Efectos del Entrenamiento de la Fuerza sobre la Composición Corporal y el Contenido Mineral Óseo en Niños con Obesidad

Effects of Strength Training on Body Composition and Bone Mineral Content In Children Who Are Obese

Clare C Yu Chung Wah1, Rita Y Sung1, Raymond C So2, Kam-Chi Lui2, Winnie Lau3, Peggo K Lam4 y Edith M Lau3

1Department of Pediatrics, Prince of Wales Hospital, The Chinese University of Hong Kong, China.
2Sports Institute, Hong Kong Sports Development Board, Shatin, Hong Kong, China.
3Department of Family and Community Medicine, The Chinese University of Hong Kong, China.
4Center for Clinical Trials and Epidemiological Research, The Chinese University of Hong Kong, China.

Artículo publicado en el journal Revista de Educación Física, Volumen 30, Número 3 del año .

Resumen

El propósito de este estudio fue evaluar la hipótesis de que el entrenamiento de la fuerza es beneficioso para niños obesos con dieta controlada respecto de la adquisición de masa magra y mineral óseo. Ochenta y dos niños de escuelas de Hong Kong (edad, 10.4±1.0 años, 70 en estadío I de Tanner, 12 en estadío II) que tenían obesidad o sobrepeso fueron aleatoriamente asignados para recibir una dieta balanceada de bajo contenido calórico (900-1200 cal) más entrenamiento de la fuerza (n=41) (grupo entrenamiento) o solo dieta (n=41) (grupo control). El grupo entrenamiento realizó un programa de entrenamiento de la fuerza de 75 min por sesión 3 veces por semana durante 6 semanas (fase 1), luego de la cual se les ofreció continuar y 22 niños optaron por hacerlo una vez por semana durante unas 28 semanas adicionales (fase 2). Todos los niños fueron evaluados al inicio, luego de las 6 semanas y al final de las 36 semanas del estudio (incluyendo una fase de 2 semanas introductoria a la fase 2). La composición corporal y el contenido mineral óseo fueron medidos mediante absorciometría dual de rayos X, y la dieta fue evaluada mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos. Los resultados mostraron que los programas de ejercicio tuvieron buena aceptación, y hubo una buena asistencia a las sesiones de ejercicio. Luego de 6 semanas, los niños del grupo entrenamiento mostraron un incremento significativamente mayor en la masa magra corporal ((+ 0.8 kg [2.4%] vs. +0.3 kg [1.0%], p<0.05) y en el contenido mineral óseo total (+46.9 g [3.9%] vs. +33.6 g [2.9%], p< 0.05) en comparación con los sujetos del grupo control. Al final del estudio, estas tendencias se mantuvieron en el subgrupo que continuó el entrenamiento, aunque no se continuó alcanzando significancia estadística. Por lo tanto concluimos que en niños prepúberes con obesidad/sobrepeso que realizan una dieta controlada, la participación en un programa de ejercicios con énfasis en el entrenamiento de la fuerza resultó en mejoras en la masa magra y en la agregación de mineral óseo.

Palabras clave: densidad mineral ósea, entrenamiento de sobrecarga, masa magra

Abstract

The purpose of this study was to test the hypothesis that strength training benefits diet-controlled obese children with respect to lean mass and bone mineral acquisition. Eighty-two Hong Kong school children (aged 10.4 +/- 1.0 years, 70 in Tanner stage 1, 12 in stage 2) who were obese/overweight were randomly assigned to receive either a balanced low-energy (900-1200 cal) diet plus strength training (n = 41) (training group) or the diet alone (n = 41) (control group). The training group attended a 75-minute strength exercise program 3 times/week for 6 weeks (phase 1), after which they were offered and 22 children opted to continue a once-weekly program for a further 28 weeks (phase 2). All children were evaluated at baseline, after 6 weeks, and at the end of the 36-week study (including an intervening 2-week introduction to phase 2). Body composition and bone mineral content were measured by dual-energy X-ray absorptiometry, and diet was assessed by food-frequency questionnaire. The results showed that the exercise programs were well accepted, with good attendance at the exercise classes. After 6 weeks, the children in the training group showed significantly larger increases in lean body mass (1 0.8 kg [2.4%] vs. 10.3 kg [1.0%], p < 0.05) and total bone mineral content (146.9 g [3.9%] vs. 133.6 g [2.9%], p < 0.05) than those in the control group. At the end of the study, these trends were maintained in the continued-training subgroup, though no longer reaching statistical significance. We conclude that in diet-controlled prepubertal obese/over-weight children, participation in an exercise program with emphasis on strength training resulted in improved lean mass and bone mineral accrual.

