El entrenamiento funcional como producto del fitness actual (III)

El entrenamiento funcional como producto del fitness actual (III)

Guillermo Peña

Juan Ramón Heredia

Víctor Segarra

IICEFS


La industria del Fitness es un sector en continua metamorfosis y desarrollo. La oferta de programas de actividad física de carácter individual o colectivo es inmensamente variada, y los objetivos pretendidos y públicos que los consumen son aún más heterogéneos. Como en cualquier otro sector cada producto o servicio tiene una vida útil (en términos de rentabilidad económica) determinada, hasta que un nuevo producto más “evolucionado” acaba por eclipsar o fagocitar al anterior. En la última década la industria del Fitness ha desarrollado más productos, equipamientos, servicios y programas que en toda su historia. No obstante, este vertiginoso desarrollo y expansión (que genera tanta riqueza y puestos de trabajo afortunadamente) no viene acompañado siempre del indispensable respaldo y beneplácito científico ni tampoco del reciclaje continuo de los técnicos que desarrollan su labor en este ámbito.

Ante este panorama, podríamos plantear que el “entrenamiento funcional” o functional training (como hoy día se nos presenta) parece más un producto del marketing - que busca hacerse un hueco en la apretada oferta de actividades circunscritas al ámbito del Fitness - que un método de entrenamiento verdaderamente saludable y eficaz amparado por evidencias científicas. De hecho es difícil encontrar dos técnicos o centros de Fitness que desarrollen programas de entrenamiento funcional que compartan idénticas características, principios y criterios de progresión (si los hubiere). No existe un acuerdo avalado por la comunidad científica respecto del efecto de su aplicación. Pensamos por tanto, que el término “funcional” acuñado a muchas de las propuestas emergentes que se dan a conocer bajo esta tendencia es a priori inapropiado a la vista de las características de las mismas (ya que, como se argumentó en las dos primeras entradas del blog, no atienden a las verdaderas funciones del sistema psico-biológico).


Por esta razón se nos antoja necesario analizar en profundidad un verdadero enfoque funcional del entrenamiento para poder establecer los preceptos básicos que cumplan con su cometido: mejorar las prestaciones físicas con mayor transferencia a las AVD/AVDL y responder a las cambiantes necesidades del sistema psico-biológico humano a lo largo del proceso vital, salvaguardando siempre la integridad del propio sistema).

Dicho esto, presentamos a continuación las características o particularidades de este modelo presuntamente “funcional” del entrenamiento que se nos vende, y que por distintos especialistas y desde distintas plataformas se proclama, pero que como iremos analizando no siempre cumplen con la lógica interna, justificación científica o criterios de seguridad necesarios:

1.La piedra angular y el propósito final del entrenamiento funcional es la preparación o transferencia a conductas motoras de la vida cotidiana y/o laboral (incluso deportivas).

Bajo este pretexto se proponen básicamente ejercicios en forma y velocidad basados en la reproducción de tales acciones, u otras que a menudo nada comparten a nivel cinemático y cinético con las desarrolladas en la vida cotidiana de la mayoría de personas, o que aunque compartan algunas de sus características no tienen en cuenta el estado o nivel de acondicionamiento inicial y capacidad estabilizadora de las estructuras que soportan tales movimientos. Además, como ya comentamos en la segunda entrada sobre esta temática, no parece existir suficiente producción científica que aborde objetivamente los efectos del entrenamiento basado enpropuestas “funcionales” para el desarrollo y la mejora del estatus funcional [1, 2].

Reconocemos que la prescripción del ejercicio desde una perspectiva funcional sólo es posible si se considera las actividades de la vida diaria cotidiana y laboral de la persona, pero que el propósito no es seguir reproduciendo tales patrones, sino compensar los posibles desequilibrios musculares que dichas actividades puedan conllevar después de un concienzudo análisis de las mismas y una valoración del sujeto.

2. La máxima “funcionalidad” se consigue entrenando por cadenas musculares, y no de forma analítica o local (se prefiere la solicitación muscular global). Se rechaza el aislamiento muscular que conlleva ejercicios de carácter mono-articular y casi siempre se entrena mediante acciones poli-articulares de cadena cinética cerrada o abierta. Por tanto, sólo se aboga por la realización de movimientos articulares globales o “continuos musculares”.

Pero al contrario de lo que se piensa, ha sido demostrado que el entrenamiento tradicional más “analítico” lidera incrementos sobre el estatus funcional [1, 2]. No obstante, la propuesta de entrenamiento por cadenas muscularesnos parece muy interesante y acertada, pero deberíamos considerarla dentro del proceso de entrenamiento debiendo integrarse en el momento o fase oportuna. Cualquier “cadena” será tan fuerte (rendirá) en función de su eslabón más débil (factor limitante). Así, si solicitamos una participación integrada de una cadena muscular, debemos asegurarnos la respuesta adecuada de cada uno de sus eslabones (estructuras activas o pasivas), a fin de evitar que en la realización de un movimiento de estas características algunas de las estructuras puedan superar su zona plástica.

