El ejercicio físico y su importancia en la prevención y el control del Cáncer

El ejercicio físico y su importancia en la prevención y el control del Cáncer

Manuel Martín

IICEFS

Es difícil que no conozcamos la magnitud de la palabra cáncer, más allá del conocimiento de su profundo significado todos atisbamos su enorme peso humano, pues es imposible obviar la historia personal que subyace tras cada uno de ellos. Tiene un enorme peso en nuestra sociedad pues la Organización Mundial de la Salud (ensu nota descriptiva N°297, Febrero de 2013) [1] estima que el número de defunciones por cáncer siga aumentando en todo el mundo y supere los 13,1 millones en 2030 (invito a seguir los datos estadísticos, de enorme magnitud en “CancerMondial”, website de la Internacional Agency of Cancer Research, que nos da acceso a diversas bases de datos sobre la enfermedad).

Bajo la denominación de cáncer subyacen más de 200 tipos de enfermedades. Cada uno de estos puede tener características completamente diferentes al resto, pudiendo considerarse enfermedades independientes, con sus causas, su evolución y sus tratamientos específicos. Sin embargo, todas ellas tienen un denominador común: las células cancerosas adquieren la capacidad de multiplicarse y diseminarse por todo el organismo sin control (AECC, 2013) [2].

Por otro lado,es muy posible que no alcancemos a conocer la importancia del ejercicio físico en relación a la enfermedad. ¿Es tan importante? Para resolver esta cuestión resulta interesantísimo asomarnos a cómo ha ido evolucionando el número de trabajos de investigación en los últimos 20 años para poder afirmar que disponemos de fuentes sólidas para establecer un debate profundo sobre el importante papel que el ejercicio puede jugar en el continuo de la enfermedad. Tal es así, que podemos afirmar que es claro, el papel del ejercicio en la prevención como en su control [3].

Debido a los datos actuales de prevalencia y las estimaciones publicadas por los diferentes estamentos existen campañas de concienciación sobre la importancia de un modo de vida activo para prevenir y controlar el cáncer. Dentro de este estilo de vida activo se señala a la “actividad física” pero este término es incompleto y es una de las limitaciones que presentan muchos de los trabajos de investigación basados en cuantificar la actividad física o medir su efecto sobre nuestro estado de salud [4]. Aunque iremos abordando esta problemática en diferentes entradas, sobre esta cuestión invitamos al lector a visitar la enciclopedia terminológica editada en esta misma sección, y consultar la definición del término “ejercicio” (pues es el punto de partida para una intervención efectiva y rigurosa).

En esta línea, tal es la relación de la inactividad física con el cáncer, que el bajo nivel de ésta junto con el control del peso y la dieta elegida son los principales factores de riesgo modificables más importantes [5](en población no fumadora, pues esta es la causa del 22% de las muertes mundiales por cáncer en general, y del 71% de las muertes mundiales por cáncer de pulmón (OMS, 2012).


En palabras de John R. Seffrin [6], jefe ejecutivo de la American Cancer Society en 2012, en Estados Unidos 2 de cada 3 adultos tiene sobrepeso u obesidad y realiza menos de la mitad de la actividad física necesaria. Entre los niños, 1 de cada 3 tiene sobrepeso u obesidad y menos de 1 de cada 4 realiza la actividad física suficiente. En un trabajo muy interesante realizado en Alberta (Canadá) [7] con una muestra de 14.224 personas que analizó los hábitos de actividad física, se concluyó que la población, particularmente mujeres e individuos obesos, no son suficientemente activos para prevenir el cáncer. En este trabajo se cuantificó la actividad física diaria, en vida social y laboral. Se comparó con las líneas generales marcadas por diferentes estamentos para lograr prevenir el cáncer a través del ejercicio físico y la alimentación. Las conclusiones de este estudio muestran cómo la vida diaria laboral no supone un estímulo de intensidad suficiente como para generar beneficios para nuestra salud, aún cuando la actividad sea más física que sedentaria (incluso que la actividad física en nuestro tiempo de ocio tampoco satisface dichas necesidades).

En próximas entradas abordaremos estas líneas generales y las compararemos, y entenderemos la necesidad de integrar el ejercicio como clave en todo este problema.

Debido a la dimensión de la relación entre el cáncer y el ejercicio físico resulta difícil establecer un consenso general respecto de las recomendaciones para todos los casos, teniendo en cuenta la cantidad de tipos de cáncer diferentes, su evolución y los diferentes tratamientos de cada uno de ellos.

Si queremos abordar de forma rigurosa la relación entre cáncer y ejercicio debemos partir de comprender el continuo de la enfermedad, pues el ejercicio jugará un papel diferente en los distintos momentos a lo largo del proceso. A partir de aquí podemos ir de lo general a lo específico, estableciendo relaciones concretas con cada tipo de cáncer y su propia evolución, analizando el momento temporal en el que vamos a intervenir como especialistas en ejercicio físico. De esta manera Courneya (2007) [9] especifica una serie de fases, dos antes del diagnóstico y cuatro periodos después de éste, con objetivos para la programación del ejercicio en cada fase que podemos simplificar en tres grandes momentos:

Prevenir, afrontar mejor los efectos agudos que provocarán los tratamientos, atenuar estos efectos durante el tratamiento, recuperar el estado previo a la enfermedad una vez superada garantizando una mejora de la calidad de vida, y conformar parte de los tratamientos que pretenden intervenir sobre las consecuencias crónicas serán por tanto, a nivel general los diferentes objetivos según cada momento de este continuo [3].


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Referencias bibliográficas.

1. Organización Mundial de la Salud. Nota descriptiva N°297. Febrero 2012.: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/es/

2. https://www.aecc.es/SobreElCancer/elcancer/Paginas/Elcancer.aspx

3. Schmitz, KH.; Courneya, KS.; Matthews, C.; et al. American College of Sports Medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(7):1409–26.

4. Campbell, KL.; Neil, SE.; Winters-Stone, KM. Review of exercise studies in breast cancer survivors: attention to principles of exercise training. Br J Sports Med 2012;46:909–916.

5. Kushi, L.;Doyle, C.; McCullough, M.; Rock, C.; Demark-Wahnefried, W. American Cancer Society Guidelines on Nutrition and Physical Activity for Cancer Prevention Reducing the Risk of Cancer With Healthy Food Choices and Physical Activity. CancerJ Clin 2012;62:30–67.

6. Informe de la Nación EEUU, elaborado desde 1998. Creado por investigadores de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (ACS), de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y de la Asociación Norteamericana de Registros Centrales de Cáncer (NAACCR). Aparece primero en Internet en el Journal of the National Cancer Institute y será publicado impreso en el número 3, volumen 105 thttp://www.cancer.gov/espanol/noticias/informeNacion2013.

7. Aparicio-Ting, FE.; Friedenreich, CM.; Kopciuk, KA.; Plotnikoff, RC.; Bryant HE. Prevalence of meeting physical activity guidelines for cancer prevention in Alberta. Chronic Diseases and Injuries in Canada. 2012; Vol 32, No 4, September

8. Ballard-Barbash, R.; Friedenreich, CM.; Courneya, KS.;Siddiqi, SM.; McTiernan, A.; Alfano, CM. Physical activity, biomarkers, and disease outcomes in cancer survivors: a systematic review. J Natl Cancer Inst. 2012; Jun 6;104(11):815-40.

9. Courneya, KS.; Friedenreich, CM. Physical activity and cancer control. Semin Oncol Nurs. 2007;23(4):242–52




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