Breve reflexión sobre el entrenamiento del CORE: lo que se dice, cómo se dice y lo que se hace.

Breve reflexión sobre el entrenamiento del CORE: lo que se dice, cómo se dice y lo que se hace.

El control de la columna y la pelvis es complejo. Podemos partir de la base de admitir que la columna posee inestabilidad intrínseca y depende para su estabilidad de la contribución de varios sistemas. El enfoque pues, de cualquier intervención, debe considerar el adecuado estímulo y progresión en integración de cada uno de estos sistemas.

Panjabi (1992) se percató de que la estabilidad lumbopélvica se sustenta no sólo en la aportación de los elementos pasivos (discos intervertebrales, ligamentos, cápsulas articulares y articulaciones interapofisarias), sino también en elementos activos (músculos) y en un necesario y adecuado control del sistema nervioso. Una disfunción de cualquiera de estos subsistemas puede producir o conducir a un problema de integridad del raquis que debe ser compensado por los demás subsistemas. Cholewicki y McGuill (1996) ampliaron este modelo y demostraron que la inestabilidad de la columna o su colapso podría producirse si el nivel de cocontracción es bajo o el patrón de activación es erróneo.

La estabilidad del raquis, es decir, la habilidad de sus estructuras para permanecer en un estado de equilibrio estable ante perturbaciones y desequilibrios (Bergmark, 1989), depende de sus elementos osteoarticulares y ligamentosos, de los músculos y tendones y de su adecuado funcionamiento bajo la coordinación del sistema nervioso (Panjabi, 1992). En este sentido, aunque durante el levantamiento de pesos el raquis puede soportar cargas muy superiores a los 10000 N (Cholewicki, McGill y Norman, 1991), estudiosin vitrohan demostrado que las estructuras osteoligamentosas del raquis, por sí solas, no son capaces de soportar fuerzas compresivas superiores a 90 N (Crisco y Panjabi, 1992; Lucas y Bresler, 1961). Este hecho, revela la importancia del sistema neuromuscular en el control de la estabilidad de la columna vertebral.

Actualmente es mucha la investigación en esta área, con investigaciones in vitro y también in vivo, mediante modelos biomecánicos, con análisis mediante técnicas electromiográficas, ecográficas, resonancia, de EMT, etc. Todo ello nos permite acceder a una gran cantidad de información que en algunos casos es obviada para establecer o desarrollar determinadas propuestas.

En este sentido asistimos, en la actualidad a un especial interés por el denominado “entrenamiento del CORE stability” y en torno a él se desarrollan determinados planteamientos que, en muchas ocasiones, no contemplan toda esta gran cantidad de información que nos brinda la investigación y que permitirían una más óptima y adecuada intervención para la mejora de este factor clave en el rendimiento, la salud y calidad de vida individual. Ciertas justificaciones como creer que hay un “músculo” o “grupo de músculos” más importantes que otros (lo cual es un claro ejemplo de descontextualización), que hay un ejercicio mejor que otro o que puede estimular a todo el CORE en su conjunto, que el nivel de co-activación guarda una relación lineal con la generación de unos adecuados niveles de estabilidad, o que mayor fuerza de la musculatura de dicho CORE supone una mayor capacidad estabilizadora, que “bastan” con ejercicios “funcionales” para un adecuado entrenamiento de CORE, que igualmente el suficiente con la adopción de determinadas “posiciones” para lograr similar objetivo o que es siempre necesario y adecuado el mantenimiento de dichas posturas el mayor tiempo posible…entre otras muchas cuestiones de las que podríamos seguir escribiendo largo y tendido (lo iremos haciendo en futuras semanas desde aquí) son algunos ejemplos de aquello que “se dice” y “se hace” sin mucha atención a la evidencia o con una cierta dosis de miopía respecto a ella. Desde aquí quisiéramos reivindicar y mostrar todo nuestro apoyo y respeto a todos estos investigadores (algunos de los cuáles, en distintas áreas, formar parte del grupo de editores de G-SE) que se “dejan la piel” cada día en su labor por proporcionarnos la posibilidad de un mayor saber y un mejor hacer…



En la izquierda arriba los Profesores Craig Liebenson y Juan Ramón Heredia en algunos de los talleres prácticos en los que se muestran la forma correcta y adecuada de realizar progresiones en el entrenamiento del CORE stability. En las fotos de la derecha un ejemplo de “bridge” con algunos errores en su ejecución que sería conveniente tener en consideración.




Carta al editor

Todos los músculos abdominales deben ser considerados cuando se evalúa la contribución de la presión intra-abdominal al momento extensor del tronco y la carga espinal.