Keywords: bone mineral density, resistance training, lean

INTRODUCCION

La masa ósea generalmente tiene buena correlación con el peso corporal tanto en adultos como en niños, pero esta correlación puede no mantenerse en niños obesos. Ha sido reportado que la densidad mineral ósea es relativamente más alta (7) o comparable (3, 11) en los niños obesos prepúberes y púberes con respecto a los niños no obesos, pero que el contenido mineral óseo puede ser relavitamente menor (6, 26). El nivel del contenido mineral óseo es de particular interés en la niñez, el cual es el momento crítico para desarrollar el mineral óseo y en relación con las potenciales consecuencias del control dietario, lo cual es apropiado para niños con obesidad. En adultos obesos, se ha mostrado que la masa ósea corporal total y la densidad mineral ósea decrece luego de la reducción del peso por vía dietaria (1, 9). Es posible que en niños obesos que sigan algún tipo de dieta también exista un perjuicio potencial sobre la acumulación de masa magra y minerales óseos.

La adición de un programa de entrenamiento de la fuerza (o entrenamiento de sobrecarga) a un programa de restricción calórica en adultos obesos resulta en el mantenimiento de la masa magra corporal (5), pero su efecto sobre la prevención de la pérdida de mineral óseo no ha sido todavía aclarado (1). Los efectos del entrenamiento de la fuerza sobre la composición corporal y el nivel del mineral óseo de niños obesos han sido estudiados en limitadas investigaciones. En un estudio en el que participaron 15 niños obesos (22) sin grupo control se ha mostrado un incremento en la masa magra corporal, y en otro estudio llevado a cabo con 11 niñas (24) y en el cual se incluyó un grupo control, se observó una limitada acumulación de grasa intra-abdominal. En niños adolescentes, el entrenamiento de la fuerza y el incremento de la masa magra corporal están asociados con el incremento en la fuerza muscular, y la fuerza muscular se correlaciona con la densidad ósea (19). El entrenamiento de la fuerza en niños y adultos normales ha mostrado incrementar la densidad mineral ósea (10, 14, 16). El entrenamiento de la fuerza, por lo tanto, probablemente provoque el incremento en la masa ósea en niños obesos, una hipótesis que para nuestro conocimiento no ha sido evaluada.

De acuerdo con lo discutido previamente, este estudio fue llevado a cabo para evaluar la hipótesis de que la adición de un programa de entrenamiento de la fuerza a un programa de control dietario para niños obesos puede resultar en una mayor masa magra y en una mayor acumulación de mineral óseo que un programa de control dietario por si solo.

METODOS

Enfoque Experimental al Problema

Se reclutaron niños obesos y con sobrepeso de 13 colegios primarios y fueron asignados aleatoriamente a un grupo de control dietario (grupo control) o a un grupo de control dietario más entrenamiento de la fuerza (grupo entrenamiento). Se prescribió una dieta hipocalórica para ambos grupos, mientras que solo uno realizó entrenamientos de la fuerza durante 6 semanas en las vacaciones de verano (fase 1). Luego de 6 semanas, la mitad de los niños en el grupo entrenamiento optó por continuar su entrenamiento por otras 28 semanas (fase 2). Todos los niños mantuvieron el control dietario durante toda la duración del estudio. Se midieron la composición corporal y el contenido mineral óseo, y se realizaron registros dietarios de todos los niños al comienzo, a las 6 semanas y al final del estudio.

