​El entrenamiento muscular hipertrófico

​El entrenamiento muscular hipertrófico

Cuando empezar no es mañana sino ayer

Jorge Roig (2015)

Los músculos tienen un estrecho vínculo con la adquisición, mantenimiento y prolongación de un mejor estado de salud y calidad de vida. Hasta acá hay suficientemente demostrado y escrito como para que se ponga en duda esta afirmación. Lo que no está multiplicado adecuadamente como conocimiento tiene que ver con cuáles son las razones que confirman la necesidad de empezar con el entrenamiento de la fuerza lo antes posible, a sabiendas que habrá un momento en el cual puede ser tarde para algunas cuestiones muy importantes, como veremos.

Que los músculos se adaptan a ciertos estímulos de entrenamiento es bien conocido. Así, hay mejoras de tipo metabólicas que permiten que cualifique su trabajo contráctil, sea incrementando el número de repeticiones durante un tiempo determinado, sea contrayéndose durante un plazo temporal mayor, sea incrementando la velocidad de contracción, etc. Pero también hay demostrada evidencia que ellos se adaptan a cargas crecientes, aumentando su fuerza y también el tamaño de sus fibras.

Respecto de lo anterior, muchas investigaciones se han llevado a cabo para determinar cuáles son los mecanismos envueltos en esta modificación que conduce incluso al incremento del volumen de la musculatura envuelta en la ejercitación. Respecto de esto, se sabe que la hipertrofia muscular es la consecuencia de un incremento en la proteína miofibrilar, que es aquella que se reconoce como constitutiva de los sarcómeros. La otra forma de incremento de proteínas a nivel del mencionado tejido son las llamadas proteínas metabólicas, que son la que constituyen estructuralmente las mitocondrias y sus complejos enzimáticos y definidas por esa razón como proteínas responsables de la biogénesis mitocondrial.

Una de las comprobaciones más importantes realizadas hasta ahora es haber observado que para que una fibra pueda multiplicar su caudal proteico es necesario que se activen ciertas proteínas biomoleculares responsables de señalizar a genes presentes en el núcleo de la miofibrilla que está sometida a trabajo contráctil. Vinculado a esto, hay evidencia al respecto que los núcleos celulares no pueden sufrir mitosis, es decir, no pueden multiplicarse. Así las cosas, que una fibra muscular pueda potenciar su síntesis proteica más allá de lo normal dependerá linealmente de que sus núcleos se incrementen en número. Relativamente a esto, por ejemplo, se sabe que el miocardio no logra incrementar el número de núcleos, lo que a priori aseguraría que si crece de tamaño el corazón no será bajo una forma hipertrófica como lo puede hacer la musculatura esquelética. En un trabajo reciente de Collins y colaboradores, dieron evidencia que unas pocas células satélites que se asocian a una miofibrilla eran capaces de dar origen a más de 100 nuevas miofibras (Collins et al. Stem cell function, self-renewal, and behavioral heterogeneity of cells from the adult muscle satellite cell niche, Cell. 2005 Jul). En este punto, la importancia de las células satélites en la hipertrofia es central, ya que en la fusión a las miofibrillas originales ellas aportan nuevos núcleos a estas y de esta manera se le incrementa el número de los mismos a cada una de las fibras musculares originales. Esta particularidad en la evolución del músculo hacia la hipertrofia por incremento del número de núcleos en la miofibrilla, tiene una importancia central menor en las etapas últimas de la vida, dado que la respuesta no es igual cuando el sujeto envejece a cuando era más joven.

Como ha sido suficientemente demostrado, que un músculo incremente la proteína miofibrilar o sarcomérica está asociado a que exista una vía de señalización que luego de fosforilar a la mTOR, esta acabe por afectar a otras proteína-quinasas que comprometerán al gen nuclear específico. De esta manera él se responsabilizará por incrementar la síntesis de aquellas proteínas que se deben multiplicar en la fibra muscular afectada a entrenamiento hipertrófico. Lo interesante de ello es que se ha demostrado que la hipertrofia de la fibra muscular está precedida por la adición de nuevos núcleos, los que como se dijo no se neoforman por mitosis sino que son aportados por las células satélites que se fusionan a las estimuladas contráctilmente (Bruusgaard J. C. Myonuclei acquired by overload exercise precede hypertrophy and are not lost on detraining, Proc Natl Acad Sci U S A. 2010). De esta manera, este incremento de núcleos es responsable de una aumento significativo de la síntesis proteica y todo ello conducir al incremento de tamaño del músculo entrenado.

Comprender esto tiene una importancia que parece no haber sido debidamente entendida. Al presente se sabe que ante una condición de atrofia muscular, las fibras pierden proteínas sarcoméricas en forma relevante pero no así los núcleos adquiridos durante su crecimiento hipertrófico por fusión de las células satélites. Dado que en los sujetos de edad avanzada hay una disminución en la capacidad de activar a las células satélites y por ello reducir las posibilidades de aumentar el número de mionúcleos en las fibras sometidas a trabajo hipertrófico, entrenar a las personas desde edades tempranas es un camino seguro para incrementar el número de núcleos y dejar al músculo con toda la potencialidad de estimular la síntesis proteica en las etapas avanzadas de la vida, aun cuando la capacidad de hipertrofia esté afectada por el envejecimiento (31. Schultz E, Lipton BH. Skeletal muscle satellite cells: Changes in proliferation potential as a function of age. Mech Ageing Dev. 1982).

De acuerdo a lo anterior entonces, cuando se instale en la vejez una eventual “resistencia a la hipertrofia” producto de la incapacidad de asociar más células satélites a la fibras musculares que se entrenen, si los mionúcleos se han multiplicado en etapas tempranas de la vida, el solo entrenamiento de la fuerza en en la vejez puede garantizar el incremento en la síntesis proteica en función de haber sido los mismos proliferados tempranamente. Esto claramente podría explicar porque hay diferencias tan notables en la respuesta al crecimiento muscular entre quienes han entrenado la fuerza siendo jóvenes o aquellos que lo hacen en las etapas avanzadas de la vida. Y también puede aclarar las razones por las cuales pierden masa muscular, y hasta una buena dosis de salud y calidad de vida, quienes no entrenan la fuerza respecto de aquellos que le han dado la debida atención desde muy temprana edad.

Para reflexionar…

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