BIOMARCADORES, EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

BIOMARCADORES, EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

Los biomarcadores son sustancias que indican el estado biológico del organismo. Se emplean para medir de forma objetiva si un proceso biológico es normal o patológico. En relación al cáncer, la investigación intenta determinar cuáles son estos marcadores y que niveles están relacionados con la existencia de la enfermedad o un posible contexto desencadenante de la misma. Actualmente la influencia del ejercicio sobre estos marcadores biológicos está siendo investigada para determinar si el ejercicio puede influir positivamente sobre los niveles que se relacionan con la carcinogénesis, y por tanto establecerse como un tratamiento efectivo en la prevención de la enfermedad o en la recidiva una vez se ha superado.

Existe una evidencia consistente, a partir de los estudios observacionales, de que la actividad física se relaciona con la reducción de la mortalidad por cáncer de mama y de colon [1]. No obstante esta evidencia se sustenta en los estudios desarrollados, principalmente, en los cánceres de colon, próstata, mama, ginecológicos y hematológicos [2]. Por ello resulta imposible establecer unas líneas generales que sean eficaces para todos los tipos de cáncer [1].

Figura 1. Disminución del riesgo de padecer cáncer de mama según “fases etarias” asociado a la práctica de actividad física y reducción general si se ha realizado de forma continua [3]

A pesar de existir un consenso general sobre este valor protector, las vías a través de la cuales el ejercicio físico contribuye a prevenir la enfermedad no están definitivamente claras. Resolver esta cuestión es de gran importancia para lograr definir correctamente la dosis de ejercicio más adecuada y las adaptaciones necesarias para cada tipo de cáncer. En la bibliografía actual esta problemática es relativamente nueva y la mayoría de los estudios han sido publicados desde 2009 [1].

Los mecanismos biológicos que explicarían el efecto protector del ejercicio físico en relación al cáncer de mama, han sido organizados en varios grupos o categorías, pudiendo ser resumidos en cuatro: Disminución del nivel de hormonas sexuales, disminución de la adiposidad, incrementos en la función inmune y cambios en los marcadores de resistencia a la insulina [1, 3-7].



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Figura 2. Modelo Biológico que relaciona los biomarcadores propuestos, el ejercicio a largo plazo y el riesgo de cáncer de mama en la posmenopausia [6].

La obesidad puede contribuir a través de numerosas vías a incrementar el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Una de estas vías se relaciona con el incremento de hormonas sexuales [8]. Altos niveles de aromatasa, la cual convierte andrógenos a estrógenos en el tejido adiposo, contribuyen a un incremento de los niveles de estradiol total [6].

La hiperinsulinemia está asociada a la disminución en plasma de SHGB, incrementándose así la biodisponibilidad de hormonas sexuales [9].

Biomarcadores relacionados con la inflamación crónica tales como la proteína C-reactiva (CRP), Factor de Necrosis Tumoral-α (TNF-α) e Interleucina-6, han sido relacionados con el incremento del riesgo de cáncer. Se indica su posible incidencia sobre la apoptosis celular, la proliferación celular, angiogénesis y metástasis [4]. Como podemos apreciar en la figura 2, esta relación se encuentra en nivel de “hipótesis” [6].

Según el modelo presentado por Neilson [6] – para el cáncer de mama -la influencia del ejercicio sobre los biomarcadores propuestos se establece como “convincente” para el incremento del IMC y del peso corporal, proteína C-reactiva, leptina e insulina, “posible” para la relación con SHGB y estrógenos, y como “hipótesis” para la adiponectiva y TNF-α.

Comprender la incidencia del ejercicio físico sobre estas rutas -a través de los biomarcadores propuestos- podría ser de gran ayuda para lograr intervenir de manera efectiva con el ejercicio, dotándonos de mayor información sobre las dosis-respuesta, hasta ahora muy limitada [3].

Para lograr intervenir de manera efectiva a través del ejercicio es necesario definir el concepto de dosis adecuadamente. La heterogeneidad de las dosis propuestas en los trabajos de investigación hace difícil llegar a un consenso - al menos - específico para los cánceres con mayor evidencia [10].

En el caso del cáncer de mama, los estudios no han diseñado de forma adecuada la prescripción, obviando la correcta aplicación de los principios del ejercicio [10], haciendo muy difícil el consenso en las dosis.