La fase 1 del estudio fue llevada a cabo para evaluar la hipótesis de que la adición de un programa de entrenamiento de la fuerza a un programa de control dietario para niños obesos podría resultar en una mayor masa magra y en una mayor agregación de mineral óseo que un programa de control dietario por si solo. La fase 2 del estudio se llevó a cabo para determinar los efectos a largo plazo y los resultados del desentrenamiento.

Sujetos

Se enviaron invitaciones a niños obesos o con sobrepeso de entre 8-11 años las cuales fueron realizadas través de los maestros escolares de 13 colegios primarios de Hong Kong. Ciento setenta niños y sus padres mostraron interés y por lo tanto se les practicaron las mediciones antropométricas básicas con una explicación introductoria del programa. Todos los niños, cuyo peso fuera mayor que el 120% del peso medio para la talla de acuerdo con el estándar local (12) fueron posteriormente examinados para determinar su condición médica y la maduración sexual, lo cual fue llevado a cabo por un pediatra y un asistente de la investigación bien entrenado. El desarrollo sexual fue valorado utilizando los estadios de Tanner, los cuales incluyen el desarrollo genital para lo niños, el desarrollo de los senos para las mujeres y el crecimiento del bello púbico para ambos sexos. Aquellos niños con historia de enfermedad renal o cardiovascular o de terapia con esteroides y aquellos cuyo estatus de maduración fuera más avanzado que el estadío II de Tanner fueron excluidos de la muestra. Ciento cincuenta y cuatro niños fueron elegibles. Ochenta y dos fueron aleatoriamente seleccionados para participar en el estudio a partir de números generados mediante listas de computadora. Luego de esto, los niños y las niñas, fueron aleatoriamente (pidiendole a cada niño que elija un sobre opaco sellado) asignados al gurpo de entrenamiento (dieta + entrenamiento de la fuerza) o al grupo control (dieta solamente) (n=41, en cada grupo). Luego de 6 semanas (fase 1 del estudio), el grupo entrenamiento fue dividido (por elección de los sujetos) en un subgrupo que dejó de entrenar (n=19) y otro que continuó el entrenamiento (n=22) por otras 28 semanas (luego de un período introductorio de 2 semanas) (fase 2 del estudio) (Figura 1). El protocolo del estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad China de Hong Kong. Antes de su participación cada niño y sus respectivos padres firmaron una forma de consentimiento escrito.


Figura 1. Perfil del estudio.

Medición de la Composición Corporal

El peso corporal fue medido utilizando una balanza electrónica (Seca Delta Model 707, Schmidt & Co., HK Ltd.) con los sujetos vestidos en remera y shorts. La talla fue medida utilizando un estadiómetro Harpenden (Holtain, Reino Unido). La composición corporal fue determinada mediante absorciometría dual de rayos X (DXA; Hologic QDR-4500; Waltham, MA). Se realizó una calibración diaria del dispositivo antes de obtener las imágenes de acuerdo con las indicaciones de los fabricantes. Las imágenes fueron obtenidas con los sujetos en posición supina. Cada imagen corporal total requirió de 3-4 minutos utilizando el modelo fan beam o haz de abanico. Esto permitió la determinación de la masa de tejido magro total y regional (brazos, tronco y piernas), la masa de tejido graso, el contenido mineral óseo (BMC) y la densidad mineral ósea (BMD). Todas las mediciones fueron llevadas a cabo en horas de la mañana con dos 2 horas de ayuno. Los coeficientes de variación fueron de 1, 0.6 y 1.5 % respectivamente para las mediciones del BMC corporal total, lumbar y fémur proximal. Los coeficientes de variación para las mediciones de la masa de tejido magro y de tejido graso fueron de 1 y 2.1%, respectivamente (13, 17). El mismo investigador realizó todas los escaneos de DXA tanto al comienzo, como a las 6 semanas y al final del programa (36 semanas). Luego de que se llevaran a cabo los escaneos, se trazó un mapa óseo de forma manual y se utilizó un programa estándar de análisis de datos (Hologic QDR-4500, version 9.80C) para procesar los mismos. En el presente estudio hemos elegido utilizar el contenido mineral óseo en lugar de la densidad mineral ósea como el resultado principal, ya que en niños en crecimiento los cambios en la densidad y la geometría ósea se producen conjuntamente, y por lo tanto el contenido mineral óseo reflejaría de mejor manera la contribución combinada de la densidad y la geometría a la fortaleza ósea (4, 15).