Daggfeldt y Thorstensson (2003) presentan un modelo con una descripción detallada de la geometría del músculo extensor de columna vertebral con la incorporación de momentos variables. Ellos también incluyeron los efectos de la presión intra-abdominal (PIA) en el momento extensor del tronco, pero desestimaron la actividad de los músculos abdominales. Usando este modelo, se llegó a la conclusión que la PIA aportó aproximadamente 10% al momento máximo extensor del tronco y que descargó significativamente a la columna vertebral de la compresión. Demostraremos que la omisión de la actividad antagonista de los músculos abdominales afecta al momento extensor del tronco estimado y la fuerza de compresión sobre la columna vertebral. Por otra parte, vamos a demostrar que si Daggfeldt y Thorstensson (2003) hubieran incluido la musculatura abdominal en su modelo, puede que no hubieran llegado a sus conclusiones sobre el efecto significativo que la PIA tiene sobre la descarga de la columna vertebral.

En el pasado, la prescripción de los cinturones abdominales había sido atribuida al efecto de descarga de la columna asociada con la PIA, que ha llevado a la confusión entre los científicos, los responsables políticos y legisladores sobre el uso de cinturones abdominales en la industria (McGill, 1998; van Poppel et al., 2000). Además, como fue aludido por Daggfeldt y Thorstensson (2003) en su artículo, el papel de la PIA en la descarga de la columna vertebral tiene implicaciones para las recomendaciones sobre la seguridad de los levantamientos. En consecuencia, cualquier error respecto la PIA puede tener efectos significativos y potencialmente duraderos. Por lo tanto, el propósito de esta carta era estimular el debate sobre este importante tema.

No hay duda de que la fuerza hidrostática de la PIA genera un momento extensor del tronco y un esfuerzo de tracción en la columna vertebral. Sin embargo, la importante cuestión que abordar es si la actividad de los músculos abdominales asociado con la PIA puede descartarse por completo. Daggfeldt y Thorstensson (2003) no midieron la EMG del los músculos abdominales en su experimento, pero en lugar de haber indagado hábilmente a través de la literatura citando sólo los documentos que apoyaban su hipótesis y omitiendo un gran cuerpo de trabajos que los contradecían (por ejemplo Cholewicki et al., 2002; Marras y Mirka, 1996; McGill y Norman, 1987; Nachemson et al, 1986). En concreto, los autores justifican la exclusión de la musculatura abdominal con los datos de Cresswell et al. (1992), quienes demostraron que el transverso del abdomen (TrA) es, con mucho, el más activo entre los músculos abdominales durante la producción de momentos extensores de la espalda. El TrA tiene fibras musculares orientadas transversalmente y por lo tanto no impone un momento de flexión o de carga compresiva sobre la columna vertebral. Aceptamos estas observaciones, pero también creemos que la actividad de otros músculos abdominales no puede ser completamente ignorada. Cresswell et al. (1992) mostraron que la actividad de estos músculos abdominales se redujo en un 86%, lo que implica que todavía estaban activos al 14% de su nivel máximo de activación voluntaria (MVA) durante los esfuerzos máximos de extensión del tronco, en comparación con el máximo esfuerzo de flexión del tronco. Nosotros estimamos el momento de flexión del tronco y la fuerza compresiva sobre la columna vertebral que resultaba de este nivel de actividad de los músculos abdominales y comparamos estos valores a los efectos de la PIA aportados por Daggfeldt y Thorstensson (2003).

Se utilizó el valor de 35 cm2 para la sección transversal combinada del área de los músculos recto abdominal, oblicuo externo e interno, basado en el trabajo de Stokes y Gardner-Morse (1999). De forma similar a Daggfeldt y Thorstensson (2003), utilizaron el Visible Human Proyect para describir la musculatura abdominal. Los 35 cm2 se refieren sólo al músculo del lado derecho y debe estar duplicado para dar cuenta de toda la musculatura abdominal excluyendo el TrA. Para sus cálculos de las cargas sobre la columna vertebral y la contribución del momento Daggfeldt y Thorstensson (2003) utilizaron la tensión muscular específica de 25 N/cm2 en la posición de mayor flexión y 8 N/cm2 en la posición de mayor extensión del tronco. Teniendo en cuenta estos valores, la fuerza aportada por los músculos abdominales contrayéndose al 14% del nivel de la MVA en las posiciones más flexionadas (Faf) y más extendidas (Fae) del tronco puede calcularse del siguiente modo:

Faf = 2 x 35 cm2 x 0.14 x 25 N/cm2 = 245 N (1)

Fae = 2 x 35 cm2 x 0.14 x 8 N/cm2 = 78.4 N (2)

Suponiendo un brazo de momento de 8.5 cm para los músculos abdominales, los momentos de flexión resultante de su actividad en la posición de mayor flexión (Maf) y extensión (Mae) del tronco se pueden estimar:

Maf = 245N x 0.085 m = 21Nm (3)

Mae = 78.4 N x 0.085 m = 7N (4)

Para mantener el mismo momento de extensión del tronco, la actividad de los músculos erectores de la columna debe aumentar para superar el momento de flexión generado por los músculos del abdomen (ecuaciones (3) y (4)).