En el post anterior (cáncer, obesidad y ejercicio) citamos un interesante trabajo donde los autores analizaron los cambios que producía el ejercicio sobre los niveles de estradiol y SHGB en mujeres postmenopáusicas [9]. Concluyen indicando la influencia positiva del ejercicio sobre el descenso del estradiol y el incremento de la SHGB. Esta información adquiere una gran importancia debido a que la dosis de ejercicio –aeróbico en este caso- fue bien controlada y definida. Así, las mujeres que completaron de media semanal entre 150 a 225 min de ejercicio aeróbico moderado-intenso, lograron los beneficios indicados en los resultados [9].

Estos datos de volumen e intensidad coinciden con las recomendaciones básicas generales establecidas por el American Cáncer Institute [11] y el ACSM [2] de un mínimo de 150 min de ejercicio aeróbico moderado intenso por semana.

La compresión de los mecanismos biológicos -a través de los cuales el ejercicio puede reducir el riesgo de cáncer- nos irán proporcionando la información necesaria que nos permitirá acercarnos progresivamente a la dosis más segura y efectiva.

Finalmente, englobando la información contenida en las tres entradas publicadas hasta ahora, podemos concluir que:

- No disponemos de evidencias sólidas para todos los tipos de cánceres y por tanto, aunque se establece de forma general la seguridad del ejercicio, debemos profundizar en cada tipología de cáncer de forma independiente.

- Disponemos de grandes líneas generales de prescripción para los cánceres de mama, colon, próstata, hematológicos y ginecológicos.

- El ejercicio físico disminuye -de forma indirecta- el riesgo de padecer un cáncer al influir sobre los biomarcadores relacionados con la obesidad, y a estos, con el cáncer.

- El ejercicio puede disminuir el riesgo de cáncer de forma directa, pero actualmente los mecanismos biológicos no están totalmente definidos.

- El análisis de los biomarcadores relacionados con el cáncer y la influencia que ejerce sobre ellos el ejercicio físico es determinante para lograr definir las dosis más seguras y efectivas.

- El ejercicio físico debería conformar parte del conjunto de medidas de intervención empleadas en el tratamiento de la enfermedad, antes, durante y después.

Manuel Martín

IICEFS

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Referencias bibliográficas.

1. Ballard-Barbash R, Friedenreich CM, Courneya KS,Siddiqi SM, McTiernanA,Alfano CM. Physical activity, biomarkers, and disease outcomes in cancer survivors: a systematic review. J Natl Cancer Inst. 2012 Jun 6;104(11):815-40.

2. Schmitz KH, Courneya KS, Matthews C, et al. American College of Sports Medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(7):1409–26.

3. Loprinci P, Cardinal B, Smit E, Winters-Stone K. Physical activity and breast cancer risk. Journal of Exercise Science & Fitness. 2012 June; 10 (1).

4. Irwin M, George S, Matthews C. Physical Activity and Breast Cancer: Prevention, Survival, and Mechanisms. President´s Council on Fitness, Sports & Nutricion. 2010 Sept; 11(3).

5. Anzuini F, Battistella A, Izzotti A. Physical activity and cancer prevention: a review of current evidence and biological mechanisms. J prev med hyg. 2011; 52: 174-180.

6. Neilson H, Friedenreich C, Brockton N, Millican R. Physical Activity and Postmenopausal
Breast Cancer: Proposed Biologic Mechanisms and Areas for Future Research. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2009; 18:11-27.

7. Calle E, Kaaks R. Overweight, obesity and cancer: epidemiological evidence and proposed mechanisms. Nature Reviews Cancer. 2004; 4: 579-591.

8. Wolin KY, Carson K, Colditz GA. Obesity and cancer. Oncologist. 2010; 15(6):556-65.

9. Friedenreich M, Woolcott C,McTiernan A,Ballard-Barbash R,Brant R, Stanczyk F, et al. Alberta Physical Activity and Breast Cancer Prevention Trial: Sex Hormone Changues in a Year-Long Exercise Intervention Among Postmenopausal Women. J Clin Oncol. 2010 March; 28(9).

10. Campbell KL,Neil SE,Winters-Stone KM. Review of exercise studies in breast cancer survivors: attention to principles of exercise training. Br J Sports Med. 2012;46:909–916.

11. World Cancer Research Fund/American Institute for Cancer Research. Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: A Global Perspective. Physical Activity. Washington (DC): American Institute for Cancer Research. 2007. p.198–209.










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