Dieta

Todos los niños participantes realizaron el mismo programa dietario educacional y se les programó una consulta con un nutricionista, quien se mantuvo ciego a las condiciones de aleatorización durante todo el estudio. El nutricionista prescribió una dieta hipocalórica balanceada que proveía 900-1200 kcal diarias, baja en grasas (20-25%) y con proteínas suficientes (25-30%) para cubrir las necesidades impuestas por el crecimiento (21). El menú prescrito fue variado para adecuarse a los hábitos alimenticios de cada niño. El nutricionista instruyó a los padres acerca de cómo registrar el consumo de alimentos de sus niños. Las porciones fueron medidas en términos de volumen y tamaño familiar y en referencia a un atlas de porciones locales. Los registros dietarios de todos los niños fueron valorados mediante un cuestionario modificado de alimentos (25) al comienzo, a las 6 semanas y a las 36 semanas del programa.

Programa de Entrenamiento

Fase 1

El programa de ejercicios de 6 semanas para el grupo entrenamiento, consistió de 3 sesiones por semana, y por razones prácticas se llevó a cabo durante las vacaciones de verano (Tabla 1). Cada sesión duró 75 minutos e incluyó una entrada en calor de 10 minutos, 30 minutos de entrenamiento de la fuerza, 10 minutos de ejercicio aeróbico, 10 de entrenamiento de agilidad y 5 minutos de entrada en calor, con breves períodos de recuperación entre las estaciones. El programa de entrenamiento tuvo forma de entrenamiento en circuito, y en cada sesión cada niño pasó por 9 estaciones para el entrenamiento de la fuerza, 1 estación para el entrenamiento de agilidad, y 1 estación de entrenamiento aeróbico.

Los ejercicios para el entrenamiento de la fuerza fueron fijos en 8 de las estaciones. Se determinó la fuerza en 10 repeticiones máximas (10 RM) – definido como la máxima cantidad de peso que se podía superar activamente en 10 repeticiones – para los ejercicios de curl de bíceps, press de hombros, press de banco, extensiones de tríceps, extensiones de rodilla, elevaciones de la pierna extendida, prensión palmar y sentadillas con bolsas de arena en los hombros. La intensidad inicial del entrenamiento fue del 75 % de 10 RM predeterminada individualmente por un fisioterapeuta, y se incrementó hasta el 100 % de acuerdo con el progreso individual de cada niño. Se requirió que los niños finalizaran 1 serie de 20 repeticiones en los ejercicios de curl de bíceps, press de hombros, press de banco, extensiones de tríceps, extensiones de rodilla, elevaciones de la pierna extendida, y sentadillas con peso, y 30 repeticiones en el ejercicio de prensión palmar durante cada sesión. En la novena estación del entrenamiento de fuerza, los niños realizaron 1 serie de 20 repeticiones de abdominales o de extensiones lumbares o 1 serie de 10 repeticiones de flexiones de brazo, y estos ejercicios fueron rotados en sucesivas sesiones. Para estimular el interés de los niños, 4 estaciones incluyeron al ejercicio squat thrust (extensiones de las piernas hacia atrás comenzando con las piernas flexionadas, en cuclillas y las palmas de las manos apoyadas en el suelo), saltos, carreras en zigzag y carreras por encima de aros, lo cual consistió el entrenamiento de agilidad y además se incorporaron ejercicios aeróbicos, tales como escalador, cinta ergométrica, cicloergómetro, danzas aeróbicas y juegos. La intensidad del ejercicio aeróbico se mantuvo al 60-70% de la frecuencia cardíaca máxima estimada (monitoreado por oximetría de pulso) durante 10 minutos.


Tabla 1. Fase 1 del programa de entrenamiento (3 sesiones por semana durante 6 semanas).