Suponiendo un momento equivalente solo de 6 cm para los músculos extensores del tronco de 6.0 cm, las fuerzas del erector de la columna en la posición más flexionada (Fef) y más extendida (Fee) del tronco se pueden obtener:

Fef = Maf/0.06 = 21 Nm/0.06 m = 347.1 N (5)

Fee= Mae/0.06 = 7 Nm/0.06m = 111.1 N (6)

Sumando las fuerzas musculares abdominales y del erector spinae (ecuaciones (1), (5), y (2), (6)), nos da una estimación de las fuerzas de compresión de la columna vertebral en la posición más flexionada (Ff) y más extendida (Fe) del tronco debido a la inclusión de la actividad muscular abdominal:

Ff = Faf + Fef = 245 N + 347.1 N = 592.1 N (7)

Fe= Fae + Fee = 78.4 N + 111.1 N = 189.5 N (8)

Nuestras estimaciones de los momentos de flexión del tronco y de las fuerzas de compresión de la columna vertebral que se derivan del 14% de la actividad de la musculatura abdominal son muy cercanas a los momentos de extensión del tronco y de las fuerzas de tracción de la columna vertebral que surgen de la PIA (Daggfeldt y Thorstensson, 2003) (Tabla 1). Los valores de Daggfeldt y Thorstensson (2003) son ligeramente más grandes probablemente debido a que utilizaron el máximo en lugar del promedio de la PIA para calcular sus efectos. Nuestras estimaciones también son aproximadas, ya que contando desde la línea de acción de los músculos abdominales oblicuos se reducirían estos valores. Por otro lado, los momentos de algunos de los músculos extensores del tronco son menores de 6 cm, lo que tenderían a aumentar estos valores. No teníamos la intención de desarrollar el modelado biomecánico detallado con dichos cálculos. McGill y Norman (1987) ya lo han tratado en profundidad con esta línea de razonamiento. Sin embargo, aunque esté modificado, nuestras estimaciones podrían anular la mayor parte de los beneficios netos de la PIA proclamados por Daggfeldt y Thorstensson (2003).

En base a estas estimaciones, estamos convencidos de que la suposición del modelo de la actividad muscular abdominal “cero” durante una tarea de extensión del tronco es poco aconsejable, especialmente cuando el propósito del modelo es evaluar el efecto de descarga de la PIA sobre la columna vertebral. El mecanismo de PIA no debe incluirse en un modelo biomecánico sin tener en cuenta el momento de flexión y las fuerzas compresivas sobre la columna vertebral que surgen de la actividad de los músculos abdominales que acompañan a la PIA. De lo contrario, este análisis incompleto podría llevar a una conclusión errónea sobre el papel de la IAP y de este modo contribuir a la confusión en torno a la prescripción de los cinturones para la espalda, y las recomendaciones de seguridad sobre los levantamientos.








Juan R. Heredia

Guillermo Peña

IICEFS


Referencias.

Cholewicki, J., Ivancic, P.C., Radebold, A., 2002. Can increased intraabdominal pressure in humans be decoupled from trunk muscle cocontraction during steady state isometric exertions? European Journal of Applied Physiology 87, 127–133.

Cresswell, A.G., Grundstrom, H., Thorstensson, A., 1992. Observations on intra-abdominal pressure and patterns of abdominal intramuscular activity in man. Acta. Physiologica. Scandinavica. 144, 409–418.

Daggfeldt, K., Thorstensson, A., 2003. The mechanics of backextensor torque production about the lumbar spine. Journal of Biomechanics 36, 815–825.

Marras, W.S., Mirka, G.A., 1996. Intra-abdominal pressure during trunk extension motions. Clinical Biomechanics 11, 267–274.

McGill, S.M., 1998. Update on the use back belts in industry: more data—same conclusion. In: Karwowski, W., Marras W, S. (Eds.), The Occupational Ergonomics Handbook. CRC Press, Boca Raton, FL, pp. 1353–1358.

McGill, S.M., Norman, R.W., 1987. Reassessment of the role of intra-abdominal pressure in spinal compression. Ergonomics 30, 1565–1588.

Nachemson, A.L., Andersson, B.J., Schultz, A.B., 1986. Valsalva maneuver biomechanics. Effects on lumbar trunk loads of elevated intraabdominal pressures. Spine 11, 476–479.

Stokes, I.A., Gardner-Morse, M., 1999. Quantitative anatomy of the lumbar musculature. Journal of Biomechanics 32, 311–316. van Poppel, M.N., de Looze, M.P., Koes, B.W., Smid, T., Bouter, L.M., 2000. Mechanisms of action of lumbar supports: a systematic review. Spine 25, 2103–2113.

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