“Drift” Cardiovascular

Término utilizado para referirse al fenómeno según el cual la frecuencia cardiaca tiende a elevarse a partir de los 10 mn de un esfuerzo a pesar de que este sea constante y que es más evidente en personas poco entrenadas (Figura 1).

Figura 1. Ejemplo de “drift” cardiovascular.

La desviación cardiovascular se produce con el ejercicio prolongado, y se incrementa con calor y deshidratación. Se ha relacionado con una reducción del volumen sistólico (V.S.), y de la presión arterial pulmonar y arterial sistémica, a la vez que la frecuencia cardiaca se incrementa para equilibrar y mantener el gasto cardiaco (Wilmore y Costill, 2007); (recordemos que el gasto cardiaco es el producto de la FC y el VS; cambios de cualquiera de estos parámetros provocarán modificaciones del gasto cardiaco). La evolución de estos fenómenos en el tiempo se pueden observar en la figura 2.

Figura 2. Respuestas circulatorias de un ejercicio de 50 mn de duración a intensidad constante y 20º de temperatura. Se expresan los cambios porcentuales en función de los obtenidos a los 10 mn del ejercicio. Se observa un descenso del volumen sanguíneo, presión arterial y volumen sistólico, con un ascenso de la frecuencia cardiaca y un mantenimiento medio del gasto cardiaco.

La hipótesis tradicional sobre la causa del “drift cardiovascular” habla del aumento del flujo sanguíneo cutáneo (figura 3) causado por el incremento de la temperatura corporal. Al aumentar nuestra temperatura corporal, una fracción del gasto cardiaco cada vez mayor, se dirige a la piel para disipar dicho calor. El volumen plasmático a su vez se ve reducido por la sudoración y deshidratación. Todo este conjunto de factores provocan la disminución del retorno venoso hacia el corazón, de esta forma disminuye la presión de llenado del ventrículo izquierdo, así lo hace el volumen diastólico final, lo que provoca finalmente la reducción del volumen sistólico. (Billat, 2002; Chicarro, 2014).

Figura 3. Distribución del volumen de sangre a causa de la vasodilatación cutánea en ambientes caluroso y/o de ejercicio prolongado. (Adaptado de Rowell, 1986).

Sin embargo, hay poca evidencia de la relación entre la disminución del volumen sistólico y el aumento de la circulación cutánea (Coyle y Gonzalez-Alonso, 2001). El incremento de la temperatura del núcleo alcanza una meseta hacia los 20-30 mn del inicio de un ejercicio constante, no observándose cambios en el flujo de sangre a la piel durante este tiempo (Fritzsche et al, 1999; Nose et al 1994), y registrándose el mismo volumen sistólico en ejercicio a temperatura calurosa 35º y fría 8ºen sujetos entrenados, a pesar de una diferencia de cuatro veces en el flujo sanguino cutáneo.

Según otros estudios (Coyle, 1998; Frtzsche, 1999 y Gonzalez-Alonso, 1995; Coyle et al, 2001), puede ser el incremento de la frecuencia cardiaca el que provoque la reducción del volumen sistólico. Un origen multifactorial puede ser entonces el responsable del incremento de la frecuencia cardiaca es esfuerzos de larga duración: aspectos como la deshidratación (que provocaría un descenso del volumen plasmático y un consiguiente descenso del volumen sistólico), el mayor nivel de catecolaminas, el incremento de la temperatura central y la fatiga del sistema neuromuscular (Chicharro, 2014), parecen ser algunos de los mecanismos implicados.

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BIBLIOGRAFÍA

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