Fase 2

Luego de este programa de 6 semanas, se les ofreció a todos los niños del grupo entrenamiento continuar con otras 28 semanas de entrenamiento (continuación del entrenamiento), pero reduciendo la frecuencia a una vez por semana (Tabla 2). Esta segunda fase de entrenamiento comenzó dos semanas después del final del programa de 6 semanas, para permitir la evaluación intermedia de la composición corporal y de la aptitud física. Los sujetos participaron en una sesión semanal de una hora, en grupos de 4-6 niños supervisados por un instructor deportivo profesional y un asistente. Cada sesión comenzó con una entrada en calor de 5 minutos de trote y 10 minutos de estiramiento, a lo cual le siguieron 40 minutos de entrenamiento de la fuerza seguidos por 5 minutos de ejercicios de estiramiento para la vuelta a la calma. Los pesos o las repeticiones fueron ajustados de acuerdo con las capacidades individuales de cada niño. Los ejercicios para el entrenamiento de la fuerza se llevaron a cabo en 2-3 series de 10-15 repeticiones en los ejercicios de squat thrust, circuito abdominal (recostado) y rotaciones de tronco en posición de decúbito supino, 2-3 series de 10-20 repeticiones en los ejercicios de flexión de brazos (sobre las rodillas), curl de bíceps y press de hombros, y 2-3 series de 1 minuto de sentadilla modificada. Luego de 12 semanas, se incrementó el volumen a 3-4 series de 15-20 repeticiones de squat thrust; 2-3 series de 15-20 repeticiones de abdominales y extensiones lumbares; 3 series de 15-20 repeticiones de curl de bíceps, press de hombros, elevaciones de piernas, y aperturas con mancuerna en banco plano/inclinado; 3 series de 10 repeticiones de estocadas reversas a cada lado; y 1 minuto de mantenimiento en la posición del ejercicio extensiones de brazos o “lagartijas”.


Tabla 2. Fase 2 del programa de entrenamiento (una sesión semanal durante 26 semanas).

Análisis Estadísticos

Los análisis estadísticos fueron llevados a cabo utilizando el programa SPSS (SPSS 10.0 para Windows; SPSS, Inc., Chicago, IL). Se trazaron histogramas para todas las variables para excluir cualquier tipo de sesgo en la presencia de los cuales los datos pudieran se transformados antes de comparar las diferencias grupales. Para comparar las características iniciales entre los grupos control y entrenamiento se utilizó la prueba t de Student. Para comparar las variables en cada grupo al inicio del estudio con aquellas obtenidas luego del período de intervención de 6 semanas y luego del período de 36 semanas se utilizó la prueba t de Student para datos apareados. Los cambios entre los diferentes puntos del tiempo fueron nuevamente comparados entre los grupos control y entrenamiento utilizando la prueba t de Student. Los datos iniciales y los obtenidos a las 6 semanas fueron comparados entre el subgrupo que continuó entrenando y el subgrupo que dejó de entrenar para excluir potenciales sesgos en los resultados. Un valor de p≤0.05 fue considerado estadísticamente significativo.

RESULTADOS

Al inicio del programa no se observaron diferencias entre los 41 niños de cada grupo, cada uno con 14 niñas y con una edad promedio de 10.3±1.0 y 10.5±1.0 años para los grupos control y entrenamiento, respectivamente. En las evaluaciones iniciales no se hallaron diferencias significativas en el peso corporal, la composición corporal, ni en el contenido mineral óseo (Tabla 3). Setenta niños se encontraban en el estadío I de Tanner y 12 en el estadío II.

Fase 1

Ninguno de los sujetos abandonó el estudio durante el programa de entrenamiento de verano de 6 semanas. La asistencia media a las sesiones de entrenamiento para cada niño fue del 83±17 % y en cada sesión hubo una asistencia del 83±7 % de los niños. Las razones de las ausencias fueron principalmente a viajes al exterior con la familia o a enfermedades menores.