3. Apego por la realización de ejercicios con total libertad de movimiento (tridimensionales o multiplanares) que implican aceleración, desaceleración y estabilización conjunta, pretendiendo ser mucho más parecidos a las acciones de la vida cotidiana.Por eso promueven el entrenamiento mediante ejercicios en inestabilidad, cables multipoleas, correas suspendidas en el aire, kettlebells, propio peso corporal, bandas elásticas, trineos, etc.La libertad total de movimientos articulares trata de ser la esencia de este nuevo “paradigma” de entrenamiento. En contraposición se rehúye de medios de entrenamiento que supongan una gran estabilización externa/pasiva, caso de las máquinas de musculación, que sólo permiten realizar movimientos en un único plano y apenas solicitan a la musculatura estabilizadora.

Sin embargo, el entrenamiento mediante estos medios que permiten total libertad de movimiento tridimensional exige una gran estabilización interna/activa, que no todos los sujetos poseen en cada uno de los núcleos articulares involucrados, y que por el contrario deberían comenzar realizando tareas en entornos que facilitasen dicha estabilidad externa.

El entrenamiento funcional, entendido como precursor de transferencia a la vida cotidiana y laboral, no debería basarse única y exclusivamente en movimientos multiplanares y activaciones de cadenas musculares. La funcionalidad podría venir determinada por una selección de algunos ejercicios basada en las características del patrón motriz (biomecánicas) y de esfuerzo físico (bioenergéticas) durante la vida diaria y laboral [1]. Un ejercicio en sí mismo no tiene la virtud de ser o no funcional sino tenemos en cuenta la persona e idiosincrasia a la que va dirigida. En realidad, casi cualquier ejercicio puede ser funcional para una persona determinada en un momento dado de la progresión del entrenamiento.

4.Se presta atención no sólo a la articulación involucrada y musculatura implicada sino a la musculatura con mayor protagonismo estabilizador para permitir el movimiento seguro. Por ello se le otorga gran importancia al acondicionamiento de la musculatura estabilizadora de la zona media (CORE), así como también a los estabilizadores de la cintura escapular.

El problema viene cuando no se diseñan ejercicios y progresiones de los mismos que cumplan criterios de seguridad, y respondan a la verdadera funcionalidad de esta musculatura (funcionar como una unidad para otorgar estabilidad al tronco [3] -a menudo generando patrones de coactivación- para evitar movimientos no deseados del raquis).

5. Para ello, a menudo se utilizan superficies o medios que amplifican la inestabilidad externa para aumentar la actividad propioceptiva y las demandas de control neuromuscular, y se realizan ejercicios sobre estas superficies que no sólo impliquen a la musculatura central sino también a las extremidades.

El problema es entender que no todo entrenamiento realizado en situaciones de inestabilidad es “funcional” ni todo entrenamiento funcional debe realizarse en entornos inestables. La inestabilidad añadida por cualquier dispositivo es sólo un recurso a considerar en el diseño y selección de los ejercicios. Sobre esta cuestión realizaremos otra entrada en este blog próximamente.

6. La dificultad e intensidad de los ejercicios se varía en función de los brazos de palanca, la base de sustentación, la velocidad del ejercicio, etc.

Sin embargo, no se monitoriza ni se consideran suficientemente otros parámetros de la dosis que no tengan que ver con la cinemática del gesto, como por ejemplo, el número de series, número de repeticiones, el intervalo de descanso entre series, etc. En muchas ocasiones, estas propuestas carecen de criterios de progresión sobre los que fundamentar el entrenamiento.

Por nuestra parte consideramos que, si bien algunas de esas características expuestas pueden formar parte en ocasiones de un enfoque funcional del entrenamiento (pero no siempre, en todas las situaciones y para todos los sujetos), existen otros requisitos que establecen las verdaderas bases de un planteamiento funcional del entrenamiento [2]. Tales requisitos no pueden ser ignorados sea cual sea la forma de abordar el entrenamiento desde una perspectiva saludable:

1. Realizar un análisis previo individualizado de las características biomecánicas y de las necesidades y requerimientos bionergéticos de las AVD y AVDL.

2. Realizar una valoración previa individualizada de los desequilibrios/desajustes neuromusculares provocados por tales AVD y AVDL.

3. Salvaguardar la integridad del sistema pasivo (osteo-articular) en la selección y ejecución de los ejercicios. Para lo cual debemos respectar los rangos articulares de seguridad (RAS) de cada núcleo y acción articular para garantizar la estabilidad y funcionalidad articular.

4. Considerar las adaptaciones del entrenamiento según los requerimientos específicos asociados a las diferencias sexuales (a nivel estructural, neurofisiológico y endocrino).

5. Considerar las adaptaciones del entrenamiento según los procesos degenerativos asociados a la edad (a nivel neuromuscular y óseo).

6. Fortalecer el core respetando su verdadera funcionalidad. Saber integrar los medios inestables en el momento, dosis y forma oportuna.

7. Comprender las bases del concepto de transferencia motriz y saber aplicar correctamente el principio de especificidad.

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Referencias bibliográficas.


1. Colado JC, Chulvi I, y Heredia, JR (2008) Criterios para el diseño de los programas de
acondicionamiento muscular desde una perspectiva funcional. En: Ejercicio físico en salas de acondicionamiento muscular: bases científico-médicas para una práctica segura y saludable. Rodríguez PL, ed. Madrid: Panamericana. pp 154-167

2. Heredia JR, Peña G, Moral S (2011): Entrenamiento funcional en Sañudo B y García B (Coordinadores): Nuevas orientaciones para una actividad física saludable en centros de fitness. Editorial Wanceulen.

3. Akuthota, V., & Nadler, S. (2004). Core strengthening. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 85(S1), S86-S92.

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