El “músculo”, protagonista de la vida del adulto mayor (y del resto)

El “músculo”, protagonista de la vida del adulto mayor (y del resto)

Juan Ramón Heredia/ Guillermo Peña/ Victor Segarra

IICEFS

El músculo esquelético representa el mayor órgano del cuerpo humano.

Queremos empezar así un blog dedicado al ejercicio en personas mayores y esperamos que, con el pasar del tiempo, podamos ir mostrando y convenciendo de la necesidad de dar cierto “giro” a la concepción del entrenamiento en estas poblaciones e incluso, lo que sería más importante, a la forma en la que uno enfoca el entrenamiento durante toda la vida considerando que, no sabemos si quien entrenamos llegará a ser o no un deportista de rendimiento, pero si debemos garantizar que viva el mayor tiempo posible y con la mayor calidad de vida posible. Todos debemos intentar atender a esos procesos inherentes a la evolución etaria y desarrollar un programa de entrenamiento adecuado y que sea mantenido en el tiempo (todos debemos tomar nuestra dosis de ejercicio físico semanal).

¿Por qué el músculo?

Siguiendo lo expuesto por un gran especialista en la materia, el Dr. Marcos Becero (a quien tendremos el honor de disfrutar en el primer evento formativo de esta sección junto a otros dos grandes especialistas, los Dres. Mikel Izquierdo y Marzo Edir Da Silva) exponía [1]:

“Después de millones de años de evolución de los mamíferos, el hombre actual, que no tiene más de 40 ó 50.000 años, posee un sistema muscular muy desarrollado, de considerables dimensiones, ya que cerca del 40% del peso total del cuerpo se halla constituido por tejido magro o muscular. Cuesta mucho creer que la evolución se hubiera equivocado tanto como para dotar al ser humano (sic) de una gran cantidad de algo (el músculo) de lo que pudiera prescindir, sin alterar las relaciones entre los diversos órganos y sistemas, y originar, por tanto, algún problema en su salud".

Pero… ¿es el músculo “solo” un mero elemento contráctil?

A continuación intentaremos exponer de forma breve (es un tema apasionante que nos dará para mucho en el futuro), el hecho de que el músculo adquiere una dimensión mucho más crucial de la que históricamente se le ha proporcionado, de la necesidad de conocer la misma, de atender a esta evidencia que emerge desde la investigación. De igual forma mostraremos como este “órgano” disminuye estructural y funcionalmente a lo largo de la vida y que puede ser determinante saber implementar y orientar los programas de entrenamiento hacia el logro del objetivo de frenar-revertir dicho problema como una forma de abordar tanto el origen de muchas patologías, como tratarlas una vez se han establecido [2].

Existe cierta tendencia a “pensar” en el músculo desde una perspectiva anátomo-mecánica, como generador de movimiento o desde una perspectiva bio-energética. Las evidencias actuales nos indican la necesidad de ampliar dichas perspectivas (o posiblemente estaremos volviendo a sufrir cierta “miopía” respecto a la problemática y posible solución) y concebir el músculo como un importante órgano endocrino [3, 4, 5, 6].

Durante los últimos años interesantes líneas de investigación han demostrado que el adecuado estímulo a nivel muscular induce la secreción y liberación de una serie de proteínas específicas –denominadas mioquinas- que parecen ejercer efectos a nivel paracrino y endocrino (3) relacionándose con la función inmune, regulación endocrina, metabólica, regulación del sistema de coagulación y en la función cerebral. El estudio y conocimiento de todos estos mecanismos moleculares permitirán dimensionar adecuadamente la cuestión y entender el “papel determinante” del músculo en la protección contra el desarrollo de gran parte de las patologías crónicas modernas. Para ello se torna fundamental ser capaz de diseñar un adecuado programa de entrenamiento que proporciones la adecuada “dosis” de estímulo al sistema neuromuscular (este será algunos de los apasionantes temas que iremos desentramando en esta sección), puesto que para que acontezcan los posibles efectos positivos sobre dicho órgano deben reunirse una serie de condiciones específicas.