Fase 2

Luego del programa de verano, todos los niños del grupo entrenamiento fueron invitados a continuar asistiendo al programa de entrenamiento. Diecinueve niños (46%) declinaron a la invitación, citando el comienzo del horario escolar como la principal razón. La asistencia media de cada niño fue del 79 ± 11%, y cada sesión de entrenamiento tuvo una asistencia media del 78 ± 14% de los niños. Las razones de las ausencias fueron principalmente evaluaciones escolares o enfermedades menores. Un niño del grupo control sufrió una fractura de la tibia mientras bajaba por las escaleras durante el período del estudio. Ningún niño en los grupos de entrenamiento sufrió algún tipo de lesión durante el estudio.


Tabla 3. Composición corporal y contenido mineral óseo (BMC) en los grupos control y entrenamiento al inicio del programa, conjuntamente con los cambios a las 6 y 36 semanas en relación al valor inicial. Los datos son presentados como valores medios ±(DE). † implica cambio dentro del grupo respecto del valor inicial a un nivel de significancia p<0.05; †† implica cambio dentro del grupo respecto del valor inicial a un nivel de significancia p<0.001; § implica cambio con respecto al grupo control a un nivel de significancia p<0.05.

Composición Corporal y Contenido Mineral Óseo

La talla y el peso se incrementaron con el tiempo, pero el índice de masa corporal y la masa grasa se alteraron solo ligeramente (Tabla 3). A las 6 semanas, la masa magra corporal se incrementó en mayor medida en el grupo entrenamiento que en el grupo control (+0.8 kg [2.4%] vs. +0.3 kg [1.0%], p<0.05). El contenido mineral óseo se incrementó con el tiempo en ambos grupos, pero se incrementó ligeramente más en el grupo entrenamiento luego de transcurridas 6 semanas (+46.9 g [3.9%] vs. +33.6 g [2.9%], p<0.05). No se observaron diferencias significativas en la masa magra o en la agregación de mineral óseo entre los 2 grupos luego de 36 semanas (Tabla 3).

Comparación de los Dos Subgrupos en la Fase 2

Los datos sugieren que la elección de los participantes en los 2 subgrupos pudo haber contribuido a la aparición de pequeños sesgos respecto de los efectos del entrenamiento en esta segunda parte del estudio. No se hallaron diferencias significativas en la talla, peso o BMI entre los sujetos que continuaron el entrenamiento y aquellos que lo discontinuaron, no obstante, el porcentaje de grasa corporal fue significativamente mayor y la masa magra significativamente menor, tanto al inicio como luego de 6 semanas de intervención, en aquellos con discontinuaron el entrenamiento que la observada en aquellos que continuaron el entrenamiento (para todo, p<0.01) (Figura 2). Los cambios en el porcentaje de grasa corporal y en la masa magra entre el inicio y las 6 semanas en los 2 subgrupos no fueron diferentes uno del otro. No se hallaron diferencias en la asistencia a las sesiones de entrenamiento en las 6 semanas iniciales de entrenamiento.


Figura 2.
Porcentaje de masa grasa y masa libre de grasa en los subgrupos que discontinuaron y continuaron el entrenamiento, antes y después de las 6 semanas iniciales de intervención con control dietario y entrenamiento.

Ingesta Dietaria

El cuestionario de frecuencia de alimentos confirmó que la ingesta dietaria no fue diferente entre los grupos entrenamiento y control al comienzo del estudio ni a las 6 o a las 36 semanas.

Luego de 6 semanas de dieta hipocalórica balanceada se observó en ambos grupos una reducción ingesta de calorías, carbohidratos, proteínas y grasas, en comparación con los valores observados al inicio del estudio. Sin embargo, hacia el final del estudio, la ingesta de todos estos componentes, excepto la ingesta de grasa, se incrementó hasta alcanzar el nivel inicial en ambos grupos (Tabla 4).


Tabla 4. Ingesta dietaria diaria en los grupos control y entrenamiento al inicio del programa conjuntamente con los cambios observados a las semanas 6 y 36 en relación con el valor inicial. Los datos son presentados como valores medios±(DE). † implica cambio dentro del grupo respecto del valor inicial a un nivel de significancia p<0.05;‡ implica cambio dentro del grupo respecto del valor inicial a un nivel de significancia p<0.001.

