por zonas basado en los TRIMP?

Eso más bien se le ocurrió a Carl Foster.

Bueno, si bien Carl Foster lo utilizó en sus primeros trabajos con cinco zonas fijas, fuiste tú, en el artículo clásico comparando la Vuelta a España con el Tour de Francia, el que introdujo la división en tres zonas para realizar los cálculos de la carga a partir de la determinación de los umbrales en un test en laboratorio, lo que sí podríamos considerar una novedad...

Bueno, eso es cierto.

¿Cómo fue tu salto de la investigación en el rendimiento deportivo a la investigación en el ámbito de la salud?

Bueno, me hubiera encantado dedicarme a la salud y a los enfermos (a ayudarles a través del ejercicio) desde un primer momento, pero uno puede hacer las cosas sólo cuando le surge la oportunidad.

¿Cuánto ha sido de valioso lo que aprendiste en el rendimiento deportivo ahora que estás más centrado en la investigación para la salud?

Muchas cosas, quizás que las posibilidades del entrenamiento son casi ilimitadas, al menos en lo que al entrenamiento de fuerza (para pacientes) se refiere. Y que muy pocas personas (atletas o personas) están dispuestas a hacer realmente todos los sacrificios habidos y por haber para alcanzar su mejor rendimiento físico posible, lo cual también es lógico, y que me hace ser realmente optimista sobre las posibilidades de mejorar la salud de las personas a través del ejercicio.

La genética empezó muy fuerte hace unos años prometiendo muchas cosas y ahora parece que la influencia de determinados polimorfismos en el rendimiento no es tan relevante como se creía... ¿Hacia dónde camina ahora la genética en el deporte?

Bueno, la pregunta sería hacia dónde va la genética en general, no sólo en el deporte. Muchas de las investigaciones hechas hasta ahora (incluidas las mías) tenían muchos defectos metodológicos, y ahora con los “genome wide scan association studies” (dónde no hay hipótesis ninguna), el límite lo pone el presupuesto que maneje el investigador en cuestión, no tanto sus ideas. Y existe controversia sobre qué valor o umbral de significación estadística utilizar. Además existen muchas diferencias entre los resultados obtenidos en unas poblaciones o en otras, en parte porque el entorno y los factores ambientales (para mí mucho más importantes que la genética) son diferentes para cada grupo étnico.

De todos modos, estudiar la influencia de la genética es mucho más que estudiar frecuencias alélilas o genotípicas para un grupo (más o menos amplio) de polimorfismos y comparar los resultados obtenidos en atletas versus controles…. Está la epigenética (factores genéticos que no se heredan, para entendernos), la interacción entre genes y entorno, entre unos genes u otros, etc. Quizás es que realmente ni siquiera hayamos empezado a estudiar la influencia de la genética en el deporte…

¿Qué opinión te merece, ahora que tanto se empieza a escuchar, el tema del dóping genético?

La verdad es que no tengo ni idea del tema, ni sé si realmente puede funcionar. Todo lo que te dijese sería inventado, la verdad.

De tus contribuciones en el área del ejercicio para el tratamiento de pacientes de cáncer, ¿cuál o cuáles contribuciones consideras más relevantes o que han tenido más influencia en esta área?

Quizás el demostrar que niños muy pequeños (4-6 años de edad) con cáncer pueden y deben hacer ejercicio de fuerza bien hecho (con máquinas de pesas, igual que los atletas de élite, volviendo a lo de antes) y ello tiene un beneficio en su estado de salud.

Otra área en la que has publicado muchos trabajos, aunque no es la más conocida, es en el la enfermedad de “McArdle”. ¿Por qué tiene interés esta enfermedad entre los fisiólogos del ejercicio?

Es un ejemplo de personas que necesitan nuestra ayuda y por los que podemos hacer muchísimo. Y a las cuales la medicina más moderna que uno pueda imaginar (terapia génica, etc.) no puede ayudar.

Recientemente nos has sorprendido con un excelente trabajo sobre el ejercicio como “polipíldora”. ¿Puedes adelantarnos alguna novedad que se está forjando en tu laboratorio que tenga que ver con este artículo?

Gracias, bueno, es un trabajo de revisión. Tengo gente joven muy buena trabajando con modelo de ejercicio en ratón para intentar demostrar, con toda modestia pero también con toda ilusión, algunos de los mecanismos biológicos que explican los beneficios del ejercicio (por ejemplo, papel de las llamadas células madre mesenquimales).

¿Puedes explicar de forma sencilla en qué consisten y cuáles han sido los primeros resultados de estos nuevos trabajos?

¡Todavía no! ¡¡¡Están en marcha!!!

¡Muchas gracias!

¡A ti!


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