INTELIGENCIA ARTIFICIAL APLICADA A LA PRESCRIPCIÓN DEL EJERCICIO: ¿SERÍA POSIBLE?

INTELIGENCIA ARTIFICIAL APLICADA A LA PRESCRIPCIÓN DEL EJERCICIO: ¿SERÍA POSIBLE?


No es casual que a la hora de prescribir ejercicio físico a un mismo sujeto por distintos especialistas pudiéramos encontrarnos con tratamientos o propuestas diferentes e incluso a veces totalmente divergentes. Y esto es, entre otras cuestiones, porque cada uno de estos especialistas tendría en consideración aspectos distintos sobre el mismo sujeto (valoración pre-activa) y ante éstos estaría tomando decisiones diferentes en cuanto a la planificación, programación, periodización y prescripción de ejercicio se refiere. De igual manera, parecen existir diferencias en la definición y manejo de los procesos y variables que definen cada una de estas estructuras operativas.

Sin embargo, el tratamiento automático de cualquier tipo de información por medio de procesadores informáticos en la actualidad es una inexorable y necesaria realidad en todos los sectores. Por ello, en muchos ámbitos es habitual que paquetes informáticos o softwares específicos realicen cálculos matemáticos sistematizados que den con la mejor toma de decisiones ante la problemática planteada (pensemos por ejemplo en los complejos programas que los ingenieros utilizan para los cálculos y diseños de estructuras).


Pero por el contrario, y curiosamente, en el ámbito de las ciencias del ejercicio físico aún no disponemos de programas informáticos que analizando una serie de informaciones de entrada (inputs), y una vez procesadas, realicen prescripciones automáticas de ejercicio físico eficaces y seguras (outputs) en base a unas instrucciones o criterios preestablecidos en el sistema. En este ámbito la aplicación de la informática “sólo” viene utilizándose con éxito para el control, la valoración y análisis de las respuestas fisiológicas, lo que permite cada vez recabar más información que, una vez analizada e interpretada posteriormente, podrá ayudar a orientar las decisiones oportunas en lo que a prescripción del ejercicio se refiere.

No obstante, en la actualidad podemos encontrar en el mercado determinadas aplicaciones o programas informáticos disponibles para todo tipo de dispositivos (tablets, móviles, pc) que pretenden prescribir programas de entrenamiento. En realidad, la mayoría de ellos resultan ser glosarios de ejercicios y sesiones preestablecidas para un objetivo concreto incapaces de individualizar la dosis del ejercicio a la realidad psico-biológica del usuario. Sólo algunas pocas de estas aplicaciones informáticas establecen una determinada dosis de ejercicio “cerrada”, faltándole algún componente de la misma y atendiendo más a los ejercicios presentados (sin ningún criterio para su selección) que al resto de componentes, todo ello a partir de determinada información inicial que no siempre es la más determinante para la prescripción del ejercicio. Por tanto, la gran mayoría de las aplicaciones informáticas disponibles no procesan e integran toda la información necesaria para verdaderamente prescribir ejercicio físico de forma individualizada y saludable, y mucho menos presentan la dosis de ejercicio (frecuencia, volumen, intensidad, densidad, tipología de ejercicios, metodología) emanada y sometida al conocimiento científico actual. Muy al contrario, dichas aplicaciones informáticas actuales sólo permiten al usuario o técnico confeccionar un programa de entrenamiento tomando decisiones a partir de la diversidad de recursos y variables que le ofrece el sistema, pero el mismo no decide o influye automáticamente sobre la toma de dichas decisiones. En definitiva, estas aplicaciones estandarizan una serie limitada de formatos de sesiones que el sistema ya tiene establecido y asignado a cada tipo particular de usuario. Otra de las muchas limitaciones que pueden tener es su reducida capacidad de operar y reajustar dicha dosis de ejercicio según la casuística sucedida; por tanto, no tienen en consideración las circunstancias cambiantes más habituales que pudieran acontecer al usuario (p.e.: cambio de escenario de entrenamiento, percepción cambiante de la intensidad, realización incompleta de partes de la sesión, desarrollo de patologías, etc.) y que necesitarían ser integradas y consideradas para realmente corregir y adaptar la carga externa o dosis a la carga interna pretendida -como lo haría un buen entrenador-. Igualmente, la capacidad para progresar simultánea y ordenadamente con todos los parámetros de la dosis de ejercicio en el tiempo, evitando así el estancamiento de las adaptaciones conseguidas y la monotonía, es de momento una quimera que no disponen dichas aplicaciones de forma automática, y que limita enormemente su utilidad.