DISCUSION

Nuestro estudio previo mostró que los niños obesos se consideraban a si mismos como niños con una menor coordinación, aptitud deportiva, flexibilidad y resistencia física, pero con una mayor fuerza (8). Para incrementar su confianza y estimularlos a participar en un programa de ejercicios, hicimos énfasis en el entrenamiento de la fuerza y consideramos que las vacaciones de verano proveían cierta ventaja para llevar a cabo un régimen especial de ejercicio. La buena asistencia a las sesiones de ejercicio durante las primeras 6 semanas mostró que el programa es accesible. Sin embargo, luego del programa de verano de 6 semanas, solo el 54% de los niños obesos que participaron en el grupo de entrenamiento acordaron continuar con el mismo. La principal razón citada por los niños para no continuar con el entrenamiento fue problemas con los horarios, pero la motivación pudo en parte haber contribuido a la elección, una posibilidad respaldada por el hecho de que los niños que continuaron con el entrenamiento tenían menos grasa corporal al comienzo y a las 6 semanas que los que discontinuaron el entrenamiento.

La hipótesis de este estudio fue que el entrenamiento de la fuerza es beneficioso para los niños con sobrepeso/obsesos en términos de masa magra y agregación de mineral óseo. Esta hipótesis se vio respaldada por nuestros hallazgos clave: (a) el programa de 6 semanas de ejercicio físico con predominancia de entrenamiento de la fuerza resultó en un modesto, pero significativo incremento en la masa magra y en el contenido mineral óseo en comparación con el grupo control, el cual solo realizó dieta; y (b) estas tendencias se mantuvieron luego de 28 semanas adicionales de entrenamiento de la fuerza menos intensivo, aunque las diferencias ya no fueron significativas. Este último hallazgo no es sorprendente, considerando la poca frecuencia de entrenamiento durante la fase 2.

Los estudios acerca del entrenamiento de la fuerza en niños son escasos. Generalmente se ha creído que el entrenamiento de la fuerza no provoca incrementos en la masa muscular en niños prepúberes, y las ganancias de fuerza luego del entrenamiento han sido atribuidas a adaptaciones neuromusculares (18). Unos pocos estudios recientes, sin embargo, mostraron cierta evidencia de que la masa muscular puede incrementarse en respuesta al entrenamiento de sobrecarga en niños prepúberes (20, 23). Schwingshandl et al. (20) mostraron que, luego de 12 semanas de entrenamiento de sobrecarga, un grupo de 14 niños y niñas con una edad promedio de 11.0 años y que se encontraban realizando dieta tuvieron una ganancia significativamente mayor de masa libre de grasa que el grupo control ligeramente mayor en edad (12.2 años) y que solo realizó dieta. Suman et al. también mostraron que un programa de entrenamiento de la fuerza de 12 semanas provocó incrementos en la fuerza y en la masa muscular tanto en niños preadolescentes como adolescentes con quemaduras (23). Nosotros hemos mostrado un modesto incremento en la masa magra total de 0.8 kg (2.4%) en el grupo de entrenamiento, lo cual concuerda con los dos estudios previamente citados.

Aun menos estudios han investigado los efectos del entrenamiento de la fuerza sobre el contenido mineral óseo en niños y adolescentes. Blimkie et al. observaron un transitorio incremento en el contenido mineral óseo de la columna lumbar en un grupo de 16 mujeres adolescentes luego de la primera mitad de un programa de entrenamiento de sobrecarga de 26 semanas (2). Nichols et al. mostraron que la densidad mineral ósea del cuello femoral se incrementó significativamente en el grupo de entrenamiento luego de 15 meses de entrenamiento de la fuerza. Sin embargo, en su estudio más de la mitad de las niñas abandonaron los grupos experimental y control (16). Morris et al. reportaron que un programa de ejercicio de 10 meses, el cual consistió de entrenamientos aeróbicos y de sobrecarga, incrementó significativamente la densidad mineral ósea corporal total en un 3.5% en 38 niñas preadolescentes con peso normal (14). En nuestro estudio, hemos observado un incremento significativo, 46.9g (3.9%), en el contenido mineral óseo del grupo entrenamiento luego de 6 semanas de entrenamiento, lo cual concuerda con lo observado en el estudio de Morris. También observamos una tendencia hacia un mayor incremento en el contenido mineral óseo total y lumbar y en la densidad mineral ósea total y regional hacia el final del estudio en el subgrupo que continuó entrenando.

