Decidiendo qué es Ciencia y qué no es Ciencia

Decidiendo qué es Ciencia y qué no es Ciencia

La semana pasada he comenzado mis labores como Editor de Frontiers in Clinical and Translational Physiology. Frontiers es un grupo editorial suizo basado en la publicación en abierto (Open Access). Esto significa que todos sus artículos son de libre acceso en internet, eliminando así las barreras entre el conocimiento científico y sus beneficiarios. Al igual que ocurre con la también conocida Plos One, esto es posible gracias a que los costes editoriales corren a cargo de los autores y no de los lectores como en el modelo tradicional. El buen hacer de Frontiers en los pocos años de vida que tiene, ha sido suficiente para que el prestigioso grupo Nature haya firmado recientemente un acuerdo de cooperación, lo que augura importantes avances y novedades en el mundo de la publicación científica.

Una de las características diferenciadoras de Frontiers es su proceso de revisión interactivo en tiempo real. Como Editor novato, de hecho, me he sorprendido de lo fácil y rápida que es la gestión del proceso editorial en la plataforma. Pero el punto más importante de este proceso en Frontiers es que tanto el Editor como los revisores no son anónimos y acaban figurando en los artículos que son finalmente aceptados. Esta es una diferencia fundamental respecto del modelo tradicional en que no siempre se conoce la identidad del Editor y nunca se sabe -teóricamente- quiénes revisaron el artículo.

Pero, ¿por qué es tan importante esta diferencia? Muy sencillo. En el modelo tradicional, el anonimato de los revisores puede favorecer en ocasiones conflictos de interés, tanto a favor como en contra de los autores. Este es un tema peliagudo y muy recurrente entre científicos ya que, de una buena o una mala revisión depende que el artículo mejore su calidad y sea finalmente aceptado para publicación, lo que acaba afectando a la carrera profesional, pues es la producción científica lo que más se valora en las universidades de prestigio para la obtención de un puesto académico.

Así, en Frontiers, el proceso es totalmente transparente e interactivo pero, a cambio, la responsabilidad de los editores y revisores puede ser percibida como mucho mayor ya que, si el artículo es finalmente aceptado, va a figurar públicamente el nombre de los que participaron del proceso editorial en el mismo artículo junto con el nombre de los autores. Esto debería favorecer una mayor implicación y celo por parte de los editores y revisores para aceptar trabajos sólo con unos estándares altos de calidad, implicándose además al máximo en el proceso de revisión para intentar mejorar el mérito científico del trabajo junto con los autores.

Con esto no quiero decir que otros editores en el modelo tradicional no sean responsables y eficientes. Todo lo contrario. Pero como científico, es muy frecuente ver publicados trabajos con ciertas limitaciones en revistas que -previamente- han rechazado los trabajos propios. De hecho, el fin de semana pasado me ocurrió una cosa muy curiosa con una de las revistas más leídas de nuestra área. Así, mientras nos comunicaron el rechazo directo, sin revisión externa, de un artículo que considero bastante original sobre inmunología del entrenamiento en el que colaboré con unos colegas brasileños, el mismo día y sólo unas horas más tarde, el Editor Jefe de esa misma revista me escribe un correo rogándome que le revise un artículo porque no consigue encontrar especialistas. Lo sorprendente es que he comprobado -al aceptar revisar ese trabajo- que es de una calidad inferior al que nosotros habíamos enviado. Ver para creer. Pero esto es más normal de lo que pudiera parecer y no es tampoco para tirarse de los pelos. En las decisiones editoriales se contemplan muchas veces otros factores aparte de la calidad científica. Ya tengo incluso experiencia en que me rechacen un artículo en una revista y que me lo acepten poco después en otra revista más prestigiosa que la anterior. Es más, siempre le pongo el mismo ejemplo a mis alumnos: el artículo que describía por primera vez el Ciclo de Krebs, y que le valió el Premio Nobel a su descubridor, fue rechazado en la primera revista a la que fue enviado. Increíble pero cierto.

Para terminar, y volviendo al título de esta entrada, no voy a poner el grito en el cielo con este tema, pero sí me gustaría señalar que, como cualquier proceso regido por humanos, la publicación científica también es susceptible de presentar errores e imperfecciones. Pero que no sea perfecto no significa que, en general, no funcione bastante bien. Es más, existe un consenso entre científicos en que no es perfecto pero es el mejor que tenemos. De hecho, lo normal es que la ciencia de más calidad acabe publicada en las mejores revistas científicas. Así, asumiendo una gran responsabilidad como Editor de Frontiers, intentaré contribuir para que cada artículo tenga la mayor calidad posible ya que ese mérito será, en una pequeña parte, compartido con los revisores mientras decidimos -paradojas de la vida- sobre “lo que es y lo que no es ciencia”.


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