Sin embargo, en el ámbito de las ciencias de la computación, hoy día existe un concepto que podría tener aplicación para estos recursos informáticos útiles para la prescripción del ejercicio: la INTELIGENCIA ARTIFICIAL. En ciencias de la computación se denomina “inteligencia artificial” a la capacidad de razonar de un agente no vivo, o al razonamiento mediante una lógica formal análoga al pensamiento abstracto humano [1, 2]. De hecho, los sistemas de inteligencia artificial actualmente son parte de la rutina en campos como la economía, la medicina, la ingeniería y la milicia, y se utiliza en gran variedad de aplicaciones informáticas. Asimismo, una de las categorías de la inteligencia artificial es la que se conoce como “sistemas expertos”, es decir, sistemas que infieren una solución a través del conocimiento previo del contexto en que se aplica y se ocupa de ciertas reglas o relaciones, tratando de emular el pensamiento lógico racional del ser humano. Evidentemente todos sabemos que cualquier programa o aplicación más o menos “inteligente” sólo responderá ante aquellas situaciones que se le presenten a partir de la información que le haya sido previamente programada.


Figura. 1. Ejemplo de algoritmo aplicado al ámbito de la medicina

Para hacer posible este proceso de programación informática se necesita ordenar previamente toda la información en base a “algoritmos”, los cuales son como el ADN del programa y que le servirán para tener una lógica interna propia. Estos algoritmos se representan gráficamente en diagramas de flujo que explican todo el proceso, permitiendo que a medida que se cierran determinadas opciones se abran otras hasta llegar a la resolución final. En ámbitos como las matemáticas y las ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo es un conjunto preestablecido de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten realizar una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba ejecutar dicha actividad (en este caso la aplicación “inteligente”). De este modo, aplicándolo a la prescripción del ejercicio, y dado un estado inicial y una entrada de información (características, gustos, necesidades y objetivos, tiempo disponible del usuario, AVDL, etc.), siguiendo los pasos sucesivos del algoritmo se llegaría a un punto donde se obtendría una decisión o resultado final (prescripción del ejercicio físico individualizada). De hecho, en la vida cotidiana se emplean algoritmos frecuentemente para resolver problemas o situaciones en ámbitos como la medicina (figura 1), donde es corriente tener establecidos unos protocolos de actuación o de procedimiento a partir de algoritmos, lo que permite que ante la misma casuística de paciente (sintomatología y diagnóstico) se tome siempre la misma decisión (tratamiento). Este mismo razonamiento algorítmico puede hacerse en nuestro ámbito para alcanzar una prescripción del ejercicio físico segura y eficaz, de modo que, ante el hipotético caso de un mismo sujeto (edad, género, objetivo, disponibilidad temporal, historial médico, AVDL, recursos disponibles, etc.) siempre se prescribiera la misma dosis de ejercicio (dado que actualmente asistimos a que podemos encontrar grandes diferencias en la prescripción para un mismo caso-sujeto según por quien sea prescrita), con la posibilidad incluso de que algunos aspectos de la misma, como por ejemplo la selección de ejercicios, pudiera tener cierto margen para la variabilidad (figura 2).



Figura 2. Ejemplo de algoritmo aplicado a la prescripción del ejercicio

El primer paso tal vez deba ser empezar a establecer determinados algoritmos para la prescripción del ejercicio físico en población sana, lo que nos ayudaría a ser más eficientes y eficaces sobre la misma si dichos algoritmos estuvieran apoyados en las evidencias científicas más actuales (siempre bajo estricta revisión y actualización). Además, con todo ello daríamos una imagen mucho más profesional de nuestro sector al resto de ámbitos profesionales. Si además, y gracias a las ciencias de la computación, pudiéramos darle un tratamiento informático “inteligente” y automático a todo este proceso y presentarlo mediante una aplicación específica estaríamos ciertamente proporcionando una herramienta útil al servicio de todos los técnicos en prescripción del ejercicio y a toda la sociedad. En este caso, el reto para nuestra profesión estaría en ser capaces de adaptarnos, y el valor añadido en proporcionar un plus cualitativo a dicha prescripción mediante la corrección y supervisión de la calidad de los movimientos. Debemos pues estar preparados porque, quizás, ese día no esté tan lejos…

Guillermo Peña/Juan Ramón Heredia

IICEFS

Bibliografía.

1. Tirso de Andrés. Homo Cybersapiens. La Inteligencia artificial y la humana, 2002.

2. Luis Mª Gonzalo. Inteligencia Humana e Inteligencia Artificial, Madrid, 1987.








COMPARTIR