Una de las principales limitaciones que debe tenerse en cuenta en nuestro estudio es que, por razones prácticas, nosotros no tuvimos un grupo en el cual no se haya realizado ninguna intervención para comparar con los grupos que realizaron solo dieta y dieta más entrenamiento de la fuerza. Por lo tanto es imposible extraer alguna conclusión acerca del efecto del control dietario sobre la masa muscular y el contenido mineral óseo en niños con obesidad/sobrepeso. Una segunda limitación es que nuestros niños no alcanzaron el objetivo de reducir la ingesta calórica a 900-1200 kcal en las primeras 6 semanas de estudio. El cumplimiento con la dieta fue incluso más pobre en la segunda fase del estudio y por lo tanto no se observó una reducción significativa en el BMI. No obstante, es interesante señalar que aun con un período tan corto, en el grupo entrenamiento se observó un incremento significativamente mayor en la masa magra y una tendencia hacia la reducción en el porcentaje de grasa. Debido a que el consumo de oxígeno se incrementa con el incremento en la masa magra, es probable que a largo plazo los niños obesos que realicen entrenamientos de la fuerza quemen más calorías y experimenten reducciones en su grasa corporal. Hubo múltiples razones para el pobre cumplimiento con la dieta; pero un factor importante pudo haber sido el inadecuado refuerzo por parte del nutricionista de nuestro programa (dos veces semanales durante 6 semanas y solo dos veces en la segunda fase). En los futuros estudios se debería hacer un control más estricto de la dieta de manera que se puedan demostrar los efectos de la dieta sobre la masa magra corporal y el BMC en niños obesos.

En conclusión, nuestro estudio de duración relativamente corta mostró que un programa de ejercicio con énfasis en el entrenamiento de la fuerza puede tener un modesto, pero significativo, efecto sobre la agregación de masa magra y de mineral óseo en niños obesos prepúberes.

Aplicaciones Prácticas

Este estudio provee evidencia de que el entrenamiento de la fuerza beneficia a los niños preadolescentes con obesidad/sobrepeso respecto de la agregación de masa magra y mineral óseo. Son necesarias investigaciones adicionales que tengan una mayor duración, con un control dietario más estricto y con una mayor frecuencia de entrenamiento para confirmar los efectos del entrenamiento de la fuerza sobre los cambios en la composición corporal y en el contenido mineral óseo en niños obesos que realicen dieta.

Agradecimientos

Este proyecto fue respaldado por una subvención otorgada por el Consejo para Becas de Investigación de la Región Administrativa Especial de Hong Kong (proyecto CUHK 4060/00M). Queremos agradecer al Profesor Andrew Henderson por su revisión crítica y por sus sugerencias constructivas. Este estudio fue llevado a cabo en el Laboratorio de Salud Ósea, Escuela de Salud Pública, Universidad China de Hong Kong.

Dirección para el Envío de Correspondencia

Rita Y.T. Sung, correo electrónico: yntzsung@cuhk.edu.hk

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Cita Original

Yu, C.C.W., R.Y.T. Sung, R.C.H. So, K.-C. Lui, W. Lau, P.K.W. Lam, and E.M.C. Lau. Effects of strength training on body composition and bone mineral content in children who are obese. J. Strength Cond. Res.; 19 (3): 667–672. 2005.

Cita en Rev Edu Fís

Clare C Yu Chung Wah, Rita Y Sung, Raymond C So, Kam-Chi Lui, Winnie Lau, Peggo K Lam y Edith M Lau (2014). Efectos del Entrenamiento de la Fuerza sobre la Composición Corporal y el Contenido Mineral Óseo en Niños con Obesidad. Rev Edu Fís. 30 (3).
https://g-se.com/efectos-del-entrenamiento-de-la-fuerza-sobre-la-composicion-corporal-y-el-contenido-mineral-oseo-en-ninos-con-obesidad-802-sa-557cfb27189f26

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