La Actividad Física espontánea mejora la Recuperación Cardíaca independientemente del Fitness

La Actividad Física espontánea mejora la Recuperación Cardíaca independientemente del Fitness

Autor: Daniel Boullosa

Es bien conocido que incrementar los niveles de actividad física (AF) mejora la salud cardiovascular y, por lo tanto, la calidad y la esperanza de vida. Se asume que niveles elevados de AF mejoran la condición física y, consecuentemente, es la mayor condición física como resultado de la mayor AF, la que nos protege frente a las enfermedades cardio-metabólicas. Sin embargo, la evidencia científica hasta la fecha ha prestado poca atención a una diferencia fundamental para poder entender mejor el impacto real de la AF en la salud, e incluso el rendimiento deportivo. Nos referimos a la diferencia entre AF y ejercicio. Así, mientras la AF se refiere a cualquier actividad que implica un gasto calórico por encima del basal (en reposo), el ejercicio se define como cualquier actividad programada y organizada, con unos objetivos bien definidos para el incremento de la condición física. Por tanto, mientras todo ejercicio es AF, no toda la AF es ejercicio. De hecho, debemos introducir aquí otro concepto importante que es la de AF incidental, esto es, la AF espontánea acumulada a lo largo de la jornada en aquellas actividades comunes en el día a día (Ross & McGuire, 2011), en el que la AF no es un objetivo en sí mismo.

Esta diferencia de matiz entre los diferentes conceptos no es trivial. De hecho, en los cálculos para estimar el gasto calórico, muy importantes para cualquier programa de ejercicio enfocado a la pérdida de masa grasa, no sólo ha de considerarse el gasto calórico asociado al entrenamiento físico propiamente dicho, como también el gasto calórico asociado a las actividades laborales y de ocio desarrollada por esa persona a lo largo del día. No es casualidad que le sea más fácil adelgazar a un operario de una fábrica que a un oficinista. Tampoco es casualidad que hoy en día se implementen estrategias en las empresas para mejorar la salud de los trabajadores, en las que se les pide a estos reducir su tiempo sentados o realizar pequeños descansos para caminar un poco, como ya discutimos en un blog anterior. En el caso del rendimiento deportivo, podemos recordar el estudio de Hautala et al. (2012) en el que aquellos corredores que realizaron más AF ligera a lo largo del día, incrementaron más su consumo máximo de oxígeno (VO2max) que los corredores que, aún completando el mismo programa de entrenamiento de resistencia, realizaron menos AF incidental en el mismo periodo.

Alrededor de estas ideas diseñamos un estudio que ha sido recientemente publicado en la prestigiosa revista Frontiers in Physiology y que forma parte de la tesis de maestría de nuestra alumna Laís Tonello. En esta investigación, evaluamos de forma objetiva con acelerómetros la AF incidental de trabajadoras de la Universidad Católica de Brasilia que no realizaban ningún tipo de ejercicio regular. Para evaluar la salud cardiovascular, medimos en diferentes días la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) y la recuperación de la frecuencia cardíaca (RFC) con diferentes métodos, que son unos indicadores válidos del control autonómico de la FC. En el análisis correlacional se verificó que, contrariamente a lo que nos esperábamos, la AF incidental sólo se asoció positivamente a la RFC en el primer minuto después de ejercicio submáximo (ver Figura 1), mientras la VFC se asoció positivamente con la condición física aeróbica (i.e. VO2max). Ni el VO2max ni la AF correlacionaron entre sí.

Figura 1. Correlaciones entre la recuperación de la frecuencia cardíaca en el primer minuto (HRR1) y las medidas de actividad física. (A) Relación entre la recuperación de la frecuencia cardíaca en el primer minuto y la media diaria de actividad física moderada. (B) Relación entre la recuperación de la frecuencia cardíaca en el primer minuto y la media diaria de actividad física vigorosa. (C) Relación entre la recuperación de la frecuencia cardíaca en el primer minuto y la sumatoria de actividad física de intensidad vigorosa y muy vigorosa. HRR1, recuperación de la frecuencia cardíaca en el primer minuto (promedio de 4 días); VPA, media diaria de actividad física vigorosa; VPA+VVPA, sumatoria de actividad física de intensidad vigorosa y muy vigorosa.

Un análisis más detallado de los datos nos reveló que las trabajadoras realizaron principalmente AF leve y moderada (e.g. actividades laborales y domésticas), y casi ninguna AF intensa, lo que nos hace sospechar que, probablemente, de haber realizado más AF intensa, aparecería una relación entre la AF y el VO2max y, por lo tanto, también con la VFC. Dicho de otra forma, la AF incidental leve y moderada, por sí misma, ya fue suficiente para mejorar un indicador de control autonómico cardíaco tan importante como es la RFC. Por lo tanto, aunque los programas de ejercicio son fundamentales para mejorar la condición física y consecuentemente la salud y el rendimiento, no debemos despreciar la importante influencia positiva que la AF incidental que acumulamos a lo largo del día, ejerce en parámetros tan importantes como la RFC.

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