Creemos muy importante y recomendable, para el profesional del ejercicio físico, ir profundizando poco a poco en el conocimiento de muchos de estos procesos biomoleculares y ver el potencial efecto que determinadas dosis pueden tener en una respuesta positiva y adaptación. Como muestra de ello debemos considerar el hecho de, como ya veremos, la existencia de un denominado “envejecimiento inmunológico”, que limita la capacidad de desencadenar una respuesta inmunológica adecuada. El incremento de algunas citoquinas que potencian el reposo y la atrofia muscular y con importantes repercusiones a nivel sistémico, estarían estrechamente relacionadas con la masa y calidad muscular [7, 8], así como con el aumento de los depósitos de grasa (donde se producen adipoquinas pro-inflamatorias) en cualquier edad, con el envejecimiento y con el establecimiento de un estado de inflamación sub-clínica [9]. Actualmente la investigación en genómica y proteinómica permitirán conocer mejor la fisiopatología de la sarcopenia y las posible intervención al respecto (donde el ejercicio físico puede constituir una herramienta fundamental) debemos, pues, permanecer atentos a todos estos avances.

¿Sarcopenia? ¿Dinapenia?... ¿de qué estamos hablando?

El término “sarcopenia” fue acuñado en 1989 por Irwin Rosenberg y proviene del griego “sarx” músculo y “penia” pérdida [10]. Dicho término define el proceso de pérdida de masa y fuerza muscular que ocurre con el avance de la edad. Aunque actualmente se considera la necesidad de valorar el que se cumplan esos dos criterios (la fuerza muscular no es exclusivamente dependiente de la masa muscular) [11], considerar el proceso “dinapénico” (como pérdida de la fuerza) parece cobrar especial relevancia en la actualidad respecto a su relación con el proceso de pérdida de masa muscular, teniendo en cuenta que dicho descenso de capacidad muscular parece ser bastante más rápido que el de reducción de tejido magro [12]

La reducción de la masa muscular y fuerza están asociadas a la denervación y atrofia de las fibras musculares, dicha atrofia parece ser preferencial sobre las fibras tipo II [2, 13]. Con el envejecimiento se produce una pérdida de neuronas en varios lugares del sistema nervioso central (SNC), encontrándose también disminución de motoneuronas en el cordón espinal y en el asta ventral de la médula espinal, existiendo pocas motoneuronas que inervan la musculatura esquelética [9, 14, 15].

Esta reducción de unidades motrices podría producirse por períodos de inactividad o al no existir un umbral de activación elevado, provocando una pérdida de fibras musculares [15]. La pérdida de las unidades motoras mediante denervación, dará lugar a un aumento de la carga de trabajo a las UM supervivientes, como respuesta adaptativa a través de la modificación del fenotipo rápido al lento. Este mecanismo se ha demostrado en la algunas investigaciones donde se ha comprobado que, en las fibras musculares denervadas podían ocurrir dos fenómenos, o bien desaparecían (lo que explica la reducción del tamaño muscular, sarcopenia), o bien eran re-inervadas por las neuronas tipo I -“sprouting” -(fenómeno que explica la reducción en la capacidad de la potencia) [2, 16, 17, 18].

De igual manera, asociado a la reducción de la masa muscular, se produce una infiltración de lípidos intramiocelulares - miosteatosis- lo que termina en la disminución de la capacidad oxidativa de las fibras musculares con el paso de los años. Además, la infiltración de los lípidos constituye un determinante importante de la resistencia a la insulina en las personas sanas y en las enfermas, con independencia de la grasa visceral, y se asocia con un menor rendimiento y fuerza muscular en los mayores [2, 19, 20].

A partir de este breve y simplificado “panorama” o “escenario”, debemos empezar a cuestionarnos dos aspectos importantes:

- La necesidad por parte del especialista en ejercicio físico de introducirse al conocimiento los aspectos relacionados con la genética, biología molecular, etc…como formar de poder optimizar su responsabilidad respecto a la intervención mediante adecuados programas de ejercicio físico.

- Dimensionar el verdadero potencial del ejercicio físico y la nutrición (integrados en unos adecuados hábitos de vida) que pueden adquirir un verdadero valor de “medicamento” o “vacuna” y como tal deben ser tratados y abordados…

¿Cómo? ¿De qué manera hacerlo?...en esta sección y en este blog intentaremos exponer esto y mucho más no solo con el adecuado rigor y fundamentación científica, sino con herramientas prácticas para su aplicación…


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Bibliografía

  1. Marcos Becerro, J.F. (1994): Ejercicio, forma física y salud. Fuerza, resistencia y flexibilidad. Eurobook, Madrid
  2. Mata F, Chulvi I, Heredia JR, Da Silva ME, Moral S, Becerro M (2013): Entrenamiento de la fuerza y sarcopenia: evidencias actuales. Journal of Sport and Health Research. In press
  3. Febbraio MA, Pedersen BK. Contraction-induced myokine production and release. Is skeletal muscle an endocrine organ? Exerc Sport sci Rev 2005; 33 (3): 114-119.
  4. Pedersen BK, Febbraio MA. Muscle as an endocrine organ: focus on muscle-derived Interleukin-6. Physiol Rev 2008; 88:1379-1406.
  5. Pedersen BK, Akerström TCA, Nielsen AR, Fischer ChP. Role of myokines in exercise and metabolism. J Appl Physiol 2007; 103:1093-1098
  6. Lancaster GI, Febbraio MA. Skeletal muscle: not simply an organ for locomotion and energy storage. J Physiol 2009; 587(3): 509-510.
  7. Bales CW, Ritchie CS. Sarcopenia, weight loss, and nutritional frailty in the elderly. Annu.Rev.Nutr. 2002;22:309-323
  8. 15.Deschenes MR. Effects of aging on muscle fibre type and size. Sports Med. 2004;34(12):809-824
  9. Roubenoff R, Hughes VA. Sarcopenia: current concepts. J.Gerontol.A Biol.Sci.Med.Sci. 2000 Dec;55(12):M716-24
  10. Rosenberg I.H. Epidemiologic and methodologic problems in determining nutritional status of older persons. Proceedings of a conference. Albuquerque, New Mexico, October 19-21, 1988. Am.J.Clin.Nutr. 1989 Nov;50(5 Suppl):1121-1235
  11. Cruz-Jentoft AJ, Baeyens JP, Bauer JM, Boirie Y, Cederholm T, Landi F, et al. Sarcopenia: European consensus on definition and diagnosis: Report of the European Working Group on Sarcopenia in Older People. Age Ageing 2010 Jul;39(4):412-423
  12. Goodpaster B, Won S, Harris TB, Kritchevsky SB, Nevitt M, Schwartz AV, Simonsick EM, Tylasky FA, Visser M, Newman AB: The Loss of Skeletal Muscle Strength, Mass, and Quality in Older Adults: The Health, Aging and Body Composition Study. J Gerontol A Biol Sci Med Sci(2006)61(10):1059-1064
  13. BurtonLA,Sumukadas D. (2010). Optimal management ofsarcopenia.Clin Interv Aging.Sep 7;5:217-28.
  14. Lexell J, Taylor CC, Sjöström M. What is the cause of the ageing atrophy? Total number, size and proportion of different fiber types studied in whole vastus lateralis muscle from 15- to 83-year-old men. J.Neurol.Sci. 1988 04;84(2-3):275-294
  15. Bustamante NE (2011): Programa de entrenamiento de fuerza en miembros inferiores en nonagenarios. Tesis Doctoral.
  16. Lang, T. Streeper, P. Cawthon, K. Baldwin, D. R. Taaffe, and T. B. Harris. (2010) Sarcopenia: etiology, clinical consequences, intervention, and assessment. Osteoporos Int.April; 21(4): 543–559.
  17. Kobayashi H, Robbins N, Rutishauser U. (1992); Neural cell adhesion molecule in aged mouse muscle. Neuroscience 48:237-248.
  18. Edström E,Altun M,Bergman E,Johnson H,Kullberg S,Ramírez-León V,Ulfhake B. (2007) Factors contributing to neuromuscular impairment and sarcopenia during aging. Physiol Behav. Sep 10;92(1-2):129-35.
  19. Harrys TB. (2005). Epidemiology of weight loss in older persons. Invited presentation; International Association of Nutrition and Aging; St. Louis, Missouri. May 5–8
  20. Taaffe DR, Duret C, Wheeler S, Marcus R. (1999). Once-weekly resistance exercise improves muscle strength and neuromuscular performance in older adults. J Am Geriatr Soc. ;47:1214
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